“Hay un cambio real”: el momento crucial del negocio del vino, la reconfiguración que se viene y el factor Messi
MENDOZA.- En las puertas de la vendimia 2026, la industria vitivinícola argentina vive momentos de tensión y expectativas, en medio de una crisis global en el consumo, que viene con caídas soste...
MENDOZA.- En las puertas de la vendimia 2026, la industria vitivinícola argentina vive momentos de tensión y expectativas, en medio de una crisis global en el consumo, que viene con caídas sostenidas, por encima del 3,5% en 2025. Así, los principales referentes del sector, en toda su cadena, entienden el contexto actual como una amenaza, pero también como una oportunidad, en el mediano y largo plazo.
Así, los ojos se posan en la necesidad de adaptarse a los cambios que corren, vinculados a hábitos saludables y moderados, pero también, en la importancia de rever las condiciones de la producción primaria y de seguir ofreciendo un producto de alta calidad, más allá de la forma en que se lo consuma.
Hay voces disidentes y visiones cruzadas, cuando el foco se pone en los argumentos de los bodegueros, los viñateros o los obreros de las fincas, pero en el fondo, la mayoría coincide en que la actividad puede volver a crecer, más allá de las vicisitudes o cambios, algunos forzados, que puedan darse en el camino. También, levantan las manos para que el Gobierno les preste mayor atención.
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Hoy, los sobrestocks vínicos, la falta de diversificación de la producción y las deudas de las bodegas son una preocupación para muchos actores del sistema, aún con los pronósticos de una cosecha menor a la del año anterior, en el orden del 8%, motivada también por las inclemencias climáticas.
Walter Bressia, presidente de Bodegas de Argentina (BA), fue quien puso blanco sobre negro acerca de la realidad que enfrenta el sector, tanto en el mercado interno como externo, al tiempo que aclaró que los problemas financieros “no son generalizados” en la industria. “Hay situaciones puntuales. El contexto no es favorable: hay una caída del consumo y, al mismo tiempo, no hay inflación que permita trasladar aumentos de costos a los precios”, indicó el empresario, y agregó: “Las bodegas están haciendo un esfuerzo muy grande, sacrificando rentabilidad hasta el límite. Las expectativas están puestas en que el consumo se reactive y que las exportaciones también acompañen”. El año pasado, los despachos al exterior disminuyeron 7% en promedio, con relación al 2024.
En tanto, desde la Unión Vitivinícola Argentina (UVA) dieron su visión de lo que ocurre en la industria madre de Mendoza, que representa el 70% de la producción nacional. “Todo esto pasa, como siempre, y atraviesa las sucesivas gestiones, porque hay más vino del que se consume. Pero, va a ir cambiando; de hecho, oponerse a los cambios es algo necio. Sí preocupa la tasa de interés, que es muy alta, y un dólar que se mueve poco, lo que afecta a la rentabilidad y a las expectativas. Más que erradicar y reconvertir hectáreas hay que diversificar más la producción, para potenciar el mercado interno, y fortalecer la política exportadora”, expresó a LA NACION Sergio Villanueva, presidente de la entidad, quien pone el ojo en la importancia de reducir los stocks. “Ni pesimista ni optimista, realista: una vez equilibradas las cosas, vuelven a la normalidad”, aportó el dirigente, quien cree, además, que los problemas financieros que se observan en algunas empresas con grandes estructuras son “particularidades” y no representan la realidad del sector.
Frente a este escenario expuesto por los principales dirigentes de la actividad, en el campo, los reclamos no se hicieron esperar, sobre todo por las condiciones salariales. Los obreros de las viñas han comenzado a alzar la voz frente a los meses que se vienen, en las puertas de las negociaciones paritarias. Consideran que la crisis que aduce el sector empresario no reviste tal gravedad y que los empresarios pueden salir adelante.
“Cuando se habla livianamente de crisis, muchas veces se intenta justificar la falta de voluntad para pagar salarios dignos”, afirmaron desde la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (Foeva), poniendo de relieve que los sueldos no superan los 700.000 pesos. “El Gobierno no sale a hablar de una crisis vitivinícola. Hay sectores que la están pasando mal, o que no pueden vender la uva, pero nadie sale a dar una mano. Los que viven con crisis son los productores y trabajadores. Los empresarios en las mejores cosechas siempre han llorado. Ahora, salen a decir que hay crisis. Tienen que dejar de llorar, la crisis no es tan grave”, expuso Juan Carlos Aguirre, secretario gremial de la entidad.
