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Enfrentó prejuicios, pero pidió ayuda y logró el trabajo de sus sueños en un gigante tecnológico: “Me decían que no era para mí”

El sueño de David Fernández empezó de chiquito, cuando heredó una computadora a la que no le andaba el teclado y se pasaba horas mirando a su hermano mayor, que trabajaba para un negocio de ins...

Enfrentó prejuicios, pero pidió ayuda y logró el trabajo de sus sueños en un gigante tecnológico: “Me decían que no era para mí”

El sueño de David Fernández empezó de chiquito, cuando heredó una computadora a la que no le andaba el teclado y se pasaba horas mirando a su hermano mayor, que trabajaba para un negocio de ins...

El sueño de David Fernández empezó de chiquito, cuando heredó una computadora a la que no le andaba el teclado y se pasaba horas mirando a su hermano mayor, que trabajaba para un negocio de insumos tecnológicos. Después, lo que lo marcó definitivamente fue un viaje que hizo con la escuela en 2023 para visitar universidades y empresas de Tandil, entre ellas Globant.

―Cuando terminé el recorrido, dije: ‘Quiero trabajar ahí’. Era muy parecida a Google, donde de chiquito imaginaba mi futuro –recuerda hoy, a sus 19 años. Habla con LA NACION por teléfono, justamente desde su oficina en Globant de Ushuaia. Detrás suyo hay un ventanal enorme desde el que se ven montañas nevadas.

Cuando tenía 3 años, su papá, Miguel Ángel, murió en un accidente en Trenque Lauquen, donde vivían por su trabajo en el servicio penitenciario. Entonces, con su mamá María Karina y sus hermanos Micaela, de 6, y Emanuel y Cristian, de 15 y 18, se mudaron a Tandil. Cuatro años después, como esta familia de clase media baja no podía seguir alquilando un departamento en la ciudad, volvió a la vieja casa de Villa Cacique, a unos 60 kilómetros de Tandil.

En ese “pueblo”, como él lo llama, David hizo la primaria y la secundaria, en un contexto que define como “poco tecnológico”, pero donde se dio maña para arreglar la vieja computadora y convertirla en un router para darle internet a su casa.

“Me pasaba horas viendo videos de las noticias tecnológicas. Como vivía al lado de la escuela, me llamaban para conectar televisores y proyectores. A los 14 años empecé a hacer changas en el negocio donde mi hermano Cristian vendía insumos tecnológicos, arreglando celulares, computadoras y hasta una cámara de seguridad”, cuenta.

David siempre supo que quería estudiar. A los 18, arrancó la facultad. Significó un gran esfuerzo, porque eligió estudiar y trabajar en Tandil. Se anotó en la Licenciatura en Gestión Tecnológica en la Universidad Nacional del Centro y se instaló en el monoambiente que alquilaba Micaela, que trabajaba en un tenedor libre. Él consiguió trabajo en un call center.

“Nos acomodamos en poco espacio y al poco tiempo logramos el balance entre su regreso tarde a la noche y mi despertador a las 7 de la mañana. Como no me daban los horarios para trabajar además de las clases, me cambié a bachero en un restaurante los viernes, sábados y domingos. Nuestros hermanos mayores nos pagaban los servicios, internet y las expensas”, recuerda.

El primer cuatrimestre le sirvió para reconocer que una carrera con tanta economía, historia y derecho no era lo suyo. Y fue ahí cuando entonces apareció la primera ONG que lo ayudó.

“Me sentía mal por querer cambiar de carrera, por el esfuerzo que estaba haciendo mi familia, hasta que en Bisblick (una ONG que acompaña a los jóvenes desde que ingresan a la universidad hasta que consiguen un trabajo de calidad) me dieron una beca económica junto a un grupo de chicos con potencial de convertirnos en el primer profesional de la familia. La mentora me ayudó a tomar la decisión de postularme para el curso de Soporte en Tecnología de la Información (IT) de Google y Junior Achievement y cambiarme a Programación al año siguiente. Mi familia me entendió y me ayudó, mientras pasé de bachero a bartender en un salón de eventos”, relata.

“En la certificación de IT estudiaba todo el día con la laptop que me habían dado en el colegio secundario: tres meses de entrenamiento técnico, con dos días para desarrollar habilidades, hablar de nuestras metas y sueños, hacer entrevistas y armar CV, y dos meses de la etapa de inserción laboral. Ahí conocí a mi mentor Luciano Chalupp, que trabaja en Globant. Algunos me decían que mi sueño era posible solo para gente que nació con otras oportunidades, pero una compañera del curso me preguntó: ‘Si otros lo lograron, ¿por qué vos no?’ Y yo me quedé con eso: ¿Por qué yo no?”

El primer trabajo formal

Luciano Chalupp, que a sus 24 años trabaja como service desk en Globant de Córdoba, fue el último eslabón para que David encontrara su trabajo soñado. Él es mentor de Junior Achievement, una organización que a través de sus programas de educación preparan e inspiran a los jóvenes para que sean protagonistas de su futuro.

“Siempre quise ayudar a la gente en temas de informática, por eso me anoté en las mentorías de Junior Achievement. El año pasado me asignaron cuatro chicos, entre ellos David, a quienes ayudé a buscar trabajo, armar y publicar el CV, e inscribirse en cursos gratuitos de programación”, cuenta Luciano, que tuvo su primera computadora a los 4 años en su casa de la localidad cordobesa de Bialet Massé y se recibió de técnico aeronáutico. Después de estudiar IT de manera autodidacta y “cuando no sabía bien qué hacer”, tras un año de postularse, consiguió su puesto en la multinacional argentina que se dedica a la ingeniería de software y tecnología de la información en 25 países.

