“La chica que habla de la adicción al porno”: tiene 18 años y logró que las escuelas de Córdoba trabajen un tema tabú
A los 16 años, cuando cursaba el secundario, Paz María Juárez empezó a notar que algo no andaba bien en su curso. No era un episodio aislado ni un conflicto puntual: eran señales dispersas de ...
A los 16 años, cuando cursaba el secundario, Paz María Juárez empezó a notar que algo no andaba bien en su curso. No era un episodio aislado ni un conflicto puntual: eran señales dispersas de un malestar profundo que circulaba entre pasillos y recreos sin encontrar palabras.
Una compañera con anorexia. Un compañero atrapado en un consumo compulsivo de pornografía. Rumores, silencios, miradas esquivas. “Desde la escuela no se hablaba de nada de esto”, recuerda Paz, que en ese momento era una estudiante con promedio excelente que buscaba involucrarse en el activismo juvenil.
“Estaba un poco metida en todo, pero sin un foco claro. Hasta que vi lo que les pasaba a mis compañeros y sentí que no podía mirar para otro lado”, cuenta hoy la joven, que tiene 18 años, vive en la ciudad de Córdoba y cursa el ingreso a Abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba. “Ahí me empecé a involucrar de lleno en la temática de salud mental”.
Una de las problemáticas que más la movilizó fue el impacto del consumo problemático de pornografía en adolescentes, incluso desde edades muy tempranas. “A partir del caso de mi compañero empecé a investigar y a preguntar. Muchos chicos me decían que habían empezado a consumir pornografía a los 6 o 7 años. Eso me pareció gravísimo”, dice.
“¿Y si tomamos la palabra?"En la escuela privada y tradicional a la que iba Paz existía un ciclo de charlas llamado Educarte, donde profesionales de distintas disciplinas hablaban sobre su trabajo. Paz propuso un giro: usar parte de ese espacio para hablar de salud mental y que quienes tomaran la palabra fueran los estudiantes.
La exposición de Paz sobre consumo problemático de pornografía —un tema que sigue siendo tabú incluso en ámbitos educativos— fue la que generó mayor impacto. La preparó a partir del caso de su compañero, pero también de una investigación profunda.
La dio primero en su escuela y después, invitada por otros docentes, en varias secundarias públicas grandes de Córdoba, entre ellas el colegio Carbó.
El esquema se repetía. Al terminar la charla, siempre pasaba algo. “Se paraba un chico y decía: ‘Esto me está pasando a mí’”. Otros se animaban después, en privado. Relataban su primer contacto con la pornografía a través del celular de un adulto, de un amigo, de un video encontrado al salir de un entrenamiento de fútbol. “No lo tenían identificado como un problema. Lo minimizaban. Recién ahí podían ponerle nombre y pedir ayuda”.
El impacto se multiplicó. Hubo chicos que dejaron de consumir pornografía, otros que empezaron un tratamiento, otros que simplemente pudieron hablar por primera vez sin vergüenza de algo que los incomodaba, que no los hacía sentir bien.
La visibilidad también llegó en escenas inesperadas: en fiestas o boliches, alguien la señalaba y comentaba: “Esa es la chica de las charlas de la adicción al porno”. A ella le daba vergüenza. Tenía 17 años. “Después me decían que nunca nadie les había hablado de esto así”, dice Paz.
“Era un ciclo constante: culpa, porno”Uno de esos chicos que escuchó la charla de Paz fue Benjamín (su nombre fue cambiado para preservar su identidad). No eran amigos. Él la conocía y sabía que ella hacía activismo. “La escuchaba, pero la verdad es que nunca le presté demasiada atención”, admite el chico, de 18 años. En ese momento, su vida estaba atravesada por otra cosa.
Había empezado a consumir pornografía como algo “normal”, que poco a poco se fue convirtiendo en una adicción. “Me sentía mal porque me daba tremenda vergüenza, pero igual volvía. Era un ciclo constante, supervicioso: culpa, porno, culpa, porno. Y yo cada vez me sentía peor conmigo mismo”, relata.
