Generales Escuchar artículo

La ciudad universitaria para 40 mil estudiantes en un cerro tucumano, un proyecto monumental del que solo quedan ruinas

En el cerro San Javier, ubicado unos 24 kilómetros al oeste de San Miguel de Tucumán, a mediados de la década del 40 se proyectó un modelo de Ciudad Universitaria de vanguardia que sería el or...

La ciudad universitaria para 40 mil estudiantes en un cerro tucumano, un proyecto monumental del que solo quedan ruinas

En el cerro San Javier, ubicado unos 24 kilómetros al oeste de San Miguel de Tucumán, a mediados de la década del 40 se proyectó un modelo de Ciudad Universitaria de vanguardia que sería el or...

En el cerro San Javier, ubicado unos 24 kilómetros al oeste de San Miguel de Tucumán, a mediados de la década del 40 se proyectó un modelo de Ciudad Universitaria de vanguardia que sería el orgullo de Latinoamérica.

Las características de esta urbanización en armonía con un paisaje natural que planeaba erigir la Universidad de Tucumán exhiben una magnitud y una infraestructura que todavía sorprenden.

El lugar incluía construcciones en la base y en la cima del cerro, unidas por un servicio de transporte singular. Tenía además su propio servicio de agua y hasta una usina eléctrica. Era una pequeña ciudad, pensada para albergar entre 20.000 y 30.000 habitantes.

Aquel proyecto tan grandioso quedó trunco pocos años después de haber comenzado. Hoy, en aquel enclave permanece en pie, entre otras cosas, un enorme esqueleto de hormigón que sería residencia para miles de estudiantes. Son los restos de un sueño universitario que hoy tan solo es una sombra de lo que pudo haber sido.

Nace el proyecto

En el año 1946, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, llega como interventor de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) el farmacéutico y doctor en bioquímica Horacio Raúl Descole.

Entre 1948 y 1951, este hombre de ciencia muy destacado en la enseñanza e investigación de la botánica sería rector electo de la casa de altos estudios del Jardín de la República.

Descole impulsó una gran renovación y modernización de la UNT. Organizó nuevos institutos de investigación y, además, aumentó el número de carreras universitarias de cinco a cuarenta.

Entre los departamentos que se crearon en la gestión de esta autoridad universitaria estaba el Instituto de Arquitectura y Urbanismo (IAU), que dirigía el arquitecto porteño Jorge Vivanco, con la participación de sus colegas Horacio Caminos y Eduardo Sacriste.

Con el impulso de Descole y la aquiescencia del IAU es que surgió la idea de hacer un centro urbano que unifique las actividades de las distintas facultades en un ámbito específico.

De la capital a la sierra

Ellos consideraban que la capital tucumana no ofrecía el mejor ambiente para dedicarse a los quehaceres universitarios. “La masa urbana, amorfa e inconexa, no constituye un sitio apropiado para vivir y menos para la investigación y el estudio”, decía un informe sobre el proyecto publicado en la revista Nuestra Arquitectura, de agosto de 1950.

El problema en San Miguel de Tucumán era, entre otras cosas, la dispersión de las sedes académicas, “el clima bochornoso, los ruidos, los gases y el caos citadino”, decía el informe.

Se necesitaba ubicar las múltiples unidades de la UNT en un solo sitio. Y hacerlo, fundamentalmente, en contacto con la naturaleza. Fusionarse con ella. Así es que nació la idea de levantar una ciudad en el cerro San Javier, que era el lugar ideal para dicho emplazamiento.

“Se trata de un sitio de características climáticas positivamente mejores que cualquiera de los adyacentes a la ciudad”, decía un informe de la época sobre el lugar donde se levantaría la ciudad.

Como un reflejo de la importancia que estos precursores le daban al entorno, el texto también aseguraba: “Constituye uno de los pasajes más hermosos e imponentes de la Argentina, con praderas, cañadas y lomadas verdaderamente pintorescas”.

Una ciudad en dos alturas

Todo esto ingresaba dentro de los pilares del Primer Plan Quinquenal del peronismo, que quería darle impulso a las universidades. Por ello el proyecto contó con la aprobación y apoyo del Gobierno nacional, que financió la compra de 18.000 hectáreas para realizar la Ciudad Universitaria. Luego se habló de que en total la compra fue de 14.000 hectáreas, pero no cambia el hecho de que era una superficie verdaderamente extensa.

La urbe universitaria se desplegaba básicamente en dos alturas distintas: el casco superior, ubicado en la parte alta del cerro, a unos 1220 metros sobre el nivel del mar; y el casco secundario, que se hallaba más próximo a la base de la formación serrana, a unos 600 metros sobre el nivel del mar.

En la cumbre del cerro se emplazarían los edificios de las distintas facultades, además de un centro comunal, las imponentes viviendas universitarias, viviendas para docentes y empleados, canchas de diversos deportes, un teatro griego y un estadio con gradas naturales y capacidad para 30.000 espectadores.

En cuanto a lo paisajístico, desde ese lugar en lo alto, según las descripciones de la época, era posible tener una vista que contemplaba, hacia el este, las plantaciones de cañas de azúcar y de naranjos de la campiña tucumana. Más allá, la ciudad de Tucumán y Tafí Viejo y también las chimeneas y los tinglados de los ingenios azucareros. Hacia el oeste se destaca, en cambio, la postal de las montañas y valles del Aconquija.

