“Las Carreras”, madre e hijas unidas en la pasión por el teatro celebran medio siglo de trabajo en familia
MAR DEL PLATA.- Repasar la historia -y el presente- del teatro en esta ciudad, ineludiblemente conduce a pensar en un apellido profundamente arraigado a la idiosincrasia de esta latitud del país r...
MAR DEL PLATA.- Repasar la historia -y el presente- del teatro en esta ciudad, ineludiblemente conduce a pensar en un apellido profundamente arraigado a la idiosincrasia de esta latitud del país reconvertida durante cada verano como la capital del espectáculo. Desde hace medio siglo, la familia Carreras ha cimentado buena parte de la tradición escénica marplatense.
Durante la actual temporada, Mercedes, la matriarca de la dinastía, y sus hijas María y Victoria, inclaudicables en su vocación artística, ofrecen diversos materiales de manera simultánea, multiplicando sus roles, ya no sólo desde la actuación, sino desde la dramaturgia, la dirección y la gestión cultural.
“Llevo toda una vida en Mar del Plata, ya ni me acuerdo de cuántas temporadas hice acá”, reflexiona Mercedes Carreras, la dama del teatro que ya sopló las 85 velitas y luce radiante y llena de proyectos.
Actualmente es la autora y directora de Vidas paralelas, espectáculo en torno de la figura de Victoria Ocampo -que lleva varios años en cartel con localidades agotadas-, interpretado por un elenco de actrices locales, con Sandra Maddonni a la cabeza y producción de María Carreras, cuyas funciones se llevan a cabo en la Villa Victoria, la otrora residencia veraniega de la escritora.
“Llevás 53 temporadas, antes que construyeras el Odeón ya habías hecho unas cuantas”, le sopla Victoria Carreras a su madre. Rápidamente, Mercedes repasa: “Debuté con Guillermo Bredeston en el Teatro Colón y después fui al Astral para protagonizar con Luis Sandrini durante dos veranos”.
Luego de ese derrotero, la actriz y su esposo, el prolífico director Enrique Carreras, levantaron el Teatro Odeón, que mantuvieron durante décadas. Hoy, ese escenario ya no les pertenece, pero lleva como nombre el apellido de la familia. Alguna vez, el matrimonio timoneó los destinos del Teatro Re Fa Si.
María Carreras, por su parte, se encuentra radicada desde hace años en Mar del Plata. En esta ciudad, se desarrolló como directora, dramaturga, docente y gestora cultural a través de su propio estudio de teatro. Actualmente, es la autora y directora de Con el fuego en las manos, de brujas a empoderadas, un material que permite pensar el rol de la mujer hoy, que se lleva a cabo a cielo abierto también en Villa Victoria, pero emplazando la zona de representación en los jardines del solar, precisamente debajo de un histórico tilo.
Victoria, a su vez, es una de las protagonistas de Voyeurs, el lado b. El material -que fue escrito por el psiquiatra Walter Ghedin y es dirigido por Mariano Dossena- se puede ver en el Teatro Cuatro Elementos. La pieza ahonda en la realidad de un matrimonio hastiado de la rutina y los artilugios para que la opacidad no los fagocite.
Además, Victoria codirige junto con María una versión musical de El conventillo de la Paloma, el sainete de Alberto Vaccarezza, un clásico de la historia escénica rioplatense, que se convirtió en uno de los éxitos de la actual temporada del Teatro Auditorium.
Incansables, “Las Carreras” respiran escenario; a pasión no les gana nadie. “Llevamos medio siglo haciendo teatro acá”, coinciden las hermanas, asombradas por el propio récord, que, desde ya, no logra empatar al de su madre.
-Arrancaron siendo muy jovencitas.
Victoria Carreras: -Con María debutamos juntas, ella tenía 17 años y yo había cumplido los 10.
María Carreras: -Aquel verano hicimos Catalina chin pum de Norberto Aroldi.
