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La extravagante familia de Leo DiCaprio, entre el underground estadounidense, la bohemia y el sijismo

Antes de que Leonardo DiCaprio se convirtiera en uno de los actores más famosos del mundo, hubo dos personajes decisivos en su historia: George DiCaprio e Irmelin Indenbirken, sus padres. S...

La extravagante familia de Leo DiCaprio, entre el underground estadounidense, la bohemia y el sijismo

Antes de que Leonardo DiCaprio se convirtiera en uno de los actores más famosos del mundo, hubo dos personajes decisivos en su historia: George DiCaprio e Irmelin Indenbirken, sus padres. S...

Antes de que Leonardo DiCaprio se convirtiera en uno de los actores más famosos del mundo, hubo dos personajes decisivos en su historia: George DiCaprio e Irmelin Indenbirken, sus padres.

Sus vidas, marcadas por la Segunda Guerra Mundial, en el caso de ella, la contracultura de los años 60, en el de él, y una forma poco convencional de entender la familia, ayudaron a moldear el universo en el que creció el futuro protagonista de Titanic. Mucho antes de las alfombras rojas y los premios Oscar, la historia familiar de DiCaprio ya forjaba lo que sería una formación ecléctica y particular, mucho más allá de la actuación.

“Lloro por lo que tuvo que atravesar”

La historia comienza lejos de Hollywood. Irmelin Indenbirken nació en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, en un contexto que marcaría su vida. Según relata la biografía escrita por el periodista Douglas Wight, llegó al mundo en un refugio antibombas y atravesó desde muy pequeña situaciones extremas. A los dos años se rompió una pierna y fue trasladada a un hospital desbordado por heridos y refugiados. Su situación enseguida se volvió crítica: las enfermeras apenas podían atender a los pacientes y el estado de la niña empezó a deteriorarse.

Desarrolló una infección grave y pasó más de dos años internada, entre la vida y la muerte. Su madre, Helena Idenbirken —en realidad Yelena Smirnova, una inmigrante rusa— iba todos los días al hospital para cuidarla, porque el personal médico estaba desbordado. Aquella experiencia dejaría una marca profunda en la familia.

Décadas más tarde, Leonardo recordaría esa historia con emoción. “Terminó por contraer cinco o seis enfermedades graves y pasó dos años y medio, tres años, internada. En realidad, la daban por muerta. Lloro de pensar en lo que tuvo que atravesar. Tengo una foto de ella, su primera foto, luce un pequeño vestido, se la ve demacrada, con la panza así ”.

Cuando Irmelin tenía 11 años, la familia emigró a Estados Unidos y se instaló en Nueva York, como muchos europeos que buscaban reconstruir sus vidas después de la guerra. Allí comenzaría una nueva etapa que, años después, terminaría conectándola con el mundo artístico y contracultural de los años 60.

Un “hippie” despeinado

En 1963, Irmelin se inscribió en la universidad. Ahí conoció a George DiCaprio, un joven de espíritu libre, inmerso en la escena cultural alternativa de la época. De raíces italianas y alemanas, había nacido en 1943 en Estados Unidos. Wight lo describe como un “hippie” de cabello largo y despeinado, de “look bohemio”.

Su abuelo había emigrado desde Nápoles a bordo de un barco de madera, un viaje arriesgado que alimentó, de algún modo, el espíritu aventurero de la familia. George heredó esa inclinación por la libertad y se convirtió en un miembro activo de la escena literaria underground. Entre sus amistades se encontraban figuras centrales de la generación beat, como el poeta Allen Ginsberg y el escritor William S. Burroughs, además del dibujante de cómics Robert Crumb.

En esa época, compartía habitación con Sterling Morrison, guitarrista de The Velvet Underground, y ya había escrito un cómic, Baloney Moccasins, junto a su antigua novia, Laurie Anderson, una reconocida artista performática y poeta. Esa vida bohemia, marcada por la mezcla de arte, música y experimentación cultural, sería el contexto en el que más tarde crecería su hijo.

Las personalidades de George y de Irmelin eran muy diferentes: él, sociable; ella, reservada y obstinada. Pero la pareja se enamoró rápidamente. Compartían el gusto por la aventura, el sueño de recorrer el mundo. Dos años después de conocerse se casaron y pasaron el final de la década de 1960 inmersos en el mundo de la contracultura.

