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Laudelina admitió que mintió y contó cómo se montó la teoría del accidente del niño

ROSARIO. En el Escuadrón 48 de Gendarmería hubo un instante este martes en que la teoría que ordenó buena parte de la causa Loan durante su primer tramo se derrumbó con seis palabras. “Nunca...

Laudelina admitió que mintió y contó cómo se montó la teoría del accidente del niño

ROSARIO. En el Escuadrón 48 de Gendarmería hubo un instante este martes en que la teoría que ordenó buena parte de la causa Loan durante su primer tramo se derrumbó con seis palabras. “Nunca...

ROSARIO. En el Escuadrón 48 de Gendarmería hubo un instante este martes en que la teoría que ordenó buena parte de la causa Loan durante su primer tramo se derrumbó con seis palabras. “Nunca vi el accidente, nunca vi nada”, dijo Laudelina Peña, la tía del chico desaparecido, entre lágrimas. Con esa frase pareció clausurar la hipótesis del accidente que ella misma había instalado en las horas más confusas de la búsqueda, cuando el país entero miraba hacia el paraje El Algarrobal, en Corrientes.

La declaración de la tía del niño —más de dos horas de reconstrucción, con quiebres, pedidos de perdón y silencios— fue el testimonio central de la audiencia de este martes. Y lo esencial no fue lo que agregó, sino lo que despejó: la versión del accidente, la escena que durante meses funcionó como explicación de la desaparición de Loan.

Laudelina desarmó su propio relato al asegurar que desde la casa de su madre, Catalina, era materialmente imposible ver el lugar donde estaban los chicos o el sector del naranjal hacia donde habían salido. No pudo haber visto lo que declaró haber observado ese día. Y advirtió que recién con la asistencia de una nueva defensora pudo desmontar aquella primera versión. “Me ayudó a sacar esta mentira del accidente”, dijo.

El punto es decisivo para el juicio, porque la hipótesis de que Loan fue atropellado y, acto seguido, se activó un encubrimiento familiar competía desde el inicio con la teoría que sostiene la fiscalía: una sustracción planificada, con adultos que se llevaron a Loan del naranjal y un entramado posterior para ocultarlo. Si la propia autora del relato del accidente declaró que mintió —y explicó quién le hizo decir lo que dijo, y para qué— la teoría alternativa pierde su principal sostén testimonial.

El nombre que Laudelina repitió con más insistencia fue el de su antiguo abogado, José Fernández Codazzi, un personaje controvertido que estuvo en prisión hace unos meses por otra causa. Según su relato, el letrado apareció en el campo después de una de las reconstrucciones, se presentó como defensor de Antonio Benítez y le acercó un documento para firmar. “Estaba escrito arriba y después el resto era todo blanco, y tenía un sello abajo”.

La tía de Loan sostuvo que Fernández Codazzi volvió el 28 de junio, un día después de un allanamiento, le habló de la información hallada en su teléfono y en el de su hija, y entonces reinstaló la hipótesis del accidente. La frase con la que describió la presión que dice haber recibido fue una de las más duras de la audiencia: “Vino Codazzi y me dijo que tenía que declarar antes de que llegara la ministra porque íbamos a ir presas y a tener perpetua”.

El miedo, según su versión, fue el principal mecanismo de presión que usó Fernández Codazzi. “Se puso a explicarme qué tenía que decir, cómo inventar el accidente, cómo yo había visto cuando salió la camioneta y cómo frenó”, relató. Aseguró incluso que el abogado grabó un video mientras le indicaba qué debía manifestar y que le anticipó que su hija también tendría que declarar en el mismo sentido. “Fue todo expuesto por él. La verdad que hasta el día de hoy no entiendo por qué ni para qué”, cerró, en un tramo en el que volvió a quebrarse.

