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Juana Viale, íntima: su mirada sobre la belleza, los desafíos deportivos extremos y la posibilidad de suceder a “La Chiqui”

MAR DEL PLATA.- A cara casi lavada, con jeans y remera, pareciera continuar con la costumbre familiar de detener el paso del tiempo. Genética, le atribuyen algunos. En su caso, además, rigor en l...

Juana Viale, íntima: su mirada sobre la belleza, los desafíos deportivos extremos y la posibilidad de suceder a “La Chiqui”

MAR DEL PLATA.- A cara casi lavada, con jeans y remera, pareciera continuar con la costumbre familiar de detener el paso del tiempo. Genética, le atribuyen algunos. En su caso, además, rigor en l...

MAR DEL PLATA.- A cara casi lavada, con jeans y remera, pareciera continuar con la costumbre familiar de detener el paso del tiempo. Genética, le atribuyen algunos. En su caso, además, rigor en la alimentación y entrenamiento físico. Juana Viale, lógicamente, es una mujer joven, pero además aparenta menos edad de la que marca su calendario.

Nació pocos días después del estallido de la Guerra de Malvinas y, a lo largo de sus 43 años, hizo y deshizo a su modo. Fue rebelde y arisca. Miraba de reojo al mundo artístico y el ecosistema mediático, seguramente como un modo desafiante de poner un pie fuera del foco de la opinión pública, en el que toda su familia siempre estuvo expuesta por determinación y por estelaridad. Imposible escapar de todo eso cuando se es la nieta de Mirtha Legrand.

Sin embargo, una epifanía sucedió. Un quiebre. Encontró su vocación en la actuación e inesperadamente, también se convirtió en conductora de ese formato tan único y asociado indisolublemente al nombre de su abuela, aunque siguió viviendo a su modo. Con la libertad como bandera.

Matrimonios, rupturas, hijos, pérdidas de las más dolorosas que se pueden experimentar, elecciones artísticas que se corren de lo que, comercialmente, sería previsible; desafíos deportivos extremos. ¿Quién es esta chica?

“Termino eufórica, pero, a la horita, comienza a drenar la información, la energía de todo lo que pasó”, sostiene Viale, acomodada en un sillón cómodo que mira al mar en el lobby del hotel Costa Galana, donde acaba de terminar de grabar el primer programa de la temporada de verano de Almorzando con Juana, que se verá este domingo por la pantalla de eltrece, mientras que la noche anterior se descorrerá el primer telón de La noche de Mirtha, las ya legendarias “mesazas” de su abuela.

Juana Viale se dispone a chalar con LA NACION y no se percibe en ella ningún rasgo de cansancio, luego de la siempre estresante tarea frente a cámaras que se continuará a lo largo de todo enero y que, según lo previsto, retomaría la rutina en el habitual set porteño a partir de febrero.

De movida, cuando se le consulta si existen diferencias entre su vínculo con el personaje público bautizado como Mirtha Legrand y su abuela, la mujer de puertas adentro no duda en confesar, categórica: “Mi vínculo es con mi abuela, no con Mirtha Legrand. A Mirtha no la conozco todavía, no la dejo entrar en nuestra relación".

-¿Y cómo son esas charlas?

-Muy de abuela y nieta; nos hablamos con verdad, sinceridad y cariño. Con mucho respeto, nos decimos todo. Ella es “muy abuela” y, por otra parte, le tengo una enorme admiración. Admiro mucho a una persona que, todos los días, toma la decisión de levantarse de la cama. Tiene 98 años y es mucho lo que hace con tanta dedicación. Me enorgullece cualquier ser humano que tenga su voluntad y profesionalismo.

“Admiración y respeto”, remarca, por si quedaran dudas de cómo la atraviesa la figura de esa mujer casi centenaria que todo un país coronó como diva y leyenda.

“Amo hacer el programa en Mar del Plata. Además, sucede algo particular con los invitados, es energético. Estar al lado del mar se entromete en todos; por eso sale fresco, alegre, dinámico”.