“A David lo noté con muchas ansias y muy bien preparado, siempre al día de las novedades tecnológicas. Por eso cuando se abrió un puesto en Ushuaia lo recomendé, le pasé la página de aplicación y después de varias entrevistas, fue seleccionado. Me sentí muy bien de haberlo ayudado a cumplir su sueño y de haberme convertido en su mentor en Globant también”, agrega Luciano.

En menos de dos semanas de finales del año pasado, la vida de David cambió por completo. Le confirmaron que había sido elegido el 23 de diciembre y el día después de Navidad armó una valija y una mochila y por primera vez se subió a un avión para llegar a la bellísima ciudad del Fin del Mundo.

“Mi mamá pagó el pasaje con mucho esfuerzo, para demostrarme su apoyo. Además fue la primera vez que viví solo en un monoambiente y hasta que pude acomodar mis cuentas después del pago del primer alquiler, pedí comida en la iglesia. El mayor sacrificio fue el tiempo dedicado de manera exclusiva a este sueño, sin encuentros familiares, juntadas con amigos, gimnasio o vacaciones. Pero luego vino la recompensa y todo valió la pena”, asegura, agradecido.

“Ahora soy el encargado de la oficina de Ushuaia y brindo soporte tecnológico. Nada hubiese sido posible sin el apoyo de de Junior Achievement, que nos brindó a mí y a otros jóvenes que venimos de abajo las herramientas y la confianza para aspirar a grandes cosas”, asegura David, que ahora también fue becado por el Banco Santander para estudiar a distancia Full stack developer en el ITBA. Aunque la oficina de la empresa en Ushuaia cerrará a fin de mes, ya le confirmaron su nuevo puesto en la de Tandil, más cerca de su familia.

Desigualdad de oportunidades

Según una serie de investigaciones de LA NACION hecha con datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, los chicos de contextos vulnerables tienen seis veces menos probabilidades de terminar el secundario. Mientras que aquellos que logran terminar el secundario tienen cinco veces menos probabilidades de conseguir un trabajo formal que quienes viven en hogares sin carencias y tienen igual nivel educativo. Esa desigualdad de oportunidades hace solo tres de cada 100 jóvenes que viven en hogares muy pobres acceden a un trabajo registrado. Es que entre los jóvenes muy pobres que trabajan, 9 de cada 10 lo hacen en la informalidad.

En este contexto en el que miles de jóvenes enfrentan barreras para estudiar y acceder al mundo laboral, en el informe “Talento Joven y empresas: Oportunidades y Desafíos” realizado por Junior Achievement y ManpowerGroup el año pasado, 9 de 10 jóvenes declararon que tuvieron dificultades para encontrar trabajo. Paradójicamente, la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI) estima que entre 10 mil y 15 mil puestos de trabajo quedan sin cubrir cada año en el sector IT.

Por eso, las certificaciones en tecnología desarrolladas por Junior Achievement Argentina preparan a los jóvenes para el empleo en Soporte IT (en alianza con Google) y Administración en la nube (junto con Microsoft), combinando formación técnica con habilidades socioemocionales.

Bernardo Brugnoli, director ejecutivo en Junior Achievement Argentina, cuenta que la ONG centenaria trabaja hace tres décadas en nuestro país con jóvenes de 12 a 29 años en 15 programas basados en tres ejes: aprender a emprender, educación financiera y preparación para el trabajo. “Este año vamos a llegar a más de 130 mil jóvenes de 23 provincias, articulando con más de 2.500 escuelas y 3.000 docentes”, asegura.

“El tercer eje consiste en un programa intensivo online para jóvenes de 18 a 29 años con algún grado de vulnerabilidad, que no tengan otro estudio, necesiten su primer empleo y les interese mucho la tecnología. Se extiende por cinco meses en AMBA, Mendoza, Salta, Tandil y otras ciudades donde los chicos pueden conseguir trabajo. Después de ser elegidos en entrevistas grupales e individuales, los 200 jóvenes descubrirán hacia dónde van a encarar su vida mientras reciben contención emocional e interactúan entre sí, insertos en el mundo tecno. En estos cursos, que van rodando su séptimo año, ya participaron más de 700 chicos y el 53 % logró un trabajo estable”, afirma con orgullo.

David, que cumplió 19 años el 4 de febrero en su flamante oficina de gran ventanal, sigue estudiando, trabajando y soñando con su crecimiento profesional. Sabe que si desde Villa Cacique llegó a Tandil y Ushuaia, el mundo no tiene límites para él y su futuro en Google podría llegar antes de lo imaginado.

Más información

Si querés apoyar sus programas de educación podés hacerlo a través de donaciones en este link. Para proponerte como mentor voluntario de los estudiantes, entrá en el siguiente link.Para integrar la red de empresas que colaboran para promover la empleabilidad en áreas IT, escribí a andreamoreno@junior.org.ar.

Si sos un joven que quiere inscribirse en alguno de sus programas o conocés a alguien que pueda servirle alguna de las capacitaciones, podés entrar en este link y conocer más sobre todos los programas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/enfrento-prejuicios-pidio-ayuda-y-finalmente-logro-el-trabajo-de-sus-suenos-en-un-gigante-nid06082025/

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