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Juan Carlos Hallak. “Con Milei, no hay desprotección al sector textil, pero estaba tan protegido que el cambio fue muy grande”

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Juan Carlos Hallak. “Con Milei, no hay desprotección al sector textil, pero estaba tan protegido que el cambio fue muy grande”

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En la Argentina siguen existiendo los aranceles, aunque se bajaron: en la ropa terminada se bajaron de 35 a 20 por ciento. Todavía hay un nivel de protección alto. Chile tiene 6 por ciento”, compara. “La política productiva de Milei le da mil millones de dólares por año al régimen de Tierra del Fuego: plata perdida”, dice. “Hay que ir hacia una economía más abierta, como se está dando y en el sector textil inclusive, pero iría más lento”, sostiene. “Siempre se dan lo que se llaman “los costos de ajuste”: la reconversión no pasa inmediatamente. Por eso, la gradualidad de la apertura es importante: no hacerla tan rápido y apoyar a la gente para pasar de un empleo a otro”, afirma. “Está bien reducir el déficit contundentemente. Pero otra cosa es la apertura”, diferencia. “Si no existiera el régimen de Tierra del Fuego, estarían recaudando esa plata y podrían construir caminos, tener una mejor agencia de promoción de exportaciones, podrían tener una mejor política de calidad, política, de innovación, además de la gestión que está fallando”, cuestiona. “No hay que devaluar para hacer competitiva artificialmente a la industria”, plantea. “También es verdad que el tipo de cambio está abajo de un nivel sustentable, o es posible que lo esté. Trataría de moverlo más arriba pensando que no está en el nivel sustentable”, acota. “Se puede volver atrás un poquito con la apertura, pero de ninguna manera volver atrás a la protección que había. Hay que esperar que arranque la economía, y ahí sí volver a abrir. La economía está estancada desde hace un año”, diagnostica. “La inflación es un problema macro que trasciende a la política comercial”, aclara y desarrolla: “La apertura tiene un impacto en los precios, pero se da una vez. ¿Cuánto bajaron los precios textiles relativamente? ¿Un 20 o 30 por ciento? Pero desde que asumió el Gobierno, la inflación es de más del 300 por ciento. La dinámica de la inflación tiene fuentes monetarias” . “Cuando hay un cambio de nivel, el precio de la ropa afecta a la variación de inflación, pero después, ya producido ese cambio, ya no la afecta más”, agrega.

“La política productiva de Milei le da mil millones de dólares por año al régimen de Tierra del Fuego: plata perdida”

“Desde el Estado, hay que hacer buena política de promoción comercial”, señala y sigue: “Lo hacen todos los países. Chile tiene ProChile, que es fuertísimo, mucho más grande y mejor de lo que es nuestra agencia”. “Que una economía sea más abierta no es que se quedan sentados esperando que las empresas entren solas a los mercados. Se plantean cómo hacer para ayudar a las empresas a exportar. Los chilenos son recontra activos en eso”, ejemplifica. “La economía tiene que ser más abierta porque la posibilidad que la Argentina tiene en el mercado mundial es exportando bienes con diferenciación. No le va a competir a China ni a Vietnam”, subraya. “¿Cómo va a hacer bienes de diferenciación con una economía cerrada? Es imposible porque cuando la economía está cerrada, el empresario hace productos para el mercado interno y el mercado interno no pide la calidad y la diferenciación que pide el mercado mundial”, explica. “En todos los sectores hay posibilidades de apuntar a los segmentos más altos, con más especialización, donde hay menos competencia de los países con los que no se puede competir. Tengo mucha experiencia con empresarios que dicen no se puede cuando sí se puede”, remarca. “El tiempo y la gradualidad son necesarios en la apertura para que el empresario acepte que está en un entorno distinto, que esto es sostenible, identificar cuáles son las líneas de producción a las que apostar, comprar las máquinas y cambiar el diseño”, argumenta. “En la industria argentina se da esa falta de empuje para ir al mundo con calidad y con diferenciación”, concluye.

El respetado economista Juan Carlos Hallak, especialista en comercio internacional y desarrollo productivo, estuvo en La Repregunta. Hallak es profesor de la UBA. Es doctor en Economía por la Universidad de Harvard. Fue subsecretario de Inserción Internacional y presidente de la Comisión Nacional de Comercio Exterior en la presidencia de Mauricio Macri.

Made in argentina: ropa cara, ¿emblema de todos los problemas macroeconómicos argentinos? Importación, ¿mata al sector textil? Apertura, ¿shock o gradualismo? Gradualismo, ¿nuevo truco para evitar la competencia? Desarrollo productivo, ¿alcanza con la macro o no? Chile, ¿por qué tiene una política estatal de promoción de exportaciones potente? Tierra del Fuego: ¿el proteccionismo mileísta? Exportar, ¿la gran oportunidad argentina?

Hallak hizo su análisis.

Aquí, la entrevista completa.

Made in Argentina. Ropa cara, ¿culpa del costo argentino… o excusa para el proteccionismo?