Este domingo, los invitados de la primera mesa serán Martín Bossi, Laura Fernández, Florencia Peña, Juan Ingaramo y Fede Cyrulnik. “No estar encerrados en un estudio, que es como una caja negra, hace que todo salga distinto”.

Legado

-Sabemos que Mirtha Legrand es la eternidad encarnada, pero, suponiendo que, alguna vez, decida dar un paso al costado, ¿te evaluás como su reemplazo natural?

-Cuando suceda, si sucede, se tomarán decisiones en ese momento. Nunca hay que bailar más rápido que la música.

-Te tocó asumir esa responsabilidad en el inicio de la pandemia, y con médicos, políticos e infectólogos como invitados. Fue una proeza.

-Fue un Everest.

-Entonces, ¿te ves o no como la persona que va a tomar el guante del legado?

-No sé, será lo que tenga que ser. Es realmente difícil, porque la conducción, interactuar con tantas personas, es interesante, pero compleja; siempre es un desafío. Si bien es el mismo formato, depende mucho de los invitados y de los temas. En este momento, no estoy haciendo mesas políticas, sino de entretenimiento, que son más fáciles; no hay temas que quemen. No hablamos de economía, sino de lo lúdico.

Ser

Cuando se le sugiere que bien podría adscribir a la categoría de “mujer empoderada”, utilizando una definición vigente en torno a algunas dinámicas sociales, trata de relativizar tal cuestión: “No sé si pensarme así”.

A la hora de rotularse en función de sus vínculos de pareja, mira para atrás y entiende que “no podría rescindir deseos propios y personales; soy curiosa, me gusta indagar, cuestionar, salir del lugar de confort constantemente, me costaría mucho postergarme”.

-Para la mirada del afuera, se te percibe como alguien que siempre fue por lo que quiso, en su trabajo y en su vida personal.

-Sí, aunque fui madre muy joven y, durante muchos años, prioricé mi maternidad e irme a vivir afuera en pos de mis hijos, pero buscando esos espacios donde poder realizarme.

-La vida de pareja no ha anulado ese deseo.

-Me parece tan corta la vida para postergar algo por otra persona... Aunque seguramente valga mucho, pero nadie vale tanto como uno mismo. Son decisiones que cuestan caro.

-¿La libertad paga costos?

-Por supuesto.

Entrenada

Así como apuesta y difunde la alimentación consciente y suele mostrar algunas “recetazas” caseras en la cocina de su casa de Beccar, al norte del Gran Buenos Aires, Juana Viale apuesta por los desafíos físicos, en muchos casos bastante extremos.

Ciclista, nadadora y corredora. El año pasado trepó el Mont Ventoux, un duro tramo del Tour de France; pedaleó en el Gran Fondo de Nueva York; corrió la Media Maratón de Buenos Aires y fue parte del Ironman de San Pablo.

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Al observarla, cuesta entender que su contextura menuda pueda ser puesta a prueba en semejantes desafíos o, precisamente, debido a su físico cauto y fibroso, puede cumplir con estas aventuras, muchas veces acompañada por su hermano y, en otros casos, por Yago Lange, su novio -deportista y activista ambiental-, con quien realizó una travesía oceánica -el cruce del Atlántico- de varias semanas a bordo de un velero.

-¿Cómo resultó la experiencia en San Pablo?

-Fue el 21 de septiembre del año pasado, un Medio Ironman, un enorme desafío, que disfruté mucho. Ahora me estoy preparando para otro que será en mayo, pero no digo dónde, no lo quiero quemar.

-¿Qué pruebas implica?

-El nado es de 1,9 kilómetro, a eso se le suman 90 kilómetros de bicicleta y se corren 21 kilómetros.

Habla de “disciplinas de nado, bicicleta y atletismo”. Es precisamente “disciplina” aquello que la define para poder cumplir con semejantes retos que, además, redundan en su lozanía. “Vivo el paso del tiempo con naturalidad, orgánica y biológicamente. Estoy amigada con el paso del tiempo, es algo natural y lógico que suceda. Me gusta la maduración de las cosas; esos procesos que forman parte de la vida”, sostiene y agrega “también pienso en cómo una fruta o un árbol transitan hacia la plenitud”.

