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Historias extraordinarias: llegó a HBO la película de Mariano Llinás que cambió el modo de concebir el cine nacional

“En Junín o en Tapalqué refieren la historia”, empieza Jorge Luis Borges tal vez uno de los mejores cuentos de la historia, “El cautivo”. “Averiguá y escribí el cuento” dice Mariano...

Historias extraordinarias: llegó a HBO la película de Mariano Llinás que cambió el modo de concebir el cine nacional

“En Junín o en Tapalqué refieren la historia”, empieza Jorge Luis Borges tal vez uno de los mejores cuentos de la historia, “El cautivo”. “Averiguá y escribí el cuento” dice Mariano...

“En Junín o en Tapalqué refieren la historia”, empieza Jorge Luis Borges tal vez uno de los mejores cuentos de la historia, “El cautivo”. “Averiguá y escribí el cuento” dice Mariano Llinás, por supuesto que a modo de broma (y aludiendo a lo impreciso de la ubicación geográfica del relato) porque su vínculo artístico con Borges es innegable. “Toda la película, Historias extraordinarias, está llena de giros, de trucos borgeanos. El propio Borges lo dice: la vida me ha enseñado algunos trucos, simular que lo que estamos viendo es una versión más pequeña de algo que ya existe. Simular un narrador que duda. Todos esos trucos están ahí puestos. Todos. Es como una especie de compendio de artillería borgeana”. Cuenta Llinás de su propia película Historias extraordinarias, estrenada en 2008 en un momento en el que una película de 4 horas generaba un impacto muy especial. 17 años después la película sigue viva y dialogando con un nuevo tiempo. Durante este año se reestrenó en el Malba una vez más con gran éxito y hace unas semanas atrás llegó a la plataforma HBO como una rara avis de su programación. Para quienes no la vieron es una gran oportunidad. Y para quienes ya la vieron también lo es para volverla a ver y encontrarse con una película que definitivamente cambió el modo de concebir el cine en Argentina.

Su extensión de 4 horas, dividida en tres partes, con intervalos en el medio para que quienes iban al cine a verla pudieran salir “cigarrillo, baño” decía Llinás, y volver a la sala, supone un plan de casi cinco horas que para estos tiempos en apariencia ansiosos y con bajo poder de concentración parece una odisea

Aunque parezca que estuvo siempre, el cine apenas tiene 130 años. Ese apenas no es fortuito, como casi ninguna otra disciplina artística, tiene fecha de inicio. La sabemos. Será un poco arbitraria, es difícil tener certezas de cuándo se vio por primera vez en la historia una imagen en movimiento, es cierto, pero hay consenso. 28 de diciembre de 1895 en París, unas imágenes reales -ya comenzamos a percibir la dificultad de la cosa- inauguraban lo que décadas después tomaría forma y se consagraría como el séptimo arte. En esas primeras vistas, unas mujeres obreras salían de la fábrica. Punto. Era en blanco y negro, no había sonido en las cintas y terminaban cuando terminaban, no había montaje, ni siquiera aquel primitivo que consistió en pegar una cinta con la otra para multiplicar su duración. Momentos reales captados por una máquina capaz de reproducir las imágenes una atrás de la otra con tanta velocidad que daba la impresión de movimiento. Y voilà, nació el cine. Los hermanos Lumière, fotógrafos e inventores, no creyeron demasiado en su invento, pero ya estaba, no había vuelta atrás.

Apenas nació, no tenía ni siquiera su estatuto, sus debates, sus bases y fue atropellado por las vanguardias históricas de comienzo de siglo. Dadaísmo, surrealismo, cubismo, futurismo, estos movimientos que buscaron romper con la tradición y las normas, experimentaron, provocaron, fueron en contra de la repetición mimética. ¿Y el cine? No había tenido su período clásico y ya era vanguardia. Apenas había reproducido la realidad en esas primeras vistas, no lo sabían pero fueron los primeros documentales de la historia del cine, y ya estaba teniendo su paso por el surrealismo.

Trailer de Historias extraordinarias, de Mariano Llinás

Sin prisa pero sin pausa, el cine durante el siglo XX fue experimentando todas las etapas. Así, ni bien llegó el sonido casi a finales de la década del 20, el cine se inclinó para la narración y en las décadas siguientes se consagraría el cine clásico, el de los grandes estudios, el cine de género, del sistema de estrellas con sus divos y divas. El cine argentino acompañaba los pasos, más tímido pero firme. Siempre sosteniendo su industria pero también sufriendo los embates de las crisis económicas y de censura.

