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Laura Fernández, de las peleas con Bossi a su flamante relación con un polista y cómo es trabajar con su ex Fede Hoppe

MAR DEL PLATA.- Llega manejando su propio vehículo que un colaborador se encargará de estacionar para que la actriz pueda descender, saludar al público que la aguarda en la vereda del teatro Nep...

Laura Fernández, de las peleas con Bossi a su flamante relación con un polista y cómo es trabajar con su ex Fede Hoppe

MAR DEL PLATA.- Llega manejando su propio vehículo que un colaborador se encargará de estacionar para que la actriz pueda descender, saludar al público que la aguarda en la vereda del teatro Nep...

MAR DEL PLATA.- Llega manejando su propio vehículo que un colaborador se encargará de estacionar para que la actriz pueda descender, saludar al público que la aguarda en la vereda del teatro Neptuno y recibir a LA NACION antes de la función de la comedia La cena de los tontos, que protagoniza junto con Martín Bossi y Gustavo Bermúdez.

“Gracias por la observación”, devuelve cuando se le remarca que trazó un camino artístico lejos de la comodidad. Bailarina, actriz, conductora, todos rótulos para definir a Laura Inés Fernández, la mujer nacida en Mataderos que fue por lo suyo, aún cuando aquello le costó sacrificar algunos usos y costumbres de toda adolescente.

Fue “soñadora” del Bailando de Marcelo Tinelli, condujo el certamen televisivo Combate y debutó en teatro hace una década en una comedia pasatista en Villa Carlos Paz.

Tiene 35 años, es menuda y tiene un rictus algo aniñado. En el último lustro dio grandes saltos artísticos, protagonizando el musical Sugar -que había estelarizado Susana Giménez en la década del ochenta- y fue la cabeza de compañía de Legalmente rubia, otro título de factura internacional.

“Me planteo no hacer siempre lo mismo, ni quedarme con los roles que siento que me calzan bien y me sientan más cómodos. Trato de buscar un desafío distinto en cada proyecto, mostrar algo diferente. Fue una decisión dejar pasar ofertas que, en cierta forma, eran más de lo mismo, porque, cuando te va bien con algo, se busca que lo repitas”.

En el contexto de la pandemia condujo el Cantando -también bajo la mirada atenta de Marcelo Tinelli- y en los últimos dos años fue parte del staff de elnueve, al frente de la animación de Bienvenidos a ganar.

Para todos es “Laurita”, un apodo que ella disfruta y convirtió en marca. El mismo con el que se para de frente cada vez que algún amorío de su vida personal trasciende más que su propio trabajo artístico.

“Me encanta que me digan ‘Laurita’, es un modo de cariño”, reconoce en el atardecer marplatense, esa “hora mágica” en la que el sol se va escondiendo detrás de las Sierras de los Padres y en la costa de la ciudad se comienzan a encender las luces de los teatros, ese otro ritual.

La cena está servida

“Trabajé mucho para hacer esta obra, fue una decisión arriesgada, porque, como todo desafío, puede salir bien o no”, sostiene en torno a su determinación de formar parte de la comedia versionada y dirigida por Marcos Carnevale, den la cual compone a dos señoritas de personalidad bien diferentes, pero enamoradas de Pablo Barrantes, el “ganador” interpretado por Gustavo Bermúdez, contrapunto del ingenuo Francisco Pignon a cargo de Martín Bossi.

“Cuando Adrián Suar (uno de los productores de la versión) me contó que, por primera vez en el mundo, la misma actriz haría los dos personajes femeninos, me pareció un desafío hermoso. Me divierte caracterizarme, ponerme prótesis en la cara, pero, sobre todo, confié mucho en el director”.

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-En escena, por momentos, te corrés del lugar común de la belleza hegemónica.

-Tal cual, me interesaba ir por ese lado, sentía que el rol de seductora, la amante típica, era aburrido, un cliché. Quería buscar algo diferente, más simpática y empática que sensual, que de ternura y, aprovechando que vengo del mundo del baile, que haya bastante humor físico. Con Gustavo (Bermúdez) trabajé en la serie Los protectores (Star+), así que me dio mucha felicidad que se sumara en el equipo, es un genio.

-¿Eras espectadoras de sus telenovelas?

-No llegué a verlo, tenía cuatro años cuando él protagonizaba. Mi mamá, en cambio, es fanática suya. Es un gran artista, pero, además, es una excelente persona, un gran compañero. Vengo contenta a trabajar sabiendo que él está. Le puedo pedir consejos, ya no solo sobre el trabajo, sino también sobre la vida. Sabe un montón.

