¿Es Milei un populista de derecha?
La columna que se publica a continuación fue enviada a LA NACION por el actual embajador argentino ante la Unión Europea, designado por el presidente Javier Milei.* * * * * Allá po...
La columna que se publica a continuación fue enviada a LA NACION por el actual embajador argentino ante la Unión Europea, designado por el presidente Javier Milei.
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Allá por los años sesenta se publicó póstumamente Cómo hacer cosas con las palabras, libro en el que el filósofo y lingüista John L. Austin enunció su teoría de los “actos de habla”. Según Austin, hablar es una forma de la acción con consecuencias directas sobre la realidad. En los círculos académicos se lo denomina “carácter performativo del lenguaje” y es una teoría bonita que la realidad suele desmentir: si la capacidad de las palabras para modificar la realidad fuera cierta, nuestro país sería el reino de la justicia social, la producción nacional y el trabajo de los argentinos. No están solos. Los wokistas de todo el mundo son, también, deudores de Austin que, por décadas, han sostenido ideas ridículas como la de que terminar las palabras en la letra “e” acabaría con el patriarcado o la de que quitar la opción hombre-mujer de los pasaportes sería un punto final para la biología.
He denominado betisarlismo a la variante argentina del austinismo internacional en homenaje a su más talentosa representante, una brillante analista del discurso que empezó su experiencia política apoyando a Isabel Perón desde el Partido Comunista Revolucionario y cuyos discípulos terminaron llamando a votar a Massa en 2025 “en defensa de la democracia”. El betisarlista, austinista local, se caracteriza por realizar exhaustivos análisis de la situación sin mencionar jamás una cifra, un dato, un elemento objetivo de la realidad, un hecho. El betisarlista es de pedigree académico pero no está solo: la mayor parte de nuestra fauna comunicativa también cree, como Nietzsche, que no hay hechos sino interpretaciones. La variante vulgar de esta forma de entender el mundo es el panelismo argento: “Fulanito salió a declarar que…”, “Menganito lo cruzó” y “Zutanito analizó sus descargos en un programa de chismes de la tarde”. Discurso sobre discurso sobre discurso. ¿La realidad? Bien, gracias. Ampliaremos.
No es casualidad que para todas estas personas, con enorme influencia en el establecimiento del consenso ideológico nacional, Milei sea un populista de derecha. No puede haber dudas. Su discurso exalta al hombre común y enfrenta a la casta. Su estilo apela a las emociones más que al razonamiento. Se dirige directamente al pueblo y detesta la mediación de los periodistas y los políticos. Etcétera y etcétera. Pueden seguir así por horas. Pero la materia con que está hecha la realidad no es solamente la de los discursos y los sueños, y apenas se repasa la historia de los liderazgos populistas una serie de elementos no discursivos se revelan como centrales.
Por ejemplo, los líderes populistas de todas las tendencias -todos, siempre- han tenido como característica común el disfrute del poder, y con ello, la expansión de su poder personal a favor de su ejercicio sin límites y la intención convertida en acto de que sea eterno. Milei no responde a estas características. No disfruta del poder sino que lo usa para modificar el mundo en el sentido que considera correcto. Es más un profeta que un rey, como señaló con acierto Carlos Pagni. Lejos de concentrar el poder en su persona, se dedica obsesivamente a los dos ejes que domina: la economía y la comunicación, y delega todas las tareas específicamente ligadas a la adquisición, administración y conservación del poder en un equipo cuya cabeza visible es su hermana, a la que denomina significativamente “el Jefe”. ¿Eternización alla Perón, alla Kirchner, alla Menem, que llegaron sin reelección a la vista y no se querían ir después de dos mandatos? Cualquiera que haya hablado con él sabe que su intención es retirarse definitivamente de la política una vez cumplidos los dos mandatos que considera, con acierto, necesarios para impulsar el cambio en la Argentina.
Tampoco cumple Milei con una característica básica de todo líder populista directamente ligada con la ambición ilimitada de poder: la destrucción de las instituciones. Podrán citarse con razón muchas medidas del Gobierno que están al borde de la ley, pero es imposible demostrar que ese límite haya sido sobrepasado con continuidad como política. Como decía el General, dentro de la ley, todo. Además, ¿qué otro gobierno tiene derecho a jugar al fleje más que el de Milei, al que le dejaron un país destruido para que se hiciera cargo sin contar con un solo gobernador, intendente o juez designado por él o su partido, y con 6 % de los senadores y 15 % de los diputados?
¿Autoritarismo? Existen tres instituciones limitativas del poder del Ejecutivo: el Poder Judicial, el Poder Legislativo y el cuarto poder: el periodismo. Y bien, podrá opinarse lo que se quiera sobre las diatribas presidenciales, pero es de ciegos no ver que todos estos poderes funcionan. Y no solo funcionan, sino que lo hacen mucho mejor que bajo los gobiernos del peronismo, supuesto garante de la democracia para algunos. Veamos.
