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Juan Pablo Paz: “Está lleno de físicos en lugares impensados como Wall Street”

Hace 26 años, mucho, mucho antes de los éxitos actuales, escribía en un diario que “la computadora cuántica realizará un número enorme de cálculos en paralelo. Este paralelismo cuántico e...

Juan Pablo Paz: “Está lleno de físicos en lugares impensados como Wall Street”

Hace 26 años, mucho, mucho antes de los éxitos actuales, escribía en un diario que “la computadora cuántica realizará un número enorme de cálculos en paralelo. Este paralelismo cuántico e...

Hace 26 años, mucho, mucho antes de los éxitos actuales, escribía en un diario que “la computadora cuántica realizará un número enorme de cálculos en paralelo. Este paralelismo cuántico es la clave de la eficiencia de las computadoras cuánticas por sobre sus parientes clásicas que, al igual que las hormigas o las pelotitas de ping pong, están siempre obligadas a seguir una trayectoria a la vez”.

Juan Pablo Paz -investigador superior del Conicet- fue uno de los pioneros argentinos que hablaba de la computación cuántica cuando en el siglo pasado era apenas algo más que una promesa teórica, una ocurrencia del singular Nobel Richard Feynman. Sin embargo, su primera aproximación como físico teórico no fue en favor del desarrollo, sino que más bien lo inclinó a pensar que no serían posibles las computadoras cuánticas; nuevas evidencias y desarrollos teóricos lo convencieron de lo contrario.

Hoy ese esfuerzo, que incluyó también divulgación (como en el artículo citado de 1999), es reconocido por Unesco y la revista Quantum Zeitgeist al nombrarlo como uno de los cien científicos que más aportaron al área de investigación. “La unión de la física cuántica fundamental con el compromiso público práctico ha definido la carrera del profesor Juan Pablo Paz, cuyo trabajo abarca avances teóricos, desarrollo de comunidades y liderazgo en políticas científicas”, argumentaron, y agregaron que Paz ayudó a crear un dinámico ecosistema de computación cuántica en Argentina.

“Ahora veo solamente algunas luces, pero no veo tu cara (al entrevistador). No le conozco la cara a mi hijo de cuatro años. Pero bueno, lo toco (sonríe), es otra forma de comunicación”

A sus 66 años, tras un paso por la gestión pública en el ministerio de ciencia del gobierno de Alberto Fernández (“estaba convencido de contribuir al proyecto político, quería que saliera bien, pero no fue el caso”), volvió a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA a dar clases e investigar, la misma Ciudad Universitaria donde tuvo lugar esta entrevista el 29 de diciembre; al día siguiente le tocaría tomar examen. Aunque Paz siempre fue un físico teórico, ya no podría hacer experimentos aunque quisiera: una ceguera progresiva lo obliga a moverse con un bastón guía, lo que no le impide andar por los mismos pasillos e ingresar con destreza a las oficinas que fatiga desde hace más de cuatro décadas, cuando era estudiante de grado. “Ahora veo solamente algunas luces, pero no veo tu cara (al entrevistador). No le conozco la cara a mi hijo de cuatro años. Pero bueno, lo toco (sonríe), es otra forma de comunicación. Para mí fue muy difícil (aceptar la ceguera). Pasé por la etapa de negación hasta que de alguna manera me relajé”, dice. La ceguera no le impide tampoco ir al cine o “mirar” series con su mujer, investigadora del área de ciencias sociales, quien le cuenta momentos clave para que comprenda las tramas. “Borges también iba al cine, pero no me comparo (se ríe). Pero esto de la progresividad en la pérdida de la visión es parecido a lo que sufría Borges”, dice en la charla con LA NACION de más de una hora.

“Me interesó siempre el tema por su conexión con la física básica, porque lo que les permite a las computadoras cuánticas ser más efectivas son los aspectos más raros de la física cuántica, lo más anti intuitivos, el entrelazamiento, la superposición de estados (eso del gato que está vivo y muerto a la vez)”

-¿Entonces te sentís un pionero de la computación cuántica en Argentina?

