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La vaginosis bacteriana no afecta solo a las mujeres

NUEVA YORK.— Rara vez un solo estudio cambia el curso de la historia ginecológica. Pero un ensayo clínico publicado este ...

La vaginosis bacteriana no afecta solo a las mujeres

NUEVA YORK.— Rara vez un solo estudio cambia el curso de la historia ginecológica. Pero un ensayo clínico publicado este ...

NUEVA YORK.— Rara vez un solo estudio cambia el curso de la historia ginecológica. Pero un ensayo clínico publicado este año en The New England Journal of Medicine hizo precisamente eso, y parece que ha cerrado uno de los grandes enigmas de la salud femenina.

La vaginosis bacteriana, o VB, es la infección vaginal más frecuente en todo el mundo. Si tienes vagina, hay una posibilidad entre tres de que padezcas VB en algún momento de tu vida.

Durante años, los médicos han sabido que las bacterias asociadas a esta enfermedad también podían encontrarse en el pene. Sin embargo, en la teoría, la VB era solo un problema de la vagina: está ahí mismo en el nombre, vaginosis. Durante 50 años, la ginecología la trató como si fuera un problema exclusivamente femenino, con tratamientos ineficaces que dejaban a las mujeres vulnerables a la reinfección.

El estudio del New England Journal cambió esta situación. Los investigadores siguieron a 150 parejas heterosexuales en las que la mujer presentaba vaginosis bacteriana. Trataron a las mujeres con antibióticos de primera línea y a la mitad de los hombres con antibióticos orales y tópicos. Al cabo de tres meses, descubrieron que el tratamiento de la pareja funcionaba tan bien que tuvieron que disolver el estudio para poder tratar a todos los participantes.

Su conclusión: la VB puede transmitirse por vía sexual y debe tratarse como una infección de transmisión sexual.

Para los médicos que tratan esta enfermedad con regularidad, los resultados del estudio fueron como una reivindicación. “Es muy obvio”, dijo Sarah Cigna, ginecóloga que dirige una clínica de salud sexual en la Universidad George Washington. “No es física nuclear”.

En octubre, el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos aconsejó a sus más de 60.000 miembros que empezaran a ofrecer tratamiento a las parejas masculinas de pacientes con VB persistente. En noviembre, California se convirtió en el primer estado en recomendar a todos los proveedores que trataran a las parejas masculinas. Y este mes, la ciudad de Nueva York anunció que todas sus clínicas de salud sexual ahora tratarían también a las parejas masculinas.

“Esto va a cambiar profundamente la práctica”, dijo Ina Park, investigadora de salud sexual de la Universidad de California, campus San Francisco, y asesora médica de la división de prevención de ETS de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Una frontera siempre cambiante

Desde que se publicó el artículo en la revista, algunos médicos han empezado a llamar a la VB infección de transmisión sexual cuando hablan con las pacientes. Otros, como Cigna, se muestran más reticentes, en parte porque creen que el estigma de una ITS sigue siendo mayor que el de un problema vaginal.

Jeffrey Klausner, catedrático de Medicina y Salud Pública de la Universidad de California, campus Los Ángeles, dijo que el hecho de que exista debate demuestra que la definición de ITS sigue siendo cambiante.

Biológicamente, la mayoría de las enfermedades clasificadas como ITS desafían las definiciones binarias. La palabra “sexual”, para empezar, rara vez cuenta la historia completa. “Cuando la gente oye ‘ITS’, piensa que el pene entró en la vagina y causó la infección”, dijo Cigna, cuando en realidad el sexo abarca mucho más que la penetración del pene.

El VPH, que empezó a conocerse como ITS en la década de 1980, puede transmitirse al tocarse o besarse de cerca; el virus suele encontrarse a menudo rezagado bajo las uñas de los adolescentes. El VIH y el herpes pueden transmitirse a través de agujas compartidas, trasplantes de órganos o transfusiones de sangre, o a través de la placenta durante el embarazo, sin necesidad de contacto sexual.

Lo contrario también es cierto. Los virus que no suelen considerarse sexuales, como el del Ébola o el del Zika, pueden vivir en el semen durante días. La mononucleosis, también conocida como “la enfermedad del beso”, puede transmitirse por vía sexual. El llamado herpes oral suele presentarse en los genitales.

En 2022, Klausner intervino en la creación de una “nueva” ITS: la viruela símica, que, según él, debía reclasificarse tras un brote mundial vinculado a hombres que tienen relaciones sexuales con hombres.