La vergüenza lo aislaba. “Mentía muchísimo”, enfatiza. Sobre sus experiencias sexuales, sobre lo que había hecho. “En realidad no tenía idea de nada. La pornografía me había armado expectativas re altas e irreales sobre las minas, sobre el sexo, sobre cómo tenía que ser yo como hombre. Sin darme cuenta, estaba re machista. Me generaba tanto asco lo que hacía que después no podía ni mirarme al espejo sin sentirme horrible”.
La charla de Paz fue un punto de quiebre para él. “Cuando dijo que la edad promedio de inicio en el consumo era alrededor de los 8 años, me dio miedo. Miedo real. Me di cuenta de que yo era parte de esa estadística, y muchos amigos también, y que nadie nos había explicado lo que eso podía generar a largo plazo”.
Empezó a unir puntos, a entender por qué se sentía así, a reconocer el problema. “Escucharla hablar de algo que a mí me estaba destruyendo, con datos, con verdad y sin alivianarme la información, fue un antes y un después. Me ayudó a empezar a salir de ese pozo y a entender que lo que me pasaba no era normal, pero que tampoco era irreversible ni era el único que pasaba por eso”.
Se trata de un fenómeno que psicólogos, psiquiatras, neuropsicólogos, especialistas en crianza y docentes vienen advirtiendo desde hace años: cada vez más niños y adolescentes acceden a contenidos pornográficos a edades más tempranas. Los impactos repercuten en la percepción del propio cuerpo, en la idea de placer y en las expectativas sobre el otro.
Paz vio todo eso antes de leerlo en papers. Lo vio en sus compañeros. Por eso, además de dar su propia charla, ayudó a otros a preparar las suyas: la chica que había atravesado una anorexia, por ejemplo, investigó junto a los psiquiatras que la habían tratado y contó su experiencia. “No era solo testimonio. Era testimonio más investigación”, aclara Paz.
“Quería generar un impacto real”Impulsado por Paz, el proyecto Educarte fue tomando cada vez más fuerza. El primer año logró incorporar 15 charlas vinculadas a salud mental. Al siguiente fueron 25. En noviembre del año pasado, con el acompañamiento del Ministerio de Educación de Córdoba y el apoyo económico de la Legislatura provincial, se convirtió en un ciclo de tres días con 120 oradores, de los cuales 32 abordaron específicamente temas de salud mental.
Ansiedad, depresión, presión estética, identidad, sexualidad, consumo problemático de pornografía: temas que antes circulaban en voz baja empezaron a discutirse en voz alta, en un formato poco habitual para el ámbito escolar. No hablaban profesionales, hablaban pares.
En 2025, Paz fue seleccionada como una de las 24 integrantes de Tribu 24, el programa de Ashoka Argentina que reúne a jóvenes con iniciativas de impacto social. La salud fue el eje transversal de esa edición.
También rechazó una beca para estudiar Derecho en una universidad privada de Buenos Aires. Prefirió quedarse en Córdoba. “Quería generar una incidencia real en mi provincia”, asegura.
Ese deseo tomó forma en el Proyecto Altavoz, la iniciativa que creó para llevar la experiencia más allá de su escuela. La propuesta es formar a 10 jóvenes de todo el país para que investiguen una problemática de salud mental, construyan una charla y la repliquen en sus territorios. El proyecto cuenta con el apoyo de Girl Up Argentina, la Legislatura y el Ministerio de Educación de Córdoba, y apunta a algo concreto: que la palabra circule donde hoy todavía hay silencio. “Lo poderoso es que hablamos los jóvenes”, concluye Paz. “Y así se llega de otra manera”.
Más informaciónEn las guías sobre chicos y pornografía y trastornos de la conducta alimentaria, de Fundación La Nación, podés encontrar herramientas para detectar señales, iniciar conversaciones y acompañar a niños y adolescentes frente a estas problemáticas.Tribu 24: para conocer más de esta iniciativa de Ashoka se puede visitar su Instagram o ingresar a su sitio web.