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Los monumentos porteños, mucho más que bronce y mármol  

El espacio público es una identidad construida a lo largo del tiempo y es gracias a ella que una ciudad puede seguir siendo auténtica, incluso en su transformación. El Día Internacional de los ...

Los monumentos porteños, mucho más que bronce y mármol  

El espacio público es una identidad construida a lo largo del tiempo y es gracias a ella que una ciudad puede seguir siendo auténtica, incluso en su transformación. El Día Internacional de los ...

El espacio público es una identidad construida a lo largo del tiempo y es gracias a ella que una ciudad puede seguir siendo auténtica, incluso en su transformación. El Día Internacional de los Monumentos y Sitios Históricos, que se celebra cada 18 de abril, nos recuerda que las obras patrimoniales presentes en calles, plazas y parques no son ni simples ornamentos ni conceptos abstractos, son testigos de la historia y componentes esenciales del ADN urbano. Como tales, es una obligación y un deber protegerlos y proyectarlos hacia el futuro.

Uno de los grandes desafíos de las ciudades que evolucionan, crecen y se globalizan reside en gestionar la tensión que se produce entre modernización y conservación. Esto no significa elegir entre el pasado o el futuro, sino ser capaces de asegurar la coexistencia armoniosa de ambos; entender el ayer como un fundamento y no como una carga y saber usarlo para mejorar marca, oferta turística y actividad económica.

Pocas ciudades reflejan esta tensión entre progreso y patrimonio con tanta claridad como Buenos Aires. Su geografía alberga más de 2000 obras de arte de incalculable valor artístico. Es tal vez el mayor museo al aire libre de toda la región. Prestigiosos artistas internacionales como Rodin, Émile Antoine Bourdelle o Agustín Querol contribuyeron a dar forma a nuestro paisaje urbano, dejando una magnífica impronta que muchas metrópolis envidian.

Allí donde hay una escultura, fuente, busto, monumento o mausoleo, existe detrás una historia que la llena de sentido. Algunas forman parte del anecdotario ciudadano, como la Fuente de las Nereidas, de Lola Mora, que llegó en cajones de madera desde Roma a comienzos del siglo XX para ser ubicada en Plaza de Mayo, pero fue censurada por impúdica y castigada al “destierro” en la Costanera Sur -donde pudiera verla poca gente- y ahí permaneció hasta nuestros días. O la de los monumentos a Domingo Faustino Sarmiento y a Juan Manuel de Rosas, incisivos adversarios políticos e ideológicos, enfrentadas en tirante diálogo urbano a escasos metros de distancia, en el parque 3 de Febrero en Palermo -la de Rosas está, además, a una cuadra del monumento ecuestre a Justo José de Urquiza-.

Buenos Aires esconde también cientos de perlas curiosas, como la del Monumento a la Cordialidad Argentino-Uruguaya, de Parque Lezama. En la columna de 15 metros de altura de ese navío de bronce que simboliza la unión entre los dos pueblos tiene grabada, la posición exacta de las constelaciones el día de la primera fundación de la ciudad. El metal usado para construir la pieza proviene del desguace de un viejo crucero y del fundido de monedas de 10 centavos donadas en la década de 1930 por las escuelas de Montevideo. O los mástiles recuperados de los conjuntos La Navegación y la Agricultura, de Louis-Ernest Barrias. Fueron realizados en la fundición parisina de los hermanos Thiébaut y formaban parte del Pabellón Argentino presentado en la Exposición Universal de París de 1889, en donde nos pudimos lucir como un país rico y ostentoso.

El pabellón entero, embalado en 6000 bultos, fue traído a la Argentina en 1893 y hasta 1932 estuvo en Plaza San Martín. Luego fue desarmado y las piezas que no fueron saqueadas fueron reubicadas en Villa Riachuelo, Villa Lugano, Colegiales y Saavedra. Más allá de su historia particular, cada obra ya esté fundida en bronce, esculpida en mármol o moldeada en yeso, evidencia que el valioso patrimonio artístico de nuestro espacio público es fruto de un extraordinario diálogo con el mundo.

Detrás de los esfuerzos de conservación está el equipo de Monumentos y Obras de Arte del Gobierno de la Ciudad, institución que cumple 70 años en diciembre. Se trata de técnicos y artesanos que trabajan con admirable dedicación: restaurando piezas dañadas, eliminando pintadas, stickers, grafitis y reconstruyendo elementos faltantes o deteriorados por el paso del tiempo o el vandalismo. Tras la renovación integral de su edificio en donde, se mejoraron y ampliaron las instalaciones, se creó un área nueva para el archivo y se refuncionalizó el predio para poder recibir más gente. Queremos que cada vez más vecinos, turistas y estudiantes lo visiten para conocer de primera mano cómo son los procesos. Lo que se conoce se aprecia, y lo que se aprecia se protege.

Estos trabajos de mantenimiento, preservación y regeneración forman parte de una estrategia que incluye fachadas, estructuras y cúpulas de edificios

históricos y otros sitios emblemáticos. Desde el Ministerio de Espacio Público realizamos en los últimos 2 años, entre otras, la puesta en valor del Patio Andaluz del Rosedal de Palermo, la superficie del Obelisco -que el próximo 23 de mayo cumplirá 90 años- y el peristilo del Cementerio de la Recoleta. En estos momentos se avanza en la recuperación del edificio de la antigua Administración de los Mataderos, inaugurado en 1901, declarado Monumento Histórico Nacional y marco de la celebración de la tradicional Feria de Mataderos. También en la de la casona principal del Jardín Botánico, construida en 1881. Y en breve comienzan las obras en la fachada del Palacio Municipal de Bolívar 1; en la Casa de la Cultura -ex edificio La Prensa-, de Avenida de Mayo; y sobre la Fuente Monumental, un conjunto escultórico de fundición proveniente de la fundición Val d’Osne, inaugurado en 1903 y fragmentado desde la década de 1920, cuando se lo desarmó para levantar en su lugar el monumento a Cristóbal Colón. El proyecto busca reunir todas sus piezas en una sola unidad e instalarla en el Parque Tres de Febrero.

Ningún proceso de conservación es exitoso si se hace de forma unilateral o aislada. Cuidar el patrimonio requiere políticas públicas y pericia técnica, pero también respetar la convivencia. El Día Internacional de los Monumentos y Sitios Históricos es una oportunidad para caminar más despacio, detenernos, observar con mayor atención la belleza que nos rodea y renovar el compromiso con su preservación.

Ministro de Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/los-monumentos-portenos-mucho-mas-que-bronce-y-marmol-nid18042026/

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