Luis Majul íntimo: por qué vive una etapa de “reseteo”, los consejos de su hija y su regreso a la pantalla de LN+
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La señal de noticias LN+ celebrará, durante todo este año, su primera década al aire. Luis Majul es uno de los nombres referenciales que han construido buena parte de la historia del canal.
Desde este lunes 2 de febrero, con la puesta en el aire de la flamante programación, el periodista regresará al ruedo con su espacio +Nación, el clásico del prime time, que irá de lunes a jueves a las 20.
“Me estoy reseteando”, confiesa el periodista, todavía sin acomodarse en el escritorio de su amplia oficina, instalada en el primer piso de Margen del Mundo, la compañía multitasking desde la que no solo produce sus espacios, sino que es el marco contenedor de las radios El Observador 107.9 —donde conduce la segunda mañana— y Berlín 107.7 de la FM, a las que también se puede acceder a través de las redes sociales, plataformas y aplicaciones.
Además, Margen del Mundo es el seno desde donde se organiza la feria Leer y comer, un clásico del barrio de Chacarita, “Chacarita dead”, como define Majul a ese enclave famoso por su inabarcable camposanto. “En todos estos años, le cambiamos la vida al barrio”, se enorgullece. En el edificio también funciona un café de especialidad abierto al público y una editorial.
“Me gusta hablar de ´reset´, como hablamos los hispanoparlantes, sin tilde y con ´t´ final”, se sumerge en la maraña lingüística.
—¿Qué implica “resetearse”?
—Es mucho más que sentarme acá y contarte qué vamos a hacer en LN+ o en nuestra empresa o explicarte cómo tenemos armado el presupuesto 2026, con lo que entra y sale, y hasta hablar de la renovación de contratos.
—No sería la idea.
—Se trata de empezar a vivir la vida completa de una manera más real sin repetir los mismos patrones de comportamiento que nos hacen sentir más cómodos. No estoy pasando por un momento de reflexión “autoayuda”. Voy a cumplir 65 años y creo que mucho de lo que viene construyendo mi generación, y te diría también la gente desde los 40 para arriba, forma parte de un imaginario que ya no existe más. La información es cada vez más veloz y genera nuevos hábitos personales y nuevas culturas y tendencias, estamos siendo transformados.
El “reseteo” al que refirió en el comienzo de la conversación pareciera ser que no solo lo encuentra pensándose en su interioridad más profunda, sino también en los modos de desarrollar su trabajo y de cómo se entiende hoy el universo de la comunicación.
“No quiero verme siempre contando los mismos chistes y esperando las mismas reacciones; esa es la manera más confortable y menos comprometida. En cambio, siento que, cada vez, tengo más compromiso con lo que hago, quiero vivirlo así, no quiero ser evitativo ni pasar por la vida de la gente que se relaciona conmigo como un trámite. Esta entrevista no es algo más, quiero estar absolutamente involucrado en esta situación”.
Reconoce que no le molesta apagar el celular para no ser interrumpido y se permite abocarse en un todo cuando ese hacer le marca la cancha y le pide concentración y, además, disfrute. Por cierto, durante la charla con LA NACION, el teléfono no sonó y él tampoco fue en busca de los mensajes que, seguramente, se le irán acumulando.
—¿Cuánto hace que comenzaste a pensar en las cuestiones más reflexivas e interiores?
—Desde hace años. Le debe pasar a mucha gente que está en mi misma situación y que siente algunas etapas de su vida como un nuevo comienzo. No quiero ponerme cursi, pero sería una suerte de renacimiento. Me siento más pleno y activo y tiene que ver con que tengo una convicción cabal de cuáles son mis deseos, qué es lo que quiero. Proyecto sin paranoia. Tampoco me pregunto “¿cuántas Navidades me quedan para disfrutar junto a mis hijos?”.
—No está mal la pregunta.
—La idea es pensar en estar en el aquí y ahora para hacer lo que tenemos que hacer, con una apertura hacia el otro, escuchándolo más.
—¿Hacés terapia?
—Sí.
Que el vocablo “reset” no figure en el diccionario de la Real Academia Española no implica que el anglicismo no pueda ser comprendido, asimilado y puesto en práctica. En eso anda Luis Majul.
