Estaciones de escucha, bases aéreas y campos de entrenamiento: el despliegue militar ruso que inquieta a Europa
PARÍS.- Un reciente discurso del jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas francesas, ...
PARÍS.- Un reciente discurso del jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas francesas, general Fabien Mandon, en el que sugirió a los franceses que aceptaran la idea “de perder a sus hijos”, causó una viva emoción en un país que ha disfrutado de la paz durante casi 80 años. Sin embargo, imágenes satelitales de libre acceso, que muestran los ingentes refuerzos militares rusos a las fronteras de la OTAN, parecerían dar la razón al alto militar, así como al presidente Emmanuel Macron, que insisten sobre la posibilidad de una guerra con Rusia en los próximos años.
“Discurso belicoso, construcción de instalaciones, ejército de 2 millones de hombres... Nuestros servicios de inteligencia (franceses) se preocupan por un ataque que podría ocurrir antes de 2029, o incluso antes para probar la credibilidad de nuestra defensa”, confirma el especialista Xavier Tytelman.
A mediados de junio, un proyecto llamó la atención de los medios finlandeses. Árboles talados, dos parcelas rastrilladas y algunos edificios construidos en el lapso de seis meses... Si estos trabajos hubieran ocurrido en otro lugar, probablemente no se habrían señalado. Pero la obra en cuestión concierne una base militar rusa, situada a apenas cien kilómetros de Finlandia.
Como informó la cadena pública Yle, con imágenes satelitales como prueba, Rusia ha estado ampliando durante casi un año el área de Kandalakcha, más allá del círculo polar, para transformar ese depósito militar en una base capaz de albergar a varios miles de soldados. A largo plazo, una brigada de artillería y refuerzos de ingeniería deben tomar posesión del lugar, aseguran las autoridades locales. Según las pruebas analizadas por medios europeos, los trabajos continuaban a buen ritmo en octubre, y esa base está lejos de ser un caso aislado.
Al margen de su guerra de invasión en Ucrania, Rusia intensifica su presencia militar en las fronteras de varios países de la OTAN, incluyendo Estonia, Polonia y, sobre todo, Finlandia, que adhirió a la Alianza Atlántica a principios de 2023. En Kandalakcha, “esos refuerzos toman la forma de alojamientos y lugares de almacenamiento”, explica Emil Kastehelmi, de la agrupación de investigadores Black Bird Group, con sede en Finlandia.
“En otras partes de la región, hemos detectado ampliaciones de campos de entrenamiento, la renovación de aeródromos y transferencias importantes de equipos y vehículos militares...”, enumera. Todo esto gracias a la imagen satelital, cruzada con fuentes abiertas, es decir, información libremente accesible en línea.
En las redes sociales, el Black Bird Group y otras agrupaciones internacionales, entre ellos muchos grupos ucranianos, publican regularmente sus últimos hallazgos sobre los esfuerzos militares de Rusia. En la primavera de 2024, se señaló, por ejemplo, la instalación de un centenar de campamentos en la base de Kamenka, cerca de San Petersburgo pero también de las fronteras finlandesas. El ejército ruso parecía querer alojar a militares de urgencia, pero ¿por qué?
“Difícil de determinar”, admite Emil Kastehelmi, quien no ha detectado ningún ejercicio particular ni construcciones permanentes posteriormente. A finales de septiembre de 2025, esa “solución temporal” seguía en pie y era bien visible desde el espacio.
Desde el sur de San Petersburgo hasta la península ártica de Kola, la lista de sitios militares rusos en proceso de renovación no ha dejado de crecer desde 2022. Al otro lado de los aproximadamente 1300 km de fronteras con Rusia, el ejército finlandés está alerta. “El entorno operativo militar de Finlandia ha experimentado cambios radicales en los últimos años”, señaló el coronel Markku Pajuniemi, jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa finlandesa. En total, sus servicios cuentan 17 sitios militares rusos “convencionales” en las cercanías de Finlandia. A esto se suman nuevas infraestructuras, cuya vigilancia moviliza “diferentes canales de inteligencia” finlandeses, todo ello en “cooperación con los aliados” de la OTAN.
