Generales Escuchar artículo

La diplomacia cultural como pilar de la política exterior argentina

Acotada a un sinónimo de bellas artes o entretenimiento, la cultura suele ser subestimada como una actividad inocua, destinada al regocijo del espíritu o al adorno de la gente educada. Sin embarg...

La diplomacia cultural como pilar de la política exterior argentina

Acotada a un sinónimo de bellas artes o entretenimiento, la cultura suele ser subestimada como una actividad inocua, destinada al regocijo del espíritu o al adorno de la gente educada. Sin embarg...

Acotada a un sinónimo de bellas artes o entretenimiento, la cultura suele ser subestimada como una actividad inocua, destinada al regocijo del espíritu o al adorno de la gente educada. Sin embargo, la clásica definición etimológica –del latín colere o cultivar–- revela que la cultura es aquello no dado por la naturaleza, es decir, todo lo que el hombre es capaz de hacer, lo cual plantea una nada ingenua analogía con el poder, explica los conceptos de Soft Diplomacy y Soft Power acuñados por Joseph Nye, e identifica sus cualidades esenciales, como sus infinitas formas, desde la moda hasta los satélites, y su jánica utilidad entre el bien y el mal, sea un libro o la energía nuclear.

Su íntima asociación con el poder permite pensar la cultura desde las ciencias políticas, entre la filosofía política que se pregunta por el deber ser y la sociología política que indaga lo que en realidad es, desatando una tensión con vastos claroscuros, desde siniestros usos posibles como el de la cultura nazi, hasta aquellos virtuosos como agente del desarrollo humano en el plano interno y articuladora entre naciones mediante una política cultural externa ejecutada por la diplomacia cultural.

Países como Francia o el Reino Unido hacen de su diplomacia cultural una herramienta de influencia mundial; Alemania la considera, junto a la política y la economía, como uno de los tres pilares de su política exterior, mientras que potencias como China y la India, con otros estilos, dedican ingentes esfuerzos a la proyección internacional de sus vigorosas culturas.

Distintos son los Estados Unidos, cuyo influjo cultural no surge tanto de un Estado que planifica, financia y ejecuta, sino de las fuerzas de su sociedad, ya sea de potentes instituciones y mecenas privados o bajo la forma del business, como las arrolladoras industrias de Hollywood o de la música popular, que ejercen un ascendiente cultural global sin parangón.

El reconocido prestigio de la cultura argentina en el mundo, producto de una sociedad cuya intrínseca diversidad se expresa en un lenguaje universal, actúa en el doble plano de lo ideal y de los negocios (servicios, productos, royalties, inversiones, turismo, becas, subsidios o trabajo) aquí y en el exterior, conformando una industria cultural de exportación que opera tanto por sí como por asociación con la imagen externa del país, contribuyendo por derrame o spin-off a una “promoción combinada”, potenciándose mutuamente con otras ofertas, como el deporte, la carne, el vino o el turismo.

Si bien la Argentina goza de una capacidad cultural externa como pocos países poseen, su debilidad radica, como el campo o la minería, en ser un potencial no aprovechado al máximo, para lo cual se requieren debates públicos sobre la promoción cultural interna y externa, que infieran de la idiosincrasia nacional que lo óptimo consiste en una política híbrida entre lo que la sociedad es capaz de hacer, al estilo norteamericano, y el rol subsidiario del Estado, al estilo europeo.

La poderosa red de representaciones y diplomáticos profesionales en el mundo sostenidos por el contribuyente de la que dispone el Estado argentino para apoyar a través de la cultura los diversos intereses nacionales en el exterior, por ejemplo, está a disposición para colaborar mancomunadamente con una restauración de aquella notable y centenaria tradición argentina del mecenazgo privado, desde Victoria Ocampo hasta Eduardo Costantini, extensible a todas las escalas de la sociedad civil, para contribuir a exportar cultura y fortalecer la proyección de la Argentina en el mundo.

Diplomático de carrera y doctor en Ciencias Políticas

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-diplomacia-cultural-como-pilar-de-la-politica-exterior-argentina-nid22042026/

Volver arriba