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Las diseñadoras de una etiqueta franco-argentina que armoniza ambas identidades y que conquista las pasarelas del mundo

En el gran teatro de la globalización cultural parece haber un guion preescrito para el diseño latinoamericano. La mirada internacional, a veces teñida de una nostalgia paternalista, suele exigi...

Las diseñadoras de una etiqueta franco-argentina que armoniza ambas identidades y que conquista las pasarelas del mundo

En el gran teatro de la globalización cultural parece haber un guion preescrito para el diseño latinoamericano. La mirada internacional, a veces teñida de una nostalgia paternalista, suele exigi...

En el gran teatro de la globalización cultural parece haber un guion preescrito para el diseño latinoamericano. La mirada internacional, a veces teñida de una nostalgia paternalista, suele exigir a quienes crean fuera de los focos tradicionales que se queden en su sitio. Que no compitan con las capitales del lujo, sino que exhiban su pasaporte a través del folclore explícito. Se espera el tango, el gaucho y la pampa. Una moda que funcione más como un recordatorio geográfico que como una pieza de diseño contemporáneo. Se busca el exotismo para decorar las vidrieras del hemisferio norte, una validación que solo llega si la prenda grita su origen con la fuerza de un souvenir.

Cachí, la etiqueta franco-argentina fundada por Belén Frías y Elise Girault, aparece para trastocar este orden con una sofisticación silenciosa. El proyecto no busca reclamar una identidad desde la diferencia radical. Por el contrario, ellas insisten en una palabra que funciona como brújula: la mezcla orgánica. Es en ese intercambio espontáneo donde la marca encuentra su voz, alejándose de los manifiestos rígidos. Lo que proponen es un diálogo fluido entre dos culturas que se miran de frente: un puente entre París y Buenos Aires donde la identidad es el placer de verse reflejada en el otro. Una suerte de espejo transatlántico donde los bordes se desdibujan.

La etiqueta atraviesa un momento de consolidación global. Recientemente, presentaron su colección Otoño-Invierno 2026 en la feria Pitti Uomo de Florencia, el termómetro más implacable del menswear. Tras su paso por Italia, la propuesta aterrizó en las colecciones masculinas de París, exhibiéndose en Sphere, el showroom de la Cámara de la Moda Francesa en el Palais de Tokyo.

Esta trayectoria es fruto de un rigor académico impecable y un instinto compartido. Se formaron durante dos años en el Institut Français de la Mode (IFM), uniendo dos mundos que, en principio, parecían distantes. Belén, de Córdoba, aportó la visión y la tenacidad de la Universidad de Morón y Elise, de Limoges, la técnica milimétrica de la escuela ESMOD. En 2023, tras ganar el Premio del Emprendedor, se instalaron en los Ateliers de Paris. “Todo el mundo trabaja con todo el mundo acá”, comentan sobre la sinergia de la capital francesa. En esos talleres, la creatividad es un ecosistema donde el intercambio de saberes es moneda corriente.

La génesis de Cachí radica en una ausencia, en un vacío de archivo que Belén descubrió al cruzar el océano. “Lo que intentamos transmitir en nuestras prendas es la inspiración de lo vivido”, explica con una convicción que no necesita de adornos teóricos. “Al llegar a París, me di cuenta de que había muy poca información y casi no existían libros sobre mis costumbres o lo que es la Argentina y América Latina en general. Ese silencio fue lo que más me inspiró a contar nuestra historia”.

No se trataba de explicar la Argentina al mundo, sino de habitarla. Por eso, el viaje de Elise al sur fue el rito de iniciación necesario para la marca. “Ella fue para vivir de cerca todo eso que yo le contaba. Fue una experiencia genial que nos permitió compartir esa base para crear”, recuerda la diseñadora. En esa inmersión, Elise descubrió la belleza utilitaria de la “cartera para el mate” y la nobleza de la alpaca, elementos que en Europa no son conocidos. Belén, a su vez, quedó fascinada por la reverencia francesa hacia la porcelana de Limoges y ese gesto casi litúrgico de los comensales que dan vuelta los platos para reconocer el sello de origen. “Tienen una valoración por el saber hacer que es única, un orgullo por la manufactura que resuena con nuestra propia búsqueda”.

Cachí no se interesa por el disfraz del gaucho, sino que prefiere diseccionar su estructura para encontrar nuevas formas de movimiento. Sus diseños respetan la tipología clásica de las camperas, los sacos y los pantalones, pero los intervienen con volúmenes que se sienten contemporáneos. Un ejemplo es su manga distintiva, una pieza que ya se volvió un sello de la casa. “Nació de un poncho salteño rojo y negro que estaba simplemente colgado en una puerta. Al verlo ahí, en esa caída natural, le tomamos una foto y empezamos a trabajarlo para incorporarlo en diferentes piezas”. Esta transformación es la clave de su propuesta. Se trata de tomar un objeto con carga histórica y despojarlo de su peso institucional para devolverle su aura estética. Esta fusión alcanza su punto más alto en el detalle microscópico. Una artesana francesa bordó para ellas la flor de la pasión, nativa de la Argentina, pero bajo la disciplina visual de la porcelana de Limoges, respetando los tonos azules y celestes que definen a la vajilla francesa más lujosa. Incluso el nombre de la etiqueta es un manifiesto fonético. Cachí refiere a la localidad salteña, pero se pronuncia con la cadencia de París. Elise bromea con que en la Argentina “todo lleva acento”, y ese acento es el que le otorga a la marca su personalidad vibrante.

En un mundo saturado de sobreproducción, Cachí elige el camino de la sostenibilidad inteligente. Trabajan con los remanentes de stock de las grandes casas del grupo LVMH a través de la plataforma Nona Source. Esta elección les otorga una libertad creativa que las producciones masivas desconocen. “Al comprar, sabés exactamente de dónde viene el material y cuántos metros hay disponibles”, explican. “Esa posibilidad de acceder a telas de altísima calidad nos permite realizar piezas únicas; como no hay grandes stocks, el diseño tiene que mutar constantemente. Quizás hacemos una campera cinco veces y, cuando se acaba la tela, pasamos a otra historia. Es nuestra manera de repensar el ciclo de la moda”.

La historia de Cachí es, al final, la crónica de un entendimiento mutuo que superó las barreras lingüísticas. En 2018, Belén dejó su Río Tercero natal sintiendo que había tocado un techo de conocimiento al haber sido parte de colectivos de moda y la falta de oportunidad para trabajar en marcas argentinas. Se fue a Francia para conocer y para expandir su mirada sin saber que se quedaría a fundar un nuevo lenguaje. Allí conoció a Elise, quien tampoco hablaba español. Se entendieron a través de las formas, los cortes y las texturas.

La historia de Cachí es, al final, la de dos mujeres que se entendieron sin hablar el mismo idioma. Hoy, mientras conquistan las pasarelas más exigentes, la voz de Belén es la síntesis perfecta del proyecto. En su habla conviven una sutil tonada cordobesa con la cadencia nasal y elegante del francés. Es la prueba de que el diseño ya no necesita validarse bajo las viejas jerarquías de “centros” o “periferias”. Lo que ellas proponen es un territorio nuevo, donde la identidad no es un destino geográfico, sino la armonía de lo que hasta ahora parecía opuesto.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/las-disenadoras-de-una-etiqueta-franco-argentina-que-armoniza-ambas-identidades-y-que-conquista-las-nid22022026/

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