“Siempre fuimos apasionadas y arraigadas”, coinciden las hermanas, mientras que Mercedes no puede más que retrucar con ironía: “No sé a quiénes salieron”. Las tres celebran la ocurrencia antes de hacer una pausa para tomarse algunas fotografías frente al mar. “Las Carreras” se amalgaman con el paisaje tan propio para ellas.
-¿Cómo es trabajar en familia?
V.C.: -Después de 50 años, siento que trabajar en familia es espectacular. A mis 19 años tomé otros caminos, porque todo me parecía muy endogámico, necesitaba expandir y abrirme. Hoy, me resulta alucinante. Trabajar con mi hermana María es un lujo, no conozco mucha gente que posea la potencia de trabajo que tenemos nosotras, somos topadoras.
-¿Discuten?
M.C.: -Hemos discutido mucho, pero, ahora, vamos a lo práctico. Nos escuchamos las diferencias, las distintas miradas de criterio y, enseguida, resolvemos.
V.C.: -Creo que nos ayudó mucho haber cursado juntas la carrera y el posgrado de coaching ontológico, un espacio donde se entrena la escucha.
M.C.: -Y lo asertivo. Entrenamos en no gastar energías de manera inútil, sino estar atentas a las posibilidades que pueden surgir en función, en este caso, de un material teatral.
V.C.: -Cincuenta años después, tenemos mucha memoria compartida entre nosotras y con Mercedes.
-Mercedes, debe ser muy grato observar la continuidad de la estirpe familiar.
Mercedes Carreras: -Por sobre todas las cosas, celebro que cada uno de mis hijos haya tomado el camino que quiso y no un rumbo forzado. Afortunadamente, cada uno de ellos tiene una personalidad bien diferente.
Mercedes y Enrique Carreras fueron padres de cuatro hijos. Además de María y Victoria, la familia se completa con Enrique y Marisa.
-¿Es una madre exigente, Mercedes?
V.C.: -No sé si es recta, pero tiene muy claras sus opiniones.
-¿No es de las madres que celebran todo lo que hacen sus hijos?
M.C.: -Para nada, tiene muy buen ojo.
V.C.: -No celebra todo lo que hacemos nosotras ni lo de nadie, es una espectadora aguda. Sabe mucho.
-Para los espectadores, el apellido Carreras conlleva amorosidad, respeto por el teatro y se vincula con la recuperación de grandes nombres de nuestra escena. Para ustedes, ¿qué significa llamarse Carreras?
M.C.: -En mi caso es por partida doble, porque mi apellido de soltera también es Carreras. Hay un lazo de amor muy grande con el público y también con Mar del Plata. Es un ida y vuelta tácito, de respeto, una valorización. Hay mucha historia vivida acá.
Comienzan a contar anécdotas. Recuerdan a Oso, el perro que les regalaron Luis Sandrini y Malvina Pastorino, el mismo que les “robó” un peceto recién cocinado a mamá Mercedes y que la actriz, ya enfundada para salir rumbo al teatro, tironeaba con el animal para salvar alguna presa. “Tenía puesto los stilettos que se le clavaban en el césped del jardín”, se mofa Victoria ante la postal familiar. Y todas se ríen. “Ganó el perro”, concluye María. Aquella madrugada, post función, terminaron abriendo latas de atún para llevar a la mesa, y la mascota, que había disfrutado del manjar, observaba a la familia mientras descansaba en un rincón del amplio living del chalet del barrio Los Troncos.
“Recuerdo que, en medio de una función, se produjo un apagón general en Mar del Plata. En ese momento, se les planteó a los espectadores la posibilidad de devolverles las entradas o continuar viendo el espectáculo con el escenario iluminado con velas. Nadie se movió. Todo el mundo siguió disfrutando de la función y, en el saludo final, ovacionaron a los artistas. Cuando se dice que el teatro es resistencia, es eso”, argumenta María.