-La ropa es un consumo central para una sociedad. La ropa argentina cara y el tema del costo argentino volvieron al centro del debate. El empresariado sostiene que hay una cancha desbalanceada en contra de la industria nacional, la carga impositiva, por ejemplo. El costo argentino sería el problema de fondo detrás de la imposibilidad de bajar precios. ¿El costo argentino es efectivamente un problema o es un atajo para no reconocer otro tipo de problemas?

-Se mezclan muchas cosas. El costo argentino existe; es más alto. De todas formas, la economía tiene mecanismos para compensar ese problema. Los países que tienen mucho costo y mucha ineficiencia terminan teniendo salarios en dólares más baratos y eso les da competitividad. Por eso Angola tiene salarios muchísimo más bajos que los nuestros, pero no es una potencia exportadora. Entonces, de alguna forma, el mecanismo que hace que si no sos competitivo igual lo sea en algo es el salario en dólares. De ahí que todos los países algo terminan exportando y algo terminan importando. Es lo que se llama el principio de la ventaja comparativa. No se puede esperar que todos los países exporten todos los bienes y que produzcan mucho de todos los bienes. Es el concepto base. El sector textil es muy particular y no es representativo por distintos motivos.

-¿Por qué es tan particular?

-Primero porque, al menos la parte de confección es muy intensiva en trabajo. Por eso a un país como la Argentina le cuesta competir con países que tienen salarios muy bajos. En muchos países del mundo desarrollado, el sector textil se contrajo muchísimo. Estados Unidos, por ejemplo, casi perdió totalmente su industria textil en la parte de producción. Mantuvo diseño y marketing. Casi no hay nada de producción textil en Estados Unidos, como tampoco en calzado.

-Pero no generó problemas de empleo, por ejemplo, y tiene una macroeconomía estable. ¿Cómo logró balancearse esa cancha?

-En principio, es lo que dice la teoría y en el largo plazo se cumple: habrá otros sectores que van a absorber el empleo. Cuando ese proceso se produce a partir de un Estado que da mucha protección, hay un problema. En la Argentina, hubo mucha protección. La industria textil estuvo muy particularmente protegida con los aranceles más altos que podemos tener, 35 por ciento más, con las licencias, en un momento las licencias no automáticas, después las SIRA. Hubo períodos de muchísima protección al sector textil, incluso en el gobierno de Macri, que no liberó totalmente el sector. Recién avanzó al final, cuando hubo una devaluación, pero siempre se mantuvo la protección. Por eso no está The Gap, por ejemplo, en la Argentina ni muchas marcas internacionales que están en Chile. Quizás con el tiempo, ahora que no hay restricciones cuantitativas, o sea que no hay permisos, si no que pagás el arancel y listo, empiezan a venir esas marcas internacionales. El punto es que se pasó de mucha protección a muy poca protección ahora. En realidad hay protección, pero es la protección normal, la que tienen otros países; no es muy poca.

¿Por qué en la Argentina de Milei la ropa tiene 20 por ciento de arancel?

-Es decir, ¿en esta gestión de la presidencia libertaria de Javier Milei no desapareció la protección, sino que se bajó a niveles comparativos con países de economías abiertas que tienen algún grado de protección?

-Sí, los países tienen distintos niveles de protección, pero en la Argentina siguen existiendo los aranceles, aunque se bajaron: en la ropa terminada se bajaron de 35 a 20 por ciento. Todavía hay un nivel de protección alto.

-¿De cuánto es en Chile el arancel para ropa terminada?

-Chile tiene 6 por ciento para todos los bienes: es flat, plano.

-¿Y Brasil? Porque siempre se habla de la alta burguesía industrial brasileña. ¿Cómo funciona eso en Brasil?

-No me acuerdo si la Argentina tenía excepción y fue al arancel externo común, porque tenemos el mismo arancel con Brasil. Pero hay excepciones. No me acuerdo si bajó de un nivel de excepción alto al nivel del arancel externo común, que me imagino que pudo haber pasado, o se pasó del arancel externo común a un nivel más bajo, excepcionalmente más bajo para Argentina. Brasil anda por ahí, o está como nosotros o está un poco más alto. Pero en la Argentina, el nivel de protección, del 20 por ciento a la ropa terminada. Para abajo en la cadena de producción, hay protección a las telas, al hilo, al algodón no es casi nada porque somos exportadores, o casi exportadores porque exportamos poquito. En otras épocas exportábamos más. Hilos, tejidos, ropa terminada: esos son los escalones del sector textil. La Argentina tienen una estructura escalonada, el Mercosur tiene esa estructura, como en la mayoría de los países. Pero hoy hay protección al sector textil. Lo que pasa es que estaba tan protegido que el cambio fue muy grande. Además, el sector textil tiene una particularidad: emplea mucha gente.

-¿Cuáles son esos números?

-Hace unos años, empleaba a unas 250 mil personas, sin incluir el retail.

-Los empleados de las tiendas que venden ropa.