-A María Vázquez también le pedís consejos sobre la vida.

-Es cierto.

La actriz mantuvo un intercambio con la exmodelo para consultarle sobre los “antecedentes” de su flamante pareja (el polista Matías Busquet). Arena de otro costal que también formará parte de esta charla regada con agua mineral.

-Martín Bossi maneja una poética de actuación distinta a la de Bermúdez y la tuya.

-Lo conozco desde hace muchísimos años, teníamos una persona en común .

-Volvamos a la relación con Martín Bossi.

-Siempre nos llevamos muy bien, aunque hemos tenido nuestro momento de pase de facturas. Pasaron cosas, pero nos llamábamos y nos decíamos lo que nos teníamos que decir en la cara, era parte de la historia común a nivel personal.

-¿Qué era lo que se tenían que reprochar?

-Quien hoy es mi ex siempre fue su mejor amigo. Entonces, si pasaban cosas en el medio, se tomaba partido. Hoy, cuando comemos, nos reímos de todo aquello. Tenemos mucha historia detrás.

-¿Lograron empatizar en el escenario?

-Siempre lo admiré muchísimo y él a mí también, me vino a ver a casi todos mis espectáculos y yo a él. Me encanta como actor, es diferente, y esta obra nos conectó desde un lugar especial. Para él fue una novedad hacer una comedia coral. Yo tenía miedo de que le costaran los tiempos del otro, acostumbrado a hacer su show, pero no fue así. Entendió el código a la perfección. Es generoso y está atento a todo. Nos aconsejamos.

-Se trata de trabajar los egos.

-No siempre sucede en un grupo. Esta es una comedia donde todos los personajes tienen su momento de humor.

El ex

Laura Fernández y el productor Federico Hoppe -quien fuera mano derecha de Marcelo Tinelli- fueron pareja entre 2014 y 2016 y luego reincidieron por poco tiempo hasta un corte definitivo, en 2021.

Actualmente, Hoppe -cuyo padre ha sido uno de los grandes directores de la televisión abierta de nuestro país- mantiene un vínculo laboral estrecho y diario con la intérprete por ser uno de los productores de La cena de los tontos. “En la época del Bailando, ya habíamos trabajado juntos siendo ex, y nos respetamos un montón. Lo quiero mucho, para mí es re lindo compartir con él, porque fue una persona muy importante para mí. Sé que él siente lo mismo hacia mí. Pasó mucho tiempo, más de diez años, fue como en otra vida. Él hoy tiene una familia hermosa, nos encontramos desde otro lado”.

Federico Hoppe formó su familia con Macarena Rinaldi, quien también fuera bailarina de certamen de baile televisivo. El verano pasado fueron padres de Amanda, su primera hija. “Ha venido a ver la obra, como lo hicieron todos nuestros familiares”, dice.

Además de Hoppe, La cena de los tontos también es producida por Adrián Suar, Guillermo Francella, Pablo Kompel, Ezequiel Corbo, Diego Djeredjian y Luis Penna.

-Se suele hablar de elencos corales, pero, en este caso, sería una “producción coral”.

-Nos reímos de eso cuando hicimos las fotos de la marquesina; había más personas detrás del fotógrafo observando cada toma que los que posábamos. Con mis compañeros pensábamos cómo se podrían poner de acuerdo para elegir las fotos finales.

-Todos son número uno del rubro.

-Y tenemos que sumar a Carlos Rottemberg, que es dueño del Teatro Neptuno, es la “Biblia del teatro”, un genio.

Orígenes

La actriz reconoce que no regresa a Mataderos, el barrio de su infancia, con la frecuencia deseada. “Hace poco estuve en el concierto de Shakira, en Vélez Sarsfield, o sea, a siete minutos de colectivo de mi casa de la infancia. Son esos lugares a los que se llega sin GPS”.

Durante algún tiempo, también vivió con su padre en Liniers. Derroteros de familias con hogares separados. “Mis amigas son de Liniers, Villa Luro y Mataderos”. El oeste porteño es su terruño.

-¿Cómo era Laurita, la nena que recorría la avenida Juan Bautista Alberdi? ¿Con qué soñaba?

-No era mi anhelo ser famosa, sino poder vivir de lo que me gustaba hacer. Quería que mi diaria fuera levantarme y actuar, cantar y bailar. Veía todas las novelas de Cris Morena y, a los tres años, le pedí a mi mamá que me llevara a estudiar. Mi primer maestro fue un profesor del Teatro Colón, que tenía su estudio en Mataderos. Bailaba todos los estilos, luego comencé con clases de canto y actuación y nunca dejé. No extrañaba no poder ir a la plaza o, ya adolescente, salir con mis amigas a tomar algo o a bailar, preferí siempre hacer lo que me gustaba.

