“Es un desastre”: a 8 años de mudarse a la Argentina, volvieron por primera vez a Venezuela y los sorprendió el doble sismo
Hace ocho años y tres meses, cuando decidieron dejar Venezuela para radicarse en la Argentina, Joel Meza, de 37 años, y Viryusbeth González, de 35, sabían que regresar a su país iba a ser dif?...
Hace ocho años y tres meses, cuando decidieron dejar Venezuela para radicarse en la Argentina, Joel Meza, de 37 años, y Viryusbeth González, de 35, sabían que regresar a su país iba a ser difícil y también muy anhelado. Él es administrador de empresas, y actualmente trabaja como coach y consultor en liderazgo. Ella es ingeniera química. Sobre todo desde que nació Julia, que tiene 3 años, volver de visita a Venezuela era un sueño muy añorado. Así que hacia allá viajaron los tres hace unos 20 días y, desde entonces, aprovecharon para recorrer los sitios en los que crecieron y se formaron, hasta 2018, se mudaron a nuestro país. El reencuentro los llenó de felicidad y disfrutaron especialmente que su hija pudiera conocer y jugar con sus primos.
Lo que nunca imaginaron es que este viaje tan esperado los iban a encontrar en medio de los dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5, que generaron escenas de pánico, daños estructurales generalizados y una seguidilla de réplicas en todo el país, con un saldo hasta el momento de 188 muertos, 1500 heridos y 6600 desaparecidos.
Joel y su familia tenían pasaje de regreso para el próximo sábado, pero no saben si van a poder regresar, ya que todos los aeropuertos están cerrados y el país quedó sumido en el caos después de semejante impacto: cortes de luz, aeropuertos cerrados, hospitales colapsados y un sistema de ayuda que no da abasto para atender el colapso generalizado y el temor que se instaló entre los venezolanos.
“No sabemos si vamos a poder volver el sábado. Igual, lo importante es que estamos bien, eso fue lo primero que avisamos a nuestra familia y amigos en la Argentina y en Venezuela porque todos estaban muy preocupados”, cuenta a LA NACION. Justamente, una de las primeras cosas que él hizo cuando recuperó la conexión de su celular fue subir un estado en WhatsApp avisando que estaban bien. “Después del terremoto de 7,1 en Venezuela, estamos bien gracias a Dios. Gracias a todos por las oraciones”, escribió.
Pocas horas antes del terremoto, había publicado una foto de paseo con sus sobrinos por el parque El Golondrino, en Trujillo. Unas horas después, la familia ya había llegado a la casa del hermano de Joel, donde están parando. “Estamos en Valencia, que queda a unas dos horas de Caracas, donde se sintió mucho más fuerte el terremoto. Sin embargo, bueno, el sacudón ayer fue horrible, un susto tremendo”, afirma Joel.
Cuando empezó la vibración, el temblor, lo primero que pensaron fue en que había que resguardarse bajo un lugar seguro. Pero, antes, salieron a buscar a los más pequeños que estaban jugando afuera y buscaron donde refugiarse. “La casa donde vive mi hermano es antisísmica y pudimos resguardarnos. Buscamos a los niños rápidamente, después buscamos un marco, una pared de concreto. Pero fue muy, muy intenso, muy fuerte y prolongado. Parecía eterno. Cuando paró, pudimos comprobar que no había habido mayores daños estructurales en la casa, que está dentro de una urbanización. Gracias a Dios resistió muy bien el temblor. Pero después nos sorprendimos cuando salimos porque vimos que edificios que están a apenas dos cuadras sí sufrieron daños importantes, uno casi que se cae. En esta zona creo que hubo al menos dos o tres víctimas fatales”, describe Joel.
Después vino la parte más difícil. Salir a ver los daños de las casas vecinas, ayudar a quienes necesitaban, empezar a ver en las redes sociales y en los estados de WhatsApp los pedidos desesperados de ayuda de otras zonas en las que el impacto había sido mayor. “En Caracas la cosa estuvo muy fuerte. Y en La Guaira fue terrible”, destaca.
Hace unas horas, Joel publicó una historia en Instagram de un hombre sentado sobre una montaña de escombros en La Guaira, desesperado, intentando remover junto a otros hombres los bloques de un edificio hecho ruinas. “Hay personas con vida, pero no podemos sacarlas. Necesitamos que venga alguien, maquinaria pesada. No vino nadie todavía, estamos solos. Hay gente viva y no podemos sacarlos”, decía el hombre en el video que publicó Joel.
“La situación es terrible. Realmente es un desastre lo que está pasando. Este tipo de situación no habíamos vivido nunca. Acá estamos, muy consternados y confiando en Dios que no haya más movimientos, que aparezcan las personas que faltan. Hay muchas personas que no encuentran a sus familiares, hay personas que ya se están registrando como fallecidas pero están desaparecidas”, relata.
Aunque en el orden de prioridades no es lo más importante, la familia Meza González aún no sabe cómo va a volver en los próximos días a la Argentina. “El aeropuerto está cerrado, eso es otra cosa que nos tiene un poco preocupados, pero no hay mucho que se pueda hacer por ahora”, explica Joel.
“Nuestro vuelo de retorno a la Argentina era el 27 y la aerolínea aún no tiene claro qué va a hacer, si los reprograman, si nos ubican con las salidas de otra ciudad. Estamos ahora en esa espera. Lo más importante es que estamos bien, sanos y salvos, nuestra familia está bien, pero también estamos preocupados y compartimos el dolor de otros. Tenemos amigos que están en la Argentina con su familia en Caracas que lo perdió todo, absolutamente todo, el edificio donde viven se vino abajo. El departamento se destruyó completamente y hay otros que están desaparecidos, eso es muy desesperante. Realmente la están pasando muy mal, por eso también nos toca apoyar y acompañar. Y confiar en el Señor que todo se pueda restablecer pronto”, culmina el joven.