-Claro, porque no importa si es ropa de importación o producción nacional, trabajan igual. En producción nacional, la cantidad de empleo debe ser menor porque en el sector textil, se perdió bastante empleo formal e informal: debe estar por debajo de los 200 mil empleos.

Empleo y sector textil, ¿en peligro ante la apertura o no?

-Usted estaba diciendo algo en relación a la cantidad de empleo textil y el Gobierno.

-Si yo fuera gobierno, dado la cantidad de gente que emplea, trataría al sector con mucho cuidado. Quisiera ir hacia una economía más abierta, como se está dando ahora, en el sector textil inclusive, pero iría más lento pensando esto: el sector textil tiene la particularidad en el tipo de empleo, con muchas mujeres que está en la confección, que quizás no tienen la posibilidad de reinsertarse en otro sector. Algunas trabajan desde la casa como costureras: es un tipo de empleo de difícil reconversión. En una economía en crecimiento, ese empleo se va absorbiendo. Se da una dinámica positiva en la que quizás no tiene sentido producir tanto sector textil, y sí producir más otras cosas.

“La apertura tiene un impacto en los precios, pero se da una vez. ¿Cuánto bajaron los precios textiles relativamente? ¿Un 20 o 30 por ciento? Pero desde que asumió el Gobierno, la inflación es de más del 300 por ciento. La dinámica de la inflación tiene fuentes monetarias"

-Ése es un punto importante: que el sector textil se reduzca pasado cierto tiempo por esta reconversión de la matriz productiva argentina, insertada cada vez más en una concepción más abierta en términos de fronteras económicas y de comercio, ¿en realidad conduce a una Argentina de mayor empleo, aún cuando haya pérdidas en un sector como el textil?

-Sí, debería ser así.

-¿Aún con los desafíos de reconversión que pueden tener las personas que pertenecen a este sector textil?

-Siempre se dan lo que se llaman “los costos de ajuste”: la reconversión no pasa inmediatamente. Por eso, la gradualidad de la apertura es importante: no hacerla tan rápido y apoyar a la gente para pasar de un empleo a otro. En la Argentina, los sectores más dinámicos están en el interior y los sectores que más sufren la competencia importada están en el Gran Buenos Aires. Hay un desbalance geográfico: en relación al impacto en el empleo, no es que sólo un sector se contrae y otro se expande sino que no es tan fácil cuando el empleo que se crea está en un lado y el que se pierde está en otro porque implica que la gente se tendría que desplazar. Por eso, cuanto más gradual sea la apertura, más tiempo para que estos procesos se den más naturalmente.

Apertura, entre el gradualismo y el shock. ¿Cómo le fue a Macri con la apertura comercial?

-En los últimos años, el tema de gradualismo o shock ha sido una discusión. Se daba ya en el gobierno de Mauricio Macri: gradualismo o shock para la baja del déficit. Ahora es: gradualismo o shock en el caso de la apertura económica. Usted fue funcionario en la presidencia de Macri: fue subsecretario de Inserción Internacional en 2019 y antes, entre 2017 y 2018, presidente de la Comisión Nacional de Comercio Exterior. Es un defensor del gradualismo en la apertura. Ahora, también subrayó que en ese Gobierno, no se avanzó tanto en la apertura. Por eso la pregunta es: con estos sectores que protegen derechos corporativos de manera tan dura, que han sido parte de los gobiernos kirchneristas, que teniendo poder de lobby sobre el gobierno kirchnerista, no movieron ni un centímetro el amperímetro de esa amplitud y al contrario, se protegieron todavía más, ¿hay alguna posibilidad de que el gradualismo tenga éxito? ¿No será necesario este shock de importaciones que le imprime la gestión de Javier Milei, aunque sea un shock relativo porque usted subraya que hay niveles de protección altos?

-Sí: es mi respuesta contundente.

-¿“Sí” a qué? ¿Sí a que es necesario el shock?

-No: me refiero a que se puede hacer la apertura de manera gradual. No hace falta el shock. Principalmente, la discusión de gradualismo versus shock tiene que ver con lo fiscal, como dijiste: Macri se le atribuye no haber reducido más drásticamente el déficit fiscal, y ésa es la diferencia con Milei, que lo hizo drásticamente. Ahí estoy más de acuerdo: no me parece tan importante la gradualidad. Quizás fue demasiado el shock de estos dos años, pero está bien reducir el déficit contundentemente. Pero otra cosa es la apertura. El gobierno de Macri no fracasó por el gradualismo de la apertura.

-¿Cuál es la evaluación de la política comercial, de apertura, del gobierno de Macri? ¿Éxito o fracaso?

-Se abrió la economía, se abrió bastante la economía.

-Comparado con lo que está sucediendo hoy, ¿se abrió más o menos?

-Se abrió un poco menos y más gradualmente. Por ejemplo, este Gobierno, de entrada, removió todas las restricciones cuantitativas, todas las SIRA, las sacó. El gobierno de Macri, no: dejó las licencias, sacó muchas y paulatinamente fue flexibilizando las aprobaciones de importación. No se terminaron de sacar nunca, pero se fueron flexibilizando gradualmente.