La justicia argentina, que tardó 10 años desde la primera denuncia contra Cristina y el primer allanamiento, demoró pocos días en abrir investigaciones y procesos contra el Presidente, la hermana del Presidente y el exjefe de Gabinete. Procesos que siguen en curso. ¿El Legislativo? Durante todo el año electoral de 2025 nuestro Congreso se dedicó a sancionar leyes que erosionaban el equilibrio fiscal y la lucha contra la inflación, principal logro del Gobierno, que se defendió dentro de la ley. Con vetos, argucias e instrumentos que no provocarán la alegría del purismo republicano, pero dentro de la ley. ¿La prensa? No se ha visto campaña mediática tan unánime como la que hoy soporta el gobierno de Milei sin expropiaciones como las de Perón ni ley de medios como la kirchnerista. Notable es que los betisarlistas y austinistas locales varios que ayer llamaron a votar a Massa “para defender la democracia” y hoy saturan el espacio discursivo con sus críticas a los discursos del Presidente no registren las barrabasadas efectivamente cometidas en la historia por el peronismo. No las palabras sino los hechos: violencia terrorista y represiva, destitución de cortes supremas y reemplazo por cortes adictas, persecuciones y asesinatos de los opositores, expropiaciones de medios de prensa, conversión del Congreso en escribanía, etcétera.
¿Es Milei un populista de derecha? Otras características intrínsecas del populismo son el nacionalismo, el aumento del poder del Estado en detrimento del de los individuos y la alianza con sectores corporativos. Tampoco responde el Presidente a esta fotografía. No es nacionalista, al menos, no en términos del nacionalismo berreta que impulsa el proteccionismo económico y el aislamiento mientras utiliza los sentimientos nacionales para ponérselos de escarapela y sacarse fotos tomando mate mientras incrementa el poder del Estado nacional. Por el contrario, su programa y sus acciones llevan a la disminución del poder estatal y al aumento de las libertades individuales, y van en contra del control de la vida de los ciudadanos por parte del Estado. Difícil de instalar sería, en este marco, cualquier autoritarismo. Y lo mismo sucede con las corporaciones políticas y económicas. Se puede discutir el punto en el que se encuentra el proceso, pero es claro que el conglomerado de corporaciones económicas que vivían del proteccionismo, los subsidios y la caza en el zoológico siguen perdiendo influencia. Y lo mismo puede decirse de corporaciones políticas como la sindical y la piquetera, ayer capaces de parar el país y de tener bloqueada a su capital durante años, y que ahora deben conformarse con métodos civiles de protesta.
Finalmente, si algo ha caracterizado al populismo en todo el mundo -y muy especialmente, al peronismo- son los programas económicos en los cuales se sacrifica el futuro al presente. El Plan Platita de Massa ha sido solo la última expresión de una práctica política comenzada en 1946, con los pasillos del Banco Central repletos de oro, los precios más altos de la producción agropecuaria, un país y una industria que llevaban 12 años consecutivos de crecimiento, una inflación anual del 2%, y que en cuatro años de “días más felices” llevó al default, a una inflación del 50%, y a la veda de carne y el pan negro.
¿Derecha? ¿Izquierda? Rifar el futuro para garantizarse los votos y el poder presentes, pagar el costo en términos de pobreza y privilegiar los intereses de grupos concentrados en perjuicio de las grandes mayorías no son políticas de derecha ni de izquierda: son las prácticas económicas populistas que ha arruinado a este país, y el gobierno de Milei es el reverso de todo eso. Podrá opinarse lo que se quiera sobre si la gente llega o no llega a fin de mes y si las moras bancarias se deben a la disminución del poder adquisitivo o a la novedosa existencia del crédito entre privados. Lo que no se puede discutir es que Milei ha sido y es absolutamente claro en poner el futuro de la Argentina por encima de la búsqueda de réditos inmediatos y de las necesidades electorales de su gobierno. En eso estamos.
Destrucción institucional, alianzas corporativas, políticas económicas cortoplacistas, aumento del poder presidencial y del arbitrio estatal sobre las personas. No son los rasgos reconocibles de Milei sino los del peronismo. Podría decirse con justicia: su marca en la Historia. Es curioso que no lo registren tantas personas con tan destacable formación política y cultural. Como el Quijote, intoxicados por la mala literatura, siguen combatiendo contra las supuestas amenazas autoritarias de un gobierno que, si algo hace mal, es concentrar poder.
Betisarlistas. Austinistas. Brigadas militantes contra los molinos de viento.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/es-milei-un-populista-de-derecha-nid12092026/