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Fly to IPO: por qué los inversores están vendiendo todo para apostar a SpaceX (y por qué puede salir mal)

Semanas atrás, mientras Bitcoin perforaba el ...

Fly to IPO: por qué los inversores están vendiendo todo para apostar a SpaceX (y por qué puede salir mal)

Semanas atrás, mientras Bitcoin perforaba el ...

Semanas atrás, mientras Bitcoin perforaba el soporte de los sesenta mil dólares y el oro retrocedía desde sus máximos históricos en una jornada en que el S&P 500 también cedía terreno, los analistas de mercado ofrecían explicaciones tan variadas como predecibles: tensiones geopolíticas, miedo a la inflación, toma de ganancias estacional. Pero una tesis más incómoda ganaba espacio en los foros institucionales y en los desayunos de los gestores de fondos: buena parte del capital que salió de esos activos no fue a refugiarse en la liquidez por miedo, sino que fue a prepararse para entrar en la que podría ser la mayor fiesta bursátil de la historia reciente.

El “fly to quality” (en español: Vuelo hacia la calidad) es un fenómeno clásico de los mercados: cuando el riesgo asusta, el dinero migra hacia activos seguros. Lo que estaría ocurriendo ahora tiene una lógica diferente y en muchos sentidos más peligrosa: el dinero no escapa del riesgo sino que lo persigue, pero concentrado en un único evento. Se trata del “fly to IPO” (en español: vuelo hacia las emisiones primarias), la rotación masiva de capital hacia posiciones de efectivo con un destino concreto: participar de las ofertas públicas iniciales que se acumulan en el calendario de 2026 como nunca antes había ocurrido en la historia financiera moderna.

Veamos a continuación de que se trata este potencial peligro y como evitarlo.

La mayor aspiradora de liquidez de todos los tiempos

El epicentro del fenómeno es SpaceX. La empresa de Elon Musk presentó su S-1 ante la SEC el 1 de abril de 2026, fijó un precio objetivo de 135 dólares por acción, inició su roadshow el 4 de junio con un consorcio de veintiún bancos encabezado por Goldman Sachs y, al momento de escribir estas líneas, apunta a debutar en el Nasdaq bajo el ticker SPCX el 12 de junio (es posible que cuando lea esta nota esa fecha ya haya llegado o incluso quedado atrás).

La operación apunta a recaudar hasta 75 mil millones de dólares a una valoración total de 1.75 trillones de dólares, lo que la convertiría en la mayor salida a bolsa de la historia, superando con holgura el récord de Saudi Aramco en 2019.

Pero SpaceX no viene sola. Anthropic, la empresa creadora del asistente de inteligencia artificial Claude y valuada en torno a los 965 billones de dólares tras su última ronda de financiamiento cerrada el 28 de mayo, presentó su solicitud confidencial de salida a bolsa ante la SEC el 1 de junio, con una ventana que el mercado interpreta para el cuarto trimestre de 2026.

Y OpenAI, cuya CFO Sarah Friar señaló finales de 2026 o 2027 como el horizonte más probable para su listado, no está ausente del imaginario colectivo del inversor aunque no tenga fecha confirmada. Las tres juntas podrían demandar al mercado público entre 200 y 300 billones de dólares en lo que queda del año, según datos de PitchBook, cuando todo el mercado estadounidense de IPOs levantó apenas 45 billones de dólares en todo 2025.

La promesa del dinero fácil y sus antecedentes

El problema con este movimiento no es que exista, sino la narrativa que lo impulsa. La idea de que participar en la IPO de SpaceX, Anthropic u OpenAI es una oportunidad de retorno extraordinario de corto plazo descansa sobre supuestos que la historia del mercado se ha encargado de desmentir con llamativa regularidad.

El antecedente más cercano en escala y entusiasmo es Rivian Automotive, que debutó en el Nasdaq el 9 de noviembre de 2021 con un precio de salida de 78 dólares por acción y cerró su primer día de negociación por encima de los 100 dólares, convirtiéndose en el tercer fabricante de automóviles del mundo por capitalización bursátil en cuestión de horas, solo detrás de Tesla y Toyota. Pocas semanas después, la acción había perdido más de la mitad de ese valor máximo, y años más tarde cotiza en torno a los 17 dólares. Uber, valuada en más de 80 billones en su IPO de mayo de 2019, cerró su primer día de cotización un siete por ciento por debajo del precio de emisión y siguió cayendo hasta acumular pérdidas de dieciocho por ciento respecto del precio de salida en sus primeras jornadas. Su competidora Lyft había debutado semanas antes con euforia similar y terminó el año más de la mitad por debajo de su precio de IPO. Un análisis de datos de IPOs valoradas por encima de 100 billones de dólares muestra que más del ochenta por ciento de ellas no logró igualar el retorno del mercado general en su primer año de cotización.

