Estas plantas nacieron para ensalada pero dan los mejores ramos de flores
Hay veranos en los que el jardín se toma ciertas libertades. Y uno de los momentos más deliciosos y subestimados es cuando la huerta, en vez de abastecer la cocina, decide convertirse en una flor...
Hay veranos en los que el jardín se toma ciertas libertades. Y uno de los momentos más deliciosos y subestimados es cuando la huerta, en vez de abastecer la cocina, decide convertirse en una florería improvisada.
Hay mucha belleza en dejar que la huerta se exprese. En permitir que una zanahoria florezca, que el hinojo se desparrame en paraguas amarillos, que la borraja explote en azul. A veces, el jardín sólo pide eso: que dejemos de controlarlo tanto y lo dejemos jugar.
La paisajista Agustina Anguita lo resume con ironía botánica: “Tener una huerta y no querer comerla o tener un jardín y querer comerlo. Ese podría ser un buen problema para tener este verano”.
Cuando las plantas que solemos cosechar se pasan un poquito de punto, entran en su modo fiesta. Y lo que producen no son simples flores, sino verdaderas piezas de corte, listas para llevarse al florero como si vinieran directo de un campo silvestre.
Hinojo (Foeniculum vulgare)Cuando no llega al plato produce unas flores amarillas verdosas con forma de paraguas, estilo silvestre.
Rústicas, modernas, perfectas para esos ramos que parecen recién escapados de la banquina de alguna ruta. Florece en primavera-verano, así que está en su mejor temporada.
Eneldo (Anethum graveolens)Es la versión más refinada del hinojo. Anguita lo describe como “similar al hinojo, pero más fino y etéreo”. Si existiera la categoría “flor liviana como pensamiento”, el eneldo sería la candidata.
Zanahoria (Daucus carota)Su flor, un entramado blanco perfecto, parece diseñada por un artesano victoriano. “Produce flores tipo encaje, blancas. Elegantes en ramos silvestres”, afirma Anguita.
Girasol (Helianthus annuus)Un clásico que no falla. “Su flor es grande, de pétalos amarillo anaranjados, con un centro contundente y oscuro”. Y si lo dejamos secar en la planta, el bonus track es irresistible: “podemos comer las semillas que están en el centro de la flor”.
Malva (Malva sylvestris)Medicina y estética, en una sola planta. De uso medicinal, su flor luce un morado rosado, perfecto para sumar un golpe de color inesperado a cualquier arreglo.
Borraja (Borago officinalis)Una joya azul violáceo que, según Anguita, “florece en azul violáceo intenso. Sus flores son comestibles y duran bastante en el florero”. Ideal para quienes quieren algo distinto a lo habitual.
Qué es un jardín salvaje, por qué es tendencia y cómo se construye
Caléndula (Calendula officinalis)El comodín del jardín medicinal. “Muy duradera en el jarrón”, dice Anguita. Es una flor útil tanto para tranquilizar los nervios como para ser el centro de un arreglo floral.
Si el objetivo es armar ramos dignos de revista, Anguita propone cortalas a la mañana temprano y ponelas rápido en agua fresca. “Elegí tallos largos y resistentes si vas a armar ramos”, agrega.
La lista no termina ahí. Hay muchas otras plantas comestibles con flores de corte para la primavera: ajo, cebolla, puerro, por ejemplo. Y para las estaciones frías, la mostaza y el cilantro, nos ofrecen su plus floral.