La primera película de Titanic: estuvo protagonizada por una sobreviviente y se estrenó poco después del hundimiento
Cuando se piensa en una adaptación cinematográfica del hundimiento del Titanic, la referencia inmediata suele ser la superproducción de 1997 dirigida por James Cameron y protagonizada por Leonar...
Cuando se piensa en una adaptación cinematográfica del hundimiento del Titanic, la referencia inmediata suele ser la superproducción de 1997 dirigida por James Cameron y protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet. Sin embargo, mucho antes de ese fenómeno global existió una película casi olvidada que marcó un hito por ser la primera en llevar la tragedia a la pantalla y por estar protagonizada por una sobreviviente auténtica.
El 16 de mayo de 1912, apenas un mes después del hundimiento, se estrenó Saved from the Titanic. Se trató de un cortometraje mudo de unos diez minutos, dirigido por Étienne Arnaud y escrito y protagonizado por Dorothy Gibson, una actriz estadounidense que había sido pasajera del barco y que logró salvarse junto a su madre en uno de los primeros botes salvavidas.
El filme reconstruía el regreso de una sobreviviente a su hogar y el recuerdo del horror vivido ante sus padres y su prometido. Para que el relato fuera aún más impactante, la cinta intercalaba escenas actuadas con imágenes de archivo reales, donde podían verse icebergs, el capitán original del barco y tomas del Olympic, el buque hermano del Titanic.
Un detalle muy espeluznante del proyecto fue la decisión de Dorothy de utilizar la misma ropa que llevaba puesta la noche del naufragio. Ese gesto, pensado para aportar autenticidad, convirtió a la película en un documento casi testimonial, pero también expuso a la actriz a revivir una experiencia traumática que aún no había procesado del todo.
La recepción de la película se dividió en dos. Si bien se convirtió en una de las producciones más consumidas de la época, debido al morbo que generaba en los espectadores ver imágenes reales del caso, los críticos de cine más reconocidos de la época cuestionaron duramente la iniciativa, ya que les parecía una falta de respeto para las víctimas y familiares de ellas hacer un proyecto de tal calibre a tan poco tiempo de haberse producido la tragedia.
The New York Dramatic Mirror calificó al film de “revoltante” y puso en duda la ética de recrear un desastre tan reciente. Otros medios especializados ironizaron sobre la escasa fidelidad visual y señalaron que tenía “tan poco Titanic como las montañas Ozark”.
En la actualidad es imposible ver Saved from the Titanic, dado que las únicas copias conocidas se perdieron en un incendio en los estudios Éclair en 1914. De aquella producción solo sobreviven algunas fotografías publicadas en revistas especializadas como Moving Picture News y Motion Picture World. Para los investigadores del cine, su desaparición representa una pérdida histórica invaluable, ya que no solo fue el primer film sobre el Titanic, sino también el único protagonizado por una sobreviviente que se interpretó a sí misma.
La desaparición de Dorothy Gibson de Hollywood y las consecuencias de la película en su salud mentalQuien también fue muy importante en la realización de la cinta fue Jules Brulatour, pareja de Gibson en ese momento y principal impulsor de la película. Se cree que fue él quien la presionó para formar parte del proyecto a toda costa y sin considerar las consecuencias físicas y mentales que le traerían.
Pero ese no fue el único hecho preocupante de su romance, dado que, cuando comenzaron a vincularse, él se encontraba todavía casado. Fueron la fama y el poder político en aumento lo que lo obligaron a blanquear su relación con Dorothy, que se disolvió dos años más tarde. Esto le trajo graves consecuencias a la actriz, ya que, para escapar de las críticas hacia su persona, debió mudarse a la ciudad de París.
En consecuencia de todo lo sucedido, Saved from the Titanic fue la última película en la que apareció Dorothy Gibson, quien decidió retirarse de la pantalla grande. La presión del rodaje, sumada al shock emocional que aún arrastraba, le derivó en una crisis nerviosa a sus 23 años.
Con una prometedora carrera por delante, decidió abandonar por completo las artes dramáticas y dedicarse a la música. Esta decisión llamó sin lugar a dudas la atención de la prensa y los espectadores porque, por entonces, era la actriz mejor paga después de Mary Pickford.