La vecindad de Finlandia está llena de “factores clave” para Moscú, señala el coronel finlandés: la presencia de armas nucleares rusas en la península de Kola, el acceso al océano Atlántico a través de los mares Báltico y del Norte, así como a la zona ártica... Rusia busca “restringir las actividades de la OTAN”, especialmente alrededor del mar Báltico, y “debilitar la integración de Finlandia y Suecia” dentro de la Alianza Atlántica, denuncia el militar.
Si la guerra en Ucrania llegara a su fin, los países de la OTAN están de acuerdo en un punto: Moscú desplegará tropas masivamente en las regiones fronterizas con Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia. “Esperamos un número de soldados mucho mayor que los contingentes que se encontraban en estas zonas antes de 2022”, explica un alto mando militar lituano.
“Vladimir Putin podría querer aprovechar su ventaja si gana frente a Kiev”, explica Michel Duclos, diplomático, asesor especial en el Instituto Montaigne, tras numerosas entrevistas con responsables militares y diplomáticos, “así como, por el contrario, intentar un todo o nada si se atasca en Ucrania, para desacreditar a la OTAN, el proyecto casi místico de su vida”, agrega.
Duclos identifica un horizonte “particularmente peligroso” entre 2028, último año del mandato de Donald Trump, reducido por ello a un papel de “lame duck” (pato cojo), y 2030: según los servicios de inteligencia y los estados mayores danés, noruego, británico y alemán, Moscú habrá entonces completado su rearme total y Alemania, cuyo presupuesto militar debe duplicarse a 162.000 millones de euros, aún no estará lista.
El Kremlin no oculta sus objetivos de expansión, ya que forma parte de las reformas lanzadas a finales de 2022, que rediseñaron los distritos militares de la Federación de Rusia y proyectan un refuerzo de las bases del noroeste. En Carelia, región fronteriza con Finlandia, el régimen de Putin decidió establecer una nueva unidad, el 44º cuerpo de ejército, activo desde 2024.
“Algunas brigadas han sido ampliadas y están en proceso de convertirse en divisiones, lo que significa que decenas de miles de soldados se unirán a ellas tan pronto como Rusia pueda permitírselo”, agrega el militar lituano.
En previsión de esos refuerzos, se han erigido numerosos edificios en los distritos militares de San Petersburgo y Moscú. Visto desde el cielo, los trabajos más importantes tuvieron lugar en la base de Petrozavodsk, a unos 175 kilómetros al este de Finlandia. Se construyeron varios hangares a partir de septiembre de 2024 para asegurar el mantenimiento y almacenamiento de vehículos blindados y piezas de artillería, que luego se cargan en trenes.
“Estas grandes estructuras nos preocupan, porque ocultan y dificultan mucho la identificación y el conteo del material que transita por esta base”, subraya Kastehelmi. Por ahora, ese sitio sirve para la ofensiva rusa en Ucrania. Pero, según los analistas, debería ocupar un lugar crucial en el nuevo distrito de San Petersburgo.
Más al sur, Moscú también continúa invirtiendo en el enclave de Kaliningrado, un territorio ruso estratégico situado entre Polonia, Lituania y el mar Báltico. Esa región, que es un distrito militar por sí misma, alberga misiles nucleares y balísticos, una base naval, así como sistemas antiaéreos y de guerra electrónica. Allí también apareció recientemente una obra sospechosa en las imágenes satelitales: la de una gigantesca antena capaz de interceptar comunicaciones sensibles, incluidas las de la OTAN.
Tras un inicio discreto a principios de 2023, esa instalación en plena foresta se ha ampliado con el paso de los meses para formar un enorme círculo (1,6 km de diámetro) atravesado por varias carreteras, rodeado por una larga barrera y equipado con un punto de control. Según los analistas consultados, solo puede tratarse de la construcción de una red de antenas circulares (CDAA), un equipo militar destinado a la vigilancia electrónica y a las comunicaciones con submarinos, todo ello a una distancia de varios miles de kilómetros.
En el campo occidental, todas estas señales hacen temer que, después de Ucrania, Rusia pueda buscar rápidamente invadir el territorio de otros vecinos occidentales. “Si se preguntan cuándo el ejército ruso podría llevar a cabo una operación limitada contra los países bálticos, la respuesta podría ser ‘pronto’”, alertaba en mayo pasado un general del Estado Mayor alemán.