-Procesos.

-Es cíclico, incluso la naturaleza respeta las cuatro estaciones. Para mí es muy llevadero lo que implica el curso de la vida, lo que me molesta es todo lo otro.

-¿El artificio por detener la evolución?

-Me chocan los preventivos. Una cosa es cuidarse y otra es caer en un extremo. Me cuido, me chequeo con los médicos y me hago mis mimos de belleza, pero no puedo y no me gusta luchar contra lo inevitable.

Alejada de los artificios invasivos, se niega a ese tipo de sometimientos y se alarma ante la propalación de determinados procedimientos, aun en personas jóvenes: “Hay una moda en la gente joven de hacerse cosas en el cuerpo que, según mi punto de vista, no se necesitan. También entiendo que, para muchas personas, incide la inseguridad y por eso recurren a algunos tratamientos, para sentirse más plantados. En mi caso, trato de trabajar las inseguridades desde otro lugar. Entiendo que no puedo hacer lo mismo que a los 20 años, pero hago un montón de otras cosas”.

Rápidamente, marca la diferencia entre los tópicos de la belleza y los cuidados que tienen que ver con la salud: “Se trata de dormir lo suficiente, comer bien, hacer deportes; la salud también responde a una organización interna, una dinámica, pensamiento..”.

-¿Hacés o hiciste terapia?

-Hice terapia toda mi vida. Soy una chica de terapia. Me encantaría volver a la tradición del psicoanálisis. Todo tiene su tiempo, hay una etapa para probar cosas nuevas y luego regresar. Volví a muchas esencias, a los orígenes.

A pesar de su enorme exposición, siempre buscó alejarse del ruido permanente que apareja su labor pública. Su actual relación con el deportista Yago Lange le permite amalgamar su vida privada con ese deseo del bajo perfil y de la afición por el activismo en defensa de la naturaleza y la práctica deportiva más desafiante. “Es tranquilo y relajado, tenemos una vida muy reservada. Vivimos, pero no estamos expuestos a lo público”.

Otros espacios

Si bien fue parte de proyectos de claro corte comercial -tanto en cine como en televisión- lo cierto es que suele involucrarse en desafíos artísticos que la apartan de algunos espacios de la industria.

Hace dos años estrenó Juana, una aventura intelectual y física en la que interpretaba parte del ideario de Juana Azurduy, Juana de Arco, la Papisa Juana, Juana la Loca, Sor Juana Inés de la Cruz y Doña Juana, bajo la dirección del coreógrafo Chevi Muraday.

Durante la temporada 2025 fue parte de Subacuática, con texto de Melina Pogorelsky, propuesta teatral site specific en la cual el relato transcurría en una piscina, bajo la dirección de Luciano Cáceres y Fernanda Ribeiz.

“Como en la vida, en la actuación también me gusta experimentar”, dice y naturaliza su opción de no tomar el camino más esperable. Organizando su agenda artística para este año, además de continuar al frente de los almuerzos televisivos de cada domingo, volverá a sumergirse en las aguas de la ficción. “Hay un proyecto que estamos creando desde cero, incluida la dramaturgia”, explica en torno a la propuesta, que será dirigida por el chileno Luis Barrales y que tendrá carácter unipersonal y performático. En cuanto al formato audiovisual, sigilosamente anticipa que “estoy detrás de un material cercano a la comedia”.

Antes de finalizar la charla, confiesa que ya extraña a su hija Ámbar -de facciones muy parecidas a las suyas- y, entre risas, no duda en confesar que “la última vez que lloré fue hace dos días, cuando nos separamos”.

-Imaginemos que esta entrevista se repite dentro de 20 años. ¿Cómo vamos a encontrarte?

-¿Veinte? Me dicen cinco años y ya estoy perdida... No lo sé. Puedo ir para cualquier lado. Me podrían encontrar en el medio de un pueblo desconocido, que habla otra lengua; haciendo el programa, quizás dirigiendo o teniendo un restaurante.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/juana-viale-intima-su-mirada-sobre-la-belleza-los-desafios-deportivos-extremos-y-la-posibilidad-de-nid10012026/

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