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La depredación de lo público

El 23 de octubre último, Lionel Messi recibió el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026 en el Teatro Campoamor de Oviedo, España. Ese mismo viernes comenzó en Buenos Aires el juicio o...

La depredación de lo público

El 23 de octubre último, Lionel Messi recibió el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026 en el Teatro Campoamor de Oviedo, España. Ese mismo viernes comenzó en Buenos Aires el juicio o...

El 23 de octubre último, Lionel Messi recibió el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026 en el Teatro Campoamor de Oviedo, España. Ese mismo viernes comenzó en Buenos Aires el juicio oral por las causas Hotesur y Los Sauces, en la sala AMIA de los tribunales federales de Comodoro Py.

El galardón a Messi fue otorgado por el jurado de la Fundación Princesa de Asturias (con Leonor, presente en el acto) por su trayectoria deportiva, su récord de títulos y su labor solidaria en salud y educación infantil. Los galardones propuestos para Cristina Fernández de Kirchner y su hijo Máximo Kirchner se fundan en los cargos por lavado de dinero, formulados ante el Tribunal Oral Federal N° 5, mediante el alquiler de hoteles e inmuebles a empresarios beneficiados con obra pública direccionada por los Kirchner, en asociación ilícita entre estos y aquellos. Dicho en criollo, por “retornos” que devolvieron con creces los millones apropiados.

El historiador Timothy Garton Ash, quien recibió también el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, en presencia de Messi y su familia, lo tomó como ejemplo de “genio individual y trabajo en equipo” dándolo como lección para la Europa actual en medio de su crisis. Los fiscales Diego Velasco y Juan Argibay Molina, en cambio, explicaron cómo madre e hijo usaron contratos falsos, depósitos en efectivo, habitaciones vacías, aportes del exterior y oficinas ficticias para reciclar ganancias ilícitas resultantes de depredar fondos públicos. Podría conjeturarse que ellos, con Lázaro Báez y Cristóbal López, también trabajaron en equipo, aunque no por la salud y educación infantil, sino como asociación delictiva para enriquecerse a costa de ellas.

Ante desfalcos tan burdos y ardides tan ramplones, surge concluir que “se llevaron la plata que ahora no alcanza”. Y eso sería parte de la verdad, pero no toda, pues la corrupción no solo implica quitar fondos al resto de la sociedad, sino distorsionar la estructura productiva de forma perdurable a través de obras que no debían hacerse, compras que no debían realizarse o privilegios que no debían otorgarse. Esa es la raíz material de nuestra decadencia y motivo de una improductividad de difícil corrección.

Hemos vivido 80 años con un sistema de grandes corrupciones y pequeñas corruptelas que deformaron los quehaceres argentinos, aislándonos del mundo y afectando la competitividad. En 1910 la Argentina era uno de los diez países más ricos del mundo, con un ingreso per capita superior a España e Italia, comparable a Canadá y Australia y muy superior a Chile y Uruguay, que nos han pasado. Se estima que ahora estamos en un nivel 64, pesos más, pesos menos.

El Estado es indispensable, pues sin él no hay organización social, ni obras en común, ni justicia, ni defensa, ni educación, ni salud, siempre que cumpla con sus roles constitucionales. Pero es débil y debe ser protegido del abuso, ya que, a pesar de contar con el monopolio de la fuerza y la autoridad de la justicia, cede con facilidad ante las maniobras de quienes dominan sus estructuras y de quienes, desde afuera, imponen sus intereses en connivencia con aquellos.

Todas las grandes “cajas” de dinero que relucen en la Argentina están en la órbita del Estado, sus empresas o sus agencias. En el mercado privado ningún actor tiene la capacidad financiera de contratar por los montos que manejan aquellas y, además, los dueños cuidan sus billeteras mientras que en las reparticiones se abren con facilidad. Algunos funcionarios políticos negocian “para la corona” con vueltos a sus bolsillos, mientras que los de carrera acatan instrucciones, procurando no “quedar pegados”.

Por esa razón siempre habrá gestores que armen mercados secundarios para transar con lo público usando esquemas similares a los Kirchner y sus cómplices. Y no solamente para enriquecerse con sobreprecios, sino también de formas más sutiles a través de asignaciones de valor que no pasan por las arcas públicas, sino mediante rentas aseguradas o ganancias de capital que encarecen la vida de los demás. Como los regímenes especiales (como el de Tierra del Fuego), las excepciones de construcción, los aportes sindicales, el manejo de las obras sociales, los casinos y tragamonedas, las colegiaciones obligatorias, los aranceles de orden público, los créditos subsidiados o los mercados cautivos con barreras a competidores, ya fueren derechos de importación, regulaciones técnicas o decisiones caso por caso para cobrar peajes.

Durante el kirchnerismo, al usarse los subsidios al transporte como herramientas de corrupción, se distorsionaron los incentivos de las empresas de colectivos en sus cálculos de pasajeros, mientras que los subsidios a la energía, que motivaron importaciones de GNL tramposas, paralizaron las inversiones del sector, impulsaron consumos desmedidos de electricidad y establecieron un patrón de gastos en las familias que no fue sostenible. Y ni qué hablar de los subsidios sociales, que se usaron en provecho de piqueteros, quitándoles ingresos a los más vulnerables.

La Argentina resultante es como una bicicleta cuyas partes no fueron instaladas para mejorar su marcha, sino para hacer negocios entre un armador infiel y proveedores sin escrúpulos. Por un soborno, las ruedas son cuadradas. Por un sobre bajo la mesa, los frenos no funcionan. Y por un viaje al Caribe, la cadena se soltará. No solamente ha existido corrupción, sino que también se ha dificultado el esfuerzo del ciclista, quien, como los argentinos, siente que “la pedalea” y la plata no le alcanza.

Son tan grandes los montos en juego derivados del favor de “la lapicera”, que no es difícil comprar apoyo político, contactos judiciales y buenos asesores para concretar desvíos de riqueza inadvertidos y legitimar luego esas fortunas con la respetabilidad que otorga la billetera, la beneficencia y el paso del tiempo. No es solo un fenómeno argentino, aunque aquí la depredación fue tan grosera, que el ahorro nacional se fugó para no ser esquilmado por los Báez y los López, en connivencia con toda la estructura del gobierno nacional. Y así, nos hemos quedado sin moneda, sin crédito y con ansiedad por mejorar los ingresos antes de reparar la bicicleta.

Serán necesarios muchos años hasta que nuestras ideas y creencias cambien, no solo en cuanto a los valores del esfuerzo y el mérito sobre las “avivadas” y la corrupción, sino también respecto a las instituciones de la prosperidad, como los principios republicanos, las libertades, la propiedad y el contrato.

Los conceptos opuestos han calado tan hondo, que ayer nomás Cristina Kirchner ganó la presidencia en primera vuelta dos veces, en 2007 y en 2011. Y ahora, mientras está sentada en el banquillo de los acusados, el peronismo reclama su libertad sin reconocer que no solo dañó el patrimonio fiscal sino también el bienestar de las familias al destruirse la moneda, ahuyentarse el ahorro y demolerse la productividad. Las peores consecuencias de haber depredado lo público.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/la-depredacion-de-lo-publico-nid01112026/

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