La logística de esa declaración es, quizá, el aporte más concreto que dejó Laudelina. No habló de un trámite espontáneo, sino de un operativo. Contó que había salido de su casa —entonces rodeada de periodistas por la repercusión del caso— junto a su hija, acompañada por Codazzi y otro hombre. Primero fueron hasta una estación de servicio, donde cambiaron de vehículo porque, les dijeron, no podían dirigirse directamente a Goya con los medios encima.

En ese segundo auto, según su testimonio, viajaba un hombre al que le presentaron como senador, quien sería Diego Pellegrini. Y allí habría aparecido el ofrecimiento: una moto, una casa, hasta un automóvil. La escena, tal como la narró, dibuja menos un asesoramiento legal que una negociación.

Las alojaron primero en un establecimiento hotelero, custodiadas por una mujer de civil. “Nos llevaron a un hotel, un hospedaje… nos dejaron ahí con la chica que era custodia”, dijo. Después, de nuevo con Fernández Codazzi, llegó a la fiscalía de la capital provincial para declarar ante una funcionaria. “Eran las dos de la mañana. Entramos por la parte de atrás y mi hija quedó con la chica en el auto”, precisó.

Laudelina abrió su testimonio, de hecho, con una disculpa dirigida a ese primer relato: pidió “perdón por las mentiras” -y aclaró: “En realidad no fue intención mía, fue el doctor Codazzi”-, y también apuntó contra el excomisario Walter Maciel, cuya actitud en las primeras horas describió como “extraña” —le llamó la atención que preguntara a su madre de qué cuadro de fútbol era mientras buscaban al chico—, y contra el episodio de la radio policial: a la 1.40 se escuchó que Loan había aparecido “y estaba bien”, y Maciel les pidió que esperaran porque él lo traería. “No volvió más”, dijo.

El fiscal Carlos Schaefer había pedido cautela —“no tengo ninguna expectativa de que nos venga a contar algo nuevo”, dijo, recordando que los imputados pueden mentir—, pero también expresó su apuesta de fondo: que la declaración sirviera para romper “el pacto cruel que hay entre esta gente”. Ubicó a Laudelina en “un rol clave”, como la persona que habría coordinado entre los dos grupos “para sacarlo a Loan”.

El clima escaló en un cruce que obligó a un cuarto intermedio. Cuando la fiscalía interrogó a Laudelina sobre Elizabeth Cutaia, el abogado Rodolfo Baqué intervino en defensa de los derechos de su asistida y Schaefer lo acusó de obstaculizar la audiencia. “Cuidate la boca antes de hablar de mí”, le respondió Baqué, en un ida y vuelta que terminó de cargar el aire de la sala. Interrogada sobre si sabía dónde está Loan, Laudelina lo negó y, ante la repregunta de quién debería saberlo, señaló a “los tres mayores que estaban con Loan: Millapi, Ramírez y Benítez”.

Sobre el final de la audiencia, un integrante de Prefectura reconstruyó un episodio tenso en el hospedaje de 9 de Julio donde habían sido alojadas Macarena Peña —la hija de Laudelina— y otras testigos, y volvió a señalar a Nicolás Soria, el hombre que se presentaba como agente de Interpol y al que apodaron “el americano”.

Los prefectos que custodiaron el lugar ya habían descrito un hotel con ventanales tapados con mesas, sillas y lonas para impedir ver el interior, mientras la prensa aguardaba afuera. En ese marco, Soria se mostraba reticente a identificarse, exhibía credenciales sin número y sostenía que no podían exigirle nada porque “se manejaba con gente más poderosa”.

Un dato conecta ambos relatos: esa noche, un Peugeot 208 negro sin patente y una camioneta salieron rumbo a Goya porque Macarena iba a declarar en la fiscalía, y la joven fue y regresó en el auto que conducía Soria. El mismo patrón —traslados nocturnos, testigos escoltados por civiles, declaraciones a horas insólitas— que Laudelina acababa de describir desde adentro.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/seguridad/laudelina-admitio-que-mintio-y-conto-como-se-monto-la-teoria-del-accidente-del-nino-nid08092026/

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