-La verdad que sí. Soy uno de los primeros que habló del tema en Argentina y lo instaló. Empecé a trabajar en computación cuántica apenas salieron los primeros resultados de Peter Shor, el matemático que demostró que si existieran las computadoras cuánticas se resolvería un problema matemático que es muy difícil para las computadoras normales: encontrar los factores primos de números enteros. Hasta ese momento las computadoras cuánticas tenían diez años de existencia teórica. Yo había escuchado del tema en Estados Unidos y, cuando volví a la Argentina ese 1994 después de cinco años en Estados Unidos, tres de los cuales estuve en Los Álamos, me invitaron a algunas conferencias para que explicara los efectos que tenía sobre una computadora cuántica un proceso llamado de decoherencia: qué le pasa a un sistema cuántico cuando interactúa con un entorno que tiene muchos grados de libertad.

-¿Y qué pasa?

-Y lo que pasa es que se pierde el carácter cuántico del sistema; por eso es algo muy importante en el pasaje de lo cuántico a lo clásico (la física macroscópica, de todos los días). Lo que yo había hecho, que no tenía motivación práctica, sí tenía aplicación porque la decoherencia es el principal enemigo de la computación cuántica. Por eso me invitaban. Eso fue a partir de 1992. El resultado de Shor fue muy interesante, pero mi trabajo iba entonces a demostrar que no iban a poder existir las computadoras cuánticas, justamente por este proceso de decoherencia. Mi primer paper de diciembre de 1994 mostraba efectos devastadores… pero poco después Peter Shor hizo otro descubrimiento que fue la teoría cuántica de corrección de errores, que bate con la decoherencia, en 1996.

“En la ciencia argentina, ya hay un éxodo que se va a agudizar. El desinterés y la incapacidad de las autoridades del sistema científico es notable. No hay interlocución”

-De algún modo Shor te refuta.

-Diría que más bien inventa una forma de combatir los errores en la computación cuántica, como es la redundancia en los sistemas clásicos, que se creía que no se podía hacer. Él demostró que sí se podía. Ahí me enganché; estaba de nuevo en Los Álamos y con César Miquel -que hizo la primera tesis doctoral en computación cuántica del país- nos metimos a trabajar en eso y sacamos un resultado importante de corrección de errores.

-¿La evidencia te mostró que sí se podían crear computadoras cuánticas?

-Me di cuenta de que sí se iba a poder. Me cambié de bando (ríe). Volví a la Argentina y traté de evangelizar un poco. Me interesó siempre el tema por su conexión con la física básica, porque lo que les permite a las computadoras cuánticas ser más efectivas son los aspectos más raros de la física cuántica, lo más anti intuitivos, el entrelazamiento, la superposición de estados (eso del gato que está vivo y muerto a la vez), esa es la ventaja que tiene para ser más eficiente.

-Enseguida se encontró lo práctico del asunto, esto de que puede romper toda la encriptación habitual.

-La investigación en computación cuántica, desde el inicio que la inventa Richard Feynman en la década de 1980, era para otra cosa. Justo ahora estoy en el proceso de escritura de un libro sobre computación cuántica para todo público… A Feynman se le ocurre porque justo habían aparecido tecnologías que permitían manipular sistemas cuánticos individuales de a uno a la vez. Un átomo, al lado otro, y otro y otro. No solo almacenar la información allí, sino también controlar las interacciones entre sí. Eso parecía absurdo, pero entonces se demostró que se podía. Pero siempre estuvo la pregunta de para qué podían servir las computadoras cuánticas, más allá de ser posibles teóricamente: Feynman las creó para hacer simulaciones eficientes y resolver problemas de la física, como la descripción de una molécula muy grande o un pedazo de material complejo. Son problemas que para las otras computadoras resultan esenciales: es decir, que contienen un número de componentes que los hace imposible de resolver.

-Feynman la quería para resolver problemas de la física, pero ahora los gobiernos y las empresas la buscan para resolver temas de espionaje, contraespionaje y demás gajes de la geopolítica.

-En esos diez años -entre Feynman y el algoritmo de Shor de 1994- se hicieron esfuerzos para ver a quién le podía interesar esa computación cuántica. Fueron apareciendo problemas muy artificiales. Hasta que Shor dijo que podía romper las claves y los métodos de encriptación de internet. Y ahí empezó a fluir la plata de gobiernos, de agencias de seguridad, de empresas. Por mi parte, yo me metí en el tema desde la Argentina con un perfil de investigador básico, con la misma motivación: evaluar las posibilidades y las limitaciones y tratar de hacer algún esfuerzo de laboratorio a ver qué se podía concretar. Con César Miquel armamos una computadora cuántica de tres qubits en 2002 y lo publicamos en Nature. Hubo artículo en LA NACION porque publicar en Nature no es algo de todos los días.

