Lionel Messi y una despedida de película en la selección: “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”
Messi extrañará a la selección y la gente sentirá nostalgia por una selección sin Messi. Esta confluencia de sentimientos es la mejor evidencia de que el vínculo fructificó, que hubo recipro...
Messi extrañará a la selección y la gente sentirá nostalgia por una selección sin Messi. Esta confluencia de sentimientos es la mejor evidencia de que el vínculo fructificó, que hubo reciprocidad, que se terminó compartiendo todo lo que hace a una relación estrecha: ilusiones, desencantos, victorias, derrotas, lágrimas, sonrisas. Nada queda afuera, de toda esa argamasa, macerada como solo el tiempo puede hacerlo, surgió un público entregado y un futbolista de leyenda, que en la noche de este martes escenificará un adiós que contraerá los corazones, incluido el de él, que demostró ser de una nobleza más fuerte y expansiva que su innata introversión. Aquel Messi que debutó siendo un adolescente inescrutable hoy saludará a una multitud como un hombre de una diáfana sensibilidad.
Messi se retira de la selección, lo decidió él, no lo determinó ningún factor externo. Ni la evolución del fútbol lo fue llevando a la banquina ni su cuerpo lo abandonó. Sigue ahí, con hilo en el carretel, para gozo de Inter Miami. Se anticipó a todo, como suele hacerlo en la cancha cuando los rivales intentan adivinar qué va a inventar. Detrás de esa mirada huidiza, desconfiada hasta cierto punto, hay una mente que piensa un segundo antes. Fue el artífice y dueño de su obra en celeste y blanco. Lo tuvo en claro desde un principio, cuando España quería tenerlo como un futbolista propio, y hasta este final que lo lleva a salir por la puerta grande, con todos los honores.
Vestido de selección para disputar su último partido, ingresará a un Monumental que lo recibió por primera vez, con esos mismos colores, hace casi 21 años, un 8 de octubre de 2005, cuando dio una asistencia en un 2-0 sobre Perú por las eliminatorias. Todos los compañeros de aquel día ya están retirados, lo que da una pauta de su admirable vigencia.
Lo único que no estará a tono es el rival, nada nuevo. Esta AFA siempre tan diligente para cortejar a Messi en sus deseos y necesidades, incluso con la genuflexión extemporánea de bautizar el predio de Ezeiza con su nombre, no se ahorró la chapucería de elegir a Benín para el último acto de reconocimiento. Detrás de la inmensa figura de Messi, la AFA oculta su último esperpento, cuando todavía debería durarle el sonrojo por todo lo que rodeó a la participación de un combinado juvenil de Burkina Faso.
Gracias eternas, Leo. Te vamos a amar hasta el final de nuestros días 🩵🤍🩵 pic.twitter.com/7VVV2doDZP
— 🇦🇷 Selección Argentina ⭐⭐⭐ (@Argentina) August 31, 2026“Leo es irremplazable. Buscaremos seguir jugando con el mismo sentido, con la idea de juntar pases, unidos, llegando como equipo. Es obvio que con Messi todo cambia, pero la selección tiene una identidad y el desafío es seguir jugando de esta manera, que los chicos que vengan se sumen a esa causa”, respondió en una de las últimas conferencias de prensa Lionel Scaloni, que ya procesa la transición, el cambio de era. Con todo encaminado para que a fin de año renueve contrato, Scaloni también pondrá a prueba su capacidad para dirigir a una selección sin Messi. Por lo pronto, ya nadie le quita el título de posgrado como entrenador que se ganó al crear las condiciones, humanas y futbolísticas, para que se viera el mejor Messi, que en cuatro años consiguió los cuatro títulos que se le habían negado en los 16 años anteriores. La genialidad también requirió de paciencia y perseverancia.
Messi apareció en la selección once años después del final de Maradona, que en sus comienzos llegó a ser contemporáneo de los campeones de 1978 (gloria a Mario Kempes). Siempre queda la inquietud sobre si nuestro fútbol seguirá saliendo tan beneficiado en el reparto de tanto talento, top en el mundo, en tan poco tiempo. Hay más de una generación -la campeona y la que se va subiendo al carro- dispuesta a cuidar y honrar el legado de Messi. Que aprendió de su humildad, que escaneó cada uno de sus gestos y actitudes como si fuera el manual de instrucciones a seguir. Se vienen los tiempos de “qué hubiera hecho Messi en tal o cual situación”. No para replicar sus soluciones con la pelota en los pies, porque eso sí que es imposible, sino para conservar un sentido de pertenencia y compromiso con lo que significa ser un jugador de selección.
Sin Messi, habrá que pensar en cambios de esquemas y en responsabilidades colectivizadas. Ya hubo experiencias satisfactorias, como el 4-1 a Brasil por las eliminatorias, con Leo al margen por una lesión muscular. Entre las virtudes que se le pueden apuntar a esta selección está su Messifilia, sin ser Messidependiente.
Messi dice adiós en el estadio que más veces pisó como jugador de selección. En el Monumental disputó 28 encuentros, la mayoría por las eliminatorias, con 22 triunfos y seis empates. Solo hubo dos visitas europeas en amistosos: 4-1 a la España campeona del mundo 2010 y 4-0 a Albania. Está invicto. Convirtió 19 goles y dio 13 asistencias. El Monumental fue la última escala a la que no pudo llegar para disputar la final de la Copa América que la Argentina organizó en 2011. Las generaciones Z y Alfa deben saber que en ese torneo Messi recibió silbidos cuando se le fue muy desviado un tiro libre en la cancha de Colón de Santa Fe.
Si Messi es uno de los nominados para el Balón de Oro de este año, en gran medida se debe a su producción en el Mundial, con 39 años. Lo de Inter Miami no les mueve el amperímetro a quienes votan -periodistas de todo el mundo- en la premiación. Tranquilamente lo podría merecer por su año, pero también habría que acreditarle su discreción, a diferencia de las campañas de autopromoción que hacen Mbappé y Yamal para llevarse por primera vez un trofeo que Messi ganó ocho veces. A propósito de la modestia con que Messi siempre se relacionó con las alfombras rojas de estas galas de premiación, en los últimos días se rescató una anécdota hogareña de Leo con uno de sus hijos, a quien un día lo asaltó la duda al contar los balones de oro que tenía en la casa. “¿Pa, por qué siete, no tenías seis?”. “Ahora tengo siete”, fue la respuesta, y ante la repregunta de su hijo agregó: “¿Por qué?, no sé”.
Sí se sabe por qué esta noche se llevará más de una ovación, la devoción de sus compañeros y cuerpo técnico, la admiración de los rivales, la pleitesía de niños y grandes. Porque ocurrirá lo que dijo Ingrid Bergman en la película Casablanca: “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”.