En Uruguay: la localidad de la calma, las piedras preciosas y el restó dentro de una mina
Las luces cálidas envuelven un ambiente rústico, algo chill out, mientras el aroma del asado recorre cárcavas, elude pasillos y serpentea entre cristales violáceos. Incrustados en la piedra pá...
Las luces cálidas envuelven un ambiente rústico, algo chill out, mientras el aroma del asado recorre cárcavas, elude pasillos y serpentea entre cristales violáceos. Incrustados en la piedra pálida de las cuevas, esos seductores destellos despiertan fascinación en los visitantes, que bromean –y no tanto– con llevárselas a casa. Pocos pasos más allá, se ve un puñado de mesas montadas bajo la galería mayor de la mina, donde el restó del Safari Minero se va poniendo a tono. Sillas y manteles simples sostienen paneras, un vino de factoría local, un dip para sazonar la espera, y anécdotas de hombres duros, castigados por la tarea cotidiana de perforar, picar, limar, y con suerte, descubrir.
“Seremos, de algún modo, el reflejo del trabajo que se realiza en las minas y en los talleres, pero también representantes de la ciudad en el mundo: exponentes de la riqueza de este suelo, tanto comercial como turística”, cuenta la licenciada Inés Texeira, responsable del Centro Cultural Museo de la Piedra Preciosa, inaugurado hace poco más de un mes, tras una década de gestiones y puesta en valor de un edificio patrimonial.
Distante 650 kilómetros de Buenos Aires, Artigas es uno de los pasos fronterizos hacia Brasil que empieza a competir con Chuy y Rivera, especialmente para argentinos cuyo destino central son las playas verdeamarelas. Y lo es, gracias “a la movida de las piedras”. Ubicado en diagonal a la plaza mayor, donde el pueblo mira al Parque 7 de septiembre y al Puente de la Concordia sobre el río Cuareim –divisor con la vecina Quaraí (Brasil)–, el lugar fue una de las primeras casas de la ciudad, y si bien conserva la fachada original, adentro es pura tecnología. “Tras varias gestiones, y gracias al apoyo de la intendencia, el Ministerio de Turismo, la Oficina de Planeamiento Nacional y un programa del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), hoy somos una realidad. Pero a esos actores se suman empresas y talleres, por eso el museo es también un centro cultural que apela a nuestra cultura”, amplía Texeira, de regreso en su ciudad natal tras estudios en Montevideo, y dedicada hace más de cuatro años a la venta y comercialización de las piedras.
La amatista, una de las más atractivas variedades del cuarzo, es apreciada en la joyería por su gama de color, que va del lila claro al púrpura intenso (según el hierro, la radiación natural y el paso del tiempo), y es la razón de ser de muchos otros aquí. “Se la reconoce como una gema de espiritualidad, que ofrece calma y protección, y es usada desde la antigüedad como amuleto y símbolo de poder, y popularizada globalmente tras el descubrimiento de yacimientos en Brasil, y ahora acá”, completa. La moderna tecnología del museo permite la interacción y participación de cada visitante, con visores 3D, máquinas de escaneo y técnicas que permiten observar en detalle la complejidad y perfección de su formación, que siempre, sea del tamaño que sea, ofrece seis caras en su cristal superior.
Más que un restaurante“Es una experiencia real, que invita sentirse parte”, resume Mateo Acosta, responsable del Hotel Casino San Eugenio del Cuareim. Se trata del hospedaje con más servicios de la ciudad, y promotor del Safari Minero, la excusa para conocer las colinas de Los Catalanes, parte de los 500 kilómetros cuadrados donde se originó una gran colada basáltica hace más de 100 millones de años, y que produjo minerales en superficie bajo una delgada capa de tierra. La erupción, y su tiempo de enfriamiento, combinada con la presión y las características propias del suelo, dieron como resultado estas piedras preciosas, donde hoy se ubican las estaciones mineras, los talleres de explotación y pulido de la piedra para ser exportado.
El camino ofrece asimismo una mirada de la ruralidad uruguaya, con parajes donde no faltan almacenes de ramos generales, animales de campo, un par de escuelas junto al arroyo, y cada tanto, manadas de ñandúes. Al rato se llega a una de las minas, donde la coronación la ofrece algo verdaderamente original: un restó montado bajo tierra, exclusivo para quienes son parte de la vivencia. “Quisimos armar algo diferente, pero que contenga la vivencia del minero, su tiempo en las canteras y la quimera de la búsqueda. Porque aún hoy no existe tecnología capaz de indicar tamaño, color o forma. De algún modo, hallar la amatista sigue siendo suerte”, asegura Acosta.
El restó es la parada final del circuito que dura toda una mañana, y que además de reconfortar con una comida potente, de trabajo, tiene algo de reivindicación, para que cada visitante entienda qué hay detrás de cada piedra que sale de Artigas. Todo ello encierra la paradoja, por un lado, de ser un viaje al pasado, cuando todo el territorio sufrió una gran erupción volcánica, y en su ascenso, la lava produjo burbujas de aire que quedaron atrapadas, el paso inicial para la formación de cuarzos, ágatas y amatistas. “Pero es también un viaje al futuro, ya que se estima que hemos explotado apenas el 1% de estas sierras”, asegura el experimentado Yico Souza, guía de Mineraciones Deoliveira.
Ya con las pupilas adaptadas a la luz tenue, su relato cobra fuerza mientras el violeta profundo empieza a revelarse en algunos rincones. El proceso de búsqueda, dice, es simple y algo primitivo, explotando las paredes hasta encontrar humedad. Ella es la que marca la cercanía de la amatista, que ha liberado el agua contenida en el proceso de enfriamiento. Recién allí, con un martillo mecánico, se rodea la burbuja de piedra y se la extrae. A partir de entonces entra en juego la calidad, que depende del color: cuanto más oscura sea, más valor tendrá.
A la ChinaLos artiguenses aseguran que sus amatistas son las mejores del mundo. Y esgrimen su exportación a la exigente China como razón fundamental: “Son varios países del mundo los que nos compran, Estados Unidos, Brasil y varios europeos. Pero el principal mercado es el chino, a donde hemos enviado más de 20 mil toneladas”, asegura Cleusa, responsable del taller de Mineraciones Deoliveira, a cargo Homero, su marido minero. Tras el proceso de extracción, los camiones cargados de piedra viajan a Montevideo, y allí embarcan principalmente al gigante asiático.
“El ágata la utilizan para bijouterie y adornos menores, como posa vasos, números y esferas. En cambio, con la amatista se realizan figuras sagradas y se colocan fragmentos pulidos en casas y templos, ya que se le atribuye el poder de repeler y transformar las malas energías”, completa el guía. Iniciado por pioneros alemanes hace 150 años, el rubro emplea en la actualidad unos dos mil puestos de trabajo entre talleres y comercio, aunque el sector involucra otros seis mil de modo indirecto, con proveedores de servicios (lunch, infraestructura), despachantes y navieras. Pese a eso, Artigas no cuenta con empresas que trabajen la piedra de manera ornamental y sus productos derivados. Apenas algunos artesanos están iniciando ese camino, una limitación que la coloca como exportadora de materia prima, pero alberga el potencial de explotar a mediano plazo su propia riqueza, que en piedras de calidad superior puede superar los mil dólares por kilo.
Datos útilesSafari Minero. Luis A. de Herrera n° 298. T: +598 0922-49505.
Centro Cultural Museo de la Piedra Preciosa. Av. Cnel.Carlos Lecueder 157. IG: @museodelapiedra.artigas