-Me imagino que no.

-Hoy esas computadoras que fabricamos de cero, con un espectrómetro de resonancia magnética y manipulando espines nucleares en tricloroetileno, se compran para docencia, como hizo la Universidad de Hurlingham hace poco. Esa máquina es exactamente igual a la nuestra. Es una movida interesante la de la Argentina de enseñarle computación cuántica a ingenieros en sistemas, informáticos, expertos en computación, gente que no sabe física cuántica en detalle, que no sabe del tema, pero sí está bueno que conozcan qué es una computadora cuántica para que puedan pensar que existen otras formas de computar además de las clásicas. Lo que tiene de malo es que es un tema sobrevendido.

-¿Los ves así, sobrevendido?

-Desde el primer día pienso eso. Lo digo hace 25 años (sonríe).

-Pero ¿no es contradictorio? Vos trajiste el tema acá.

-Sí, pero nunca vendí un buzón. Hay gente que sí los vende, acá y en el mundo. Un colega dice que nunca hay que olvidarse que en el mundo de los negocios se compran y venden cosas inútiles. Es distinto esto de comprar y vender, que investigar en un asunto. Yo recuerdo desde los años de 1990 que siempre alguien decía que se podían fabricar dispositivos así en seis meses, y luego decía que había problemas y se justificaba al llegar la fecha. Pero sí hay que admitir que es innegable que hubo avances sustanciales en los últimos años de la mano de los circuitos cuánticos superconductores, área en la que por otra parte brilla Rodrigo Cortiñas (el argentino que trabaja en California con el Nobel de Física Michel Devoret).

-¿Entonces es un dinero bien invertido por empresas y gobiernos? ¿O se cubren por las dudas?

-Cubrirse puede ser una buena inversión… Lo cierto es que se trata de una cantidad de dólares casi inagotable. Solo Google gasta (o invierte, según cómo se vea) entre 500 y 1000 millones de dólares por año; IBM debe andar por ahí. Teniendo la perspectiva académica e intentando que se asentaran grupos experimentales de computación cuántica en Argentina, siempre me pareció importante seguir el camino. Yo traté de que muchos colegas con experiencia y reputación se movieran a hacer experimentos, pero en la década de 1990 y los 2000 no tuve mucho éxito, la verdad.

-¿Te miraban raro?

-No mal, pero la situación en la ciencia argentina, con sus crisis y sus péndulos, genera dentro de la comunidad científica una actitud conservadora. En el sentido de que si sos bueno y lo que hacés lo hacés bien, no apostás a algo nuevo porque hay muchos riesgos. Meterse en algo que no sabés si funcionará y si podrás competir a nivel internacional es peligroso. Hay muchos imponderables: me pasaba eso, hablaba con gente buena, muy buena, pero preferían quedarse con otros experimentos ya planeados; no había un incentivo.

-Ya que nos metimos en la situación de política científica, ¿cómo describirías la situación actual?

-Horrible. Horrible. (Piensa) No tengo otra palabra. Es una situación muy mala en términos de salarios, de maltrato, de imposibilidad de acceder a financiación de nada.

“Es una movida interesante la de la Argentina de enseñarle computación cuántica a ingenieros en sistemas, informáticos, expertos en computación, gente que no sabe física cuántica en detalle, que no sabe del tema, pero sí está bueno que conozcan qué es una computadora cuántica para que puedan pensar que existen otras formas de computar además de las clásicas”

-¿Qué se perderá en los próximos dos años si sigue así? El 2026 ya está jugado en términos de presupuesto.

-Acá tenemos situaciones de investigación con grupos muy buenos. Recién viste el laboratorio ), un 29 de diciembre, con gente trabajando en láseres sin descanso. Y a Christian Schmiegelow con una estudiante. Se trabaja mucho. Pero esa gente a la larga no va a tener perspectivas y se terminará yendo. Es lamentable. Ya hay un éxodo que se va a agudizar. El desinterés y la incapacidad de las autoridades del sistema científico es notable. No hay interlocución.

-¿Cómo fueron tus cuatro años en el ministerio de ciencia? ¿Qué balance hacés?

