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Llegada, siesta, goleada en contra y sueño cumplido: la noche única de los juveniles de Burkina Faso

El partido había terminado apenas unos minutos antes. De un lado del Monumental, la zona mixta por la que debía retirarse la selección argentina estaba alborotada, como siempre: periodistas apre...

Llegada, siesta, goleada en contra y sueño cumplido: la noche única de los juveniles de Burkina Faso

El partido había terminado apenas unos minutos antes. De un lado del Monumental, la zona mixta por la que debía retirarse la selección argentina estaba alborotada, como siempre: periodistas apre...

El partido había terminado apenas unos minutos antes. De un lado del Monumental, la zona mixta por la que debía retirarse la selección argentina estaba alborotada, como siempre: periodistas apretados contra las vallas, cámaras, micrófonos y demasiada gente en busca de una palabra de los protagonistas del 7-0 en el segundo amistoso de la ventana FIFA. Del otro lado, la escena era exactamente opuesta: no había nadie. Incluso algunos empleados del estadio se sorprendían ante la consulta sobre cómo llegar hasta el lugar reservado para la salida de Burkina Faso.

Afuera esperaban los micros de Plusmar que llevarían a la delegación africana de regreso al hotel. Había menos empleados de seguridad, menos vallas y prácticamente ningún impedimento. Tanto que, si alguien se lo hubiese propuesto, habría llegado casi sin obstáculos a los utileros y los integrantes de la pequeña delegación de juveniles que había llegado a Buenos Aires escasas horas antes para cubrir las bajas del seleccionado mayor.

Pequeña la delegación, y pequeños, también, sus protagonistas. Burkina Faso había recurrido a futbolistas de su seleccionado juvenil después de que varios integrantes de la nómina original decidieran no viajar. Los poco experimentados jóvenes tenían previsto un amistoso frente a Malí, que fue cancelado. El equipo que perdió contra Argentina no repitió un solo jugador de la última presentación de la selección absoluta, y ni siquiera tuvo al mismo entrenador.

En esa zona mixta desierta había apenas dos periodistas cuando apareció el traductor que un integrante de seguridad había anunciado unos minutos antes. Supuestamente hablaba español. “Los argentinos, solo español, ¿no es así?”, preguntó primero, antes de consultar si alguno entendía francés. Su castellano, en realidad, tenía una particularidad: era un rústico porteño aprendido quién sabe dónde. “Yo conozco a los argentinos. «Che, bol...»”, lanzó entre risas. Después reveló otra adquisición cultural: “Me gusta mucho «el que no salta es un inglés»”. Y hasta se puso a cantarlo. Y, en efecto, a saltar.

Prometió conseguir un futbolista que pudiera defenderse en el idioma inglés. Cumplió. El primero fue Ousmane Camara, delantero de 20 años de RFC Liège, de Bélgica, que había entrado en el segundo tiempo (y fue de los pocos que generaron “algo” de peligro). Llegó con una sonrisa, aunque algo nervioso por tener que expresarse en un idioma que no era el suyo. Su primera reacción fue de sorpresa cuando escuchó su nombre: “¿Me conoces?”.

Face à l’Argentine, Ousmane Camara est entré en jeu à la 58e minute et a réalisé une prestation encourageante. 😍💪🏾🇧🇫#FasoSports pic.twitter.com/XQ0y9Jol7K

— FasoSports (@fasosports18) October 4, 2026

Camara, sorprendido de que alguien lo reconociera, todavía parecía atravesado por lo que acababa de vivir. Sus compañeros pasaban por detrás y algunos miraban con curiosidad la entrevista. Él pedía que le repitieran alguna pregunta cuando no alcanzaba a comprenderla, pero tenía muy claro por qué estaba feliz. “Es mi primera vez en un evento como este, mi primera vez con este tipo de jugadores. Tienen mucha experiencia”, explicó.

Su historia permite entender la dimensión de la improvisación que rodeó al amistoso. Camara se preparaba para otro partido cuando recibió el aviso de que su destino había cambiado. “Jugábamos con Malí, y me dijeron que tenía que prepararme para jugar con Argentina. Estaba muy feliz. No sabía si algún día podría jugar con Mac Allister o Enzo Fernández”, contó.

Las casi 12 horas de vuelo desde Casablanca y la llegada a Ezeiza a las 15.43, apenas cinco horas y 17 minutos antes del partido, no destiñeron aquella ilusión. “No me importaba si eran 30 horas. Yo iba a venir”, enfatizó. Después describió la brevísima preparación que tuvo antes de salir al Monumental: llegó al hotel, se duchó, descansó en su habitación “tal vez una hora” y recibió un masaje. Nada más.

