Love: el amor como aventura en esta época de grandes cambios, eje de una sólida película noruega
Love (Kjærlighet, Noruega, 2024). Dirección y guión: Dag Johan Haugerud. Fotografía: Cecilie Semec. Edición: Jens Christian Fodstad. Elenco: Andrea Bræin Hovig, Tayo Cittadella Jacobsen, Mart...
Love (Kjærlighet, Noruega, 2024). Dirección y guión: Dag Johan Haugerud. Fotografía: Cecilie Semec. Edición: Jens Christian Fodstad. Elenco: Andrea Bræin Hovig, Tayo Cittadella Jacobsen, Marte Engebrigtsen, Lars Jacob Holm, Thomas Gullestad, Marian Saastad Ottesen, Morten Svartveit. Duración: 119 minutos. Calificación: apta para mayores de 16 años. Nuestra opinión: muy buena.
Con su propia Trilogía de Oslo (hay otra de su colega y compatriota Joachim Trier), el noruego Dag Johan Haugerud se ha ganado en buena ley un lugar en el panorama del cine contemporáneo independiente. Aunque han sido estrenados por separado, los tres largometrajes fueron pensados como un bloque de historias interconectadas que exploran con inteligencia y empatía las relaciones humanas, la sexualidad y la intimidad.
Sex, estrenada en Argentina en diciembre del año pasado, se centra en dos hombres heterosexuales que a raíz de algunas experiencias inesperadas empiezan a cuestionarse su identidad, la gestión del deseo y los roles de género.
Dreams, ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2025, gira alrededor de una adolescente que se enamora de su profesora y las tensiones emocionales que, a partir de ese hecho explosivo, surgen dentro de su familia.
Y Love, que llega ahora a los cines locales, tiene como protagonistas a una médica y un enfermero que trabajan juntos en un hospital público y mantienen profundas conversaciones sobre los límites y las posibilidades de las relaciones afectivas en una época de enormes cambios en ese terreno.
Las prescripciones más convencionales sobre el desarrollo de los vínculos amorosos -los mandatos del matrimonio, la procreación y la familia nuclear- han perdido preeminencia en la era de la fluidez genérica. En ese marco, Love -estrenada en el Festival de Venecia 2025- trabaja en torno a los interrogantes, las zozobras y la fragilidad que puede provocar el nuevo escenario sin apelar al melodrama ni al subrayado. El tono sereno y reflexivo de la película es una de sus fortalezas más evidentes.
Marianne (Andrea Bræin Hovig), médica uróloga, parece cargar con la fatiga de quien ha dedicado su vida a cuidar a los demás sin prestar la atención necesaria a sus propias necesidades afectivas. Sus cálidos encuentros con Tor (Tayo Cittadella Jacobsen), un enfermero gay que aborda las conexiones con los otros con una mezcla de pragmatismo y curiosidad lúdica, son el meollo de una trama argumental sencilla pero ágil y muy eficaz.
A través de las conversaciones entre los dos personajes -a menudo a bordo del ferry que cruza el fiordo de Oslo, un trayecto de idas y vueltas que tiene su peso simbólico-, Love sugiere que experimentar el amor no implica saber hacia dónde dirigirse y se aleja de los arquetipos del transitado idealismo romántico planteado, por citar un caso paradigmático, en Las penas del joven Werther (1774), de Goethe. Huye de “la tormenta y el ímpetu” (el "Sturm und Drang" de la literatura alemana durante la segunda mitad del siglo XVIII) de las pasiones absolutas, dolorosas e incontrolables que consumen al protagonista de esa célebre novela epistolar.
Haugerud también evita la solemnidad y crea un clima que por momentos recuerda, por su ligereza y causticidad, al cine de Eric Rohmer. Un ejemplo es la subtrama que tiene como eje los planes de una empleada pública de Oslo que se obstina en poner en marcha una extravagante planificación cultural, alusión irónica -pero exenta de cinismo reaccionario- a las hipocresías e hipérboles de algunas políticas sociales progresistas.
Se podría decir que Love es una película sobre la aceptación. Haugerud dibuja un colorido mapa de las relaciones humanas, en línea con un presente en el que el modelo heteronormativo es solo una opción más. Pone el acento en los deseos, las intuiciones, el placer y el compromiso. Renuncia al amor sujeto a reglas y etiquetas para presentarlo como una aventura diaria teñida de vértigo, mutaciones e incertidumbre.