Es coleccionista de objetos de mundiales pero este año no pudo viajar a Estados Unidos: “Todo lo del 78 es mi debilidad”
Alejandro Polizzi (55), es cordobés, abogado y coleccionista. Empezó a coleccionar de chico, en la época del mundial ´78 cuando su padre lo llevó en Córdoba a ver su primer partido mundialist...
Alejandro Polizzi (55), es cordobés, abogado y coleccionista. Empezó a coleccionar de chico, en la época del mundial ´78 cuando su padre lo llevó en Córdoba a ver su primer partido mundialista donde Alemania le ganó 6-0 a México. “Ya en aquel entonces empecé a juntar las figuritas de aquella época en la que no entró Panini a la Argentina pero hicieron unas figuritas con un mix entre fotos del mundial y los equipos de la liga Argentina”, recuerda Alejandro al hablar de lo primero que coleccionó sin saber todo lo que lograría con los años.
Una cantidad de objetos incalculablesEn aquel mundial Alejandro tenía 7 años y fue su papá quien le guardó muchos de los objetos que hoy conserva. A medida que creció empezó a tener en su cabeza la idea de coleccionar. A los 7 años, una edad donde muchos chicos juntaban estampillas, monedas, billetes, él decidió unir su amor por el fútbol, concretamente por los mundiales, para empezar su propia colección.
“Cuando tuve los medios para viajar a los diferentes mundiales traje muchas cosas: valijas llenas de vasos, latas, todo souvenir que podría llegar a encontrar a partir del año 2006, cuando fui a Alemania, y de ahí en adelante”, explica.
Para armar su tesoro tiene una regla que no descarta: todos los objetos tienen que ser originales y de la época. Gran parte los tiene en su oficina en muebles con vitrinas y en su casa dedicó una habitación exclusiva para el coleccionismo.
No sabe cuantos objetos tiene, son miles y le resulta difícil calcular: “Tengo desde un pin hasta una figurita, un vaso, una cartuchera, solo del 78 de Argentina, en una parte de la vitrina que tengo en mi oficina, son 350 objetos. Pero tengo otros tantos de diferentes mundiales de la otra parte, en las otras vitrinas y, claro, en mi casa más", cuenta.
Busca objetos que los pueda exhibir porque le gusta compartir, por eso no es muy amante de revistas, libros y folletos porque los tiene que guardar apilados, en cambio una taza de café, una botella, un llavero se pueden ver con claridad.
Las redes sociales le permitieron llegar a mucha gente y cuando se acerca un mundial en Córdoba le hacen entrevistas en programas de televisión y radio, entonces a partir de ahí empiezan a llegar los contactos de gente que le quiere regalar objetos de mundiales pasados y también quienes se lo quieren vender.
“Todo lo del ´78 es mi debilidad y lo que más me gusta coleccionar"Le es difícil elegir el mejor, porque cada objeto tiene su historia y su particularidad. La entrada a su primer mundial en el ´78 correspondiente al partido de Alemania - México, que fue con su padre, y la entrada de Argentina - Nigeria en el mundial del ´94, que fue el último partido que jugó Maradona para la selección en un mundial, son solo algunos de los objetos más preciados a nivel personal.
Hoy los mira y se maravilla de la cantidad de objetos exclusivos que se vendían en el ´78 cuando la tecnología y los medios no eran lo que son hoy. Su padre le consiguió una pelotita de goma del mundial `78 que se repartió en la inauguración del estadio de Córdoba, se lanzaron entre los presentes solo algunas pocas.
Para esa época se vendían objetos que para las nuevas generaciones son desconocidos como por ejemplo un abre cartas. También tiene la rareza de una llave acytra que la parte de arriba es la pelota y tiene el número 78. “Todo lo del ´78 es mi debilidad y lo que más me gusta coleccionar", admite Alejandro.
Un objeto raro que conserva es un chaleco que se usaba para que los fotógrafos entraran a cada partido. “El que yo tengo pertenece al partido que nunca se jugó, el partido número 39 que se iba a jugar en la cancha de River dos días después de la final si salían empatados en el tiempo suplementario. No existían los penales, entonces se iba a jugar un partido 39 entre Argentina - Holanda y ya se habían hecho las entradas, los chalecos y brazaletes”, explica Alejandro. Le comentaron que las entradas las usó River para un partido de la copa Libertadores y las usó para no tener que emitir unas nuevas, entonces sabe que hay algunas entradas del partido 39 dando vueltas y que trata de conseguir, pero al menos consiguió uno de los chalecos sin estrenar.
Tiene una réplica de la copa del mundo que la mandó a traer desde Hong Kong donde la consiguió en escala uno a uno, hecha de resina y con un color oro que no se altera, continúa impecable.
Con su padre compartió un reloj Seiko de Italia ´90 muy exclusivo que él le regaló.
Alejandro utiliza su cuenta de Instagram, que lleva su nombre, como una vitrina virtual donde le saca una foto a cada objeto nuevo que consigue. “Es una forma de compartir con la gente porque no todos pueden venir a mi casa o a la oficina, es la manera de mostrar lo que tengo y lo disfruto”, admite. También es estar en contacto con diferentes personas del mundo e intercambiar objetos coleccionables.