Mercedes va más allá en el tiempo y su anécdota tiene como protagonista a un ilustre: “Mi debut junto a Luis Sandrini fue en la obra Mi querido profesor, de Alfonso Paso, quien vino desde España para presenciar el estreno. Cuando mi personaje, que lucía hot pants, salía de escena, le decía al de Sandrini “adiós, mi querido profesor” y hacía un ´mutis´. En ese momento, la máscara de él, que era extraordinario, se llenaba de lágrimas, pero se quedaba de espaldas al público para que, en mi salida de escena, la gente me aplaudiera solo a mí. Si él hubiese girado un segundo y mirado al público, me mataba el remate. Hay que ser grande y muy generoso para hacer eso, Luis Sandrini lo era”.
InmigracionesUna de las gratas sorpresas de la actual temporada marplatense es la versión de El conventillo de la Paloma que codirigen María y Victoria Carreras. Tal la respuesta del público que, a las cuatro funciones iniciales del mes de enero, se le sumaron dos presentaciones más que se realizarán en febrero, siempre en la sala Payró del Teatro Auditorium.
V.C.: -Es una mirada nueva sobre la obra. El despliegue que tiene esta puesta es descomunal, por la cantidad de actores, los músicos en vivo, el nivel del vestuario y la escenografía, no es habitual, por eso no puedo dejar de destacar la tarea de María como gestora cultural.
-Victoria, en tu caso, codirigís, pero también interpretás a “La Doce Pesos”, uno de los personajes más queribles de la pieza.
V.C.: -No me quería bajar del escenario, pero necesitaba a alguien con quién compartir la mirada artística y de puesta, no lo podría haber hecho con otra persona que no fuera ella.
La pieza, ambientada en el patio de un conventillo porteño a comienzos del siglo pasado, muestra la cotidianeidad de ese ecosistema de códigos propios en el que convivían las familias de inmigrantes recién arribadas al puerto de Buenos Aires.
-¿Por qué hacer hoy El conventillo de la Paloma?
M.C.: -Aparece con mucha vigencia lo cultural y lo social que proponía Alberto Vaccarezza.
V.C.: -Es muy importante pensar la obra desde la mirada en torno al rol de las mujeres y el respeto a las diversidades. Además, se realza el valor de la construcción colectiva.
M.C.: -Cuando releí la obra, me sorprendió cómo el autor, desde la poética del humor, con el objetivo de generar un grato momento en la gente, ponía su lupa en una problemática como la violencia de género, el trato, rol y respeto hacia la mujer. También pensó en qué sucede con la pluralidad de la convivencia en el marco de un conventillo. Hoy, la agenda del mundo piensa en lo relacionado a las corrientes inmigratorias. La idea es poder mirar más allá del propio metro cuadrado que a cada uno le toca.
V.C.: -Se trata de subrayar la diversidad que nos construyó como país.
Más de 40 personas están involucradas de una u otra forma en la realización de esta puesta con preeminencia del talento local, otra de las características del trabajo de la familia Carreras, siempre atenta a amalgamarse con los artistas marplatenses. “Enrique fue el primero que abrió el juego para que los actores que llegaban de Buenos Aires compartieran el escenario con los artistas de esta ciudad que amaba tanto”, determina, con razón, Mercedes.
Cerrar un círculoPara Mercedes Carreras, la realización de El conventillo de la Paloma acarrea resonancias familiares que logran conmoverla. Aunque la actriz nunca ha protagonizado este título, montar la renombrada pieza, estrenada en 1929, era un deseo de su esposo.
“Me afecta en mi sentimiento más profundo, porque Enrique soñaba hacer, como último trabajo, su versión cinematográfica de la obra. Me resulta muy emocionante lo que están haciendo María y Victoria, porque, si bien no es cine, es la mirada de dos directoras actuales, por lo tanto, siento que él estaría también muy feliz con esta puesta de sus hijas, tanto como lo estoy yo”.
Victoria Carreras dirigió una trilogía de documentales en torno al ideario familiar y a la historia del teatro, conformada por los films Merello x Carreras, Hijas de la comedia y Amor y cine. Cuando se le sugiere la idea de producir una película basada en la pieza de Vacarrezza, recuperando el sueño de su padre, redobla la apuesta, “podría ser una miniserie, vamos a plataformizarla”.
