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Jorge Porcel, su conversión y sus grandes amores: “Perdón por todo lo que hice”

Fue uno de los más populares cómicos del país. Su éxito estaba basado en su gracia innata y su repentismo. Pero, también hay que decirlo, el núcleo de su humor tenía que ver con una picaresc...

Jorge Porcel, su conversión y sus grandes amores: “Perdón por todo lo que hice”

Fue uno de los más populares cómicos del país. Su éxito estaba basado en su gracia innata y su repentismo. Pero, también hay que decirlo, el núcleo de su humor tenía que ver con una picaresc...

Fue uno de los más populares cómicos del país. Su éxito estaba basado en su gracia innata y su repentismo. Pero, también hay que decirlo, el núcleo de su humor tenía que ver con una picaresca muchas veces rayana en la chabacanería.

Durante la segunda mitad de los 70 y toda la década del 80, Jorge Porcel protagonizó películas que hicieron estallar la taquilla. Muchos títulos, vistos con las perspectiva actual, son definiticamente cancelables: “Hoy le toca a mi mujer” (1973), “Los doctores las prefieren desnudas” (1973), “Encuentros cercanos con mujeres de cualquier tipo” (1978), “Expertos en pinchazos” (1979), “Así no hay cama que aguante” (1980) y “Un terceto peculiar” (1982). Pero eran tiempos del destape... También encabezó -y llenó- teatros en calle Corrientes. Y tuvo sus propios prgramas en televisión.

Todavía era una figura convocante cuando sorprendió al público con brusco giro en su carrera. En enero de 1987 dio una entrevista que llevó como título “Pido perdón por todo lo que hice”. Allí, se acusó a sí mismo de ser “cómplice del mal gusto”. Y detallaba: “Quiero ser un actor en serio. Estoy cansado de las malas palabras, la chabacanería, las cosas triviales y pasatistas. No puedo seguir engañando al público”. Entonces, el cómico se había alejado de la revista porteña, su hábitat natural sobre las tablas, y trabajaba en una comedia sofisticada de un autor británico. Aseveraba que se había “reencontrado con la dignidad”.

El humorista abjuraba de su larga trayectoria televisiva, teatral y cinematográfica, donde el doble sentido, los chistes sexuales y el uso de mujeres semidesnudas para bromear sobre sus atributos eran parte importante de su repertorio.

El Gordo, así lo llamaban, se las jugaba por un cambio en su carrera que alcanzaba también su vida. “Soy otro tipo. Nací de nuevo”, aseguraba el hombre que, como parte de ese cambio, había bajado 14 kilos.

Gatitas y ratones

Pero el cambio de rumbo de Porcel no duró demasiado. En ese mismo año de 1987, en junio, se estrenó en Canal 9 Las gatitas y ratones de Porcel, donde el cómico retornaba exactamente al mismo tipo de humor que lo había hecho famoso y que había prometido abandonar.

El ciclo contaba con escenas musicales revisteriles y la participación de voluptuosas mujeres en distintos sketchs, algunas de ellas famosas o que alcanzarían la fama más tarde. Entre otras, pasaron por allí Graciela Alfano, Amalia “Yuyito” González, Adriana Brodksky, Beatriz Salomón o Sandra Villarruel.

También participó de Las gatitas... la actriz y actual conductora Georgina Barbarossa, que recientemente calificó su período en esa emisión como “un pan amargo” y definió al capocómico como “un gordo baboso” y “un ser deleznable”.

Es que, entre las mujeres, muchas de ellas famosas, el protagonista de El gordo catástrofe cosechó amores y odios. Varias se quejaron de maltratos del cómico, situaciones de acoso y distintos tipos de actitudes desagradables. Otras, en cambio, tienen un romántico recuerdo del actor.

Moria, la serie inspirada en la vida de Moria Casán, que s emite por Netflix, lo retrata sin vueltas como un acosador que incomodaba a sus compañeras de trabajo.

“Me orienté hacia Dios”

Como sea, el cómico argentino tendría poco tiempo más tarde otra transformación. Esta vez, relacionada con la religión. En 1991 se fue a vivir a Miami por un proyecto laboral y en poco tiempo ya presumía de haber hecho un cambio espiritual. “Me orienté hacia Dios porque después de tantos triunfos encontré vacía mi vida”, decía Porcel a poco de llegar a Miami.

Se había hecho practicante del evangelismo protestante y justificaba su decisión en una revelación que había tenido: “Lo que me ocurrió es que estaba desorientado, angustiado y un buen día comprendí que yo no decido mi vida, que nadie decide su vida, sino que tiene que dejarle todo a Dios”.

El cambio en su mundo interior también se reflejaba en lo que sería de allí en más su carrera. Otra vez renegaba de la comicidad que lo había hecho famoso: “Hay que rajarle al facilismo y enterrar para siempre la idea de que lo cómico solo es posible en base al erotismo o la sexualidad”.

Aseguraba que se podían hacer programas de “comicidad sana” y “sin mujeres con la cola al aire” y apelaba a la ayuda, desde el cielo, de otros grandes cómicos argentinos que nunca habían recurrido a la grosería: Luis Sandrini y Pepe Biondi.

En su cruzada religiosa, Porcel se había acercado mucho al pastor evangelista Luis Palau. El actor estuvo incluso un par de veces en la Argentina para dar testimonio de su fe. Una de esas visitas ocurrió en 1999, donde habló en el estadio de Huracán ante unas 1500 personas. Pocos años más tarde, los eventos protagonizados por Palau convocarían multitudes...