-¿Los precios de la ropa bajaron de manera interesante durante el gobierno de Macri?

-Sí. Los precios relativos bajaron. Obviamente, si abrís más de golpe, bajan más. Pero hoy el problema de inflación no es la apertura o la no apertura. La inflación hoy es un problema macro que trasciende a la política comercial. Puede afectar mínimamente; no va a cambiar mucho porque la apertura es algo que pasa una sola vez, una cuestión de nivel, un salto en el nivel de precios de una vez, ganarle 2 puntos y lo otro, la inflación, es algo permanente que tiene otra dinámica determinada por otras cosas. Son cosas distintas. El gobierno de Macri fracasó por otras cosas: por el manejo macroeconómico más allá del manejo de la política comercial. No se le puede atribuir a un mayor gradualismo en la apertura comercial el fracaso macroeconómico.

Ropa importada, ¿la apertura como otra herramienta para bajar la inflación?

-Pero dentro del IPC del INDEC, tan discutido hoy, la indumentaria tiene una ponderación. Entonces cualquier distorsión, por estar demasiado protegida, impacta con mucha contundencia en el IPC. ¿Una política anti inflacionaria es también una política de apertura económica?

-No, para nada. Es lo que estoy diciendo.

-¿Pero el Gobierno lo está pensando así?

-No sé. Estaría mal pensarlo así.

-¿Por qué está mal pensarlo así si efectivamente, la importación hizo que un empresario como Marcelo Fernández del sector textil, rubro cierres, dijo la semana pasada en TN que reconocía que los empresarios estaban muy protegidos en el sector textil y que se sobre protegían ante la inflación aumentando mucho? Y reconoció también que la apertura funcionó como disciplinamiento al que tuvieron que prestarle finalmente atención y bajar los precios.

-Tiene un impacto en los precios, pero se da una vez. ¿Cuánto bajaron los precios textiles relativamente? ¿Un 20 o 30 por ciento? Pero desde que asumió el Gobierno, la inflación es de más del 300 por ciento. La dinámica de la inflación tiene fuentes monetarias. El precio de la ropa afecta, no es que no afecta nada: cuando hay un salto, un cambio de nivel, afecta la variación, pero después, ya producido ese cambio, ya no la afecta más.

“Cuando hay un cambio de nivel, el precio de la ropa afecta a la variación de inflación, pero después, ya producido ese cambio, ya no la afecta más”

Apertura comercial, ¿por qué conviene? ¿El futuro está en mercados externos y productos premium?

-Bien, entiendo ese punto. Pasemos a otro punto que no es de apertura comercial pensando en el impacto que puede tener sobre el nivel de precios, sino apertura comercial pensando en una matriz productiva, creadora de empleo y de empresas sostenibles. En ese caso, ¿la apertura comercial es fundamental?

-Sí, hay que hacerla. Estoy de acuerdo con que la economía sea más abierta. ¿Por qué? Te doy mi argumento, que no es un argumento común porque se apela a otros argumentos. Yo soy aperturista, más gradual, por el siguiente motivo: la posibilidad que la Argentina tiene en el mercado mundial es exportando bienes de especialidad, bienes con diferenciación. No le va a competir a China ni a Vietnam. ¿Cómo va a hacer bienes de diferenciación con una economía cerrada? Es imposible porque cuando la economía está cerrada, el empresario hace productos para el mercado interno y el mercado interno no pide la calidad y la diferenciación que pide el mercado mundial. Te cuento una anécdota. Como dijiste, fui presidente de la Comisión Nacional de Comercio Exterior durante dos años. Esa comisión da las recomendaciones de medidas antidumping. Me venían a venir empresas a pedir anti dumping. Se daba el típico caso de la empresa local, desde textiles a placas de policarbonato, cubiertos, que tenía la mayor parte de su producción en un bien estándar, un commodity que competía con China. Ése era su problema: el 80 por ciento era un bien estandarizado y el otro 20 por ciento era un producto premium, de especialidad, con los que tenía rentabilidad. En ese caso, China les molestaba menos y ganaba plata. Yo les decía: ¿por qué no apostás a que ese 20 por ciento sea todo tu negocio?

-Que sea el 100 por ciento.

-Sí. La respuesta era que con el 20 por ciento no tenía la escala. ¿Por qué no buscás la escala afuera?, les proponía.

-¿Qué sería buscar la escala afuera?

-Exportar.

-Es decir, buscar un mercado externo de escala, porque con el mercado interno no alcanza.

-Sí. Les preguntaba si habían tratado de exportar. La respuesta era sí, alguna vez lo hice, hace cinco años, exportaba un poquito, pero reconocían que no lo estaban haciendo no agarraba. Teníamos reunión con el directorio de una empresa de vasos que venía a plantear su caso. Compramos vasos importados, de calidad, con diseño, y los comparaba con sus vasos: mirá lo que hacen en Brasil, ¿por qué no hacen esto y en cambio, están pidiendo que los proteja contra China?

