Lo que el escenario de ‘Cumbres borrascosas’ nos dice sobre el Reino Unido actual
Enclavado entre los extensos páramos de Yorkshire del Oeste se encuentra Haworth, el pueblo inglés donde Emily Brontë escribió Cumbres borrascosas, el romance gótico que inspiró la reciente...
Enclavado entre los extensos páramos de Yorkshire del Oeste se encuentra Haworth, el pueblo inglés donde Emily Brontë escribió Cumbres borrascosas, el romance gótico que inspiró la reciente y tórrida adaptación de Hollywood.
Las calles empedradas y las escarpadas colinas de este lugar siguen evocando la dura vida y las salvajes fuerzas de la naturaleza que sustentan la novela.
Al igual que en 1847, cuando se publicó el libro, la región ofrece una ventana a los duros contrastes y luchas económicas que desafían al Reino Unido. Ahora, como entonces, el cambio social y demográfico, el aumento de los precios de los alimentos y la creciente desigualdad de la riqueza impulsan movimientos políticos populistas, llamamientos a la reforma y espasmos de agitación.
Haworth está a 13 kilómetros de Bradford, una ciudad que el padre de Emily, Patrick, visitaba a menudo en su calidad de sacerdote anglicano. A mediados del siglo XIX, Bradford era un centro rico y de rápido crecimiento de fabricación textil, hogar de poderosos legisladores parlamentarios y destino de turistas y comerciantes.
El declive de la ciudad es típico del vaciado de muchos pueblos y ciudades postindustriales del norte de Inglaterra, lo que agrava la pobreza y la frustración que están sacudiendo la política británica.
En la actualidad, Bradford tiene el doble de personas desempleadas que el promedio nacional. El 40 por ciento de los niños viven en la pobreza. Y la inmigración, fomentada por el gobierno para suplir la escasez de mano de obra después de la Segunda Guerra Mundial, en ocasiones ha provocado división y tensión.
“Se ha descuidado mucho”, dijo Naz Shah, diputada laborista que representa a la zona de Bradford Oeste. “Tenemos algunos de los barrios más desfavorecidos del país”.
Capital mundial de la lanaEn la década de 1830, Bradford era un símbolo del brío industrial de Inglaterra. Las fábricas impulsadas por vapor la convirtieron en la capital mundial de la lana, transformando a sus propietarios en una nueva élite adinerada y creando una clase trabajadora empobrecida.
Ahora, casi toda la riqueza y el poder de la ciudad se han evaporado. La industria de la lana cayó víctima de la globalización, con el cambio a una fabricación más barata en Asia y el auge de los tejidos sintéticos producidos en masa.
El Ayuntamiento de Bradford, un edificio gótico inspirado en el Palazzo Vecchio de Florencia, aún se eleva sobre el centro, y algunas grandes empresas tienen aquí su sede, como Morrisons, una de las cadenas de supermercados más grandes del Reino Unido. Pero el centro está lleno de locales de apuestas, tiendas de vapeo y negocios cerrados.
“Como nací aquí, veo lo bueno y lo malo”, dice Darren Edwards en un recorrido a pie por su ciudad natal que subió a YouTube. Ahí señala algunos de los edificios bellos pero “olvidados” de Bradford. Pero al pasar junto a un centro comercial abandonado, concluye que “todo está sucio, descuidado, mugriento, cerrado”.
Bradford, que durante décadas fue un bastión laborista, votó a favor de abandonar la Unión Europea en 2016, y las encuestas muestran que Reform UK, cuyo líder, Nigel Farage, defendió el Brexit, está aumentando su popularidad. “Reconozco que Reform está ganando fuerza”, dijo Shah, legisladora laborista. “Sería ingenuo no reconocerlo”.
Sin embargo, el tradicional dominio laborista aquí también se ve amenazado por otras fuerzas. En las elecciones generales de 2024, Shah mantuvo su escaño por solo 707 votos. Su rival más cercano fue un candidato independiente, Muhammed Islam, quien criticó a los laboristas por no condenar más la conducta de Israel en la guerra de Gaza.
El pintoresco HaworthUna tarde de noviembre, los turistas se reunieron para escuchar a un músico de banjo frente a la cafetería Villette, en Haworth. Parejas paseaban a sus perros. Gente con bebés se esforzaba por empujar sus cochecitos por los adoquines profundamente desgastados.
