La médica que ayudó a morir a su madre, enfrentó a la justicia y abrió el debate sobre la eutanasia en el mundo
Antes de que la eutanasia encontrara un lugar en las leyes, hubo un caso en los Países Bajos que puso el debate sobre la mesa: el de Geertruida Postma, una médica que ayudó a morir a su madre de...
Antes de que la eutanasia encontrara un lugar en las leyes, hubo un caso en los Países Bajos que puso el debate sobre la mesa: el de Geertruida Postma, una médica que ayudó a morir a su madre después de que esta le suplicara que lo hiciera. Así, lo que hasta ese momento parecía una discusión filosófica o moral se convirtió en un caso que llegó a los tribunales y obligó a la sociedad neerlandesa a enfrentarse a una pregunta incómoda: hasta dónde podía llegar la autonomía de una persona frente al sufrimiento y qué lugar debía ocupar la Medicina en esa decisión.
Geertruida Ebeldina Postma, conocida como Truus Postma, era médica clínica. Su madre, Margina Grevelink, de 78 años, había sufrido una hemorragia cerebral (ACV) y arrastraba un deterioro severo: estaba parcialmente paralizada, era sorda, tenía dificultades para hablar y debían atarla a una silla para evitar caídas. En ese contexto, había expresado en varias ocasiones su deseo de morir, mientras la familia seguía de cerca el agravamiento de su estado.
El 19 de octubre de 1971, Postma le administró una dosis letal de morfina en la residencia de ancianos donde estaba internada. Luego avisó a las autoridades del establecimiento. Aunque el director médico de la residencia le había prometido registrar la muerte como natural, finalmente dio aviso al forense. Lo que debía quedar en el ámbito privado terminó así en manos de la Justicia.
El proceso judicial, realizado en Leeuwarden a comienzos de 1973, sacudió a la sociedad y tuvo repercusión internacional. Bajo la legislación vigente en ese entonces, si la justicia encontraba a Postma culpable podía castigarse con hasta 12 años de prisión. Más de 1700 vecinos de Noordwolde -en su mayoría pacientes de Postma y de su esposo, Andries, también médico- impulsaron una campaña de firmas en su apoyo. El llamado “caso Postma” quedó así como el primer gran antecedente judicial de la eutanasia en los Países Bajos.
Finalmente, Postma fue condenada a una semana de prisión condicional, con un año de libertad condicional. La pena fue leve, pero el impacto del caso fue contundente: más que cerrar la discusión, la abrió. A partir de entonces, la eutanasia dejó de ser apenas un dilema moral o médico y empezó a ocupar un lugar cada vez más visible en el debate público neerlandés.
La discusión no terminó en los tribunales. En 1973 también se fundó la Asociación Holandesa para la Eutanasia Voluntaria y, con los años, el tema fue ganando espacio en la política, en la Medicina y en el Derecho. Décadas más tarde, en 2002, los Países Bajos se convirtieron en el primer país del mundo en regular la eutanasia mediante una ley específica. Desde entonces, la eutanasia y el suicidio asistido solo pueden realizarse si un médico cumple los requisitos que marca la ley y reporta el caso para su revisión.