La decisión fue tan estratégica como científica. El objetivo era “conseguir que los líderes de opinión estuvieran de acuerdo en que sí, que se trataba predominantemente de una infección de transmisión sexual y que debía abordarse con nuestros métodos probados para controlar las ITS”, dijo.

En teoría, etiquetar la vaginosis bacteriana como una ITS también podría conducir a esfuerzos de salud pública más enérgicos en materia de educación y control, dijo Klausner. Pero la reetiquetación tiene sus pros y contras. En el caso de la viruela símica, las autoridades médicas tuvieron que sopesar la utilidad de la designación de ITS frente a la probabilidad de que eso avivara las llamas de la homofobia e hiciera que la gente fuera menos propensa a buscar asistencia o a notificárselo a sus parejas.

Si la categoría de ITS fuera un país en conflicto, la VB sería una ciudad en una de sus fronteras siempre cambiantes. La afección cambia de manos según la época y la situación, lo que ha revelado que esas fronteras eran en gran medida artificiales para empezar y ha hecho que algunos médicos se cuestionen los límites de este constructo.

¿ITS o no?

La vaginosis bacteriana desafía la definición convencional de ITS de varias maneras. En primer lugar, no está causada por un agente infeccioso, como la clamidia o la gonorrea. En su lugar, se trata más bien de un cambio en el ecosistema del microbioma vaginal, la rebosante comunidad de bacterias que patrullan los genitales.

“Es una mezcla de cosas”, dijo Caroline Mitchell, ginecóloga y directora del programa de trastornos vulvovaginales del Hospital General de Massachusetts. “No es una sola cosa, es un patrón”.

En segundo lugar, la VB puede transmitirse por vía sexual, pero los investigadores no se ponen de acuerdo sobre si siempre se inicia así. Incluso Catriona Bradshaw, autora principal del estudio y médica del Centro de Salud Sexual de Melbourne, en la Universidad de Monash, se muestra circunspecta: “Es mejor pensar que la VB es transmisible sexualmente”, dijo.

Saben que, una vez que se ha padecido, cualquier cambio en el pH vaginal puede favorecer la proliferación de las bacterias de la VB, dijo Lonna Gordon, especialista en medicina adolescente del Nemours Children’s Health de Florida.

Ese cambio puede ser provocado por duchas vaginales, preservativos, tabaco, lubricantes, juguetes, un DIU, hormonas, semen o un periodo menstrual. “Basta con que haya algo que altere ese entorno, que podría ser un baño de burbujas, llevar un traje de baño por demasiado tiempo, unos pantalones de yoga”, dijo Gordon. Sí, pantalones de yoga.

Al reunir todas estas excepciones, la VB obliga a los investigadores a examinar una cuestión pendiente desde hace mucho tiempo: ¿sigue siendo clínicamente útil el término ITS?

“Quizá haya que cambiar toda la conversación”, dijo Supriya Mehta, epidemióloga de la Universidad de Illinois, Chicago, quien estudia las ITS y el microbioma genital. “Como, ¿a quién le importa una ITS? Es solo un resfriado que resulta que está en tu vagina o en tu pene, ¿no?”.

Independientemente de cómo llamen los médicos a la VB, el hecho de no reconocer que se propaga sexualmente los ha privado de un método fundamental para erradicar una afección increíblemente extendida, con profundas consecuencias para los pacientes.

“Todo lo que sea para la vagina se deja de lado, siempre”, dijo Cigna.

No es física nuclear

Durante años, Cigna luchó contra la VB con una mano atada a la espalda. Todos los médicos que trataban la enfermedad con regularidad veían que las pacientes se reinfectaban, ya fuera por una nueva pareja o por la misma.

Pero sin directrices clínicas, ella podía tratar a quien tenía VB solo con antibióticos o, como último recurso, con un medicamento que reduce el microbioma, conocido como ácido bórico. Estos métodos rara vez funcionaban a largo plazo. En más de la mitad de las pacientes, la vaginosis bacteriana reaparece a los seis meses del tratamiento.

Es un problema grave. Además de causar irritación, flujo y un olor desagradable, la afección puede perjudicar un embarazo y facilitar el contagio del VIH, del herpes u otras ITS, una carga que recae desproporcionadamente sobre las mujeres negras y otras mujeres de color.

