Louise Brown, la primera persona concebida in vitro: “Cuando tuve a mis hijos entendí por qué mi mamá hizo lo que hizo”
Cuando Louise Joy Brown nació, el 25 de julio de 1978, hubo cámaras dentro del quirófano. No era un parto cualquiera. La beba que acababa de dejar el vientre materno en Inglaterra era la primera...
Cuando Louise Joy Brown nació, el 25 de julio de 1978, hubo cámaras dentro del quirófano. No era un parto cualquiera. La beba que acababa de dejar el vientre materno en Inglaterra era la primera persona concebida mediante fertilización in vitro (FIV). Su llegada demostró que un óvulo humano podía ser fecundado fuera del organismo, desarrollarse como embrión y, después de ser transferido al útero, dar lugar a un nacimiento. Detrás de aquel hito estaban el fisiólogo Robert Edwards y el ginecólogo Patrick Steptoe. Más de tres décadas después, Edwards recibiría el Premio Nobel de Medicina por el desarrollo de la FIV.
Cuarenta y ocho años después de aquel célebre nacimiento, Brown llegó a Buenos Aires como invitada de honor del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (Samer), que se desarrolla del 16 al 18 de septiembre en Buenos Aires y reúne a cerca de 1500 profesionales de distintas disciplinas vinculadas con la salud reproductiva. Brown será además protagonista de la conferencia “Desde el comienzo de la FIV al futuro”.
Su presencia permite medir hasta qué punto cambió la medicina reproductiva en menos de medio siglo. Aquella técnica experimental que permitió su nacimiento dio paso a un campo que hoy incorpora genética, criobiología, vitrificación de óvulos, sistemas time-lapse para seguir el desarrollo de los embriones, análisis de datos e inteligencia artificial. También mejoraron la estimulación ovárica, los medios de cultivo y los procedimientos de laboratorio. Lo que en 1978 despertaba enormes interrogantes científicos, sociales y éticos forma hoy parte de la práctica habitual de la especialidad.
Pero detrás del hito científico hay una historia mucho más íntima. La de Lesley y John Brown, un matrimonio que llevaba años intentando tener un hijo, y la de una mujer que aceptó someterse a un procedimiento experimental cuando todavía nadie podía asegurarle que funcionaría. En diálogo durante su visita a Buenos Aires, Louise Brown recordó cómo sus padres le explicaron su nacimiento cuando era chica, por qué fue filmado el parto y en qué momento de su propia vida terminó de comprender la dimensión de la decisión que había tomado su madre.
–¿Por qué tu madre no podía quedar embarazada naturalmente?
–Mi mamá tenía un problema en las trompas de Falopio que impedía que los óvulos pudieran avanzar normalmente. Patrick Steptoe tuvo que extirparle las trompas antes de que pudieran realizar el intento de fertilización in vitro. Ese era el problema que hacía que ella no pudiera quedar embarazada de manera natural. Mis padres llevaban mucho tiempo intentando tener un hijo y por eso terminaron llegando a Patrick y a este procedimiento que, en aquel momento, era algo completamente nuevo.
–¿Fue necesario realizar varios intentos hasta conseguir el embarazo?
–No. Eso es algo bastante increíble de nuestra historia. Literalmente fue un óvulo y el primer intento para mi mamá. Hoy estamos acostumbrados a escuchar hablar de tratamientos de fertilización in vitro y sabemos que muchas veces pueden requerir más de un intento, pero en su caso funcionó aquella primera vez. Y hay que pensar que, además, era un procedimiento que nunca antes había terminado con el nacimiento de un bebé. No había ninguna certeza de que fuera a funcionar.
–Tu nacimiento fue filmado. ¿Por qué decidieron registrar un momento tan íntimo?
–Una de las razones por las que filmaron mi nacimiento fue para dejar documentado lo que había ocurrido. Después de que nací, antes de volver a suturar a mi mamá, las imágenes permitieron mostrar que ella no tenía las trompas de Falopio. En ese momento se trataba de algo completamente nuevo y era importante que existiera un registro de lo que había sucedido y de las condiciones médicas que habían llevado a mis padres a realizar el tratamiento.
–¿Cómo te explicaron tus padres, cuando eras chica, la manera en que habías nacido?
–Me mostraron el video. Yo tendría unos cuatro años, así que para mí era básicamente verme nacer, con toda la sangre y todo lo que aparece en un parto. Y ellos me lo explicaron de una manera muy sencilla. Me dijeron que Patrick, Bob y Jean habían ayudado a mamá y a papá a tenerme. Eso era todo lo que necesitaba saber a esa edad. No intentaron explicarme todos los detalles científicos ni convertirlo en algo complicado.
–¿En algún momento tus padres se sentaron con vos para explicarte toda la historia?
–La fui entendiendo a lo largo de mi vida. No recuerdo un momento particular en el que mis padres se hayan sentado conmigo y me hayan contado toda la historia de principio a fin. Cuando era chica los entrevistaban mucho y yo simplemente me sentaba ahí y escuchaba lo que decían. De esa manera iba aprendiendo y entendiendo cada vez un poco más. Y si tenía alguna pregunta podía preguntarle a mi mamá, aunque no recuerdo haber necesitado hacerlo demasiado porque escuchaba la historia una y otra vez en esas entrevistas. Al principio había muchísimas.
–¿Cómo reaccionó la sociedad ante tu nacimiento?
–Mucha gente se sorprendía. Al inicio había cierto asedio de los medios, como si yo fuera un fenómeno extraño.
–¿Hay algo que te conmueva especialmente cuando pensás en todo lo que hicieron tus padres por el deseo de tenerte?
–Creo que hay cosas que no entendés realmente hasta que tenés tus propios hijos. Yo tengo dos hijos, dos varones. Y no fue hasta que tuve a mi hijo mayor, Cameron, que empecé a comprender realmente por qué mi mamá hizo lo que hizo. Cuando sos hijo conocés la historia desde un lugar, pero cuando te convertís en madre empezás a verla de otra manera. Ahí pude comprender mejor hasta dónde había estado dispuesta a llegar ella porque quería tener un hijo.
–¿Cambió entonces la manera en que mirabas a tu mamá y su historia?
–Sí, porque además mi mamá era una persona muy tímida y muy callada. Si estuviera acá ahora mismo, probablemente estaría sentada sin decir una palabra. Y cuando pensás en su personalidad y después pensás en todo lo que hizo, en todo lo que atravesó y en toda la atención que vino después de mi nacimiento, entendés todavía más lo importante que era para ella poder tener un hijo.