Estados Unidos y la democracia moderna
Se han cumplido doscientos cincuenta años de la independencia de los Estados Unidos, la democracia más antigua del mundo moderno. El hecho nos permite reflexionar sobre el ideal democrático a pa...
Se han cumplido doscientos cincuenta años de la independencia de los Estados Unidos, la democracia más antigua del mundo moderno. El hecho nos permite reflexionar sobre el ideal democrático a partir de una definición: la democracia es la revolución por excelencia.
Esta afirmación se justifica porque la democracia ha sido la revolución de la historia que mayores beneficios ha producido para el hombre común. Y que más profundas y más perdurables transformaciones ha originado desde su triunfo sobre los sistemas políticos que la antecedieron o compitieron con ella desde el siglo XVIII. Su importancia decisiva también se mide por su inserción exitosa en naciones de diferentes orígenes culturales, religiosos y raciales. Pues bien, la independencia de las colonias norteamericanas en 1776 es el hecho histórico central de la revolución democrática.
¿Cuáles son los antecedentes históricos que desembocaron en la sanción de la Constitución de los Estados Unidos? La respuesta requiere de dos fuentes.
Funcionaban las Houses of Representatives siguiendo el modelo del House of Commons británico, cuyos delegados eran elegidos por personas en condiciones de votar, propietarios con determinados indicadores de riqueza
Una primera fuente es la rica experiencia de las colonias de Nueva Inglaterra en las asambleas de vecinos conocidas como Town Meeting, una forma de democracia directa que reunía a los vecinos caracterizados de una ciudad para debatir asuntos de interés general. A la par de estas células políticas vecinales, funcionaban las Houses of Representatives siguiendo el modelo del House of Commons británico, cuyos delegados eran elegidos por personas en condiciones de votar, propietarios con determinados indicadores de riqueza. La más antigua de estas instituciones embrionarias del modelo de representación política es la House of Burgesses de Virginia, cuya primera reunión tuvo lugar en 1619.
Tenían atribuciones sobre las milicias, la expansión de las colonias hacia el oeste, normas sobre comercio y, muy especialmente, intervenían en los todos los asuntos concernientes a la fijación de impuestos. Justamente los colonos invocarían esta facultad, “no taxation without representation”, para oponerse al intento de la corona inglesa de establecer impuestos: sería la chispa de la guerra de la independencia.
La segunda fuente es de naturaleza teórica y se refiere a los pensadores que contribuyeron a alumbrar el modelo democrático.
La respuesta es menos directa debido a que existe un buen número de autores clásicos que en rigor de verdad hablaban de otra cosa, de liberalismo frente a los absolutismos (John Locke), de la república y de la división de poderes (Montesquieu), del respeto de la libertad y los derechos individuales (Benjamin Constant), del origen del poder y la sociedad (Thomas Hobbes), de la libertad de comercio (Adam Smith) o de los principios de la ética (Immanuel Kant), pero en sentido estricto no hablaban de democracia.
En esta línea de prestar atención a los pensadores que hablaron de democracia, Rousseau es un antecedente doctrinario insoslayable. El pensador ginebrino abogó por un concepto de democracia en la que el pueblo participa de modo directo en las decisiones. Su concepción de la voluntad general es el intento de darle al pueblo el poder soberano, y en este sentido es un intento genuinamente democrático.
Frente a esta propuesta con perfiles utópicos, y sin contar con el mal uso que se podría hacer del concepto de voluntad general para apoyar experimentos totalitarios, se desarrolló el principio fundamental de la democracia moderna: la representación.
Se destaca la figura de James Madison como el padre de la democracia moderna
La teoría de la representación política fue la obra de los constitucionalistas norteamericanos. Entre ellos, se destaca la figura de James Madison como el padre de la democracia moderna. La versión más apretada de los principios de la representación popular la expuso en El Federalista, Nº 10, un clásico de la literatura política.
Al igual que Rousseau, Madison quiere otorgarle la soberanía política al pueblo, pero tiene ante sí la vastedad territorial y la gran población de las trece colonias, por lo que no podía acordar con la idealización de los cantones suizos para materializar sus propuestas de democracia directa.
Madison, asimismo, toma nota de los problemas de gobierno que han sufrido las colonias por la presencia de facciones políticas, que actuaban por impulso de sus pasiones o intereses en contra de los intereses permanentes de la comunidad.
Sobre este punto, creía que existían dos remedios posibles para combatir el conflicto de intereses inherentes a toda sociedad: remover sus causas o controlar sus efectos.
Madison sabe de la falibilidad del hombre y de sus reacciones pasionales. Con realismo acepta sin discutir el imperio de las ambiciones en la lucha por el poder y por la posesión de la riqueza que lleva a excitar la violencia. Afirma que esta propensión es particularmente peligrosa si la mayoría actúa como una facción dispuesta a sacrificar en el altar de sus intereses tanto el bien público como los derechos de otros ciudadanos. Por eso, taxativamente declara que el objeto principal de su pensamiento es controlar la acción de las facciones.
Para combatir el faccionalismo se necesita una república extensa gobernada por representantes
A diferencia de Rousseau, y aquí comienza lo inédito de su razonamiento, Madison no encuentra la solución en sociedades democráticas con pocas personas sino todo lo contrario: para combatir el faccionalismo se necesita una república extensa gobernada por representantes.
A los ojos de Madison, los representantes están en mejor capacidad de refinar y acrecentar los intereses públicos. Se pregunta a continuación si será en las pequeñas o en las grandes repúblicas donde se elija a los representantes más genuinos del interés público: con claridad, se expide a favor de las segundas porque en éstas los representantes serán elegidos por un mayor número de ciudadanos y le será más dificultoso a candidatos poco valiosos obtener votos practicando artes electorales viciosas. Para Madison vale el viejo dicho: es muy difícil engañar a muchas personas todo el tiempo. Agrega, adicionalmente, que cuánto más amplia sea una república, mayor será la diversidad de partidos políticos y menor la probabilidad de que una facción domine según sus intereses particulares.
Para Madison, la institución superior es la república representativa frente a la democracia de los antiguos o directa en la visión de Rousseau. La insistencia de Madison en aseverar que el gobierno solo delibera a través de sus representantes fundó la democracia de los modernos. La república representativa de Madison es la democracia de los modernos.
Los argentinos hemos tenido graves problemas históricos con la representación. Entre el pueblo y sus representantes ha existido un constante divorcio. Esta ruptura se fue profundizando a medida que la democracia no solucionaba los problemas y la decadencia se acentuaba. No extraña entonces que haya nacido el discurso contra “la casta” que llevó a Milei a la presidencia en un contexto de fuerte apoyo popular, pero con el contrapeso de un poder parlamentario y territorial de extrema debilidad. Pese a esas fuertes restricciones, el presidente Milei se las ingenió para iniciar un camino de cambio que está en marcha y, visto en una perspectiva alejada del día a día, con excelentes posibilidades futuras.
La lucha de facciones ha sido la marca registrada de nuestra democracia, acentuada desde el predominio del kirchnerismo. Hoy, para navegar en estas aguas turbulentas son necesarias habilidades políticas inusuales. Ortega citaba a menudo una frase de Nietzsche: el artista es el hombre que danza encadenado. Adaptando esa frase a nuestra realidad actual, cabe una pregunta que cada lector podrá responder: ¿ha encontrado la Argentina el político que danza encadenado, una figura atípica como Milei que no conocía la teoría general de la danza política, pero está demostrando habilidad para danzar con pesadas cadenas en la cima de un volcán?
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/estados-unidos-y-la-democracia-moderna-nid06072026/