Independiente se aprovechó de la tarde negra de Maravilla, le ganó a Racing y festejó el clásico como un campeón
La mayoria canta, baila, se abraza. Algunos, en la platea, se animan a llorar. Lágrimas por una historia tan grande que se encogió de hombros en los últimos largos años. La emoción, siempre bi...
La mayoria canta, baila, se abraza. Algunos, en la platea, se animan a llorar. Lágrimas por una historia tan grande que se encogió de hombros en los últimos largos años. La emoción, siempre bienvenida, es una invitación a la ilusión del futuro: Independiente, el viejo Rey de Copas, le ganó a Racing por 1 a 0 y se celebra como haber ganado una final. Como un título. Son 19 partidos de distancia en el historial (23 en el profesionalismo), pero el fútbol es presente puro. El Rojo estaba de capa caída y la Academia solía sonreír más y mejor en los últimos años. Títulos y clásicos. Por eso, hasta hay fuegos artificiales para celebrar.
Se apagan las luces, se encienden. Todo rojo. Los jugadores se juntan de frente a la hinchada. Lo que antes era una costumbre, ahora es una postal esporádica. Independiente hizo un gol, el que no pudo anotar Racing. Con eso (y el fervor grupal), le alcanzó para guardar esta tarde, esta noche, directo en el corazón.
A veces, los datos resumen a la perfección un estado de situación. Un contexto. El primer capítulo tuvo un tiempo total de juego de 53 minutos, 58 segundos. Sin embargo, el tiempo neto fue de... 15 minutos, 34 segundos. Fueron responsables todos: Independiente y sus dudas existenciales, Racing y su falta de audacia, las discusiones, polémicas, desatinos del deslucido Leandro Rey Hilfer y, desde ya, la agresión de un grupo de plateístas del Rojo sobre el banco de suplentes de la Academia luego del penal fallado por Martínez.
Los miedos, uno de los capítulos centrales de la psicología, mezclados en un partido de fútbol. En un clásico con dosis de drama por sobre la comedia. Poco fútbol, casi ningún valiente, entre la electricidad general. Corren, meten, se enojan, se fastidian, vuelven a correr. Para ver fútbol, evidentemente, no era el sitio ideal el Libertadores de América, que recibió a Independiente con la grandeza que se llevó su historia.
Una fiesta de papelitos, fuegos de artificio. Un recibimiento a lo campeón. El Rojo no tomó nota de esa condición. “Tenemos más copas, tenemos más gente”, reza una bandera, con la trampa de la genuina nostalgia.
Solari, con una pirueta, casi abre el marcador, en un avance veloz, una excusa en el arte de tener la pelota y escaparle a la profundidad. La Academia no quería (demasiado), con mejores intérpretes y mejores pergaminos recientes, el Rojo corría hacia adelante, con los ojos vendados. Una muestra era Zabala, con el ímpetu de un correcaminos.
Forcejeos, discusiones, guapos de barrio. El juez debió gritarle a Avalos que dejara de tirarse, luego de la tercera caída en el área, a los ponchazos con los centrales, sobre todo Rojo, siempre al límite de todo. Un remate de Montiel, alto y desviado, hizo alertar a la gente, roja de ilusión y de bronca. “Movete Rojo, movete”, surgió espontáneo a los 34 minutos de la accidentada primera mitad.
¡¡EL ANCHO DE ESPADAS DEL CLÁSICO DE AVELLANEDA!! Gaby Ávalos, autor del único gol del partido para que Independiente le gane a Racing, participó en MÁS DE LA MITAD de los tantos del Rojo en el #TorneoApertura: ¡8 goles y 3 asistencias para el paraguayo! pic.twitter.com/fHPTLQuf1F
— SportsCenter (@SC_ESPN) April 4, 2026Gustavo Quinteros, el conductor de Independiente, escribía todo lo que le desagradaba del equipo en el anotador de todos los partidos. Como la mano en el área de Valdez, luego de un disparo de Conechny. No lo advirtió el juez, sí el VAR. Penal para Racing.
Iban 39 minutos. Maravilla Martínez tomó el balón y pensó la jugada de su vida. Picó la pelota, que voló hacia el Cilindro. Inmediatamente, Rey, primero y Lomónaco, luego, lo abrazaron con ironía. Lo tomó como un caballero el delantero, que le levantó la presión a Gustavo Costas como nunca antes en el partido. Un exceso, justamente en ese banco de suplentes, derivó en un juego de agresiones con la platea que está sobre ese sector.
El penal falladoOtra vez, el juego parado. Los hinchas habían celebrado el penal a las nubes de Maravilla como si se tratara de un gol propio. Se cantó como nunca antes, pero el equipo reaccionó a la velocidad de la oscuridad. “Hoy no abandonés Academia, hoy no abandonés”, recitaban, al menos entretenidos con algún pasaje de la historia.
Se animó Independiente en el inicio del segundo tiempo, tomó nota Racing que era un partido ganable, en el tramo final del espectáculo. Un disparo de Marcone, una respuesta de Maravilla (quiso definir y despejó la pelota en una jugada de gol más clara incluso que la del penal que falló). Malcorra pudo abrir el marcador, lo evitó Canavvo, Maravilla tan cerca y tan lejos, tuvo otra vez el gol, evitado con alma y vida por Arias. ¡Hasta Canavvo se animó!
Al fin se jugaba el clásico. Había aroma a gol a medida que se escondía el sol. Si en el primer capítulo había sido una ilusión óptica, el tramo final tuvo intensidad, deseo, ambición. Se habían enterrado los miedos. Independiente se lo debía a la grandeza de su historia, Racing a la prepotencia de estos últimos años. Los arqueros, con un par de vuelos, también estuvieron a tono. Hacía falta un gol.
El gol de AvalosHasta que apareció Montiel, firulete va, firulete viene. Medias bajas, habilidad y, de vez en cuando, una de crack. El centro, debajo del arco y con los zagueros de Racing mareados, lo capturó Avalos, goleador de raza, de esos que parecen confundidos hasta que lo asaltan un segundo de claridad. Explotó la gente: iban 35 minutos de la segunda mitad.
Quedaban 10, 15, 20 minutos de máxima tensión. Como solo se juegan en el fútbol argentino: con alma y vida. Racing se acordó demasiado tarde de atacar y el Rojo se defendió con la mística de aquellos campeones, artísticos en el ataque y con el cuchillo entre los dientes en las gateras.
Avalos, exhausto, dejó un rato interminable al equipo con 10: Independiente ya no tenía más cambios. La tensión se respiraba en el ambiente. Como si fuera una final, ganó Independiente, el capo de Avellaneda. Un pequeño gran homenaje a la historia.