La orquídea “cara de mono”: la extraña flor que parece un animal y huele a naranja
La familia Orchidaceae es una de las más grandes y diversas dentro de las fanerógamas (plantas con flor), con aproximadamente 25.000 a 30.000 especies, incluidas en casi 800 géneros. A esta dive...
La familia Orchidaceae es una de las más grandes y diversas dentro de las fanerógamas (plantas con flor), con aproximadamente 25.000 a 30.000 especies, incluidas en casi 800 géneros. A esta diversidad natural se le suman alrededor de 60.000 híbridos y variedades producidas a través del fitomejoramiento.
Presentan diferentes formas de crecimiento: pueden ser hierbas, subarbustos, lianas; con respecto al hábito, perennes o vivaces; a su forma de vida: terrestres, epífitas, semiacuáticas, saprófitas, subterráneas. El nombre de la familia procede de la palabra griega orkhis, que significa “testículos” y fue empleado por Teofrasto de Ereso (c. 371 - c. 286 a.C.) en su obra De causis plantarum para nombrar una planta de este grupo. El término hace alusión a la semejanza que presenta la pareja de tubérculos de muchas especies con aquellos órganos. Quizá este fuera el comienzo de uno de los mitos que en la historia rodearon a estas plantas, en pocas palabras, que poseen propiedades afrodisíacas.
Por otra parte, es una de las familias con mayor número de especies en peligro de extinción y una de las más vigiladas dentro del CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), hecho que se debe principalmente a la recolección por encima de niveles permitidos de algunos taxones con valor ornamental, que ha diezmado a las poblaciones naturales, así como la destrucción paulatina de sus hábitats, lo que reduce sus probabilidades de supervivencia. Desde siempre las orquídeas han despertado un gran interés entre los cultivadores, por lo que han sido intensamente recolectadas y traficadas.
Sus representantes son altamente especializados en síndromes de polinización, que garantizan la fecundación cruzada: algunas orquídeas tienen la capacidad para producir cambios en sus colores a fin de atraer a los insectos, dado que carecen de néctar. Su larga evolución las lleva a utilizar artimañas visuales para engañar a insectos (y también a otros polinizadores) para así atraerlos hacia sus flores.
Entre la originalidad de sus flores inusuales, hay algunas que “imitan” a abejas, como ocurre en Ophrys apifera, una orquídea que usa colores llamativos para atraer a los polinizadores, además de su forma y su olor. Ha evolucionado de tal modo que uno de los pétalos de esta orquídea imita la forma y el olor de una abeja hembra (este artilugio se denomina labelo, donde el pétalo medio es modificado y se distingue claramente de otros pétalos y de los sépalos por su gran tamaño y su forma generalmente irregular).
Pero una curiosidad mayor en esta familia la constituyen las llamadas “orquídeas cara de mono”, por el parecido de sus flores con la cara de un simio. Corresponden al género Dracula, que incluye a más de un centenar de especies: D. simia, D. gigas, D. vampira, D. olmosii, entre otras.
El nombre del género, Dracula, deriva del latín: “pequeño dragón”, y hace referencia al extraño aspecto que presenta con sus dos largas espuelas que salen de los sépalos. Se distribuyen desde el sur de México hasta Perú, y se piensa que hasta una quinta parte de estas pueden ser especies de origen híbrido natural.
Las plantas incluidas en este género son mayormente epífitas, aunque algunas especies pueden tener hábito terrestre. La polinización suele ocurrir por dípteros que frecuentan hongos y son atraídos a las partes sexuales de la flor debido a la similitud que existe entre el labelo y las lamelas de los cuerpos fructíferos de algunos hongos. Las flores, a pesar de ser muy vistosas por sus formas particulares y poco comunes, no suelen durar más de una semana y son extremadamente sensibles a la baja humedad y las altas temperaturas. Dracula simia es nativa de la selva ecuatoriana y los bosques peruanos, en una altura de 1000 a 2000 metros. Prospera en la sombra profunda, ama la humedad y prefiere temperaturas frías. Además de su aspecto extraño, las flores de las orquídeas “cara de mono” también tienen una fragancia familiar: huelen a naranjas maduras cuando florecen, que atrae a los insectos que las polinizan.