Si bien el acompañamiento del psicoanálisis ha sido un denominador de su vida adulta, actualmente se enfocó en un delineado que se ajusta a sus necesidades personales actuales: “Hago terapia cognitiva conductual, de aceptación y compromiso. Esto implica, para mi generación, tomar el riesgo de no aparecer frente a los demás como que nunca nos equivocamos y somos Superman”.
Indudablemente, hay un “nuevo Majul”. Quizás más empático, apartado de la otredad y enfocado en la alteridad de los vínculos, ya sean de índole familiar, social o laboral.
—Adiós al superhéroe.
—Mi generación tiene esas cosas arraigadas, pero no lo soy, también me equivoco. Tengo que dejar de patear el córner e ir a cabecearlo; tengo que trabajar mucho en todo eso.
—¿Será eso la madurez?
—Hablé mucho y diste en la clave con una palabra.
—Entiendo que estos cambios se manifiestan, más allá de lo laboral, también en tu entorno familiar. ¿Cómo responden tu mujer y tus hijos?
—No soy perfecto y siento que mi familia, y también mis amigos, me están haciendo una devolución muy linda sobre ese trabajo que estoy haciendo.
—Deben percibir algo diferente de vos.
—Supongo que sí, pero no me animaría a decirlo yo.
—A partir de la carga laboral y la multiplicidad de ocupaciones que siempre has desarrollado, ¿te reprochás haber, posiblemente, restado horas a la vida familiar?
—No me lo reprocho, pero ahora quiero estar mucho más presente con mis hijos, aunque eso no quiere decir que haya estado ausente; no tengo esa mirada melancólica. Si hay algo que corregir y está sucediendo, que suceda. La relación que estoy teniendo con mi mujer, mis hijos y mis amigos es mucho más sincera y real y menos especulativa y confortable que la que tenía años atrás.
Luis Majul está casado con María Elizabeth Conte Grand. Octavio y Victoria son los hijos del matrimonio.
View this post on Instagram Su propia proa—En mayo cumplirás 65 años, ¿cómo se mira el futuro a esta edad?
—Soy de proyectos y sueños nuevos permanentemente.
Adelanta que uno de sus emprendimientos actuales tiene que ver con la temática con la que se inició esta entrevista. “No me hago el misterioso, pero no puedo decir mucho más”. Reconoce que lo acompaña un gran equipo detrás de cada idea y que su empresa no es “Majulandia”.
Muy enfocado en la diversidad de sus actividades, reconoce: “Hacer periodismo político y de actualidad es una parte ínfima de todo lo que me pasa”. Con todo, desde marzo, también volverá a ponerse al frente de La cornisa, su histórico programa de análisis político, que irá por LN+ los domingos de 20.30 a 22.
A pesar de su “reseteo”, el comunicador sigue manteniendo una agenda laboral sumamente exigida, repartida entre su espacio radial y sus dos programas en LN+ y sin descuidar cada uno de los emprendimientos.
—¿Cuántas personas giran alrededor tuyo?
—Más de cien, pero no lo pondría en esos términos. Todos somos parte de algo; el cambio de liderazgo es fundamental.
View this post on InstagramSorbe el café y en la amplia biblioteca se observa una diversidad de autores y contenidos. También se destacan algunos de los títulos que él mismo rubricó, como la nutrida biografía de Jorge Lanata, Él y ella, El dueño, Por qué cayó Alfonsín, Las máscaras de la Argentina y Los dueños de la Argentina, entre otros materiales, muchos de ellos verdaderos best sellers editoriales. En sus libros, su apellido se lee en tamaño de molde. Una marca.
—¿Te tomás momentos de pausa con una agenda laboral tan intensa?
—Soy muy consciente de que, si no me los tomo, no voy a tener una vida linda y placentera. Escucho mucho a Conrado Estol, Pilar Sordo, Claudio Zuchovicki y a Fiorella Vitelli.
Enumera nombres de diversas disciplinas tratando de reflejar ese interés multidisciplinario en torno al bienestar. Tampoco deja de lado su vínculo con la inteligencia artificial “bien usada y no como un mero negocito”.
—Majul y la IA, ampliemos.
—Le presto atención a mi vínculo con la inteligencia artificial; la estoy usando, me resta mucho tiempo y me entrena a mí.
Eternidades—¿Pensás en tu propia finitud?