Aquí, los males de Bradford pueden parecer muy lejanos.
Mucha gente cree, erróneamente, que las hermanas Brontë crecieron en un lugar remoto y atrasado.
Como escribe Juliet Barker en The Brontës, Haworth era en realidad “un municipio industrial y ajetreado” que tenía 13 pequeñas fábricas textiles en la zona cuando Patrick Brontë fue nombrado coadjutor en 1820. El pueblo tenía su propio cirujano, un comerciante de vinos, un relojero y tres ebanistas. Sin embargo, estaba sobrepoblado y las condiciones sanitarias eran primitivas. Un informe de 1850 reveló que más de dos de cada cinco niños morían antes de cumplir 6 años, y la esperanza promedio de vida era inferior a 26.
Mientras Bradford lucha ahora económicamente, Haworth se convirtió en un destino para los aficionados a la literatura de todo el mundo, ejemplificando el valor del patrimonio británico para su industria turística, que emplea a más de un millón de personas y aporta más de 100.000 millones de dólares al año a la economía.
Una pareja local pasó un sábado colgando banderines de las vigas de madera del edificio de la antigua escuela de Haworth, recientemente reformado, donde Charlotte Brontë, la hermana mayor de Emily y autora de Jane Eyre, celebró su boda en 1854. Calle abajo, los turistas pasaban tranquilamente por la casa de las Brontë que ahora es un museo. Fuera, los páramos se extienden hasta donde alcanza la vista, colinas onduladas de verde oscuro y marrón divididas por muros de piedra desnuda.
Los brezales, turberas y humedales están ahora protegidos como parte de una vasta reserva de 1214 hectáreas. El mes pasado, la revista Condé Nast Traveller la calificó como una de las siete “maravillas del Reino Unido”.
Migración y reacciónA lo largo de la historia de la zona, la inmigración y la religión han sido fuentes de tensión.
Patrick Brontë, quien emigró de Irlanda, fue objeto de insultos por su nacionalidad y su acento. Cientos de miles de inmigrantes irlandeses llegaron a Inglaterra, sobre todo tras la devastadora hambruna de la década de 1840, y muchos encontraron trabajo en las ciudades de Bradford, Leeds y York, en el norte. Los católicos eran vistos con recelo y, hasta la Ley de Emancipación de 1829, no podían votar ni postularse en elecciones. Los judíos tuvieron que esperar hasta 1858 para entrar en el Parlamento sin prestar juramento cristiano, tras una larga batalla política.
Actualmente, en Bradford, un tercio de los residentes tienen ascendencia sudasiática, parte de una enorme oleada de inmigración en la década de 1950 procedente de las antiguas colonias británicas. Como ciudadanos de la Commonwealth, los nuevos trabajadores tenían pasaporte británico, y muchos vinieron con sus familias a trabajar en la industria textil.
En la ciudad, las señales están por todas partes. Hay restaurantes de comida paquistaní, india y bangladeshí junto a los omnipresentes pubs británicos. Los fragantes olores del arroz biryani y el nehari, un plato hecho con patas de ternera o cordero, tientan a los visitantes hambrientos.
Pero algunas partes de la comunidad apenas están integradas. Las divisiones raciales y religiosas han avivado la tensión en varios momentos de las últimas décadas. A principios de la década de 1970, se produjeron enfrentamientos entre trabajadores de distintas partes de Pakistán, lo que aumentó los conflictos en el interior de las fábricas textiles aún en funcionamiento.
En 2001, tras una oleada de disturbios, un informe gubernamental concluyó que la ciudad no había hecho un buen trabajo de integración de la numerosa población sudasiática. “Los distintos grupos étnicos se segregan cada vez más unos de otros y se repliegan en zonas de confort formadas por personas como ellos”, concluía el informe.
El impacto político ha sido profundo. En 2012, después de que un candidato laborista perdiera unas elecciones parlamentarias especiales, una auditoría adjudicó en parte la derrota a una práctica paquistaní llamada “biraderi”, un sistema de influencia en el que familiares y amigos prometen lealtad.
