La boda real más incómoda: el día que la princesa Beatriz desafió a los Países Bajos para casarse con un joven exsoldado alemán
Fue una de las bodas reales más incómodas de la historia moderna. Cuando la princesa Beatriz anunció su compromiso con Claus von Amsberg, el 28 de junio de 1965, el primer ministro neerlandés, ...
Fue una de las bodas reales más incómodas de la historia moderna. Cuando la princesa Beatriz anunció su compromiso con Claus von Amsberg, el 28 de junio de 1965, el primer ministro neerlandés, Jo Cals, habría declarado: “Un alemán... ¡qué lástima!”. Veinte años después del final de la guerra y de la ocupación nazi, la nacionalidad del futuro esposo de la futura reina hirió sensibilidades en el pueblo.
Una multitud enfurecida, compuesta principalmente por estudiantes, marchó por las calles de Ámsterdam. Se pintaron esvásticas naranjas, el color de los Orange Nassau, en los muros de la ciudad. Y hubo una petición que reunió más de 65 mil firmas que exigía al Parlamento rechazar el matrimonio.
La barbarie desatada con la invasión nazi de su país, en 1940, estaba aún en carne viva. También resonaba en el corazón de la Familia Real que, con la reina Guillermina a la cabeza, tuvo que huir y exiliarse en Inglaterra.
Muy a su pesar, Claus encarnaba un pasado doloroso. Había sido soldado en la fuerza aérea de la Wehrmacht, el temible ejército creado por el führer. Además, como muchos jóvenes alemanes de su generación, abrazó con fervor las Juventudes Hitlerianas.
El amor inesperadoClaus von Amsberg fue el único hijo varón de Nicolás Felix de Amsberg y la baronesa Augusta Julia Adelaida Marion María dem Bussche-Haddenhausen. Era descendiente de la pequeña nobleza. Pasó parte de su infancia en África Oriental, donde su padre explotaba una plantación de café, antes de regresar a Alemania para continuar sus estudios. Allí fue reclutado, en 1942. Fue hecho prisionero al final de la guerra y sirvió como intérprete en campamentos aliados. Tras ser liberado, estudió Derecho en Hamburgo y forjó luego una carrera en la diplomacia de Alemania Occidental.
La princesa Beatriz y Claus se conocieron en la víspera de Año Nuevo de 1962, en casa de unos allegados en Westfalia. Se volvieron a ver, siempre en Alemania, en casa de amigos comunes y practicando deportes de invierno. Pero los cronistas de palacio coinciden en que el romance comenzó en el castillo de Kronberg, durante la boda de la princesa Tatiana Sayn Wittgenstein y el conde Mauricio Hesse, en 1964.
Mantuvieron su relación oculta todo lo que pudieron. En mayo de 1965, un paparazzo retrató a la pareja caminando de la mano en el jardín del castillo de Drakensteyn. La publicación de la foto precipitó las cosas. El 28 de junio de 1965, desde el palacio de Soestdijk, la reina Juliana anunció oficialmente el compromiso por televisión.
Además de enamorar a la futura reina, Claus tenía un desafío mucho mayor por delante: conquistar al pueblo holandés. Y lo primero que hizo, como primera muestra de respeto, fue aprender neerlandés y recorrer todo el país, solo o acompañado de su prometida. Un dato curioso: Claus era un políglota brillante que dominaba el inglés, francés, español, portugués y suajili.
El Parlamento ordenó una investigación para evaluar el rol y la responsabilidad de Claus durante el nazismo. El resultado es categórico: informes provistos por los Aliados que lo detuvieron en 1945 determinaron que Claus no sentía simpatía por los nazis.
Así, sin más, el Parlamento dio “luz verde” para la boda de su princesa heredera.
Se cuenta como leyenda -y se repite en muchas crónicas- que, para demostrar su firme voluntad de casarse con Claus y asegurarse una respuesta positiva del Parlamento, la princesa había comenzado una huelga de hambre que duró tres días.
La boda más incómodaEl 10 de marzo de 1966, hace exactamente 60 años, la princesa heredera al trono de los Países Bajos unió su destino al de Claus von Amsberg.
Fueron dos ceremonias, celebradas en el mismo día. Los novios viajaron en la deslumbrante Carroza Dorada desde el Palacio Real hasta el Ayuntamiento. Las crónicas de la época destacan que durante el trayecto, de tan solo 1,5 kilómetro, el vehículo recibió todo tipo de proyectiles. Le tiraron piedras e incluso dos bicicletas, objeto que es símbolo de la ciudad. Pero no consiguieron evitar que la futura reina se casase por civil con su prometido alemán (que había adoptado la nacionalidad neerlandesa meses antes).
Cuando se retiraron del Ayuntamiento, se registró un nuevo incidente que encendió todas las alarmas. Una bomba de humo arrojada por alguien mezclado entre el público explotó cerca de los caballos, pero no logró espantarlos.
Le siguió luego la boda religiosa, en la iglesia de Westerkerk, la protestante más importante de la ciudad, justo detrás de la casa de Ana Frank. Más de 5000 agentes de seguridad, entre policías y soldados, fueron movilizados. Hubo otra marcha de opositores a la boda en las calles de Ámsterdam. Por precaución, por temor a posibles atentados, se registraron los grupos sanguíneos de los invitados.
Fue la primera boda que se transmitió en directo por televisión en la historia del país. Miles de hogares siguieron la ceremonia desde sus hogares.
Ámsterdam estaba fría. El cielo, bajo y gris. Los invitados tuvieron que soportar un viento húmedo.
Beatriz lucía magnífica y moderna con su vestido de escote cuadrado en seda blanca y satén duquesa, mangas tres cuartos, cintura ajustada y falda en forma de campana, realzada por una cola de 5 metros que caía desde la cintura. Sonreía porque era feliz, evidentemente, y porque había logrado convencer al Parlamento (y a gran parte de su país).
Consciente de que gran parte del país vería la ceremonia en vivo, para suspirar o criticarla, ordenó colocar una bombilla roja detrás del altar que se encendiese cada vez que la enfocaban las cámaras y así controlar su imagen.
El matrimonio que se celebró allí, en la iglesia Westerkerk, por el que nadie apostaba un centavo, se convirtió en uno de los más sólidos de la realeza europea. Beatriz y Claus permanecieron unidos durante 36 años, hasta la muerte del príncipe consorte en 2002. Tuvieron tres hijos: Guillermo Alejandro (actual rey de los Países Bajos), Friso y Constantino.
Claus logró torcer la opinión de los opositores y, en poco tiempo, se convirtió en uno de los miembros más respetados y queridos de la Casa Real.
A lo largo de su vida, Claus atravesó distintas enfermedades. Sufrió depresión, cáncer y parkinson. En 2002, el año de la boda de su hijo mayor, el príncipe Guillermo Alejandro, con la argentina Máxima Zorreguieta, padeció varias infecciones respiratorias y fue varias veces internado en el hospital. El 9 de agosto sufrió un infarto y el día 6 de octubre, finalmente, murió por complicaciones de los efectos de las infecciones respiratorias y la enfermedad de Parkinson.
Fue despedido con un funeral de Estado que fue acompañado masivamente por el pueblo holandés. Treinta y seis años después de su incómoda boda con Beatriz, una multitud le rindió honores.