Estuvieron en todas: Gloria Rodrigué y Trini Vergara, a cincuenta años de la primera Feria del Libro
En la quincuagésima edición de la Feria del Libro porteña, dos editoras argentinas de amplia trayectoria, Gloria Rodrigué y Trini Vergara, celebran sus cincuenta años como protagonistas del ev...
En la quincuagésima edición de la Feria del Libro porteña, dos editoras argentinas de amplia trayectoria, Gloria Rodrigué y Trini Vergara, celebran sus cincuenta años como protagonistas del evento cultural. Las dos provienen de “familias editoriales”. El abuelo de Rodrigué, el catalán Antoni López Llausás, fundó el sello Sudamericana en el país; es la hermana de Javier López Llovet, de Penguin Random House, y directora editorial de Edhasa y La Brujita de Papel. Vergara es hija del mítico editor Javier Vergara y directora editorial de Trini Vergara Ediciones, a cargo de los sellos Motus, Vidis y Simple.
“Hacer la primera Feria fue una odisea porque nadie creía que iba a funcionar. Los organizadores nos pidieron a nosotros en Sudamericana y a Losada que duplicáramos el tamaño de los stands para que pudieran convencer a los otros editores. El primer día que abrió el éxito fue increíble”, recuerda Rodrigué, que este lunes 27 será reconocida por el Fondo Nacional de las Artes en un acto en la Sala Alfonsina Storni, a las 19. “Todo era tan precario que, cuando cerraba a las once de la noche, con mi marido nos teníamos que llevar la recaudación de las entradas de la Feria porque no se podía dejar el dinero en el Centro Municipal de Exposiciones y lo depositábamos al día siguiente”.
“La tradición familiar influyó totalmente en mi vocación”, afirma Rodrigué; a los dieciséis años, comenzó a trabajar con su abuelo paterno luego de la muerte de su padre. “Nunca más me aparté de los libros ni del placer de publicar los que me parecen interesantes, bien escritos y pueden influir en la cultura de la gente”, dice esta testigo privilegiada de la relación entre Gabril García Márquez y la Argentina.
“Al principio la Feria era totalmente artesanal y luego se fue profesionalizando -observa-. Se hicieron las Jornadas Profesionales, el Congreso de Bibliotecarios, el programa con las bibliotecas populares, innumerables actos culturales, se invitaron a autores del exterior. Se convirtió así en el evento cultural más importante del año. Hoy, después de décadas en que los colegios y las familias llevan a los chicos a la Feria, se ha creado un público y es habitual ver a jóvenes que son grandes lectores”.
Valora que, pese a las dificultades económicas, la gente sigue visitando la Feria y comprando libros. “Es importante porque pone el tema del libro en primera fila -afirma-. Es un momento en que el libro recupera un lugar trascendente. Los medios periodísticos le dan una cobertura muy importante que ayuda a que la gente se acerque”.
Trini Vergara tenía quince años en la primera edición de la Feria del Libro, en 1975. “Con Javier Vergara Editor, mi padre ponía su primer stand; era una editorial recién fundada -evoca-. Teníamos un stand muy chiquito, y todas las estanterías tenían en total seis títulos repetidos ad infinitum, porque eran solo esos seis, pero muy fuertes: El abogado del diablo, La salamandra, Tiburón, La profecía, Gordos y Juan Salvador Gaviota. Con eso empezó mi padre. Yo tenía quince y con una amiga del colegio fuimos a atender el stand; recuerdo que nos hizo una instantánea María Esther Vázquez”.
Creció en una familia donde se hablaba de libros. “Veía que ellos lo pasaban bien, y transmitían esa pasión y ese gusto por lo que hacían en la mesa de la familia -dice-. Entonces yo pensaba: ‘Quiero pasarlo bien de esa manera’. Y como era una lectora voraz desde niña, me parecía un milagro poder estar trabajando entre libros y dedicando la vida a eso. Mi decisión vocacional real, profesional, fue años después, en mi primera Feria de Frankfurt”.
Para Vergara, ser editora consiste en “una sana combinación de amor por los libros, desde luego por la literatura, ser lectores, y la decisión de querer vivir de eso”. “Es una vocación cuando, pese los problemas, las crisis, las dificultades del negocio que son inmensas, una dice: ‘Yo quiero trabajar y mantenerme económicamente con lo que produzca del trabajo de edición’”.
“El público de la Feria se va renovando; una renovación importante fue el advenimiento del público juvenil en 2010, y lo recuerdo porque fui protagonista -señala-. Fui la que traje a James Dashner, autor de Maze Runner, por quien los chicos hacían fila desde las diez de la mañana para un acto que era a las siete de la tarde. Y nos abrió los ojos a todos, a mí la primera, porque no me imaginé nunca una ola nueva de público muy interesante que hasta el día de hoy sigue. Y hay algo que se perdió, que eran los estrafalarios de la Feria, personajes de la ciudad, casi linyeras y muy lectores, medio locos, que se ponían a hablar con uno, y venían cada año, unos personajes un poquito novelescos, no sé si Gloria se acordará, pero eran increíbles, señores grandes, un poco solitarios, que sabían un montón”.
Sus expectativas para esta edición de la Feria son moderadas. “Tenemos dos fuerzas que juegan en sentidos opuestos -explica-. La fuerza negativa del contexto en el que estamos, donde no tengo que decir algo que todo el mundo sabe, ¿no es cierto?, cómo ha bajado el consumo, cómo a la gente no le alcanza a llegar a fin de mes. Y por otro lado, la fuerza que se contrapone, y es que la Feria siempre es una burbuja de compra de libros. La gente viene a comprar. Compra menos, pero compra. Tengo una expectativa pareja respecto del año pasado. No espero más, porque el contexto no me permite ese optimismo, pero tenemos libros fuertes, como Ojos de asesina, la nueva novela de Charlie Donlea, nuestro autor best seller”.
Vergara destaca el trabajo de los editores de las nuevas generaciones. “Voy a nombrar a algunos que son mis favoritos, aunque estoy siendo injusta con otros; están haciendo un trabajo muy profesional, con un desarrollo a lo largo del tiempo consistente y audaz, y al mismo tiempo con mucho sentido común del negocio, como Julia Ariza de Fiordo; Mariano Blatt y Damián Ríos, de Blatt & Ríos, y Leopoldo Kulesz en Libros del Zorzal. En libros infantiles me encanta Limonero, de Lulu Kirschenbaum y Manuel Rud”, concluye.