“La estructura de poder asociada al biraderi es muy patriarcal, socialmente conservadora y sus oponentes en Bradford la consideran promotora de títeres mediocres y sin ideología para el municipio”, concluía el informe, elaborado por el Joseph Rowntree Reform Trust.
Shah dijo que el biraderi había dificultado la unión de la comunidad. “Si pones a gente en puestos de poder, no por responsabilidad, sino por con quién están emparentados”, dijo, “eso no contribuye al desarrollo de una ciudad”.
Nick Ahad, escritor y locutor, ha vivido y trabajado en Bradford casi toda su vida. Su madre es de la cercana Keighley, y su padre es bangladesí. Señala que la diversidad de la zona ha aportado beneficios y también retos.
“Lo mismo que se percibe como tensión racial… en realidad hay mucha riqueza en la composición racial de la ciudad”, dijo. “Así que en Bradford puedes ir a comer el mejor curry del país, y hay un pescado con papas fritas estupendo. Puedes ir a algunos pubs encantadores”.
Aun así, la historia de la ciudad la ha hecho propicia para el mensaje antiinmigración de Reform UK, que el año pasado anunció planes para expulsar a los inmigrantes ilegales mediante “un nuevo mando de deportación del Reino Unido”. Se llamaría “Operación Restaurar la Justicia”.
Renacimiento y recuperaciónComo en otras partes del Reino Unido, el desempleo juvenil es un problema desde hace mucho tiempo.
En un momento dado, en 1839, cuando Emily Brontë tenía 21 años, los cuatro hijos Brontë que habían alcanzado la edad adulta estaban desempleados y vivían en casa de su padre en Haworth, escribe Barker en su biografía. En los años siguientes, Branwell, el hermano de Emily, conseguiría —y perdería— un trabajo en la nueva línea de ferrocarril entre Leeds y Manchester, mientras que las hermanas trabajarían durante temporadas como institutrices, soportando la nostalgia y a veces los maltratos para pagarse sus gastos.
En Bradford, cada vez es más difícil encontrar trabajo, y las últimas cifras indican que el 6,8 por ciento de la población en edad laboral de la ciudad está desempleada. A los jóvenes les ha ido aún peor.
Parte de la razón de los problemas modernos de empleo de Bradford es un capricho de la geografía del transporte que impide que los trenes pasen por la ciudad en su trayecto hacia o desde Londres. A lo largo de los años, las compañías ferroviarias han evitado por completo la ciudad, pasando en su lugar por la cercana Leeds.
Esto ha tenido un marcado efecto en el bienestar económico de la ciudad. Empresas icónicas como Harvey Nichols, John Lewis y Liberty, junto con tiendas insignia de Apple, Lego y Nike, están en Leeds, llevándose consigo puestos de trabajo y energía económica.
En los últimos años, el municipio de Bradford y el gobierno nacional han intentado darle la vuelta a la situación.
Algunos edificios viejos y decadentes han sido derribados o adaptados. El edificio Wool Exchange, que en su día fue el corazón del comercio de la lana, es una librería Waterstones. En julio se inauguró un nuevo mercado de alimentos, el Darley Street Market.
Y el año pasado Bradford fue nombrada “ciudad de la cultura” del Reino Unido, y el gobierno aportó dinero y ayudas para un año de eventos destinados a destacar su patrimonio cultural e inspirar a los turistas para que la visiten.
También hay planes para arreglar las estaciones de tren. El mes pasado, las autoridades británicas anunciaron un plan por valor de 45.000 millones de libras, unos 60.000 millones de dólares, para mejorar el sistema ferroviario del norte del país. Los funcionarios locales han dicho que parte del dinero se destinará a conectar finalmente las dos líneas ferroviarias de Bradford con una única estación.
Como parte de las celebraciones anuales de la ciudad de la cultura, se representó una obra radiofónica de Ahad ante un público en directo. Dijo que el éxito de los eventos le había hecho sentir optimismo respecto a la posibilidad de que Bradford superara su historia, a veces turbulenta.
“Veo a los otros artistas que han decidido quedarse. Veo a los artistas que han dicho: ‘Podemos trabajar aquí’”, dijo. “Fíjate en Chelsea, en Nueva York: los artistas son lo primero, la cultura es lo primero. Y si te construyes en torno a la cultura, te das una oportunidad de luchar”.