—Si una persona como yo, de 64 años, no piensa en la muerte, está fuera de la dinámica de la vida. Te repregunto, ¿pensar en la muerte desde qué lugar?
—Podemos pensarla como la finalización concreta de la vida, pero también como el proceso de pérdida de capacidades.
—Trato de tener mejores relaciones y ser más empático sin pasar por encima de la gente, respetando sus tiempos, pero también los míos; entreno, me psicoanalizo. Quiero vivir lo más que pueda vivir, pero en buenas condiciones. No quisiera vivir los últimos años de mi vida siendo cuidado y quitándole tiempo vital y lindo a los otros.
—¿Creés en Dios?
—No en los términos ortodoxos, pero soy una persona optimista.
—¿Qué valor le das al dinero?
—¿Qué valor le doy a la plata? ¿Desde qué lugar? No es una obsesión, como sí lo es para quien se pasa todo el día mirando cuánta plata tiene en su cuenta; ese no soy yo. Es una herramienta para vivir más y mejor, sobre todo con la gente que quiero, y para cumplir sueños. Pienso en el dinero cuando hago las cuentas de lo que voy a tener que invertir para un nuevo proyecto.
—Hay algo seductor en eso.
—Los nuevos proyectos no se hacen solo por el altruismo de dar trabajo, pero también se generan por eso.
—¿Te da placer generar fuentes laborales?
—Sí, pero no desde el punto de vista demagógico.
—En el manejo del dinero, ¿fuiste conservador?
—No, pero sí austero. Hecho no estoy y tranquilo no me voy a quedar, pero debería disfrutar más.
Reconoce que casi no tuvo vacaciones y que su paso por la ciudad uruguaya de Punta del Este estuvo motorizado por el ciclo de entrevistas extensas que realiza para su radio El Observador.
View this post on Instagram Aquí y ahoraConsciente de los cambios de paradigmas, entiende que “nuestra generación hizo mal los cálculos financieros y afectivos, porque se vive mucho más de lo que pensó que iba a vivir”.
Su hija, a punto de recibirse de psiquiatra en la universidad pública, “y con maestrías”, lo aconseja en algunas cuestiones: “Respirar, tomarme el tiempo, hacer pausas y no estar permanentemente viendo redes sociales como un autómata o dominado por el celular. Para hablar con vos lo apagué, porque esta conversación que vos me proponés debe ser realizada sin interrupciones y con la energía y el foco que le tengo que poner”. Su hija no duda en desafiarlo al decirle que “somos todos neurodivergentes”.
—Habitar el momento.
—Exacto y, como decía Jorge Lanata, no pasar por cada situación como un turista no comprometido.
Nació en el Hospital Rivadavia y se crio en Bonpland y Aguirre. “Era una familia de laburantes, mis viejos eran muy trabajadores, aplanadoras. Mi papá se dedicaba a la fabricación de anteojos y mi mamá era ama de casa, aunque, en algún momento, limpió casas particulares. Mis hermanas y yo somos hijos de la educación pública”.
—¿Pasás por ahí?
—Está muy cerca de Margen del Mundo, así que lo recorro muy seguido. Antes lo hacía de manera melancólica, ya no. Ahora miro todo eso de manera enriquecedora.
—¿Qué opinión te merece que el presidente Javier Milei haya ensayado y luego se haya presentado cantando en el espectáculo de Fátima Flórez?
—No me genera una sentencia inmediata, pero puedo decir que, por momentos, me desconcierta; no es lo tradicional y habitual, pero también me lleva a pensar que es el mismo que cantaba en el Movistar Arena y que a mí, como analista político clásico, me daba estupor, pero resulta que fue de un impacto positivo para su núcleo y para su voto de manera excepcional. Me importa más lo que produce como presidente de un país en términos reales que si se va a ensayar con Fátima Flórez.
Una colaboradora le avisa que tiene que partir hacia el oculista. Aunque, fiel a su estilo, sigue conectado con la charla. Se nota en él el placer de pensarse en voz alta y ante los oídos ajenos.
“Me cuesta recibir cosas lindas”, reflexiona antes del final. Y, sin dejar de lado cierta satisfacción, reconoce que alguien lo definió como una persona consistente, coherente e íntegra. “No sé si soy todo eso, pero me sonó que no está tan lejos de lo que busco”. En eso anda Luis Majul. Cuestión de “reseteo”.