Irán designa al triunvirato que dirigirá el país hasta la elección del sucesor de Khamenei
TEHERÁN.– El proceso para elegir al clérigo chiita que sucederá a ...
TEHERÁN.– El proceso para elegir al clérigo chiita que sucederá a Alí Khamenei ya ha comenzado en Irán, lo que confirma que la república islámica, el acorralado sistema político que ha regido el país en los últimos 47 años, había previsto la posibilidad de que Israel y Estados Unidos asesinaran a su líder supremo, de 86 años.
Con su muerte ya confirmada por Teherán, así lo indica la rapidez con la que se ha completado ya a primeras horas de esta jornada el poder tripartito de transición que ha asumido las amplísimas funciones del jefe de Estado fallecido hasta que se designe a su sucesor.
Al menos de manera formal, dado el complicado entramado de poder en Irán y el difícil equilibrio entre el estamento clerical, la camarilla del líder supremo, los cuerpos de seguridad y las instituciones electas del país como la presidencia.
Los tres miembros de ese triunvirato que conforman el llamado Consejo de Liderazgo son el presidente del país, Masud Pezeshkián; el ultraconservador de línea dura jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei, y el jurisconsulto islámico Alireza Arifi, el último en ser designado, cuyo nombramiento ha difundido en esta jornada la agencia de noticias semioficial ISNA.
Los tres miembros de este consejo no permiten, de momento, augurar cambios de calado en un régimen en estado de guerra en el que el poderoso ejército paralelo iraní, la Guardia Revolucionaria, probablemente aumentará su ya importante cuota de poder político.
De esos tres nombres, el menos radical es el de Pezeshkián, un médico sin carisma devenido en político a quien se suele presentar como un moderado en Occidente pero que, en ningún caso, ha osado oponerse, al menos públicamente, a las órdenes de Khamenei.
Al jefe del Poder Judicial iraní, Gholamhossein Mohseni Ejei, se le considera, por su parte, un halcón del ala más radical y ultraconservadora de la república islámica.
Tanto la Unión Europea como Estados Unidos lo sancionaron por su papel en el aplastamiento de las manifestaciones por el fraude electoral en 2009 y se cree que ha tenido un rol también clave en la represión de las últimas manifestaciones contra el régimen en las que murieron en enero al menos 7000 personas; 3117, según la cifra oficial.
Su pésimo historial de derechos humanos incluye, según Amnistía Internacional, el haber participado en los asesinatos de miles de opositores presos en Irán en 1988. En enero, amenazó a los manifestantes con que no “habría clemencia” para ellos.
Menos conocido en Occidente que los dos anteriores, Arafi, de 67 años, es un clérigo de quien se cree que fue un confidente cercano de Khamenei. Es el vicepresidente de la Asamblea de Expertos, el organismo que reúne a 88 religiosos y que elegirá al sucesor del líder supremo.
Arafi ha sido miembro también del poderoso Consejo de Guardianes, que tiene poder de veto sobre los candidatos electorales y las leyes aprobadas por el Parlamento. Acumula además el cargo de director de la red de seminarios islámicos de Irán.
Al completar en unas pocas horas este poder tripartito, la República Islámica trata de llenar el vacío de poder que deja Khamenei, el líder que gobernó con mano de hierro Irán durante 36 años y que no tiene un sucesor elegido oficialmente, aunque se cree que designó a varios posibles candidatos, ya durante los 12 días de bombardeos israelíes de junio, a los que se sumó Estados Unidos.
En manos del líderEl organismo que deberá elegir al nuevo líder supremo, la Asamblea de Expertos, está formada por 88 clérigos que deben demostrar amplios conocimientos de la ley islámica.
La Constitución iraní prevé que el nuevo líder debe ser por fuerza un hombre, dado que debe tratarse de un clérigo —las mujeres tienen vetado, no solo ese cargo, sino también la presidencia y la judicatura—. Ese religioso debe demostrar competencia política, autoridad moral y, lo que es más importante, lealtad a la república islámica.
El proceso que se abre ahora, quién sabe por cuánto tiempo, solo se ha llevado a cabo una vez desde 1979, cuando se instauró la República Islámica. Fue diez años después, cuando su fundador, Ruhollah Jomeini, falleció y Khamenei, que no contaba en principio con las altas credenciales como religioso que debe tener el líder supremo, fue elegido apresuradamente.
Los bombardeos israelíes y estadounidenses, que este domingo han proseguido con fuerza, complican además la elección de ese sucesor. Cualquier reunión, sea de la Asamblea de Expertos, o del Consejo de Liderazgo encargado ahora de pilotar el país puede ser una ocasión para Israel y Estados Unidos para bombardear y matar a prebostes del régimen, dado el alto grado de infiltración de la inteligencia israelí en Irán que quedó patente el sábado con la muerte de Khamenei.
No cabe esperar tampoco que, al menos a priori, el perfil del nuevo líder sea rompedor y ni siquiera especialmente moderado o progresista. La Constitución de la República Islámica está concebida de tal manera que el líder supremo en vida tiene una influencia decisiva en la selección de su sucesor.
Esa influencia se blinda a través del mecanismo de elección de los 88 clérigos de la Asamblea de Expertos, que deben pasar la criba previa del Consejo de Guardianes, compuesto por 12 juristas.
De ellos, seis son nombrados directamente por el líder, mientas que la otra mitad son elegidos por el Parlamento, pero entre una lista de candidatos seleccionados previamente por el jefe del poder judicial.
Ese cargo también es designado directamente por el líder supremo, que controla así directa o indirectamente a todos los miembros del Consejo. Además, solo los seis juristas chiitas de ese Consejo de Guardianes, nombrados en este caso por el fallecido Khamenei, pueden aprobar a los clérigos candidatos para la Asamblea de Expertos.
Esta estructura circular blinda casi completamente la continuidad ideológica del sistema porque es poco creíble que esos jurisconsultos elegidos por Khamenei por su lealtad y afinidad ideológica puedan designar a un sucesor que se aparte de la visión de la República Islámica del mandatario asesinado este sábado.