La “primera opinión artística”

“Cuando Irmelin quedó embarazada, a comienzos de 1974, la vida parecía seguir el curso natural, pero algunas fisuras comenzaban a fragilizar la relación. Atraídos por el Oeste, se mudaron a Los Ángeles. Estaban entonces ‘llenos de esperanzas en los grandes ideales del Oeste que prometían una vida mejor’, como más tarde le confiaría Leo DiCaprio a la revista Vanity Fair. Apenas llegados a Hollywood, se vieron obligados a vivir en uno de los barrios más pobres de la ciudad y tuvieron que arreglárselas con apenas lo suficiente para pagar las cuentas”, narra Wight.

George trabajaba instalando amianto, también conocido como asbesto, un material aislante muy común entre los 60 y los 70, mientras que en su tiempo libre distribuía cómics y organizaba lecturas de autores beatnik en librerías locales. Irmelin, por su parte, encontró empleo como secretaria jurídica.

Durante ese período, y en pleno embarazo, decidieron viajar a Italia, en lo que sería una especie de segunda luna de miel. En Florencia visitaron la galería Uffizi, un palacio museo con una de las colecciones de arte más antiguas e importantes del mundo. Wight cuenta que en ese contexto, mientras observaban una pintura de Leonardo da Vinci, Irmelin sintió que el bebé le pateaba la panza. Lo interpretó como una señal, una “primera opinión artística” del bebé, y decidió que si el niño era varón llevaría lo llamaría Leonardo, como el pintor.

Para cuando Leo nació, el 11 de noviembre de 1974, el matrimonio de sus padres ya mostraba señales de desgaste. La relación se deterioró y se separaron oficialmente cuando cumplió un año. Con el tiempo, el propio actor expresaría: “Mis padres se habían divorciado incluso antes de que yo viniera al mundo, pero eso nunca me hizo sufrir. Mis padres eran los rebeldes de la familia. Son personas que lo hicieron todo y que no tienen nada que demostrar”.

La contracultura y la pobreza

A pesar de la ruptura, George e Irmelin intentaron mantener una dinámica poco convencional para criar a su hijo. Primero, convivieron por un tiempo. Pero George “se sentía asfixiado por la vida familiar”. Buscaron la mejor opción para su hijo, por lo que decidieron alquilar casas linderas en Echo Park, un suburbio en Los Ángeles.

No era un barrio protector. Vivía cerca de la intersección de Hollywood Boulevard y Western Avenue, una zona conocida por la prostitución y el consumo de drogas. En varias entrevistas, Leo contó lo que, entonces, era una visión de todos los días: gente fumando crack o inyectándose heroína. “Había una gran red de prostitución en la esquina de mi calle, crimen y violencia por todas partes. Era como Taxi Driver en muchos sentidos", relató a Los Angeles Times.

La situación económica de todos era precaria, y enseguida empezaron los problemas por la pensión alimentaria. El conflicto sobre cuánto debía pagar el padre terminó en una disputa judicial mediante la cual fue obligado a dar 20 dólares semanales, lo que dejaba a Irmelin con la mayor parte de la responsabilidad económica.

El nuevo rol de madre soltera, mientras trabajaba, no fue fácil: además de la plata, no conseguía guardería para su hijo que, según las descripciones, era “caprichoso y colérico”. Un día, él se puso a llorar: “¿Me voy a quedar acá solo todo el día? ¡Quiero quedarme en casa!”. Ante la falta de opciones, se convirtió en niñera para él y otros niños del vecindario.

Por su parte, George introducía a su hijo en un mundo completamente diferente. Seguía frecuentando a los artistas y figuras de la contracultura, entre ellos, ahora también al polémico gurú Timothy Leary, que recién salía de prisión por tráfico drogas, defensor del LSD y “el hombre más peligroso de Estados Unidos” según habría dicho Richard Nixon. También lo llevaba a festivales y encuentros artísticos.

De hecho, en un festival de teatro Leo habría tenido su primer contacto con el oficio. Sobre ese momento, recordó: “Mi padre me sugirió: ‘Vamos, subí al escenario’. Recuerdo encontrarme frente a una multitud de rostros llenos de expectación. Después empecé a bailar, tap tap tap… La multitud lo adoró. Y me dije: ‘¡Es a mí a quien miran, a mí!’. Imposible detenerme. Me tuvo que sacar mi papá del escenario”.