-Indudablemente, el espíritu de Enrique Carreras está presente en El conventillo de la Paloma.
M.C.: -Cuándo él quería hacer este sainete en cine, transitaba el último momento de su vida. Recuerdo que le dije “a esta altura no te vas a meter en el lío de filmar de nuevo”, porque, en realidad, yo sabía cómo venía la lógica de su salud.
-Para entonces, su esposo, que ya había rodado cerca de un centenar de películas, ¿qué le respondió?
M.C.: -Si no lo logro, lo dirigís vos. No lo concreté, era un proyecto muy grande, difícil, por eso estoy tan feliz que, ahora, mis hijas estén empujando ese sueño que él quiso.
-En cine o en teatro, ¿era dócil con las indicaciones artísticas de su marido?
M.C.: -Lo que él decía era palabra santa, aunque, con los años, hice oír mi voz.
V.C.: -Ahora se venga escribiendo y dirigiendo.
Casa propiaEnfrentar las puertas vidriadas de la que fuera la sala familiar, en pleno centro marplatense, les genera emociones encontradas. Allí transcurrieron varias décadas de trabajo ininterrumpido, donde “los Carreras” -como todos llaman a esta familia de artistas- generaba sus propios espectáculos acompañados por grandes nombres de la escena como Luis Sandrini, Tita Merello, Malvina Pastorino, Osvaldo Miranda, Jorge Porcel, Eva Franco, Violeta Rivas, Estela Raval y tantos más. La casa por la ventana, El corazón de buen humor, Para alquilar balcones, Humor a plazo fijo, Reír es formidable y Brindis, son algunas de las propuestas que montaron en el Odeón.
M.C.: -Trato de no pasar, porque, a mi pesar, lo tuve que vender.
-¿Cuáles fueron las razones?
M.C.: -Es un teatro que se encuentra dentro de la estructura de un edificio y las expensas, durante todo el año, eran muy costosas, difíciles de afrontar.
V.C.: -A mí me encanta pasar. En este momento, un teatro abierto no puede ser objeto de melancolía, es todo lo que está bien, es fiesta. Mi viejo puso la plata ahí y ahí está. No me importa si es mío o no.
-Mercedes, ¿no siente el deseo de volver a actuar?
M.C.: -Son muchos años de trabajo y una no es la Mujer Maravilla, aunque me gustaría subirme a un escenario con un proyecto con mucha preparación previa. De todos modos, siento que, a esta altura de mi vida, estoy para transmitir, pasar mi legado, a las nuevas generaciones. Me parece que esa es mi tarea actual. Eso no quiere decir que, cuando me siento en la platea de un teatro, no piense “cómo me hubiese gustado hacer ese personaje”. En la vida de una actriz, siempre quedan personajes en el tintero.
“Las Carreras” sienten pasión por el acontecimiento escénico y profundo amor por la ciudad de Mar del Plata. “Lo revolucionario del teatro, en tiempos de tanta pantalla y virtualidad, es que, estamos vivos, se nos caen gotas de transpiración en escena y no hay realidad virtual”, coinciden las tres. Telón.
Para agendarEl conventillo de la Paloma. Próximas funciones: 28 de enero y 8 y 18 de febrero, a las 20 horas en la sala Payró-Teatro Auditorium (Boulevard Marítimo 2280, Mar del Plata).
Vidas paralelas. Lunes a las 21 en Villa Victoria (Matheu 1851, Mar del Plata)
Con el fuego en las manos, de brujas a empoderadas. Lunes a las 19 en Villa Victoria (Matheu 1851, Mar del Plata)
Boyeurs, el lado b. Sábados y domingos a las 23 en Cuatro Elementos (Alberti 2746, Mar del Plata)
*Agradecemos al Torreón del Monje (P.º Jesús de Galindez s/n, Mar del Plata)