En el llamado casco secundario, en tanto, irían las facultades de Medicina y Agronomía -con campos de cultivo, huerta y granjas-, escuelas técnicas, secundarias, campos de deportes, un hospital y también bloques de viviendas para alumnos, docentes y empleados.

De la base a la cima en nueve minutos

Además de todo lo innovador de este proyecto para el país, había un elemento que le daba un toque destacado. Es que, para unir la parte de la base del complejo con la cumbre se pensaba montar una línea de funicular.

Este servicio, según el plan, transitaría por la ladera este del cerro, donde recorrería unos 2500 metros en nueve minutos. La capacidad de traslado de pasajeros de este transporte era de 2600 personas por hora en ambos sentidos.

Para ilustrar la idea de la convivencia entre el urbanismo y la naturaleza, en la ladera sobre la que pasaba el funicular se había planificado plantar distintas especies para crear una reserva forestal que incluiría un jardín botánico y un arboretum.

Volviendo a los transportes, también era posible hacer el trayecto entre la base y la cumbre en vehículos por tierra a través de un camino que se construiría para tal fin. Se preveía, además, trazar una nueva carretera para unir San Miguel de Tucumán con la base del cerro mucho más eficiente que la que existía entonces. Tendría más carriles y el recorrido sería más corto.

Pese a las dificultades de un recorrido en altura y repleto de curvas, esta nueva ruta reduciría el tiempo de viaje de una hora a 30 minutos.

Se proyectó que la Ciudad Universitaria se abasteciera de agua a través de un acueducto a gravedad, con una toma desde el río Anfama, ubicado a 1.800 de altura, con el que se pensaba en llenar también un lago artificial que serviría como cisterna de acumulación para alimentar una usina hidroeléctrica en el casco secundario. De este modo, la Ciudad tendría servicio eléctrico autónomo.

“La primera megaestructura del mundo”

La totalidad de la Ciudad Universitaria no pudo construirse. Más bien, entre el comienzo de las obras, en 1947, y su lánguido final, a partir de 1952, se hizo poco. Sin embargo, fue lo suficiente para despertar admiración de los expertos.

La arquitecta y especialista en patrimonio tucumana Olga Paterlini contó al diario La Gaceta que, cuando el prestigioso teórico y crítico de arquitectura británico Reyner Banham vio la estructura que se estaba levantando en el cerro, señaló que se trataba de la primera “megaestructura” del mundo.

Lo que el especialista pudo observar aquella vez fue el esqueleto de hormigón que aún persiste en la cumbre del cerro. Era una de las partes de la residencia pensada para los estudiantes de la Ciudad Universitaria, una mole que, completa -solo se levantó un tercio- mediría 480 metros de longitud, 21 metros de ancho y 30 metros de altura. Con paneles que podían moverse en su interior para modificar los ambientes, el lugar podía albergar hasta unas 4000 personas.

El lago y embalse del casco principal se encontraba en uno de los extremos de esta monumental construcción. Varios caminos peatonales con suaves pendientes conectaban la residencia con las facultades, el centro comunal y las demás dependencias del lugar.

La Ciudad tenía también, en la cumbre y la base, varios bloques de viviendas y un centro comunal techado donde había sitios de recreación, museos, librerías, junto con la administración del lugar, un destacamento policial, una unidad sanitaria y distintas proveedurías.

En cuanto a las facultades en el casco principal, se organizaban en monumentales edificios de siete pisos, de 105 metros de ancho y 195 de largo. En los pisos inferiores se posicionaban las distintas aulas, mientras que en los de arriba se organizaban los laboratorios y los centros de investigación.

“Época de grandes utopías”

“Eran épocas de grandes utopías”, dijo Paterlini en la citada entrevista y añadió: “Se estaban haciendo las Ciudades Universitarias en Caracas, Río de Janeiro y México. Aquí se hacía esta de vanguardia, representativa del movimiento moderno”.

La nueva ciudad estaba abierta a recibir estudiantes, y también docentes, de la región del Noroeste, de provincias como Catamarca y La Rioja, a lo que se agregaban alumnos de otros países de Latinoamérica.

Pero poco tiempo más tarde, aquella utopía universitaria comienza a deshilacharse. A partir de 1949 el progreso del proyecto se va frenando y algo más tarde, con la economía en declive y un cambio político del gobierno, que se vuelve más centralizado, hacen que la obra llegue a un punto de paralización casi completa.

En 1951, Descole deja de ser rector de la UNT y renuncia también la mayoría de los integrantes del IAU. Sin sus principales promotores, y sin los fondos necesarios, la construcción entró en una meseta que se detuvo definitivamente con la caída de Perón, en 1955.

Hoy, en el lugar de la Ciudad Universitaria se encuentra, desde 1973, el Parque Sierra de San Javier. Quedaron de aquel sueño algunas viviendas que eran para los profesores y aquella mole de hormigón, pensada para miles de jóvenes que nunca llegaron a estudiar allí. Un sueño de grandeza que quedó apenas en sus cimientos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/de-1946-la-ciudad-universitaria-para-40-mil-estudiantes-en-un-cerro-tucumano-un-proyecto-monumental-nid05062026/

Volver arriba