-Trabajé intensamente. Primero con Salvarezza y después con Filmus de ministros. Estuve a cargo de Equipar Ciencia, y otros programas como las Redes Federales de Alto Impacto; de 23 se mantienen 21 porque eliminaron las de ciencias sociales. Se crearon con la lógica de gente con muchísima capacidad, con subsidios competitivos con el exterior y con la idea de que esa gente ayude a formar grupos nuevos que trabajen en temas que sean necesarios para la población: un grupo top de Buenos Aires aliado con dos o tres grupos de zonas menos desarrolladas del país y con propuesta para que se creciera y desarrollara. Fueron un millón de dólares en cuatro años por proyecto. Eran programas complejos.

-Pero se terminó.

-Estuve desde el 10 de diciembre de 2019 al 9 de diciembre de 2023. Y ahora volví acá, a mi grupo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, lo que siempre hice. Mi paso por la gestión fue con gusto, con compromiso militante y convencido de contribuir al proyecto político, para que saliera bien, no fue el caso .

-¿Y no hubo diálogo con los funcionarios de este gobierno?

-Yo me ofrecí a hablar con ellos para interiorizarlos y nunca me respondieron. No tienen el menor interés en saber qué se hizo. No les interesa la ciencia, están para hacer negocios. Volviendo a la venta de humo, bueno, algunos, quizá asociados a las inversiones en data centers de IA , podrían hablar de comprar computadoras cuánticas. Sé que hay gente que hace lobby al respecto. Y no digo más.

-¿Qué investiga tu grupo?

-No diría que es mi grupo, no hay estructura jerárquica, en realidad, sino un conjunto de personas, algunos más teóricos otros más de hacer experimentos. Mi mayor logro fue convencer a un científico brillante como Christian Schmiegelow, que es el líder del laboratorio de átomos fríos y tiene experimentos en marcha, algunos sobre procesamiento cuántico de la información, y otros que tienen más que ver con desarrollos metrológicos, un área importantísima que también está en proceso de desguace en el país.

-2025 fue declarado año de la ciencia y la tecnología cuánticas.

-Claro, fue con la intención de visibilizar la segunda revolución cuántica, con tecnologías que permitían manipular sistemas cuánticos, los entrelazamientos, las superposiciones entre estados. Y el premio Nobel de Física de este año (a John Clarke, John Martinis y al mencionado Michel Devoret) corona la tecnología de circuitos cuánticos superconductores; otra tecnología que se desarrolla es la de iones atrapados; otra, con átomos fríos o fotones individuales. Y tienen aplicaciones en tres campos: uno, las computadoras cuánticas, otro las comunicaciones seguras y el tercero es la metrología. La aplicación de estas técnicas para sensores ultrasensibles, para medir con más precisión variables como el tiempo. La precisión de los relojes atómicos es de lo más sorprendente de las últimas décadas. Hoy se mide el tiempo con la precisión de una parte en 10 a la 19. Y esos relojes no adelantan ni atrasan una décima de segundo en la edad del universo (14.000 millones de años). ¿Para qué puede servir semejante precisión? Entre otras cosas, se han hecho demostraciones y hay muchos desarrollos… Estos relojes lograron medir una de las predicciones de la teoría de la relatividad general que a cualquiera le vuela la cabeza: que el tiempo no transcurre igual a distintas alturas, depende del valor del campo gravitatorio. Eso se midió en los años de 1960 en la torre de la Universidad de Harvard: a 22,5 metros hay diferencia en el paso del tiempo; es muy pequeña, pero se logró medir. Medir el tiempo a distintas alturas y ver cómo cambia permite hacer gravimetría, saber el cambio gravitatorio en el lugar donde estás parado. El tiempo depende de si tenés un glaciar, un pozo, minerales. Eso puede tener aplicaciones en geofísica y hasta en prospección geológica. Metrología es un campo muy fértil, por eso el crimen de hacer bolsa el área que trabajaba en el INTI.

“Algo pasó en los últimos 15 años localmente que hizo que la matrícula de física creciera sorprendentemente. Hoy hay mucho estímulo para estudiar física, mucho trabajo para físicos en el sector privado, para manejo de grandes cantidades de datos, modelados, eso que sabe hacer un físico”

-Paso ahora un poco a un tema personal, que no sé si querés tocar. ¿Cómo fue el proceso de tu ceguera?