-¿Porque es más fácil hacer lobby y pedir protección?

-Sí, exactamente.

-Es el reflejo de cierto empresariado.

-No es una cuestión intrínseca; es una cuestión de cómo fueron las condiciones en la Argentina. Si se cambian esas condiciones, el empresario va a apostar a ese 20 por ciento. Por eso el tiempo y la gradualidad son necesarios: que acepte que está en un entorno distinto, que esto es sostenible, identificar cuáles son las líneas de producción a las que apostar, comprar las máquinas, cambiar el diseño.

Pymes argentinas, ¿pueden volverse competitivas y exportadoras o están condenadas?

-Marcelo Fernández, este empresario del sector cierres, que además cuenta con medidas anti dumping, planteaba que ni siquiera el antidumping le estaba alcanzando para poder sostener sus ventas. Además, decía que en una matriz productiva en proceso de reconversión y de destrucción creativa, no veía cómo sus máquinas podían convertirse en otra cosa que no sea para fabricar cierres. ¿En ese caso, la reconversión sería que deje de pensar en el mercado interno y mire al mercado externo con cierres de una calidad única? Se me escapa cómo es eso en un cierre, pero debe haber alguna manera de innovar en esa tecnología. ¿Ésa sería una manera de pensar la reconversión?

-Sí, en parte sí. No puedo hablar de los cierres porque no conozco el sector, pero visité muchas fábricas, conozco el sector industrial y en todos los sectores hay posibilidades de apuntar a los segmentos más altos, con más especialización, donde hay menos competencia de los países con los que no se puede competir. Tengo mucha experiencia con empresarios que dicen no se puede cuando sí se puede.

-¿Se refiere a empresarios Pyme?

-Empresarios de todo tipo: dicen no se puede, ya tengo la calidad, es lo que hace la máquina. Pero siempre hay máquinas que hacen otra cosa, siempre hay diseños que son distintos. Cuando se apunta más alto, siempre se puede. Me reuní con una empresa de productos de plástico y comparado con el producto importado, éste brillaba más.¿Porque el plástico de ustedes no luce así? Explicó que un dispositivo de la máquina estaba más gastado.

-Poca inversión tecnológica.

-Faltaba una máquina nueva, más precisa y no la tenía. Por eso no tenía ese brillo. Cuando era funcionario en el gobierno de Cambiemos, coordinaba el programa Argentina Exporta, que coordinaba toda la política de exportación, y fuimos a la provincia de San Juan, que es muy fuerte en aceite de oliva. La gente de la cámara sectorial decía lo de siempre: los impuestos, en la Argentina no se puede. Yo sabía que la Agencia de Promoción de Exportaciones estaba trabajando con dos o tres empresas que estaban vendiendo en el mundo aceite de oliva fraccionado, con marca. A este evento, lo llevé al director de alimentos de la agencia. Les hice ese planteo: apostar a crear marca, a crear diferenciación. Tanto en empresas agroindustriales, base agro, como en la industria se da esa falta de ese drive, de ese empuje para ir al mundo con calidad y con diferenciación.

“El tiempo y la gradualidad son necesarios en la apertura para que el empresario acepte que está en un entorno distinto, que esto es sostenible, identificar cuáles son las líneas de producción a las que apostar, comprar las máquinas y cambiar el diseño”

-Salir a competir con una experiencia de consumo más única.

-Sí, con algo distinto. Decía no se puede, que los impuestos… pero hay empresas que lo están haciendo.

Del mercado interno al externo, ¿por qué la calidad es el factor clave?

-¿Podría contar casos interesantes de empresas argentinas, y no me refiero a grandes conglomerados industriales que tienen otro margen de maniobra, casos de empresas Pyme que hayan logrado una solución creativa y hayan logrado exportar y dar vuelta la ecuación para apuntar no tanto el mercado interno y mucho más el mercado externo, sin impactar en la cantidad de empleados, por ejemplo?

-Hay miles. Hay una empresa en Bahía Blanca que hace sebo, cera para los violines. Eso exporta la Argentina. Estuviste en la conferencia que organizamos sobre estos temas…

-Se refiere a una conferencia en la Universidad de Buenos Aires sobre políticas de desarrollo y el tema de protección o apertura.

-Y sobre otro tema del que todavía nos falta hablar: qué puede hacer el Estado para ayudar a que las empresas puedan apostar a eso y sean exitosas haciendo eso. Es un componente central. Pero te cuento otro caso de empresa argentina que exporta: exhibidores ,a veces refrigerados, a veces no, para exhibir los alimentos en supermercados. La Argentina exporta este producto a Sudáfrica. Ropa: se dice que el sector textil no puede exportar, pero no es así. Hay empresas que exportan.

-¿Cuáles?

-Jazmín Chebar o María Cher exportan ropa.

-Pero acá esa ropa es carísima. ¿Por qué es poco competitiva acá?

-Pero tiene buen diseño. Si se busca competir a China, sí es poco competitiva acá. Si se hace un buen diseño y hay buena calidad, se puede exportar.