-Arrancaste profesionalmente siendo adolescente.

-En cuarto año del secundario comencé a trabajar con Pepe Cibrián.

Con uno de los “padres” del musical argentino se inició formando parte de El fantasma de Canterville, Aquí no podemos hacerlo y Las mil y una noches. “Mis viejos tuvieron que firmar la autorización para que pudiera trabajar”, cuenta. Rindió libre sus dos últimos años de colegio, pero sus padres no fueron ingenuos ni libraron su formación al azar: “Aceptaron que pudiera hacer teatro a cambio de rendir libre todas las materias y que me pudiera recibir. Era buena alumna, sabían que iba a cumplir”.

Destino

Una vez recibida, llegó el momento más desafiante y el de la confirmación de un derrotero: “Me propuse probarme un año, hacer castings, conocer otras compañías, pero, si no salía nada bueno, me había decidido a comenzar a estudiar Arquitectura”.

En ese tramo de su vida, el comienzo de la adultez, aplicó para obtener una beca artística en Pittsburgh, Estados Unidos. “Fueron tres meses de un taller intensivo fatal. Entre miles de postulantes, solo cinco quedamos seleccionadas”, rememora.

Sin embargo, no cursó esa beca. El universo tenía otros planes para ella. “Acompañé a mis amigas de danza al casting del Bailando, decían que era la última audición abierta. No me interesaba nada, al punto tal que fui sin arreglarme, en jogging”. Sin embargo, empezó a superar cada uno de los test que le iban proponiendo los coaches del exitoso programa. “Eran miles y quedamos dos”.

-¿Entonces?

-Fui a ver a mi papá y le expliqué que me tenía que ir a estudiar a los Estados Unidos. Me dijo: “Quizás es una señal del destino. El día de mañana, si trabajás, te podrás costear tu viaje de estudios al exterior”.

-Una decisión muy difícil de tomar.

-Tremendo, porque tanto la beca como bailar en el programa eran importantes. No sé qué hubiese sido de mi vida si me hubiese ido a estudiar afuera. De tomar decisiones se trata la vida.

-A esta altura del partido, ¿considerás que aún tenés que seguir demostrando tus capacidades? ¿Existe el prejuicio?

-Me propongo mostrar, no demostrar. Soy consciente de que, si me convocan, es porque creen que soy capaz de hacerlo, pero siempre está en mi inconsciente la sensación de tener que revalidar los títulos.

-Se te percibe autoexigente.

-Hay un perfeccionismo que se me vuelve insoportable, porque me invita a no disfrutar tanto. No me sale ser de otra manera, doy el máximo en todo lo que hago.

-¿Cuándo desconectás?

-El año pasado entendí que descansar es bueno y que no está mal pedir días de descanso. He llegado a pasar tres años y medio sin vacaciones, sentía que no las necesitaba.

Referencias para amar

-Llamaste a María Vázquez para que te diera detalles sobre Matías Busquet.

-Necesitaba pedirle referencias. Era la primera vez que me iba a animar a conocer a alguien con quien no tenía ningún contacto.

-¿Qué te dijo?

-Que estaba todo bien, que disfrutara.

Se acerca el horario de la función. Antes de la despedida, un recuerdo no es menor a la hora de pensar en lo arbitrario y competitivo que suelen ser algunos espacios: “Yo era una soñadora anónima del Bailando y, cuando muchos pasaban y no me registraban, María (Vázquez) siempre fue muy atenta; de saludar, frenar y charlar. No le importaba si eras o no conocida, le daba lo mismo. Eso lo valoré muchísimo. Siempre fue muy cercana, por eso me atreví a consultarle sobre algo personal".

-¿Cuánto hace que salís con Matías Busquet?

-Muy poquito, nos estamos conociendo sin ocultarnos. Disfrutamos y hacemos los planes lógicos de cualquier pareja. El tiempo dirá.

-¿Laura o Laurita?

-Laurita. Me lo puso Marcelo (Tinelli) y se volvió mi marca personal, jamás la cambiaría.

Más allá de la continuidad de la temporada de La cena de los tontos en Buenos Aires, la actriz evalúa su regreso a la ficción audiovisual a través de un proyecto que se vería por una plataforma de primera línea: “No puedo decir nada, soy muy cabulera”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/laura-fernandez-de-las-peleas-con-bossi-a-su-flamante-relacion-con-un-polista-y-como-es-trabajar-con-nid13012026/

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