“Los chicos han perdido la esencia del coleccionismo”“Hoy estoy muy desanimado con el merchandising porque en las páginas chinas conseguís las famosas mascotas, conseguís muchos objetos que son los mismos que vende la FIFA con la diferencia que le pone el sellito, pero lo hacen en China. Entonces se pierde esa esencia del coleccionismo, de tratar de conseguir algo que solamente encontrabas si ibas al país anfitrión”, explica Alejandro y agrega “yo tengo objetos porque estuve en el país donde se hizo el mundial, sino no los tendría”.
Otro objeto que lamenta que se haya perdido son las entradas físicas a la cancha. En su oficina tiene los cuadros con las entradas que tuvo de cada partido al que fue en los mundiales y una foto suya y con los amigos con los que asistió. Hoy las entradas son un código QR en el celular.
Alejandro, en su camino al coleccionismo mantuvo siempre una actitud entusiasta: “Llevaba llaveros que había fabricado con la copa del mundo, entonces me paraba a la salida del estadio y le cambiaba a los hinchas las entradas por el llavero, y mucha gente me la daba porque no le interesaba conservarla. Así me volvía con 30, 40, 50 entradas de los partidos”, cuenta Alejandro. Comenzó con esa idea en Sudáfrica donde hizo un cartel que decía “Ticket for key ring”, y se colgaba un llavero en cada dedo. Hizo lo mismo para Brasil y en Rusia no tuvo tanto éxito porque la cantidad de argentinos que ocupaban los estadios era muchísima y no iban a regalar sus entradas porque los argentinos tienden a conservarla de recuerdo.
Tiene dos hijos pero solo uno se sumó a su colección: “El de 36 no me da ni la hora, hasta le da vergüenza si ando por Parque Rivadavia buscando cosas. El más chico, de 20 años sí, a full, es el que va a heredar todo, es el que consigue cosas. Estamos tratando de conseguir las 38 entradas de los partidos del mundial que se jugó en Argentina. Creo que nos faltan 12 para conseguir todas”, cuenta Alejandro sobre una pasión que ya pasa a la siguiente generación, su hijo está pendiente en Facebook y le va mostrando lo que va consiguiendo.
Alejandro no exige que sus hijos continúen con su colección, les da la libertad para hacer lo que quieran, pero lo único que espera es que cuando él ya no esté en este plano sus hijos no desperdicien lo que tanto le costó conseguir sino que al menos lo vendan y le saquen la plata que vale.
“He aprendido y he conocido mucha gente en el coleccionismo, he creado amistades hasta con gente que no conozco personalmente pero con quienes nos escribimos, por tiempos todos los días, saludándonos. Puedo decir que lo lindo del coleccionismo es eso. Hay dos tipos uno es egoísta y colecciona para adentro. A mí me gusta el otro tipo, el que comparte, transmite y como yo, muestra lo que tiene”, asegura con pasión.
Hace poco lo invitaron a dar una charla en un colegio de Córdoba y asegura que fue muy lindo el interés y las preguntas de los chicos. “Lamentablemente hoy a los no los podés tener más de 15 segundos concentrados en algo y ni hablar de dedicarle tiempo a algo como esto. La mayoría de los coleccionistas tenemos 40, 50 años para arriba, porque juntar la figurita del mundial no es ser coleccionista”, analiza Alejandro.
“Era mucha plata y no sé si llegaba a juntarla”Alejandro fue a casi todos los mundiales. A Qatar no pudo ir porque estaba terminando de construir su casa. “Era la planta alta o Qatar, y bueno, estoy disfrutando la planta alta de la casa. Fue un luto para mí los primeros 15 días porque me quería morir de no estar ahí”, admite Alejandro. Él siempre va a la primera fase y después se vuelve, excepto en Sudáfrica que tenían entrada hasta el final, pero no llegamos.
No pudo ir a Qatar pero consiguió muchísimos objetos para su colección, sus amigos con los que iba a los otros mundiales fueron los encargados de traérselos. “Les dije específicamente todo lo que necesitaba, así que tengo una vitrina llena de todo”, cuenta con alegría. Incluso pudo conseguir los auriculares de la empresa aérea Qatar Airlines que tenían el logo del mundial.
Para todos los mundiales fue con amigos, pero en este caso el plan era ir con sus dos hijos. Tramitaron las visas pero no salieron sorteados para las entradas y comprarlas en reventa, sumado el costo del viaje, era un presupuesto muy alto y sus hijos le propusieron, por la mitad de la plata, viajar todos juntos en otro momento y durante el partido comer un rico asado en cada partido y verlo todos juntos. “Si yo iba era para poder estar con ellos, compartir ese momento con ellos, yo ya lo he vivido, es hermoso, estar en un mundial es algo único, pero si ellos mismos me trasmiten eso, me quitan la presión y la verdad es que era mucha plata y no sé si llegaba a juntarla”, se sincera Alejandro.
El mundial no había comenzado y Alejandro ya tenía una vitrina llena de objetos del mundial 2026. Así que mandó a hacer una especial porque ya no tiene más lugar, es que Estados Unidos es el país del merchandising, y con la previa de Argentina como campeón del mundo abundan la cantidad de cosas que salieron a la venta en Argentina y en otros países. “Estuve de viaje en Turquía y allá Coca - Cola y Pepsi sacaban latas especiales, Europa tiene la suya, Brasil también y México. Conozco gente que viaja y les encargo”, asegura Alejandro que es un gran buscador y apasionado por su colección.