Es raro que los profetas estén a la altura de sus profecías
¿Es inteligente Javier Milei? La pregunta es políticamente incorrecta, pero circula, mejor abordarla. Los intelectuales progresistas dicen que no. Pero, ¿puede no serlo, replican otros, quien di...
¿Es inteligente Javier Milei? La pregunta es políticamente incorrecta, pero circula, mejor abordarla. Los intelectuales progresistas dicen que no. Pero, ¿puede no serlo, replican otros, quien dialoga con personas del calibre de Yuval Noah Harari? La cuestión es intrigante, pero está mal planteada. Harari no se dirigió a Milei atraído por su inteligencia. Rechazó una idea expresada en Financial Times por el presidente argentino.
¿Milei en el gran periódico de la City? “¿Ves que no soy un cretino?”, le dijo Giosué Carducci a su esposa mostrándole el telegrama que le otorgaba el Premio Nobel de Literatura. Una vez más: no se debe a las geniales intuiciones de Milei, sino a la debida hospitalidad hacia el presidente, ansioso por contrarrestar las críticas a su gestión. El intercambio con Harari, en resumen, no demuestra ni desmiente nada. Sino que no se debe confundir a la persona con el cargo.
Empecemos de nuevo, entonces: ¿es inteligente Milei? Obvio que sí. Todos somos inteligentes. La verdadera pregunta, por lo tanto, es: ¿qué tan inteligente es? Algunos se basarán en el coeficiente intelectual, como si fuera el veredicto de la Boca de la Verdad en el Luna Park. Pero no hace falta recurrir a la ciencia para reconocer distintos tipos de inteligencia: práctica, analítica, creativa, emocional. Nadie las posee todas por completo; todos tenemos algunas más que otras. ¿Como sería Dante Alighieri lidiando con las instrucciones de la lavadora? ¿ Albert Einstein con la métrica de los sonetos?
Con el tiempo, me he convencido de que cuanto menos inteligentes somos, más creemos serlo. La persona de inteligencia promedio piensa que los demás son estúpidos; la muy inteligente sabe que es estúpido pensarlo; el genio, creo, sabe que es cierto, pero que es estúpido decirlo y calla. Milei se cree el más inteligente y llama idiota a todo el mundo.
No nos queda más que la única pregunta sensata: ¿qué tipo de inteligencia posee Milei? Nada más ser elegido papa, Jorge Bergoglio explicó ante un grupo de niños que no había sido elegido por ser el más inteligente, sino por servir los designios de Dios. Milei, en cambio, no duda de ser el elegido por sus dotes intelectuales. Dotes que expresan un tipo de inteligencia obsesiva: monótona, repetitiva, autorreferencial. La inteligencia de los profetas o de los fanáticos, ideal para el arte o la religión, menos para la política, peor para la política en democracia.
La sátira fue la primera víctima de todos los tiranos; la independencia de la justicia, la segunda
Si ese es su tipo de inteligencia, la primera pregunta lleva a la segunda, aún más políticamente incorrecta: ¿es Milei ridículo? No me atrevería a plantearla si un destacado dirigente liberal no hubiera acusado a los mejores humoristas de la prensa argentina de “ridiculizarlo”. He aquí otro indicador infalible de la inteligencia: el sentido del humor. Milei carece de él. Por lo que veo, sus seguidores también. ¡Qué raros los liberales argentinos! Conocí a muchos cuando eran opositores; parecían nietos de Stuart Mill criados a orillas del Támesis, republicanos de pies a cabeza. Ahora que han llegado al poder, veo a muchos convertidos en el camino de Predappio: la sátira fue la primera víctima de todos los tiranos; la independencia de la justicia, la segunda. No los imaginaba tan sumisos, tan dispuestos a tragarse todo: autocracia política, violencia verbal, abuso institucional, intolerancia moral. No sé qué son en términos políticos, pero en términos culturales son peronistas de derecha: “para un liberal no puede haber nada mejor que otro liberal”. Dicen “zurdo” como lo decían ellos. El liberalismo de nosotros, los latinos, a menudo es así: illiberal.
Para ridiculizar a alguien es necesario que alguien se exponga al ridículo. Nos pasa a todos, pero no todos se prestan a ello por igual. Milei sí, Milei es el maná de los humoristas: grita, insulta, alborota, se agita, se desfigura, exagera, miente, inventa. Si se lo toma en serio da miedo. Si no da risa. Y ridículo es quien provoca risa porque es extraño en el mejor de los casos, u ofensivo en el peor. Los censores celosos de quienes lo “ridiculizan” miran al dedo pero se les escapa la luna.
¿Cuál es la obsesión de Milei? ¿La huella indeleble de su inteligencia? ¿La macroeconomía? ¿El equilibrio fiscal? Mucho más que eso: los profetas vuelan más alto
Es inevitable. El profeta siempre parecerá ridículo a los ojos del desencantado, y el fanático, a los del pragmático. Pero, ¿cuál es la obsesión de Milei? ¿La huella indeleble de su inteligencia? ¿La macroeconomía? ¿El equilibrio fiscal? Mucho más que eso: los profetas vuelan más alto. La pasión anarcocapitalista, el enamoramiento tecnoliberista, son las versiones modernas de una antigua utopía. Milei, como todos los profetas, sueña con “el triunfo de la administración de las cosas sobre el gobierno de los hombres”. La frase no es mía, es un famoso pasaje de Friedrich Engels, el socio de Karl Marx.
No hay por qué sorprenderse. Todas las profecías tienen un fondo común. Ya sea invocando la fe o la ciencia, el mercado o los algoritmos, los profetas sueñan con eliminar el mal quitándoles las riendas de la historia a los hombres. Reinará entonces la armonía, la justicia y la libertad. Por eso lo interpretan como una guerra entre el bien y el mal. Donde ellos son el bien. Y por eso desprecian la política y son insensibles a las medias tintas del constitucionalismo democrático. ¿Acaso no surgió durante la Ilustración para imponer límites al poder absoluto basado en parecidas teologías maniqueas? ¿Para transformar el "homo hominis lupus" de las guerras de religión en un pluralismo cooperativo e institucionalizado? No es casualidad que los aspirantes a taumaturgos de nuestra época, los Peter Thiel que tanto admira Milei, señalen a los ilustrados como los padres del anticristo.
La inteligencia de Milei es ajena a la inteligencia liberal y democrática; es fruto de otra planta, de la exuberante planta del antiliberalismo occidental. Pero no me preocuparía demasiado por la democracia: es raro que los profetas estén a la altura de sus profecías. Mientras Milei pontifica, sus ministros gobiernan, sus aliados negocian, los inversores apuestan, y pequeños Adorni crecen. Nos gusta pensar que la Argentina siempre está en vísperas del Renacimiento o al borde del Apocalipsis. Pero la montaña a menudo da a luz a un ratoncito.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/los-hombres-seguiran-gobernando-sobre-las-cosas-nid06072026/