La “cura” a menudo agrava el problema. A muchas pacientes se les recetan numerosas tandas de antibióticos, lo que puede provocar resistencia a los antibióticos.

“Lo que hacemos actualmente para la VB es tan malo que la gente se sube a este nuevo carro”, dijo Mitchell en el Mass General. “Estamos desesperados por algo más”.

Para algunas pacientes, pensar en la VB como una ITS resulta liberador. Uno de los pacientes de Cigna, un hombre transgénero de 29 años que había luchado contra la VB crónica durante casi una década, llevó el estudio a su consulta en abril, tras encontrarlo en las redes sociales.

El hombre, que pidió no ser identificado para evitar ser discriminado por futuros empleadores, dijo que siempre le había molestado la insistencia de sus médicos en que la VB era un problema vaginal, “teniendo en cuenta que yo la contraía casi exclusivamente por el sexo”, dijo. “Me parecía un poco, como, culposo”.

Pero si la VB se transmitía sexualmente, significaba que su pareja podía ser parte de la solución. Él y Cigna se presentaron a la consulta con la misma idea: quizá el tratamiento de la pareja fuera una respuesta.

Gracias al estudio, Cigna pudo recomendarle que tomara ácido bórico —ya se había sometido a más de seis rondas de antibióticos— mientras su pareja también recibía tratamiento.

No es un problema ‘tuyo’, es un problema ‘nuestro’

Como la mayoría de los avances de la ginecología moderna, el descubrimiento de la vaginosis bacteriana se remonta a un médico que realizó experimentos con sus pacientes sin su consentimiento. El médico, Herman Gardner, sospechaba que la VB debía deberse a la transferencia de algún patógeno de un lado a otro.

En 1955, Gardner realizó un espantoso experimento para averiguarlo. Transfirió el flujo vaginal de 15 mujeres que padecían VB a las vaginas de mujeres que no la padecían y permitió que las mujeres recién infectadas transmitieran la VB a sus maridos desprevenidos.

Tras cultivar las bacterias de algunos de los maridos, Gardner declaró que la VB era “la más prevalente y una de las más contagiosas” entre todas las ITS. Por sus esfuerzos, el nombre de Gardner quedó consagrado para siempre a la especie de bacteria más asociada a la VB: Gardnerella vaginalis.

En las décadas transcurridas desde entonces, un puñado de estudios han intentado reproducir los hallazgos mediante prácticas más éticas. Todos fracasaron, y eso dejó a los médicos con la impresión de que la VB no era realmente una infección de transmisión sexual.

Había indicios de que esos estudios eran defectuosos. Los investigadores sabían que la recurrencia era mucho mayor en las mujeres que tenían una pareja sexual habitual o que no utilizaban preservativo. También sabían que los microbiomas vaginales de las mujeres con parejas femeninas se parecían bajo el microscopio; si una tenía VB, probablemente la otra también.

“Entonces, ¿por qué no se iba a transmitir entre penes y vaginas?”, preguntó Bradshaw.

Ella atribuyó el fracaso de los estudios anteriores a la escasa financiación, al diseño deficiente de las investigaciones y a la dificultad para que los hombres se comprometan con estudios que no les benefician personalmente.

En mayo, Bradshaw fue incluida en la lista de las 100 personas más influyentes en el ámbito de la salud de la revista Time por “replantear un ‘problema de mujeres’” como un problema de salud pública. La VB ya no era un vergonzoso y secreto “problema de la vagina”. Ahora era un problema compartido entre los miembros de una pareja sexual. No era un problema “tuyo”, sino “nuestro”.

Los médicos no tienen que llamar a la VB una ITS para que los pacientes se beneficien. Podrían describirla con un término más neutro, como infección pélvica o infección del aparato reproductor, dijo Cigna. Eso incluiría también las infecciones del tracto urinario, el trastorno inflamatorio pélvico y las infecciones por levaduras, sin vincular estas afecciones únicamente a las relaciones sexuales.

Gordon describió la vaginosis bacteriana como “una bacteria que se encuentra de forma natural en la vagina y que se nos ha ido de las manos”, dijo. “Yo lo vería más como: has abonado demasiado el césped”.

“Eso me gusta”, dijo Cigna, de la imagen de Gordon. “Puede que lo robe”.

Por Rachel E. Gross

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/la-vaginosis-bacteriana-no-afecta-solo-a-las-mujeres-nid02012026/

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