Generales Escuchar artículo

La pesadilla de vivir siempre en deuda

Los ...

La pesadilla de vivir siempre en deuda

Los ...

Los datos de morosidad en nuestro país preocupan. El número de deudores que no pagan su crédito es sumamente alto y esa morosidad, más allá de lo que significa en el plano político o estrictamente económico, incide mucho en la salud mental de las personas en esa situación.

Es verdad lo que algunos dicen: deberíamos estar acostumbrados a vivir en deuda, ya que cada argentino nace debiendo algo así como US$10.000 por aquello de la deuda externa. Pero la visibilidad que la morosidad actual tiene es de otro tipo, ya que en ella figura el nombre, apellido y firma de cada deudor, lo que ubica al mismo en un terreno generalmente angustioso, sobre todo cuando la intención es honesta y la deuda se fue de las manos.

Ser deudor moroso es algo que afecta fuertemente el estado de ánimo de aquellos que ven que la bola de nieve crediticia, intereses mediante, crece de manera inversamente proporcional a la capacidad de pago. Más allá de lo que digan las leyes de la economía, en términos de salud mental lo mejor es, sin dudas, vivir al contado: una versión psi del famoso “vivir el presente”.

La mirada de un budista: "Te ordeña los deseos: estamos continuamente queriendo cosas”

El hecho de poder obtener créditos a un solo clic en el celular no es un tema menor, sobre todo en lo que hace a un porcentaje enorme de morosos menores de 24 años (el 40% de los deudores de esa edad están en mora) que, recién llegados al universo adulto, no pudieron evitar la tentación de obtener dinero que se ofrecía de maneras casi voluptuosas en sus pantallas.

El problema tiene cierta complejidad: por un lado, cada uno debe hacerse responsable de los compromisos que asume. Por el otro, cuando el problema se hace tan extenso, quedarse en lo individual es algo que queda chico a la hora de distribuir responsabilidades.

No es de extrañar que aparezcan situaciones psicológicas intensas en los morosos que se ven imposibilitados de pagar sus deudas.

Culpa por haberse tentadoAngustia por lo que pueden perder debido a la deuda que se acumulaDepresión frente a la sensación de no llegar nunca y no poder gratificarse con logros del presente porque ese presente ya está (real o metafóricamente) embargado a fines de saldar la deuda y sus (altos) intereses.

Los hay que se endeudan para poder poner comida sobre la mesa, pero no son pocos aquellos que, inclusive de manera compulsiva, se endeudan para obtener un pasar económico superior al de su propia economía. Y cuando ven que las cosas empiezan a transparentarse, incurren en conductas impulsivas, huyen para adelante, mienten a sus familias y se sumergen en un espiral de pesadilla, del que es imposible salir sin algún nivel de daño.

Es verdad que hay personas a las que no les importa mucho entrar en mora. Morosos seriales, que tienen ya organizada una manera de vivir sin culpas ni preocupaciones visibles, cerrando la cortina del mundo emocional y perfeccionándose en el juego de escapar de los acreedores.

Son los menos, pero no son pocos, sobre todo en niveles económicos más altos que el de los chicos que se tientan y aprietan el botón equivocado en la aplicación del celular para comprarse unas zapatillas que, luego, no podrán pagar.

No está de más también dedicarle alguna breve reflexión a otro tipo de deudas que no son de orden económico. Se trata de la sensación de vivir en deuda emocional con alguien.

En relación a esto último, vemos que el intercambio de afectos demasiadas veces se pretende homologar al vínculo que se tiene con un banco. Muchos sienten ser “morosos afectivos” o, peor, “acreedores afectivos”, algo que es un problema extenso y habitualmente silenciado.

Seguramente alguna vez haremos una columna para ese tema específico, pero hoy vale solamente apuntar a esas situaciones en las que, en la pareja, la familia o la amistad, sentimos o pretenden hacernos sentir que “debemos” algo, alguien nos “pasa factura” o nos “cobra” con usura por el hecho de habernos ofrecido algo que, en realidad, creíamos era de corazón. En el amor también (sea el tipo de amor que sea), conviene vivir al contado, y que el dar y el recibir sea casi lo mismo en términos de beneficio.

Es muy diferente estar motorizados por el entusiasmo y las ganas que estarlo para “cubrir” una deuda con la que, además, generalmente sentimos estar en mora. En un caso nos mueve lo que abunda (ganas, deseo, entusiasmo, vocación, amor…) y en el otro, un faltante que hay que llenar para no sucumbir.

Es saludable honrar las deudas y responsabilizarse por ellas. A la vez, sirve percatarse de que no estamos en deuda con un ideal por el que, para llegar, hipotecamos nuestra realidad presente. “El verdadero deseo es austero”, se dijo alguna vez, y esa austeridad, despojada de tentaciones excesivas, será el mejor regulador para saber cuándo una deuda debe ser contraída, y cuándo hay que dejar pasar la tentación de eso que es fácil tomar, pero luego es difícil devolver.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/la-pesadilla-de-vivir-siempre-en-deuda-nid05102026/

Volver arriba