Y cuando la crisis de fines de los 90 parecía ahorcar hasta la muerte a la industria del cine, apareció un nuevo grupo de jóvenes que sin proponérselo, cambió el rumbo. Nuevos modos de producir, un BAFICI que nacía, historias que nunca habían sido contadas, tiempos muertos mostrados en la pantalla grande, blancos y negros, actores no profesionales protagonizando filmes.

“El Pampero Cine nace en el año 2002, más que como una simple productora, como un grupo de personas dispuestas a experimentar y a renovar los procedimientos y las prácticas del cine hecho en la Argentina” escriben a modo de manifiesto sus creadores: Laura Citarella, Agustín Mendilaharzu y Alejo Moguilansky. “En el marco de la formidable renovación conocida como Nuevo Cine Argentino, vecina de films como Mundo Grúa de Pablo Trapero, La libertad y Los Muertos, de Lisandro Alonso, y Los guantes mágicos de Martín Rejtman, la producción de El Pampero Cine se cuenta entre la más original y celebrada de los últimos diez años. Sus obras han innovado en prácticamente todos los campos de la actividad cinematográfica. La influencia de El Pampero Cine no solo se plasma a nivel estético: Su revolución alcanza –sobre todo– las formas de producción y de exhibición. Desde Balnearios, en el 2002, El Pampero Cine ha desarrollado un sistema de producción basado en el rechazo a los postulados industriales y a la radical independencia de las fuentes clásicas de financiación, que le ha permitido una producción constante y fértil. Con Historias Extraordinarias, quedó confirmado que El Pampero Cine ha impuesto en la Argentina una nueva manera de producir, trabajando con presupuestos marcadamente inferiores a la más pequeña de las producciones industriales sin que dicha inferioridad de condiciones tenga relación alguna con la calidad técnica o estética de las obras”.

Y a partir de esta nueva concepción sobre el cine muchas preguntas emergieron. ¿Qué películas tienen más público? ¿Las que llenan la sala en sus semanas de estreno o aquellas que quedan en la historia, que sobreviven el paso del tiempo como La ciénaga de Lucrecia Martel? Historias extraordinarias pertenece a este último grupo de películas: las que perduran, las que se vuelven a ver.

Por eso que, a casi dos décadas de su estreno, Historias extraordinarias, una película que sin dudas marcó un antes y un después en la manera de hacer cine en Argentina, se incorpore a la plataforma de HBO resulta no solo una buena noticia sino una confirmación de su importancia. Su extensión de 4 horas, dividida en tres partes, con intervalos en el medio para que quienes iban al cine a verla pudieran salir “cigarrillo, baño” decía Llinás y volver a la sala, supone un plan de casi cinco horas que para estos tiempos en apariencia ansiosos y con bajo poder de concentración parece una odisea. Pero no, no lo es. La película es vertiginosa, mantiene al espectador atento a los avatares de los protagonistas a través de la voz en off (Daniel Hendler, Juan Minujín y Verónica Llinás) tan característica del cine de Llinás, una tensión, un interés tan particular que remite al universo borgeano desde el comienzo hasta el final. Una especie de inquietud, de duda sobre lo que realmente sucede. Los diálogos escasean y en cambio el relato será conducido por esas voces que no sabemos a quienes pertenecen. No son omniscientes, no saben todo, tienen dudas, no pueden contarnos la totalidad de la trama. “Bueno. Es así. Un hombre, llamémoslo ‘X’, llega en medio de la noche a una ciudad cualquiera de la provincia. De X no sabemos prácticamente nada. Sabemos que viaja por trabajo. Sabemos que ese trabajo es burocrático y gris. Un trabajo cualquiera. Es decir, no es periodista, no es detective, no es escritor, no es fotógrafo, no es científico. No es nada que pueda suscitar de antemano emoción o interés. Pensemos más bien en un técnico, en un inspector municipal o en un agrimensor. Algo así”.