De él rememora otra anécdota que resumiría esa personalidad bohemia, hippie. Tenía apenas seis años: “Estábamos sentados en el auto cuando de repente papá me anunció: ‘Para mi primera relación sexual, yo tenía tu edad. Deberías intentarlo’. Pero yo no estaba interesado. Le dije: ‘Callate, papá, no tengo ganas. Prefiero hacer la tarea’”.

Esa infancia marcada por la pobreza, pero también por el arte, terminó moldeando su mirada sobre el mundo. En otra entrevista explicaría que crecer en ese ambiente le permitió conocer desde muy temprano “los dos extremos del espectro social”.

“Parecen extras en esta película”

Con el paso de los años, George rehízo su vida junto a Peggy Farrar, con quien se casó en 1995. Ella tenía un hijo de su relación anterior, Adam Farrar, que se convirtió en el hermanastro de Leo. Según El País, el actor “se lleva bien con Peggy, y de pequeño estuvo muy unido a su hermano mayor, Adam Farrar, quien le precedió en el mundo de la interpretación. El actor de Titanic comenzó siguiendo los pasos de su hermanastro en anuncios y campañas publicitarias, pero finalmente fue él quien alcanzó el éxito”.

Adam tuvo una breve carrera como actor infantil en los años 80. Participó en distintas series y comerciales. Sin embargo, su trayectoria tomó otro rumbo y terminó alejándose de la industria. Por un tiempo, los dos mantuvieron una relación estrecha. Incluso cuando Leo ya vivía el éxito de su carrera, lo llevaba a las fiestas del ambiente, pero mientras este, después de lo que había visto a lo largo de su infancia, se mantenía alejado de las drogas y las adicciones, Adam cedió a la tentación. Finalmente, el vínculo se deterioró.

Peggy también es una figura particular. En las alfombras rojas puede verse, a veces, a una mujer de turbante junto a George. Es ella. Su estética responde a la religión que profesa: el sijismo, una doctrina que surgió hace más de 500 años en la actual India.

Con ella se cierra el círculo de las tres mayores influencias de DiCaprio: arte, cultura alternativa y espiritualidad. Aunque Leo no suele hablar abiertamente de su vida privada ni de su familia, lo cierto es que todos fueron sus grandes sostenes. Irmelin lo llevaba a las audiciones, George lo acercaba a la cultura, lo intimaba a tener “una vida interesante”, sin importar el éxito.

En conversación con Variety, una frase del actor resumía esa herencia: “Mis padres eran totalmente hippies, revolucionarios mucho más radicales que yo”.

Las personalidades excéntricas de su padre y su madrastra dieron lugar a una anécdota curiosa durante el rodaje de Érase una vez en… Hollywood. En una entrevista con Time, contó: “Mi madrastra es sij. Mi padre pertenece a la contracultura hippie. Creció en San Francisco y Los Ángeles. Pasó mucho tiempo con el movimiento artístico underground rante los 70. Y recuerdo que estábamos doblando la esquina de Musso & Frank’s, en el bulevar de Hollywood, cuando le dije a Brad Pitt: ‘Esos de ahí son mi padre y mi madrastra’. Y él respondió: ‘Sí, claro’. Y le dije: ‘Son ellos’. Y me dijo de nuevo: ‘Sí, claro’. Yo le repetí: ‘Sé que parecen extras en esta película, pero son realmente ellos. Así es como se visten todos los días’. Fue un momento increíble”.

“A mis padres, gracias por escuchar a un niño de 13 años demasiado ambicioso y un poco molesto que quería ir a audiciones todos los días después de la escuela. No estaría acá sin ustedes”, agradeció en la entrega de premios SAG en 2016, cuando se llevó el premio por El Renacido.

Ahora, mientras lleva adelante la campaña camino al Oscar como mejor actor por la película Una batalla tras otra, puede verse a Leo en compañía de su mamá. Como siempre, en sus discursos y acciones evidencia ese vínculo inquebrantable, el agradecimiento por el apoyo incondicional de la familia que lo formó y que lo llevó a ser uno de los más grandes de Hollywood.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/la-extravagante-familia-de-leo-dicaprio-entre-el-underground-estadounidense-la-bohemia-y-el-sijismo-nid11032026/

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