Desde la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi) consideraron que hay oportunidades para salir adelante. “Por ejemplo, Europa tuvo una cosecha menor, por lo que se puede sacar vino a granel, pensado en los stocks. Esperamos que el Gobierno baje la carga impositiva, y que haga acuerdos comerciales con Cancillería. También, que genere las condiciones necesarias para poder obtener financiamiento para exportaciones. Apostamos a que haya una recuperación del poder adquisitivo y el mercado interno reaccione”, señaló Fabián Ruggeri, titular de la institución.
En tanto, los productores consultados por este diario consideraron que hay situaciones límites, más allá de las expectativas positivas en el rumbo económico de la gestión de Javier Milei. En lo inmediato, puseiron los ojos en la inminente vendimia. “Muchos productores, como es mi caso, que he reconvertido a uva de mayor calidad enológica, no tenemos mercado ni dinero para levantar nuestras cosechas. Los productores que solo viven de esta actividad han abandonado sus fincas”, expresó Leandro Ripamonti, reconocido productor del este mendocino. “Los precios son iguales que hace tres años, pero debido al aumento extraordinario de costos por inflación, los precios relativos son mucho menores si se convierte al precio dólar inclusive”, completó el viñatero.
Sin embargo, no todo está perdido. Las declaraciones de Lionel Messi, de que toma vino con gaseosa, cayeron como un bálsamo para ayudar a difundir la bebida, en momentos de bajas importantes en el consumo, más allá de la visión de los puristas, por lo que cruzan los dedos para reactivar el mercado.
“El error del vino fue creerse solo aspiracional. Las categorías que crecen son las que aceptan usos diversos sin perder identidad. Nadie deja de respetar un gran Malbec porque otro lo tome con gaseosa un domingo al mediodía. Al contrario: ese consumo sostiene volumen, renueva públicos y mantiene viva la categoría”, ponderó Alejandro Vigil, uno de los enólogos y empresarios del vino con reconocimiento internacional.
Bajo todo este contexto de dificultades, reclamos y oportunidades, hay lugar para la expectativa y el optimismo. “Hay un cambio real de hábitos, a nivel global, que tiene que ver con la transición generacional. La gente consume menos azúcar, menos gluten, menos alcohol. Esto hay que atenderlo, no es nada grave. Creo que tenemos mucho por aprender de esto y cada vez más vamos a ir batallando. El vino conserva el momento de consumo, como es la mesa, la reunión con amigos, la comida. Sigue liderando. La gente consume con menos frecuencia, esperando un momento importante, viviendo una experiencia distinta, con un mejor consumo. Hay que adaptarse a estos tiempos”, explicó Alberto Arizu (h), cuarta generación de la bodega Luigi Bosca y referente del vino argentino.
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En lo estrictamente económico y coyuntural, en el sector respiran aire fresco. “Somos optimistas. Hemos visto un cambio en la manera de administrar el país, sobre todo con el orden macro, por encima de todo. Esto impacta en una industria como la nuestra, que es de muy largo plazo, que necesita financiar capital de trabajo, para una cosecha o para sus inventarios. Es fundamental tener una macro ordenada. Estamos en ese proceso, después de muchos años de mala gestión. La situación va a ir mejorando pero hay que adaptarse a la nueva realidad”, aportó el reconocido empresario.
En cuanto a los temas profundos, que inquietan al sector, a largo plazo, prevé un escenario de alentador. “Está el cambio de hábito, de mentalidad del consumidor. Hay que entenderlo y acompañarlo, como el consumo moderado, en todos los ámbitos. En todo el mundo hay preocupación por ciertas bajas en la caída del consumo; en algunas categorías es mayor. Esto va a demorar uno o dos años más, hasta que la industria vuelva a estabilizarse y a encontrar su tamaño ideal, y sus pisos de consumo, para volver a crecer. En 2028 deberíamos volver a ver una recuperación de la industria y crecimiento: hay que adaptarse, trabajar mucho y seguir haciendo grandes vinos”, cerró el CEO de Luigi Bosca, elegida recientemente como “Mejor Bodega del Nuevo Mundo” por la prestigiosa revista estadounidense Wine Enthusiast.