La trasladaron en partes, fue vivienda y restaurante y sobrevivió a un incendio
Construida con madera de raulí, típica de la Patagonia, la Casa Castillo cumple 100 años latiendo en el corazón de San Martín de los Andes. En la vivienda patrimonial vivió originalmen...
Construida con madera de raulí, típica de la Patagonia, la Casa Castillo cumple 100 años latiendo en el corazón de San Martín de los Andes.
En la vivienda patrimonial vivió originalmente una pareja de maestros muy recordados en la ciudad: Antonio Ragusi y Raquel Gutiérrez, de la escuela N. 5. Con el traslado de la pareja a una zona rural, la casa se transformó en hospedaje de maestros solteros que llegaban a trabajar desde otras provincias.
Luego, fue sede social de un club y más tarde, en ese terreno, se construyó una oficina del Banco Nación. Para salvarla de la demolición, el matrimonio de Rodolfo Luis Castillo y Aurora Lizaso la cortó por la mitad y la trasladó a su propia vivienda: por un complejo pero artesanal sistema tirado por bueyes la casa “caminó” siete cuadras.
A partir de 1960 la casa mutante tuvo varios usos: vivienda y restaurante, entre otros. Hasta que las llamas consumieron en apenas un par de horas buena parte del techo. El incendio dañó la mitad de la casa.
Los hitos y la restauraciónLa iniciativa de la Comisión Municipal de Preservación del Patrimonio Cultural de restaurar la casa centenaria es inédita, ya que por lo general, las viviendas privadas que se incendian se convierten en edificios o negocios inmobiliarios.
Sin embargo, ésta en particular atesora varios hitos que la transformaron en una de las perlitas del lugar. Fue construida en 1924 por el carpintero Luis Tosi, por encargo del maestro Antonio Ragusi, hijo de un inmigrante italiano que llegó a San Martín de los Andes a principios del siglo XX. Originalmente se ubicaba en el centro de la ciudad, en la emblemática avenida San Martín, esquina Teniente Coronel Pérez, frente a la plaza.
Su diseño respetaba las características de la etapa fundacional del pueblo, con planta en forma de H, galería abierta en la entrada y grandes ventanas con vidrios repartidos. La madera de raulí, nativa de la Patagonia, cuyo color rosado o rojizo deja ver las vetas finas, fue su material predominante. Es simple de cepillar, encolar y barnizar y resulta resistente a los hongos e insectos. El techo se materializó con chapa, con terminaciones de tipo “cola de pato” (con varias aguas), otro clásico de esa época.
Antonio Ragusi y Raquel Gutiérrez vivieron allí mientras trabajaban como maestros en la escuela ubicada al otro lado de la plaza, donde hoy funciona el Correo Argentino. Con la creación de la Escuela Nº 86 de la Vega Maipú, ubicada a 10 kilómetros del centro, Raquel fue designada directora de ese establecimiento y los maestros se trasladaron a ese paraje, que en ese entonces se encontraba en zona rural.
Luego, con la construcción de la intendencia del Parque Nacional Lanín, la antigua casa de los maestros se convirtió en el club social de empleados de ese organismo nacional. Era el punto de encuentro indiscutido, ya que contaba con cancha de bochas, metegol y un bar que frecuentaban socios y vecinos. Funcionó entre 1950 y 1960, cuando el Banco Nación compró el terreno para construir una sede.
Entonces, el matrimonio Castillo quiso salvarla. El traslado revolucionó a toda la vecindad: la casa partida en dos se subió a rollos de madera que asumieron la función de ruedas, aunque la tracción estuvo a cargo de varias yuntas de bueyes. Ya en su nueva locación, en la calle Obeid 956, se unieron las partes.
Del episodio no quedaron fotos, aunque la casa rodante fue retratada por la arquitecta Tili Solanas, ilustradora que integra el grupo de Croquiseros Urbanos del taller municipal que se organiza en San Martín de los Andes.
Impronta histórica, valor simbólico y preservación patrimonial son las claves de un salvataje urbano que habla de la pasión de la ciudad por sus edificios. Pero también, de la preocupación de la Comisión Municipal de Preservación del Patrimonio Cultural, que implementó un convenio urbanístico que beneficia e incentiva a los propietarios de bienes patrimoniales. Fue la primera vez que se implementó en Neuquén y marca un precedente para la provincia.