“No debemos confiarnos pensando que un posible ataque ruso no ocurrirá antes de 2029 como muy pronto. Ya estamos en plena acción hoy”, declaraba a du vez el 13 de octubre el nuevo jefe de inteligencia exterior alemán, Martin Jäger.
Al examinar las imágenes satelitales del noroeste de Rusia, analistas independientes y expertos militares se dieron cuenta de que el país había reinvertido recientemente en aeródromos abandonados, a veces desiertos desde la caída de la Unión Soviética. A principios de septiembre, el accidente de una decena de drones rusos en Polonia y la aparición de aparatos sospechosos cerca de aeropuertos y bases militares en el norte de Europa “reactivaron los temores de operaciones aéreas lanzadas desde esas pistas”, relata Kastehelmi.
“Pero nos resulta difícil determinar qué sucede exactamente en esos aeródromos, porque las autoridades rusas a menudo mencionan proyectos civiles”, precisa.
Entre los vecinos de Rusia, la búsqueda de posibles bases de drones está en marcha. “Es un problema cada vez más urgente”, explica una fuente militar estonia.
“Podemos ver cada mañana los daños que estas armas causan en Ucrania y lo fácil que es para Moscú construir sitios de lanzamiento”.
Varios sitios de este tipo han sido detectados en Rusia por los analistas, pero por ahora a buena distancia del territorio de la OTAN. Es el caso, por ejemplo, de un sitio construido en 2025 en la localidad de Aleshok, cerca de la ciudad de Briansk (oeste de Rusia, a menos de 100 km de la frontera ucraniana).
En ese lugar, al ejército ruso le bastaron apenas unos meses para montar dos rampas de lanzamiento de drones tipo Shahed, así como refugios para estos aparatos destructores de diseño iraní. Hasta ahora, ninguna base de este tipo se considera demasiado cercana a las fronteras de los miembros europeos de la OTAN. “Si eso cambiara, la situación se volvería mucho más tensa”, advierte Kastehelmi. Aunque esas bases de drones “pueden ser detectadas rápidamente, a pesar de su pequeño tamaño”, esta amenaza sigue siendo difícil de manejar.
“Si es atacada (una base), otros sitios pueden ser construidos en otro lugar en un abrir y cerrar de ojos, ya que son estructuras relativamente simples”, continúa el analista.
Frente a ese riesgo, una protección antiaérea como el “muro anti-drones” deseado por los europeos podría resultar mucho más eficaz. “Desafortunadamente, como nos enseña Ucrania, ahora existe toda una variedad de drones diferentes”, subraya Kastehelmi. “Y creo que, en cuanto a esas provocaciones, aún no hemos visto nada...”.
Sin embargo, a pesar del “alarmismo” de algunos dirigentes, “hay pocos riesgos de que Moscú lance tanques contra Varsovia o Helsinki en forma inmediata”, estima el coronel (de marina) Michel Goya, historiador militar.
“Por otro lado, hay que tener cuidado con todo lo que está en los extremos del espectro de la guerra, es decir, la disuasión nuclear y la llamada guerra de ‘baja intensidad’ o ‘híbrida’”, agrega. En este último ámbito, el régimen de Vladimir Putin tiene un pesado historial, entre las intrusiones aéreas, la instrumentalización de los flujos migratorios o las sospechas de ruptura de cables submarinos.
“No hay que subestimar a Moscú”, insiste Goya, que llama a mirar “dónde está su verdadero poder de daño”.
A mediano plazo -y aún más a largo plazo-, las cartas de Europa son objetivamente buenas. Los países de la Unión Europea, más el Reino Unido, tienen un peso demográfico 3,6 veces superior al de Rusia. En el plano económico, su PBI combinado es 4,7 veces mayor. Frente a una Europa unida -reforzada por Gran Bretaña- Rusia es casi un enano, salvo en el plano geográfico. Y el tiempo no juega a su favor, ni en lo demográfico ni en lo económico.
Para el politólogo Dominique Moïsi, “la expresión a menudo utilizada para describir a Rusia como ‘el Imperio débil’, le conviene más que nunca. El problema para Europa se sitúa, por supuesto, en el corto plazo”.