-Quiero dejar afuera esas dos marcas que surgieron como ejemplo. En general, hay marcas en la Argentina que tienen mucho renombre, que son carísimas, pero tienen muy baja calidad comparadas con marcas de renombre de igual precio que uno ve en Nueva York, por ejemplo.

-Voy a contarte una anécdota que mis alumnos siempre piden. Es la anécdota del botón que refleja esto: cómo es una empresa en una economía cerrada. Un amigo mío de afuera había tenido un bebé. Le compré ropa de bebé en una casa argentina de alta gama, con diseños hermosos, telas re lindas, precio es caro: un nicho de especialidad. Se lo ponen al bebé para honrar mi regalo y a los dos minutos, el bebé se estaba comiendo el botón. Es decir, bajo una estructura protegida, la empresa hace productos de especialidad que quizás tienen muchos de los elementos de alta calidad que, uno pensaría, le permiten competir, pero algo falla. Si en Estados Unidos, se te sale un botón y se lo comió el bebé, te hacen un juicio…

-Class action y hay que retirar los productos de la góndola.

-Y produce un daño reputacional que no te levantás más. Para competir en el mundo, esas cosas no pueden fallar. Y al mercado argentino, le faltan competencias de ese tipo.

-¿Le falta porque los empresarios se abusan de las protecciones? Algunas marcas que exportan y venden sus productos en la Quinta Avenida, en la Argentina tienen muy baja calidad, las costuras fruncen, pero los precios son enormes. Los empresarios son conscientes de que sus estándares argentinos no pasarían la Quinta Avenida.

-Los empresarios no son conscientes. En mi experiencia, no lo son.

-Pero en la Quinta Avenida están vendiendo otra calidad.

-Ahí sí, si están vendiendo otra calidad, pero en general, por conocerlos, los empresarios creen que están haciendo buena calidad y el problema es que no son conscientes de la calidad que necesitan para exportar. Ése es el caso típico. Puede ser que haya alguno que entienda que para exportar necesita una mejor calidad y sepan manejar ese cambio, pero en general salen a exportar pensando que la calidad es la adecuada y se chocan con un mercado que no los acepta.

Política monetaria y dólar barato, ¿señales de la política productiva de Milei?

-Está este dato: el mercado de la carne bajó en términos de exportaciones a China, pero en términos de precio subió porque aumentó el volumen de exportación de carne premium a Estados Unidos, que antes no era tan significativo entonces. Es decir, una exportación premium logra compensar una exportación commodity. ¿Es esto lo que está planteando?

-Sí, y muchas empresas lo logran y lo han logrado. Vamos a la parte de política pública. ¿Cómo puede ayudar el sector público a que las empresas, por un lado, peleen contra la competencia importada y por otro lado, que eso les sirva como gimnasia competitiva para salir afuera? Primero, no las mates de entrada, y además con un tipo de cambio que es posible que esté atrasado.

-¿Está diciendo que no sea una apertura tan terminante, sin transiciones?

-Tan fuerte. Pero ya se hizo. No la volvería atrás. Pero siempre hay márgenes, pequeñas cosas. No sigamos profundizándola. Hay que parar la pelota un poco acá.

-¿Son medidas macroeconómicas, como bajar impuestos, por ejemplo; son medidas de política productiva en términos arancelarios; son medidas de empleabilidad en términos de plataformas de reconversión de los trabajadores? ¿Qué tipo de medidas, qué prioridades tiene una política que esté pensando en esos?

-Hay tres ejes. Primero, la macro, el manejo macroeconómico. Hoy hay un trade-off, una decisión entre más inflación y tipo de cambio más alto que favorezca al sector productivo, o, por el contrario, objetivos más fuertes de inflación a costa del sector productivo.

-Baja de inflación con dólar bajo.

-Sí. Hay una decisión de cómo balanceas esos dos objetivos. Yo iría a una reducción más lenta de la inflación en el corto plazo y un tipo de cambio más alto. Eso es bajando las tasas.

-¿El Gobierno está pensando más que en las empresas en los consumidores que han sido muy castigados por esas políticas proteccionistas? Si la inflación baja más rápido, y con más contundencia, beneficia a los consumidores.

-Es una falsa dicotomía nacional porque las empresas son las que dan empleo…

-Y los consumidores son trabajadores.

-Hay un margen donde sí puede funcionar lo que decís: si todo lo que el Gobierno afecta son márgenes monopólicos. Pero a grandes rasgos, no se lo puede ver como cosas distintas.

Éxito industrial exportador. ¿Rol del Estado aún en una Argentina mileísta? Argentina v Chile

-Bien, entonces, primera cuestión: con la política macroeconómica, el Gobierno está haciendo política productiva indirectamente.

