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Fue la isla privada de un mega famoso pero cuando murió volvieron las tortugas: más de 15.600 crías nadaron otra vez en la Polinesia

No hay dudas de que ...

Fue la isla privada de un mega famoso pero cuando murió volvieron las tortugas: más de 15.600 crías nadaron otra vez en la Polinesia

No hay dudas de que ...

No hay dudas de que Marlon Brando fue una de las grandes figuras del cine mundial. Sin embargo, para sorpresa de muchos, su faceta artística convivió con una pasión muy particular: la propiedad de un pequeño paraíso natural en el medio del océano Pacífico. Una joya geográfica que corresponde a Tetiaroa, un atolón situado en la Polinesia Francesa que el actor adquirió en 1966. Con el paso de las décadas, aquel rincón transformó su destino inicial hasta consolidarse como un santuario vital para diversas especies marinas.

¿Pero cómo llegó el actor estadounidense a descubrir aquel territorio? El flechazo ocurrió durante la filmación de la película Rebelión a bordo (1962), la cual trata sobre la sublevación real ocurrida en el año 1789 en el barco británico HMS Bounty. Las aguas cristalinas, las playas y el aislamiento produjeron una gran admiración en el intérprete, la misma que lo motivó a comprar la isla con el propósito inicial de construir un refugio personal y privado.

Según los registros de la revista Forbes, Brando pagó un total de 270.000 dólares. La transacción ocurrió en dos partes entre 1966 y 1967 mediante un contrato de arrendamiento por 99 años que abarcó un territorio de 12 islotes. Como parte del trato, el actor les prometió a los dueños anteriores que mantendría y protegería la belleza natural del lugar.

La historia detrás de la isla que adquirió Marlon Brando en 1966

Tetiaroa perteneció originalmente a la familia real tahitiana. A principios del siglo XX, la propiedad pasó al dentista Johnston Walter Williams, por lo que Brando negoció directamente con la hijastra y heredera de Williams, Marjorie Duran, una anciana ciega que vivía aislada en el atolón. A pesar del acuerdo, la compra no resultó sencilla porque el galán enfrentó fuertes trabas del gobierno local y de sectores de la población debido al inmenso valor arqueológico e histórico que el atolón representa para la cultura de Tahití.

Después del 1 de julio de 2004, tras el fallecimiento de Brando, Tetiaroa orientó su perfil hacia la investigación científica y la conservación ambiental. Las playas del atolón recibieron nuevamente a las tortugas verdes, ejemplares que regresan habitualmente para construir sus nidos y depositar sus huevos bajo la arena cálida.

A su vez, diversas iniciativas locales impulsaron la protección absoluta del ecosistema de Tetiaroa y el análisis detallado de la biodiversidad regional. La Tetiaroa Society lidera gran parte de ese trabajo mediante programas específicos de conservación y salvaguarda de la cultura polinesia tradicional. En paralelo, durante 2014 comenzó a funcionar The Brando, un complejo turístico exclusivo que promueve un modelo de desarrollo basado en el turismo sustentable.

Un refugio estratégico para las tortugas verdes

El atolón representa una pieza clave en la vida de las tortugas verdes. Cada temporada, las hembras adultas llegan hasta la arena para cavar nidos y dejar sus huevos. Luego de la eclosión, las crías empiezan el viaje instintivo directo hacia el mar abierto.

Según los científicos que vigilan el lugar, las cifras oficiales revelan 113 hembras reproductoras, 161 nidos protegidos y más de 15.600 crías que alcanzaron las aguas del océano sin problemas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/fue-la-isla-privada-de-un-mega-famoso-pero-cuando-murio-volvieron-las-tortugas-mas-de-15600-crias-nid10092026/

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