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Estados Unidos: el capital silencioso que redefine la tierra agrícola

Durante los últimos años, y de forma cada vez más tangible en el terreno, los family offices se han consolidado como uno de los actores más influyentes, aunque todavía poco conocidos, de los m...

Estados Unidos: el capital silencioso que redefine la tierra agrícola

Durante los últimos años, y de forma cada vez más tangible en el terreno, los family offices se han consolidado como uno de los actores más influyentes, aunque todavía poco conocidos, de los m...

Durante los últimos años, y de forma cada vez más tangible en el terreno, los family offices se han consolidado como uno de los actores más influyentes, aunque todavía poco conocidos, de los mercados de capital en Estados Unidos. Esta transformación no se percibe únicamente en los grandes centros financieros, sino también en espacios donde el capital se vincula directamente con la economía real y los activos productivos. Un ejemplo reciente fue mi participación en la LandExpo, realizada en Des Moines, un encuentro organizado por Peoples Company, firma de alcance nacional dedicada a brindar servicios integrales de consultoría y asesoramiento agropecuario.

Más allá de las charlas técnicas y del análisis coyuntural de los mercados, el evento dejó en evidencia un fenómeno estructural que cobrará creciente relevancia en las próximas décadas: un cambio profundo en el origen, el horizonte temporal y las expectativas del capital que hoy comienza a posicionarse en la tierra agrícola.

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A nivel global, los family offices administran hoy un volumen de capital estimado en torno a los 10 billones de dólares, una cifra que ya supera a la de toda la industria de hedge funds. Se trata de estructuras privadas creadas para gestionar el patrimonio de familias de muy alto poder adquisitivo, con una característica central: no responden a plazos rígidos ni a ciclos financieros cortos.

La mayoría de estas organizaciones es relativamente joven, surgida en las últimas dos décadas, muchas de ellas como respuesta directa a una pérdida de confianza en las instituciones financieras tradicionales y en los conflictos de interés propios de Wall Street.

En lugar de delegar decisiones clave en intermediarios, estas familias optaron por internalizar el control del capital, alineando propiedad, estrategia y responsabilidad en una misma mesa. Este proceso coincide con la mayor transferencia intergeneracional de riqueza de la historia. En los próximos veinte años se estima que más de 120 billones de dólares pasarán de la generación de los “Baby Boomers” a sus herederos. Este traspaso no es solo cuantitativo, sino también cualitativo: las nuevas generaciones muestran una marcada preferencia por inversiones de largo plazo, eficientes desde el punto de vista fiscal, y con un anclaje claro en la economía real. En ese contexto, los activos reales, y en particular la tierra, encajan de manera casi natural con las prioridades de los family offices.

A diferencia del capital tradicional de Private Equity, que suele estructurarse en fondos con vida limitada y salidas forzadas a cinco o siete años, los family offices operan con lo que muchos definen como “capital paciente”. No necesitan vender activos para devolver capital a terceros ni están obligados a maximizar resultados trimestrales. Pueden comprar, mejorar y mantener un activo durante décadas, permitiendo que el valor se acumule de manera gradual y sostenible.

Los family offices administran hoy un volumen de capital estimado en torno a los 10 billones de dólares

En el caso de la tierra agrícola, esto se traduce en la posibilidad de asumir inversiones de largo plazo (mejoras en riego, drenaje, fertilidad de suelos, conservación) cuyos retornos no se miden en pocos años, sino en generaciones.

Paradójicamente, y pese a estas ventajas, la exposición directa de los family offices a la tierra agrícola sigue siendo baja. En muchos casos, no por falta de interés, sino por desconocimiento y por la ausencia de puentes efectivos entre dos mundos que históricamente han operado en paralelo: por un lado, productores, operadores y especialistas en activos rurales; por el otro, estructuras familiares que administran miles de millones de dólares con una lógica patrimonial de largo plazo.

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Eventos como la LandExpo funcionan justamente como puntos de contacto incipientes entre estas dos realidades, anticipando un proceso de convergencia que seguramente se acelere en los próximos años.

Todo indica que estamos apenas en una etapa temprana de este cambio. Según el Censo Agrícola 2022 del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), la edad promedio de los productores estadounidenses alcanzó 58,1 años, continuando una tendencia de envejecimiento que viene observándose desde hace décadas, mientras que la cantidad total de campos ha disminuido y la superficie promedio de las explotaciones ha crecido, reflejando un proceso de consolidación de la tierra a nivel nacional.

Este contexto demográfico y estructural sitúa a los family offices en un momento bisagra: a medida que estas estructuras continúen profesionalizándose, mejoren su gobernanza interna y definan con mayor claridad sus mandatos de inversión, es esperable que incrementen su participación en activos reales.

Incluso una asignación marginal de este capital hacia la tierra agrícola podría tener efectos significativos: mayor demanda por activos de calidad, presión alcista sobre los valores, estructuras de propiedad más estables y un enfoque creciente en la preservación del capital natural que sustenta la producción.

La conclusión es clara. El rol que hoy comienzan a asumir los family offices en Estados Unidos no es coyuntural, sino estructural. En los próximos veinte años, su capacidad para desplegar capital paciente, alineado con horizontes intergeneracionales, tiene el potencial de transformar profundamente la inversión en activos reales.

En el caso de la tierra agrícola, esto no solo impactará en los valores y en las formas de financiamiento, sino también en cómo se piensa la propiedad, el manejo y la sostenibilidad de uno de los activos más estratégicos de la economía real.

El autor es ingeniero agrónomo residente en Estados Unidos

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/estados-unidos-el-capital-silencioso-que-redefine-la-tierra-agricola-nid26012026/

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