Lobo Antunes, un maestro de las novelas polifónicas
El escritor portugués António Lobo Antunes, una de las voces más influyentes de la literatura europea contemporánea, ...
El escritor portugués António Lobo Antunes, una de las voces más influyentes de la literatura europea contemporánea, murió hoy en Lisboa a los 83 años.
Había nacido en el barrio lisboeta de Benfica, en 1942, en una familia acomodada. Como su padre, un reconocido neurólogo portugués, el futuro escritor se decidió primero por la medicina. Apenas recibido, a comienzos de los años setenta, fue enviado conscripto como médico militar a la guerra colonial de Angola, una experiencia que marcaría los comienzos de su literatura y profundizaría su tono desencantado.
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Más tarde, se especializó en psiquiatría y ejerció en el hospital psiquiátrico Miguel Bombarda, de la capital portuguesa. Cuando abandonó la profesión -relativamente pronto, para dedicar todo su tiempo a la escritura-, Lobo Antunes, que vivía en las cercanías, siguió frecuentando el establecimiento. Durante años se instaló en sus jardines para escribir a mano, en cuadernos, esas largas frases que todavía hoy parecen seguir el ritmo de su pulso. Ahí le dio forma a la mayor parte de su obra.
Sus primeras novelas -Memoria de elefante y En el culo del mundo (el culo del mundo es, por supuesto, Angola)- exhiben un primer estilo más directo y visceral, desencantado, con una rabia a la Céline (otro médico escritor). El trauma autobiográfico de la guerra aparece en esos libros apenas velado por una voz ajena. El fraseo reconocible de la prosa de Lobo Antunes ya está ahí, pero adquirirá otra densidad en sus obras siguientes, donde son los monólogos de muchos personajes los que construyen complejas estructuras que aparentan ir a la deriva. “El desorden ordenado” de Lobo Antunes, como lo definió un crítico, es el signo distintivo de sus novelas del período medio: las memorias que reconstruyen con obsesión el pasado personal, las cicatrices indelebles de la dictadura salazarista y de la guerra, vidas minúsculas ahogado por la decadencia y diversos grados de desamparo o sordidez. También de lirismo. Lobo Antunes es uno de los mayores talentos polifónicos del último medio siglo.
Después de narraciones como Explicación de los pájaros (1981) y el extenso Fado Alexandrino (1983), Lobo Antunes se consagró más allá de las fronteras de su país con dos trilogías. Son trilogías involuntarias: no repiten personajes, pero exploran la misma atmósfera. A fines de los años ochenta y noventa, Tratado de las pasiones del alma, El orden natural de las cosas y La muerte de Carlos Gardel, contrastan, con su fraseo espiralado, las tristezas íntimas contra un fondo colectivo opresivo. La última obra -donde figura un personaje con una fijación por el zorzal criollo argentino- orbita alrededor de un joven heroinómano internado en un hospital. Los familiares y conocidos que lo rodean -es decir, sus voces- son toda la trama. Faulkner -el Faulkner de Mientras agonizo- es otra de las marcas subterráneas de Lobo Antunes.
El siguiente terceto -Manual de inquisidores, Esplendor de Portugal y Exhortación a los cocodrilos-, publicado entre 1996 y 1999, es una disección de los resabios de la dictadura de Salazar (que, más extensa que la vecina de Franco, duró de 1933 a 1974). Son novelas donde le da, para dejarlos al desnudo, la voz también a los cómplices del régimen. El esplendor de Portugal es su decadencia y, en el segundo de los tomos, no solo el horror memorioso de la guerra, sino también el del retorno, donde los portugueses angoleños son vistos como parias y estigmas de la derrota, la muerte de cualquier vieja ilusión imperial.
Para contrarrestar la negrura de la que se lo acusaba, el escritor tenía una respuesta. Toda literatura que se precie es pesimista. “Nómbrenme si no -desafió al periodista que le preguntaba el porqué- una sola buena novela rosa ».
Lobo Antunes tuvo desde muy joven dificultades progresivas en un oído (no como consecuencia del conflicto en África, sino por una enfermedad hereditaria). Tal vez sea una casualidad estética, pero hay un extraño efecto auditivo en sus novelas. Las voces de su prosa se aproximan y se alejan, se escuchan con claridad y se difuminan, como si su escriba fuera un rabdomante que buscara captarlas hasta en su más mínima respiración.
Lobo Antunes dijo alguna vez que solo se podía escribir de verdad hasta los setenta años. Antes y después de llegar a esa edad, sin embargo, continuó publicando con impasible puntualidad sus novelas, cada vez más extensas. También cada vez más verbales, de trama más difusa. Esa etapa tuvo hitos como ¿Qué haré cuando toda arda? (2001), donde hay marginalidad, homosexualidad y travestismo; Buenas tardes a las cosas de acá abajo (2003), inspirada en la única frase que repetía el francés Valéry Larbaud tras su ACV, y donde los personajes se vuelven ya pura letanía; o Yo he de amar una piedra (2004), una historia de amor inspirada en una paciente del hospital Bombarda. Su novela más reciente fue El tamaño del mundo (2022). También incursionó en la prensa con crónicas personales (sucesivamente reunidas en libros).
A lo largo de su carrera, recibió numerosos reconocimientos. Entre ellos, el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso" (2006); el Camoes, el más importante para escritores en lengua portuguesa (2007), y el Premio de Literatura en Lenguas Romances 2008 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).
Lobo Antunes no ganó el premio Nobel. Fue ya candidato en 1998, cuando lo obtuvo José Saramago, al que no apreciaba. Lo tenía por un “dinosaurio” del rancio PC portugués. En el autor de Esplendor de Portugal no había lugar para el optimismo ni las alegorías. Tal vez no le haya molestado que el año pasado lo haya ganado el húngaro László Krasznahorkai, un novelista de su misma especie.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/lobo-antunes-un-maestro-de-las-novelas-polifonicas-nid05032026/