“La gente tiene que tomar conciencia de que estos son los últimos tiempos y que la venida de Jesús está muy pronta”, dijo entonces, totalmente compenetrado con las prédicas de cierta rama del evangelismo.

En esos años el humorista ya estaba alejado del mundo del espectáculo -tenía un restaurante en Miami- y su salud estaba visiblemente deteriorada. En su visita al estadio Tomás Ducó ya apareció en silla de ruedas, un dispositivo que lo acompañaría hasta el final de sus días.

Las mujeres de Porcel

Porcel murió el 16 de mayo de 2006, en el Mercy Hospital de Miami. Luis Palau dijo las palabras de consuelo espiritual en el íntimo funeral. Allí se encontraba Olga, la que fuera esposa del cómico durante 40 años. Ellos se conocieron en la década del 50, cuando Porcel todavía no era popular y se casaron en 1963. Dos décadas más tarde, el matrimonio adoptó a su única hija, María Sol.

Hasta ahí la familia oficial del actor. Pero en su vida hubo otras mujeres. Muchas. Algunas que vivieron un gran romance con él. Es el caso de Carmen Barbieri, con quien mantuvo una relación de un par de años que se inició en el verano de 1977, cuando eran compañeros de la obra El Maipo de Gala. La vedette y actriz tenía en ese entonces 21 años y el cómico la doblaba en edad. Salieron un tiempo y luego convivieron.

La misma Carmen contó que su padre, Alfredo, no quería saber nada con esa relación. Pero a ella mucho no le importó. En una entrevista televisiva ella reveló su devoción por el Gordo: “Yo con ese hombre hubiese tenido hijos si no me hubiera dejado, porque volvió con su mujer; hubiera armado una familia con Porcel”.

Otra de las mujeres que compartieron su intimidad con el actor fue Luisa Albinoni, que tuvo una relación de seis años con él. Todo comenzó en 1981 y el romance se mantuvo en secreto todo el tiempo que duró. Sin embargo, la blonda actriz estaba convencida de que el cómico estaba separado. Cuando descubrió la verdad, ya se encontraba muy enamorada.

“Fui su novia durante seis o siete años. Lo amé demasiado. Estuve muy enamorada. Fue un hombre muy importante en mi vida”, dijo la actriz en el momento de la muerte del cómico.

Además de estas relaciones con famosas, Porcel tuvo un hijo extramatrimonial, Jorge, nacido de su vínculo con Norma de Mauricio. Años después, el joven se convertiría en un personaje mediático. Según trascendió a la prensa, El Gordo cumplía en lo económico con su hijo, pero no lo veía. “Hay cosas que no se pueden pagar con dinero, como los abrazos, el cariño y el amor de un padre”, se quejó alguna vez ‘Jorgito’.

Las que no lo amaron

Pero así como las mujeres que llegaron a amarlo hablaron loas de Porcel, hay toda una lista de señoras que, cuando pueden, cuentan cosas terribles del Gordo. Algo que de alguna manera choca con la idea de conversión espiritual que mostró el actor en los últimos años de su vida.

Una de ellas fue la mencionada Barbarossa, que declaró hace poco en una entrevista televisiva que el actor “era un ser deleznable”. Y relató una situación que vivió para definirlo: “Me tocó el cu... de una manera horrible, espantosa y me fui llorando al camarín. Yo era muy chica”.

La conductora de A la Barbarossa fue más allá en sus comentarios y cuando le preguntaron sobre la relación de su amiga Carmen Barbieri con Porcel respondió: “Nunca entendí cómo se enamoró de él. Yo nunca se lo conté a ella, pero ella estaba enamorada y yo qué le iba a decir: ‘Tu novio era un asqueroso, un degenerado’”.

Otra famosa que contó su mala experiencia con el protagonista de Rambito y Rambón fue Susana Giménez, que compartió el set en varias películas con Porcel. En general, con el acompañamiento estelar de Alberto Olmedo y Moria Casán.

La diva de los teléfonos contó en LAM: “Yo le decía al productor: ‘A mí no me pongas con el Gordo’. Era asqueroso, era mala persona. No con nosotras, que éramos figuras, pero a las chicas las trataba mal, y a mí me daba un odio...”.

¿Autoridad o maltrato?

Sandra Villarruel, que compartía recordados sketchs con Porcel en Las gatitas..., aseveró que el actor, cuando ella tenía que grabar, le tapaba la cámara y le cortaba algunos diarios. Cuando le preguntaron si el actor tenía malos tratos, contestó: “No hacia mí, pero sí a otras chicas del elenco. Se daban situaciones de insultos y agresiones verbales”.

Más alló de todos estos testimonios, Albinoni lo defiende: “Era una buena persona, un excelente hombre”, aseveró alguna vez. Y añadió: “Dicen que era muy autoritario o que maltrataba a la gente, y yo no conocí ningún número uno que no tuviera autoridad. Yo creo que era autoridad, no era maltrato”.

En el momento de la muerte de Porcel, el vocero de la familia se refirió a la conversión del cómico: “Desde que conoció al Señor, Porcel cambió en todos los aspectos, el ético, el moral”.

Pero por otro lado hay mujeres, como Barbarossa, que dicen haber sufrido su maltrato y no terminan de creer en la redención del gordo. Más bien todo lo contrario: “Que Dios lo tenga en un tacho de merde y no lo largue”, remató la actriz y conductora.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/jorge-porcel-su-conversion-y-sus-grandes-amores-perdon-por-todo-lo-que-hice-nid18092026/

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