Enseñanzas de un premio Nobel
Philippe Aghion es uno de los ganadores del Premio Nobel de Economía 2025. Se encargó de estudiar, en la época actual, cuáles son las precondiciones del crecimiento económico tanto en sociedad...
Philippe Aghion es uno de los ganadores del Premio Nobel de Economía 2025. Se encargó de estudiar, en la época actual, cuáles son las precondiciones del crecimiento económico tanto en sociedades desarrolladas como en las que, desde hace años, pretenden serlo.
A diferencia de las teorías anteriores, encargadas de diseccionar las condiciones estructurales, Aghion agrega un factor sin el cual ninguna economía podría reconvertirse: la plasticidad cultural en el cambio productivo y la destrucción creativa.
Los economistas sabrán que esta idea fue planteada hace muchos años por el austríaco Joseph Schumpeter, procurando diferenciar la elasticidad de la economía capitalista de las pesadas estructuras burocráticas del socialismo.
Y lo hizo planteando una sencilla idea: toda vez que una tecnología queda obsoleta, el capitalismo es capaz de reconvertir la producción hacia formas más económicas, productivas y eficientes, asumiendo el costo del cambio.
Esta cualidad no solo está atada a la permanente búsqueda del beneficio, sino a una condición que los demás sistemas no tienen: la adaptación del mercado al cambio de las preferencias, tendencias y orientaciones conductuales de las personas.
Aghion retoma esta idea afirmando que, en la época actual, no habrá ninguna sociedad con posibilidades de prosperar si su sistema productivo desconoce el ritmo del cambio social. Si sus reglas son funcionales a los privilegios, las prebendas y la corrupción estructural.
Los países que, por el motivo que sea, no sean capaces de romper con estas tradiciones (corporativas y autoritarias), no solo lesionarán los derechos civiles, sino que negarán a su población el acceso a la prosperidad.
El secreto del crecimiento estará en la forma en que las nuevas reglas permitan la descomposición de los monopolios, el impulso financiero a las nuevas empresas y el predominio de la ciencia.
Lo que propone Aghion es un cambio cultural. La aceptación de que las personas optimizarán siempre sus conductas de consumo, y lo que no encuentren en su país lo encontrarán en otros. Y quien mejor comprenda este patrón romperá con un tipo de sistema atenazado.
Esto fue lo que hicieron los países del sudeste asiático. Utilizaron el activo más importante de su sociedad (el conocimiento) y, con altísimas limitaciones en la disponibilidad de recursos físicos, ofrecieron al mundo soluciones productivamente viables y preferibles.
Así, Hong Kong, con una población diez veces menor, tiene el mismo producto bruto que Irán. O Singapur, con una población siete veces menor, el mismo producto bruto que la Argentina.
Esta diferencia excepcional de productividad define la diferencia de desarrollo. La extraordinaria capacidad de adaptación de las economías asiáticas no solo ha hecho que sean abastecedoras mundiales de bienes y servicios, sino que lo hicieran mediante el uso de activos intangibles: el conocimiento, la tecnología aplicada y la destrucción de privilegios y creencias obsoletas.
Quien adquiera el conocimiento y demuestre la determinación política para hacerlo encontrará –concluye Aghion– gran parte de la solución al persistente dilema de la pobreza.
Doctor en Ciencia Política por el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, Madrid
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/ensenanzas-de-un-premio-nobel-nid24012026/