-Es un proceso de una maculopatía que no tiene tratamiento, “maculopatía seca” se llama. Es progresivo. Ahora veo algunas luces, pero no veo tu cara. No le conozco la cara a mi hijo de cuatro años. Pero bueno, lo toco , es otra forma de comunicación. Para mí fue muy difícil. Pasé por la etapa de negación hasta que de alguna manera me relajé. Durante la gestión en el ministerio no fue un impedimento, pero tenía problemas sociales porque por ahí no saludaba a alguien importante porque no veía a la gente, entonces pensaban que era un engreído. Pero no, es que no veo. Tuve mucha ayuda, un equipo muy lindo de trabajo que esos cuatro años me dio una gran mano. Pero ahora me resulta imposible ver el pizarrón, entonces doy clases de manera distinta, hay que trabajar distinto, y depende todo de la memoria. Puedo hacerlo porque es como cerrar los ojos y ver las fórmulas en el pizarrón.

-¿Necesitás alguien que te escriba en el pizarrón?

-Trato de trabajar en equipo. Si se me ocurre algo, primero lo pienso y después lo rearmo con esa persona. Uso dispositivos para escribir en la computadora, que me lee, el teléfono me habla; hoy hay dispositivos que ayudan mucho. Pero tuve que tomar clases para aprender a caminar con bastón. Si no tomás clase, te matás, es todo un arte.

-¿Y cómo es que no tiene esa maculopatía solución tecnológica con tantos ciberdesarrollos?

-Mi problema es en la retina, que es una interfase muy compleja porque es el lugar donde se relaciona el ojo con el cerebro, de ahí se desarrolla el impulso nervioso al cerebro. A mí se me deterioró la retina y no se sabe cómo revertirlo y volver a crear células. Es un problema complejo. Por supuesto, estoy atento a que aparezca algo y soy capaz de dar uno de los dos ojos para probar una tecnología, no me importa ser conejo de indias. Pero, en fin, trato de pasarla bien aunque hay cosas que antes hacía y ya no puedo hacer. Igualmente intento ser útil con lo que sí puedo. Y volví a ser padre de grande. Además de mis hijos de 38 y 32 años, tengo al pequeño de casi 4 años. Es un desafío, lo disfruto, él sabe que no veo, me ayuda, para él es la normalidad tener que darme la mano para atravesar una puerta.

-El último tema que quería tocar es el de las nuevas vocaciones científicas. Alguna vez contaste que tu tesis de cosmología estuvo influida por la serie Cosmos de Carl Sagan; ahora hay niños que quieren ser físicos por series como Stranger things donde puede haber referencias a la teoría de los agujeros de gusano. ¿Ese es el camino para que siga habiendo científicos en la era de las redes sociales y los celulares omnipresentes?

-Hay siempre distintos estímulos que los chicos reciben que los mandan a zonas un poco estupidizantes y otros que nos salvan. En mi época fue Cosmos, aunque quizá ahora me aburriría si la viera, por una cuestión de ritmos. Debo decir, de paso, que sigo yendo al cine y mi mujer me cuenta cuestiones clave de lo que se ve; y series también veo. Creo que Borges también iba al cine pese a su ceguera. Por esto de la progresividad mi situación es parecido a lo que sufría Borges, en ese aspecto. Y respecto de lo de la ciencia que moviliza mucho a los chicos, fíjate la repercusión del streaming del Conicet. O en la cancha de Argentinos Juniors que 30.000 personas hayan cantado “Conicet, Conicet, Conicet” . La verdad es que se lo merecen, porque ahora toca bancar a la ciencia después de tantos malos tragos y está bueno. A mí me gustaba Tecnópolis en su momento y tuvo impacto en vocaciones de jóvenes en sectores no tan acomodados. Pero además algo pasó en los últimos 15 años localmente que hizo que la matrícula de física creciera sorprendentemente. Hoy hay mucho estímulo para estudiar física, mucho trabajo para físicos en el sector privado, para manejo de grandes cantidades de datos, modelados, eso que sabe hacer un físico; y está lleno de físicos en lugares impensados como Wall Street. Lo normal era 120 estudiantes por año, hoy ese número casi está triplicado.

-¿Qué te parece que sugiera entonces de título que sos el “Borges de la física”?

-. Nooo… De todos modos, mi larga mano no llegará a censurarte . Pero, pará, ¿mi mujer sería Kodama?

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/juan-pablo-paz-esta-lleno-de-fisicos-en-lugares-impensados-como-wall-street-nid25012026/

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