Sobre el conflicto previo, prefirió no avanzar más allá de lo que conocía. “Realmente no sé qué sucedió con el equipo nacional. Recibí un mensaje que decía que tenía que venir a jugar con Argentina. El primer equipo tenía un problema, pero no sé cuál era”, enunció. Sí admitió que el viaje había resultado demasiado largo y que, ante el cambio de planes, sintieron que no tenían alternativas.

Camara también protagonizó una de las escasas aproximaciones de Burkina Faso en todo el amistoso. Cayó en el área y reclamó penal. Un largo rato después seguía convencido: “Sí, fue penal. Me tocaron. En el video se ve que me toca. En la Copa del Mundo, con VAR, esto es penal”, afirmó con gestos con las manos y una sonrisa.

Antes de irse, se llevó algo bastante valioso para él: la camiseta de Nicolás González. Ya sabía exactamente qué haría con ella. “Voy a ponerla en la pared, en mi casa. Y si algún día tengo hijos, voy a mostrársela y voy a contarles que jugué contra él”, dijo. Era su primera visita a Argentina, pero aseguró que conocía a todos los futbolistas que había tenido enfrente.

Mientras Camara hablaba, un compañero pasó, observó la escena y frenó. Era Jack Pantoulou Diarra, delantero de 20 años de Al-Ittihad, de Libia. Titular ante Argentina y mucho más calmo que Camara, también hizo el esfuerzo de responder en inglés y dejó una mirada diferente sobre el conflicto que había partido en dos al seleccionado de su país. “No puedo hablar por ellos. Todos tienen sus razones”, respondió sobre los futbolistas que habían decidido no viajar. Él había compartido la concentración con algunos y aseguró que ellos conocían su decisión. “Saben mi posición y sabían que iba a venir. Dije si podía venir y me dijeron que no había problema”.

La explicación era sencilla. “Para mí era una buena oportunidad para jugar contra campeones del mundo. Soy joven y es una gran experiencia”, sostuvo. Y destacó los mismos nombres que Camara: “Jugar contra Enzo Fernández y Mac Allister es un sueño. Hoy intenté hacerle frente a Enzo, pero no pude. Está en otro nivel. Tal vez algún día pueda ser como Mac Allister o Enzo Fernández”.

La goleada no modificó el balance positivo de Diarra, que encontró una frase que resumió la noche de los jóvenes que cruzaron el Atlántico a último momento, descansaron unas horas y tuvieron ante sí a algunos futbolistas a los que hasta entonces habían mirado solamente por televisión. “Fue muy difícil. Fueron 12 horas de viaje, y después jugar el partido fue muy difícil. Pero somos jóvenes y queremos ser grandes futbolistas, y fue una buena experiencia. Perdimos, pero ganamos”.

Unos minutos más tarde, en la conferencia de prensa, Lionel Scaloni puso en valor esa predisposición de los africanos. “Quiero agradecer a Burkina Faso, a los que han venido, por el esfuerzo que han hecho. Dignifican al fútbol. Agradecemos el esfuerzo de que vinieran. Podrían haberse quedado y el partido se habría suspendido. Es muy rescatable lo que han hecho”, destacó el entrenador argentino.

También Diarra consiguió un recuerdo: intercambió la camiseta con Leonardo Balerdi. Pero, como Camara, parecía llevarse algo que iba más allá de la prenda. “Este partido es una experiencia única. Tal vez en el futuro no vuelva a jugar contra ellos, pero hoy cumplí este sueño. Estoy feliz”, expresó.

Compacto de Argentina 7 vs. Burkina Faso 0

Para entonces, los ómnibus seguían fuera y la zona mixta continuaba casi vacía. No quedaba tiempo para conocer Buenos Aires ni para procesar una jornada extraña. Después de la ducha, la hora de descanso, el masaje, los siete goles en contra y las camisetas intercambiadas, Burkina Faso debía regresar al hotel. El vuelo de salida estaba previsto para la madrugada del domingo, alrededor de las 5.

Camara no parecía preocupado por eso. Cuando le preguntaron si habría realizado el viaje incluso con un regreso aun más inmediato, no dudó. Había cruzado desde África para jugar una noche contra Argentina y eso, para él (ellos), alcanzaba.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/llegada-siesta-goleada-en-contra-y-sueno-cumplido-la-noche-unica-de-los-juveniles-de-burkina-faso-nid04102026/

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