Lo que estas experiencias tienen en común no es la mala calidad de las empresas en cuestión, sino la mecánica de la ilusión: el mercado privado fija valuaciones en función de narrativas de crecimiento cuya validación exige años de ejecución, y el mercado público, al recibir esas empresas, descubre rápidamente que la diferencia entre el relato y los fundamentos no se cierra en semanas. El inversor minorista que vendió Bitcoin a sesenta mil dólares para comprar SPCX en el día del debut puede encontrarse con una posición que valga menos de lo que pagó antes de que termine el mes, mientras el activo que vendió recupera terreno.

El escenario que nadie quiere nombrar

La tesis optimista del fly to IPO tiene una versión de espejo que merece ser explicitada. Si SpaceX, Anthropic y OpenAI decepcionan en sus primeros meses de cotización pública (ya sea por valoraciones que el mercado considera excesivas, por resultados que no convalidan las expectativas o por el simple efecto de la oferta masiva sobre el precio), el efecto sobre el ecosistema de empresas de inteligencia artificial podría ser sistémico.

El capital que hoy ingresa a nombres como Nvidia, Microsoft o las ARKKs del mundo a través de la narrativa de la IA ya está implícitamente apostando a que la valuación de estas tres compañías privadas va a sostenerse en el mercado público. Si no se sostiene, el mecanismo inverso puede ser veloz: los inversores que compraron acciones de empresas cotizadas con exposición a IA como proxy de SpaceX o Anthropic van a querer salir de esas posiciones al mismo tiempo, y la liquidación puede retroalimentarse en la medida en que cada baja refuerza la percepción de que la narrativa estaba sobredimensionada.

Goldman Sachs ya describió este ciclo como el más significativo desde la era de las puntocom. La comparación no es casual. En el año 2000, el detonante de la implosión no fue la aparición súbita de malas noticias sobre internet sino la acumulación de valuaciones que no tenían correlato en los flujos de caja reales de las empresas. El mecanismo fue una bola de nieve: una IPO decepcionante contagió al sector, el sector contagió a los índices, y los índices contagiaron a los ahorristas que habían entrado últimos y que, como siempre, fueron los que pagaron la cuenta de la fiesta.

La diferencia con 2001 es real: SpaceX tiene ingresos genuinos (Starlink reportó ingresos operativos de aproximadamente cuatro mil cuatrocientos millones de dólares en 2025), Anthropic registra un ingreso anualizado que algunos estiman en torno a los 44 billones de dólares a mayo de 2026 y se acerca a su primer trimestre con resultado operativo positivo. No son caparazones vacíos construidos sobre presentaciones de PowerPoint. Pero la diferencia entre tener un negocio real y merecer la valuación que el mercado les asigna es exactamente la misma pregunta que los analistas se hacían sobre Cisco en marzo de 2000, cuando la empresa californiana de redes era la más valiosa del mundo y tenía ingresos concretos y crecientes que, sin embargo, no alcanzaban para justificar lo que el mercado pagaba por ellos.

Conclusión

Vender activos consolidados para posicionarse en IPOs de alto perfil no es necesariamente una decisión irracional, pero sí es una decisión que opera bajo una lógica de corto plazo disfrazada de convicción estructural. El inversor que liquida oro o Bitcoin hoy para participar en SpaceX o Anthropic no está apostando a la inteligencia artificial: está apostando a que el precio de emisión va a ser el piso y no el techo, y la historia reciente de las grandes IPOs sugiere que esa apuesta tiene más probabilidades de decepcionar que de cumplirse en los plazos que el entusiasmo del momento promete.

El escenario de bola de nieve inversa no es el más probable, pero es lo suficientemente plausible como para que quien mueve hoy su capital en función de él sepa con precisión qué está haciendo y por qué. Las grandes fiebres del mercado no se anuncian con carteles de advertencia. Se anuncian, exactamente, con la certeza colectiva de que esta vez es diferente.

La seguimos la semana que viene con más material de Finanzas Personales e Inversiones.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/fly-to-ipo-por-que-los-inversores-estan-vendiendo-todo-para-apostar-a-spacex-y-por-que-puede-salir-nid16062026/

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