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La guerra cognitiva ya se libra en Medio Oriente

Mientras Donald Trump insiste en que su paciencia tiene un límite, los incidentes en el estrecho de Ormuz continúan y el frágil cese del fuego en Gaza pende de un hilo. En paralelo, evoluciona y...

La guerra cognitiva ya se libra en Medio Oriente

Mientras Donald Trump insiste en que su paciencia tiene un límite, los incidentes en el estrecho de Ormuz continúan y el frágil cese del fuego en Gaza pende de un hilo. En paralelo, evoluciona y...

Mientras Donald Trump insiste en que su paciencia tiene un límite, los incidentes en el estrecho de Ormuz continúan y el frágil cese del fuego en Gaza pende de un hilo. En paralelo, evoluciona y se intensifica una guerra invisible. Miles de israelíes reciben ciberataques personalizados diseñados para afectar la moral social mediante mensajes orientados a socavar la tranquilidad colectiva. El objetivo es claro: erosionar el ánimo de la población y desgastar psicológicamente a los ciudadanos israelíes.

Mensajes de texto amenazantes procedentes de Irán buscan sembrar el pánico. Aunque este tipo de metodologías han sido utilizadas desde hace siglos, la digitalización amplificó su alcance, simplificó el accionar de los atacantes y redujo significativamente sus costos. Se trata de una nueva dimensión del conflicto, conocida como “guerra cognitiva”, cuyo propósito consiste en provocar reacciones emocionales intensas, negativas y desestabilizadoras en las víctimas.

Durante el ataque terrorista iniciado en la madrugada del 7 de octubre de 2023 fueron lanzados al menos 5000 cohetes sobre territorio israelí. Al mismo tiempo, terroristas palestinos atacaron y tomaron bases militares, además de irrumpir en viviendas particulares y espacios públicos. El saldo fue devastador: 1195 muertos, entre ellos 766 civiles y 36 menores de edad, además de 251 personas secuestradas y trasladadas a la Franja de Gaza.

Los atacantes portaban armamento sofisticado, esto es, granadas de mano, lanzadores de cohetes, ametralladoras pesadas, fusiles de francotirador y explosivos. Sin embargo, también llevaban cámaras GoPro para registrar el ataque y sus consecuencias. Hoy se sabe que la violencia sexual ejercida durante y después de la ofensiva contra mujeres y hombres fue sistemática, al igual que los abusos cometidos contra rehenes secuestrados en Gaza. Los perpetradores transmitieron en tiempo real fotos y videos de las atrocidades a familiares de las víctimas mediante redes sociales y plataformas como Telegram.

Pero el terror no terminó allí. Se expandió hacia los familiares, alcanzó al conjunto de la sociedad israelí y buscó impactar también al mundo occidental mediante recursos tecnológicos destinados a propagar el miedo y activar los mecanismos más oscuros de manipulación psicológica y propaganda. Se trató de un perverso esquema de hostigamiento ciberterrorista. Resultaron frecuentes, por ejemplo, las coronas fúnebres enviadas a las casas de familiares de secuestrados con leyendas como “que en paz descanse”. Muchas de esas operaciones eran gestionadas a través de plataformas de comercio electrónico utilizando identidades falsas y medios de pago digitales obtenidos ilegalmente.

En la actualidad, y especialmente durante la madrugada, numerosos israelíes reciben mensajes de texto masivos -hasta seis por hora- provenientes de distintos números telefónicos. Los contenidos, redactados en inglés, incluyen referencias políticas y militares directas, amenazas de bombardeos y llamados a trasladarse a refugios o aprovisionarse ante eventuales ataques.

A esto se suman los “mensajes personalizados”. Los terroristas apelan a tácticas de manipulación emocional mediante advertencias dramáticas o solicitudes de cooperación con supuestas agencias de inteligencia extranjeras. Para otorgar credibilidad a esos contactos, incorporan datos personales reales de los destinatarios.

La guerra cognitiva aparece así, como un concepto contemporáneo estrechamente vinculado a la era digital. Tanto la OTAN como los Estados Unidos la investigan como un marco estratégico orientado a convertir la neurociencia, la tecnología informática y las redes sociales en instrumentos capaces de influir sobre la manera en que las sociedades piensan, reaccionan y se comportan. La verdadera disputa no se desarrolla únicamente en el plano militar, sino también en la conciencia colectiva. La tecnología, en definitiva, es apenas el vehículo.

En mayo de 2026, grupos vinculados a Irán intensificaron sus ciberataques contra Israel, concentrándose en infraestructuras críticas y profundizando las operaciones de guerra psicológica. Además del envío masivo de mensajes amenazantes y divisivos a teléfonos israelíes, las acciones incluyeron la filtración de datos pertenecientes a unidades de élite, como la Unidad 212 de Maglan, y la exposición de supuestos agentes del Mossad. Paralelamente, el gobierno de los Estados Unidos informó que grupos asociados con Irán habían logrado comprometer sistemas de control industrial, conocidos como PLC. Entre los episodios detectados se destacó un ataque sobre sistemas utilizados para regular los niveles de combustible en tanques de almacenamiento que abastecen de gasolina y diésel a estaciones de servicio en distintos puntos del país.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-guerra-cognitiva-nid07072026/

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