-Sí, principalmente a través del manejo de la política monetaria, que tiene implicancias en el tipo de cambio. El segundo eje es la política comercial más directa: ya se abrió mucho, se sacaron todas las SIRA, se eliminaron reglamentos técnicos, el anti dumping es mucho más limitado. Todas las herramientas de protección se usaron un montón y se siguen usando, para eliminarlas, como política comercial. Yo diría: paren la pelota. Quizás en un margen chico pueden volver atrás un poquito, pero no volver atrás a la protección, de ninguna manera a la protección que había. Pero en el margen, retroceder un poquito hasta esperar que arranque la economía, y ahí sí volver a abrir. La economía está estancada, no está creciendo: está estancada hace un año principalmente por un tipo de cambio que no ayuda mucho al sector productivo. Y el tercer eje es una política productiva que apoya al sector productivo desde la construcción de insumos públicos. ¿Qué es eso? Hay muchas acciones del Estado posibles. Primero, la infraestructura física, caminos, autopista, fibra óptica o que haya internet, en lo que Starlink ayudó mucho. Además, que haya una buena promoción comercial.

-¿Qué es eso?

-Todos los países tienen apoyo del Estado para que las empresas vayan a las ferias para ver, hacer inteligencia comercial.

-¿No hay nada de eso desde la Secretaría de Coordinación de la Producción de Pablo Lavigne?

-El brazo central de esto es la Agencia de Promoción de Exportaciones y Atracción de Inversión. En el gobierno de Milei, pasó directamente a la Secretaría General de Presidencia y está desconectada de lo que hacen las embajadas y del sector productivo. Lo que hace esa Agencia es un pilar de la estrategia.

-Es abrirle las puertas en el mundo a esa red de Pymes tan densa en la Argentina que podrían tener chance de exportar, pero no saben cómo empezar.

-Lo hacen todos los países. Chile tiene ProChile, que es fuertísimo, mucho más grande y mejor de lo que es nuestra agencia.

-Y Chile es la economía más abierta de América Latina.

-Más abierta no es que se quedan sentados esperando que las empresas entren solas. Se plantean cómo hacemos para ayudar a las empresas a exportar. Son recontra activos en eso. Y otra cosa es tener política de calidad. Cuando estaba en el Gobierno, con un par de colegas, armamos el Plan Nacional de Calidad, un esfuerzo de coordinación de la política de calidad.

-Para poner estándares a las industrias para que puedan competir.

-Y sobre todo para ayudarlas a cumplir con los estándares de afuera. No sólo incluye a las empresas. Hay que tener los laboratorios, las acreditaciones y las certificaciones. Hay un margen para una política coordinada que ponga prioridades, que capacite a las empresas, que piense estratégicamente a qué le estamos apuntando y qué se necesita. No es hablar en el aire.

-¿Eso sí sería de la Secretaría de Producción?

-Sí.

Estado argentino, ¿capaz o incapaz de hacer políticas centralizadas de desarrollo productivo?

-El año pasado, Lavigne sostuvo muy tajante y decididamente que la mejor política de desarrollo productivo es la no política de desarrollo productivo, porque el Estado argentino ha sido muy ineficiente como para que sea posible un manejo centralizado de la economía. ¿Cómo ve eso?

-No estoy de acuerdo. Tiene un punto en el sentido de que tenemos un Estado devastado en sus capacidades. Ya no eran tan altas. Los estudios comparativos de la capacidad del Estado muestran desde hace muchos años que las capacidades argentinas son peores que en otros países de Latinoamérica, en parte por los salarios más bajos relativamente y en parte por la intervención política en la estructura del Estado. Lo estamos viendo con el INDEC ahora. Hace que los buenos cuadros técnicos del Estado se vayan. Aún así, hay capacidades. Yo estuve en el Estado, manejé cosas: tampoco es blanco o negro. Se puede hacer mucho y se puede hacer bien. El desafío de un buen gobierno es saber gestionar bien esas palancas de política. Ahora, si hay un Gobierno que ya desde el Presidente, desconfía de todo eso; si hay un Ministerio de Economía que desconfía de todo, que ni siquiera lo ve porque no tiene contacto con el sector productivo, con todo un equipo económico que viene de las finanzas, bueno, no tiene ese entendimiento de qué se podría hacer. No lo tiene porque nunca lo vio, no lo vivió. Desde arriba viene una desconfianza. Hay desconocimiento de lo que se puede hacer, de la importancia de que se haga, de lo que hacen otros países. Hay que buscarle la vuelta a lo que se puede hacer. En muchos otros momentos de la Argentina esas cosas se pudieron hacer y se pudieron hacer bien.

-¿Cuándo?

-Hoy se siguen haciendo. Hay un Anmat que funciona y controla y no se está muriendo gente por medicamentos contaminados.

-Sí está pasando eso: murieron 150 personas por contaminación de medicamentos con fentanilo.

-Pasó un hecho porque entra la política y capta partes que no tienen resistencia. Pero también es verdad que hay una capacidad que impide que eso se generalice. Hay pros y contras en todos, pero el desafío siempre es poner gente de la más alta idoneidad a manejar todos esas agencia de innovación, el CONICET, el INTA, el INTI. Siempre se elige a quién poner a manejar esos organismos. El equipo de dirección puede ser mejor y peor. En mi evaluación general, hay muy poca idoneidad para lo que podría ser, y no es tan difícil. Es encontrar gente adecuada que pueda manejar bien esos organismos y controlarlos.

