La era del promedio y el salto que la IA no puede dar
Hay una ola creciente de sitios y notas generadas con IA que inunda Linkedin, los buscadores en general y miles de piezas corporativas: son textos correctos, bien estructurados, pero también extra...
Hay una ola creciente de sitios y notas generadas con IA que inunda Linkedin, los buscadores en general y miles de piezas corporativas: son textos correctos, bien estructurados, pero también extrañamente intercambiables. Un análisis de NewsGuard identificó más de mil “granjas de contenido” impulsadas por IA que producen artículos a escala donde la información está, pero sin punto de vista propio, sin mirada, sin voz.
Los modelos son excelentes reconociendo patrones y gravitan hacia lo estadísticamente probable que es el “promedio seguro”. Investigaciones de Stanford y estudios publicados en Science muestran que, aun cuando se les pide originalidad aún produciendo buenos “prompts” para lograrlo, tienden a converger y a achicar la variedad de ideas. Nos estamos llenando de contenidos, pero estamos perdiendo la distinción.
El poder de cambiar la pregunta
Si todo tiende al promedio, lo que rompe el patrón vale más. El publicista Ajaz Ahmed, fundador de una de las agencias creativas más premiadas del mundo cree que lo que la IA está haciendo es elevar el valor de la gente imaginativa. La IA es buenísima detectando patrones y produciendo más de lo mismo. “La creatividad es el salto que rompe el patrón”, dice. La máquina nos da más de lo que ya existe, las personas imaginamos lo que todavía no existe. ¿Cómo se aprovecha esta era?
De su mirada se desprenden tres ideas. Primero, tratar a la IA como instrumento y no como amenaza: los líderes que la usan como herramienta se despegan de los que la temen. Segundo, usar la tecnología para sacar procesos, no personas; renderizar, animar, editar y prototipar hoy están al alcance de cualquiera, y eso democratiza el oficio en vez de achicarlo. Tercero, combinar adopción tecnológica con inversión en capital humano: las empresas que suman las dos cosas desarrollan una ventaja de las que solo recortan y reducen su potencial futuro sin darse cuenta.
La paradoja de Jevons sostiene que el aumento en la eficiencia del uso de un recurso no reduce su consumo total, sino que lo incrementa. Esto ocurre porque la mayor eficiencia reduce el costo relativo de usar el recurso, lo que incentiva una demanda masiva y una mayor expansión económica. Por ejemplo, cuando el motor a vapor hizo más eficiente el uso del carbón, terminamos quemando más. Con la creatividad bien cultivada puede pasar lo mismo: la IA agranda el mercado, no lo achica. El informe anual Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial ubica al pensamiento creativo entre las habilidades que más ganan importancia hacia 2030, junto con la curiosidad y el aprendizaje continuo. Entonces, ¿qué predomina de lo humano en la era de la IA? Justo lo que se vuelve escaso y, por eso, más valioso: el gusto, el criterio, la perspectiva y el coraje de bancar una idea audaz. Dejemos que la IA produzca variaciones infinitas de lo conocido, que el salto que rompe el patrón, todavía, es bien humano.