Madonna y los secretos de su nuevo disco, que evoca su pasado, critica a Sean Penn y rescata su alianza más exitosa
Álbum: Confessions II. Artista: Madonna. Temas: “A Feel So Free”, “Good For The Soul”, “One Step Away”, “Bring Your Love”, “Danceteria”, “Read My Lips”, “Everything”, ?...
Álbum: Confessions II. Artista: Madonna. Temas: “A Feel So Free”, “Good For The Soul”, “One Step Away”, “Bring Your Love”, “Danceteria”, “Read My Lips”, “Everything”, “Love Sensation”, “Love Without Words”, “Bizarre”, “School”, “Fragile”, “My Sins Are My Savior”, “Betrayal”, “The Test”, “L.E.S. Girl”. Edición: Warner Music. Nuestra opinión: muy bueno.
Para la industria de la música, hay viernes más llamativos que otros. El viernes es el día en que se suelen publicar los estrenos discográficos. No es una regla que se cumpla a rajatabla, pero establecido como convenio tácito, todo lo que vaya por fuera en la agenda semanal pasa a ser excepción. Madonna, que es una señora de la industria de la música, cumplió el último viernes con este ritual: su flamante álbum es Confessions II.
La multifacética cantante genera expectativa por el solo hecho de ser una artista que, dentro del espacio más accesible del espectro musical (la música pop), tiene un peso propio extremadamente significativo, marcado por su larga carrera.
Pero, afortunadamente, la nueva criatura trae varios detalles para tener muy en cuenta. Si Confessions II es entendido como una unidad (más que como un guiño al título de aquel Confessions on a Dance Floor de 2005), se recorre como el set de un DJ, donde cada tema está conectado con el siguiente. Y que, a riesgo de no tener a una audiencia en vivo delante, que le vaya mostrando sus reacciones y emociones, el álbum construye su propio relato y se sostiene en su propio trip, durante 63 minutos.
En medio de ese viaje, por supuesto que hay matices que se rebelan al mandato del trance hipnótico. “Everything”, sin su maquinaria y su ropaje, podría ser una canción folk. “Bizarre”, un posible tiro por elevación a su antiguo ex, Sean Penn (“Extiende la alfombra para nosotros, pero no la compartirás. Supongo que te sentís amenazado por mí, pero no vas a admitirlo”). “Bring You Love” (con Sabrina Carpenter) tiene interludios tan Technotronic, aunque la canción no tenga que ver con el house de los noventa. “Read My Lips” se vale de una guitarra con cuerdas de nylon y la voz del colombiano Fied, súper procesada. “Danceteria” y “L.E.S. Girl”, ubicadas bastante alejadas una de otra, son las canciones evocativas de los primeros años de éxito de Madonna. O incluso de aquellos comienzos en los que todavía no era famosa.
“No es lo que digo, no es lo que hago”“Danceteria” ni siquiera es una descripción de época sino el relato de una muy breve situación: una noche, al ingresar a la discoteca-espacio cultural que lleva el nombre del tema. Eso ha decidido evocar en este álbum. En todo caso, la reflexión es lo que cuenta: “No es lo que digo, no es lo que hago. Es cómo mi lenguaje corporal te habla. Solo quiero perderme en el ritmo. Ven aquí”.
Con versos como estos levanta otra bandera que es la de “desfrivolizar” a los clubes nocturnos o las grandes discotecas. Incluso, para la promoción de este estreno se refirió al asunto: “La gente piensa que la música dance es superficial, pero están muy equivocados. La pista de baile no es solo un lugar, es un umbral. Un espacio ritual donde el movimiento reemplaza al lenguaje”.
La particularidad del trabajo es que, si puede ser síntesis de una noche de "dancefloor", la ecuación quedó invertida. Porque el momento lounge session de canciones suena al final. Son las últimas cuatro las que lo representan (hasta se da el gusto de un feat con su hija Lourdes León, en “The Test”). El encore, “L.E.S. Girl”, es el que usaría un DJ para decir que la noche se termina. Y es el que Madonna usa para decir que alguna vez se enamoró, siendo una chica del Lower East Side, con polaroids pegadas en la pared y la imagen de aquel chico que no puede olvidar: “Todo se desvanece, excepto tú”.
En general, Confessions II tiene algunos destellos de aquello que a fines del siglo pasado pudo ser un toque de innovación en su propia carrera, el disco Ray of Light. Ahora, a casi treinta años de aquel trabajo, vuelve a manifestar ese modo de virar del technopop al pop de la electrónica dance.
Este es su primer álbum en siete años y, probablemente, uno de los más delicadamente elaborados de las últimas décadas. A los 67, Madonna parece más entregada a revitalizar sus pasiones que a seguir levantando banderas de la polémica. Y acaso su reinado en el mundo de la música pop tenga hoy (y desde hace ya algún tiempo) más que ver con un trono sostenido en lo clásico. Su flamante álbum, por cierto, impone trampas para clasificaciones de época. Un pop electrónico y bailable que se desliza como un gesto bastante atemporal, que abreva en influencias que abarcan décadas y que construye así un set de 63 minutos.
Por supuesto, mucho han tenido que ver con este logro sus productores musicales: Martin Garrix, Andrew Watt, Cirkuit y, especialmente, Stuart Price, que trabajó con la chica material hace veinte años para darle forma a Confessions on a Dance Floor.