Apertura con políticas de desarrollo exportador, ¿la fórmula del futuro argentino? Más allá de la devaluación

-El Gobierno en ese caso, tendría que integrar una mirada aperturista de libre mercado absoluto, como es la que plantea con una eficiencia moral, según lo que explicitó Javier Milei en Davos, con la idea de una necesidad de bolsones técnico estatales para incentivar, por ejemplo, la capacidad exportadora de toda la matriz productiva. Si lograra conciliar eso, podría abrazar esa causa, pero no está tan claro que crea en eso.

-Está claro que no creen en eso. Pero tengo la esperanza de que eso cambie ante una economía estancada. Ojalá que arranque. El Gobierno confía en que con la estabilidad, el acceso al crédito, la remoción de trabas burocráticas y la explotación de los recursos naturales, la economía va a florecer. También tengo esperanza de que eso ayude y tengo una expectativa de que tenga un impacto importante. Pero también tengo dudas y tengo preocupación. La economía está estancada desde hace un año. Es un dato importante y los sectores productivos se están quejando de que no tienen rentabilidad.

-Última pregunta. Los empresarios piden devaluar para ser competitivos en términos de salarios en dólares. El Gobierno dice que ése es un atajo, que los empresarios deben ser competitivos a través de inversión en tecnología, de capital humano mejor preparado y de apertura al mundo. En esa parte del argumento del Gobierno hay una posibilidad de que se encuentre con el otro argumento que usted plantea, que es necesario aumentar las exportaciones de todas las cadenas productivas en la Argentina para, precisamente, no estar usando el tipo de cambio como la palanca que suba la rentabilidad argentina.

-Estoy de acuerdo. Imagínate que hay un tipo de cambio que hace que sea sustentable.

-No el tipo de cambio que quiere el empresario, sino que sea sustentable, descriptivo de las fuerzas productivas de la Argentina.

-Sí, tal cual. El problema es que tenemos incertidumbre sobre cuál es, pero supongamos que lo sabemos. En ese caso, no hay que devaluar para hacer competitiva artificialmente a la industria. Y en ese sentido, estoy de acuerdo con lo que dice el Gobierno: no tiene sentido devaluar para ser competitivo, porque después va a haber fuerzas del mercado que van a hacer que se vuelva a apreciar el dinero.

-Es un modo de protección indirecta en realidad.

-Sí, no hay que ir por ese lado. Pero también es verdad que ahora está más abajo de ese nivel sustentable, o es posible que lo esté. Si estuviera al mando de la política macroeconómica, trataría de moverlo más arriba pensando que no está en el nivel sustentable. Es una consideración difícil, no es fácil. Pero lo central de lo que te decía sobre las agencias, que a muchos les parece vago…

-En términos de Milei, parece “socialista” y “colectivista”.

-Pero no significa darle subsidio. Se dice que no hay plata para apoyar al sector productivo para que vayan a ferias, que haya más capacitación, que haya mejor inteligencia comercial, que haya una política de calidad, que construyan laboratorios. Pero sí hay plata. Si tenés que caracterizar hoy la política productiva del Gobierno, gran parte de esa plata va a las excepciones al régimen de Tierra del Fuego. Mil millones de dólares por año: es una elección que hace el Gobierno de poner la plata ahí. Es plata perdida, es muy poco lo que se gana con esa plata. Si no existiera ese régimen, la estarían recaudando y podrían construir caminos, tener una mejor agencia de promoción de exportaciones, podrían tener una mejor política de calidad, política, de innovación, además de la gestión que está fallando.

Tierra del Fuego. ¿Por qué sobrevive la protección industrial en un gobierno libertario?

-Es el gran por qué: ¿por qué no se desmantela ese régimen de manera inteligente y razonable? Es el gran por qué del gobierno de Milei. ¿Tiene una respuesta?

-Por el poder del lobby. Sí, claramente. No hay que pensar mucho. Es muy claro.

-¿Le pone nombre y apellido a ese lobby?

-Sí, hay dos nombres, las dos principales empresas, Mirgor y Newsan. Y después está el lobby, digamos, más razonable de la provincia que teme las consecuencias. Con Fundar, hicimos un trabajo donde proponíamos una reconversión gradual. Son 9 mil empleos bajo el sub régimen industrial. No hay sacar todos los beneficios sino la parte del sub régimen industrial. Y poner la plata en otras prioridades. La Provincia desconfía de que van a poner la otra plata. De hecho, había un pequeño fondo que se sacó y se devolvió a las empresas. Los nombres principales serían los de estas dos empresas. Después, razonablemente, está la provincia que se opone, que además tiene un problema político interno, también de mal manejo político de la provincia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/juan-carlos-hallak-con-milei-no-hay-desproteccion-al-sector-textil-pero-estaba-tan-protegido-que-el-nid08022026/

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