De esta manera empieza Historias extraordinarias, los lazos con Borges se palpan, el oxímoron respecto a su título también y entonces ya el espectador está al menos intrigado. Y se queda. La película narrará la historia de tres sujetos, X, Z y H. sus iniciales grises y deslucidas anticipan a estos seres que nada tienen de extraordinario. Podría ser cualquiera, son tres sujetos al azar que Llinás elige y sumerge de tal modo al espectador en sus vacías vidas que muestra con maestría que el cine, acercándose tan al detalle a lo que quiere mostrar, puede convertir lo ordinario en extraordinario. Esa es tal vez la clave del séptimo arte: poder ver de cerca, detenerse por un rato en lo que en la rutina pasa desapercibido.

“Por qué 17 años después estrenan Historias extraordinarias no lo sé, supongo que porque es de ellos, fue producida por el viejo I.Sat, la película le debe su existencia a I.Sat. Entonces supongo que estarán cuidando su acervo. Y además tienen Trenque Lauquen, es decir un vínculo con El Pampero, y tal vez un día exhiban La flor -la película de 14 horas que estrenó en 2018 y le valió el premio del Bafici de la competencia internacional- porque también tuvieron que ver con su producción”, contesta Llinás para LA NACION desde China.

“Mi impresión es que ahora hay una aceptación a las películas largas como una categoría más, no como algo excepcional o molesto, sino que es un tipo de película. Y los espectadores se dan cuenta de que viéndolas aparecen cosas que en la duración tradicional no aparecen. Como si hubiera una progresiva conciencia en cierta parte del público de que hay algo que se gana en la larga duración. Y eso me ha dado muchas satisfacciones. Ahora estoy terminando una película de Borges que también me parece que va a hacer una película larga”.

Ha dicho también en entrevistas que encuentra al cine totalmente distinto a aquellos años cercanos al comienzo del cambio del milenio en el que proliferaban los debates; hoy, en cambio, los ve muy sujetos a los formatos específicos de las plataformas. “Yo soy una especie de optimista crónico, tal vez porque tengo tantos motivos para ser pesimista que si le sumo mi propio pesimismo no hay a donde ir, entonces me cuesta pensar en el contexto tan desfavorable para el cine. Es un contexto muy particular donde se está gestando una nueva hegemonía que tiene que ver con las plataformas. Esa nueva hegemonía tiene un gusto, porque parece bastante definido. Pero lo bueno, me parece a mí, que tienen las organizaciones independientes como El Pampero y tantas otras, es que siempre estuvieron al margen en el paradigma anterior, y lo van a estar en este. Al ser criaturas más anfibias tienen mayor libertad para saltar de uno al otro sin tantos daños. Salen más perjudicados por el cambio de paradigma algunos esquemas como las productoras de cine más clásicas, pensadas con un esquema de exhibición tradicional y de producción. El Pampero es tan extraño en su manera de concebir el cine, radical, que tiene la capacidad de adaptarse. Si bien las películas siempre están hechas para las salas, no necesitan de un gran estreno en sala”.

Desde que apareció Llinás en la escena nacional, se mantuvo siempre al margen del financiamiento del Estado e hizo de su independencia un sello propio, uno que le permite hablar sin tapujos del momento crítico que vive el cine. “Como soy optimista, tiendo a pensar que el hecho de que aparezca un gobierno tan hostil al cine, un gobierno que tiene una mirada tan destructiva y que esté construyendo una especie de demagogia de enfrentar a la gente con sus películas, con su propio cine, efectivamente puede tener una consecuencia negativa en lo inmediato, pero puede tener algo positivo y es recordarles a las personas que hacen cine que siempre tienen que desconfiar de los funcionarios públicos, cualquier idea de plantear una suerte de confianza, casi de alianza con los gobiernos, con los sectores de poder público, es un error. Ahí, durante los años kirchneristas, hubo un paso en falso, para mí. Un montón de sectores del cine que se sintieron demasiado representados con un sector del gobierno, creyendo que querían lo mismo. Y mi impresión es que nunca es lo mismo. Una cosa son los intereses de los artistas y otra los de los funcionarios públicos. Esa fue mi opinión siempre y por eso no estuve cerca de ningún gobierno y espero no estarlo. La aparición de un gobierno tan caricaturesco puede hacernos entender que siempre es bueno estar un paso al costado”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/historias-extraordinarias-llego-a-hbo-la-pelicula-de-mariano-llinas-que-cambio-el-modo-de-concebir-nid11012026/

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