Malvinas: el día en que Milei se alineó con la política tradicional
Después de dos años en el gobierno sin demostrar interés alguno en el tema de las islas Malvinas, ...
Después de dos años en el gobierno sin demostrar interés alguno en el tema de las islas Malvinas, Javier Milei cambió radicalmente de táctica, pero no en un sentido disruptivo y novedoso, sino hacia la senda tradicional que han transitado todos los gobiernos argentinos desde 1982.
Además de anunciar la nueva vocación nacional por Malvinas de su gobierno, anticipó el refuerzo de sanciones ya existentes para empresas que trabajen con Malvinas y prometió una diplomacia más activa con nuestros vecinos y aliados para evitar alianzas con Gran Bretaña y las islas. También ratificó la continuación de la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego, que ya había sido anunciada en 2024, y anunció la formación de un Consejo de Seguridad Nacional.
Más importante aún, prometió reequipar a las Fuerzas Armadas para recuperar sus capacidades operativas.
Todo muy bien para el frente interno, donde el tema Malvinas tiene una alta sensibilidad, pero ninguna propuesta que pueda interesar a nadie fuera de Argentina o impulsar una negociación con Gran Bretaña.
No era lo que se esperaba tras dos días de una expectativa casi teatral, con funcionarios que declaraban en tono enigmático que “está pasando algo grande” y con la advertencia de Donald Trump a los británicos de que Estados Unidos va cambiar de posición neutral respecto de las Islas Malvinas.
Respecto del tema de las sanciones, la idea de Milei sería castigar a toda la cadena de empresas ligadas con las petroleras, desde sus directores hasta los accionistas. desde las que las abastecen hasta las que las asesoran legalmente o los bancos involucrados en sus operaciones financieras. Cada uno de ellos deberá decidir si elige trabajar en la explotación del petróleo en Malvinas o aspira a participar en Vaca Muerta o el off shore bonaerense. Tras el anuncio de Milei cayeron las acciones de Rockhopper y Navitas, las dos empresas que están a punto de empezar a extraer petróleo del yacimiento de Sea Lion en Malvinas. La evolución los próximos días y semanas dará una pista de la efectividad de la medida.
Sin ser una novedad, la reafirmación del alineamiento pleno con Estados Unidos, sobre todo cuando dijo “hagamos a Argentina grande de nuevo”, la traducción adaptada del eslogan trumpista “make America great again”, le puso un tono característico a un anuncio que no se diferencia de los que han hecho gobiernos anteriores. El detalle no pareció molestar a sectores muy nacionalistas, gratamente sorprendidos por la revelación de la nueva fe soberanista de Milei.
Lo que sí fue novedoso, en cambio, fue el tono civilizado de la convocatoria a todo el arco político a unirse detrás de esta causa.
¿Sirve lo anunciado para albergar esperanzas de una posible negociación con Gran Bretaña? En principio, el regreso a lo de siempre, enarbolar la causa con promesas de medidas ya aplicadas que dieron poco resultado, no da lugar a demasiadas esperanzas. Sí, como siempre, es un método efectivo para lograr adhesiones cuando otros aspectos de la política no funcionan tan bien.
Tampoco resultó nunca positiva la hostilidad hacia los isleños; al contrario, los ha empujado a establecer relaciones con vecinos como Uruguay y Chile, que apoyan la posición argentina en los foros internacionales, pero priorizan sus intereses comerciales cuando surge la posibilidad y habilitan negocios de abastecimiento y logística.
¿Qué podría rescatarse como positivo todo lo anunciado? Estratégicamente, la base naval integrada en Tierra del Fuego, en tanto sea exclusivamente argentina. La palabra “integrada” se refiere a tener en un mismo complejo a la infantería de Marina, la aviación naval y la flota propiamente dicha, lo que le da una capacidad operativa inmediata, sin costos extras de logística y traslado.
La ubicación de esta base es clave, ya que para toda operación militar, comercial o turística en el Atlántico Sur y la Antártida se necesita apoyo logístico, como astilleros, abastecimiento y transporte. Hoy ese centro de apoyo está en Punta Arenas, Chile, pleno estrecho de Magallanes. En cambio, una base en la parte occidental de Tierra del Fuego, sería mucho más accesible y directa tanto para operaciones en la zona como para última escala antes de la Antártida. Sería una ventaja estratégica argentina de enorme importancia. Incluso podría ser utilizada como apoyo turístico, no sólo militar.
También es importante lo que dijo el Presidente respecto de reequipar a las Fuerzas Armadas, que durante los últimos 25 años fueron prácticamente desguazadas. Un país soberano no puede prescindir de fuerzas armadas profesionales y bien equipadas. Lo contrario es la indefensión y la incapacidad de hacernos respetar en nuestro propio territorio.
Quedó pendiente la última parte del Plan Proyecto Humanitario. Sería el último esfuerzo para terminar de identificar a los soldados caídos y enterrados en el cementerio militar argentino en Darwin. Esto hoy no se puede hacer sin un diálogo con Gran Bretaña y la colaboración de los isleños.
El vínculo con los isleñosSobre los habitantes de Malvinas, Milei sólo se refirió a ellos para remarcar la histórica línea oficial argentina de que constituyen una población implantada y que, por lo tanto, no tienen derecho a la autodeterminación. Un giro de 180 grados respecto de aquella vez que dijo que había que esperar a que nos voten con los pies.
En esto, la diplomacia argentina, o los encargados del nuevo discurso de Milei, coinciden con las políticas del kirchnerismo o el otro extremo del arco político, la vicepresidenta Victoria Villarruel. Ambos sectores están convencidos en la necesidad de aislar y boicotear el abastecimiento de los isleños, a pesar de que esa política no ha llevado a nada en los últimos 44 años.
No reconocerlos como parte del conflicto es una estrategia válida; tener una actitud hostil es lo contrario de lo que sí dio resultados históricamente. Tampoco deja bien parados internacionalmente al país el hostigamiento a un pueblo de 3600 habitantes por lo que hicieron sus antepasados hace 200 años. En la misma línea, los actuales habitantes de la Argentina continental no somos responsables por lo que hizo Galtieri, y esto no significa dejar de reclamar por la usurpación de 1833.
Por otra parte, no le hace un favor a la Argentina Donald Trump cuando le dice a la prensa británica que estuvo “en la primera guerra” por Malvinas y que quizá no ayude a Londres si Argentina intenta invadir nuevamente las islas.
Alguien debería advertirle a Trump que lo último que necesitan sus socios argentinos es que el mundo crea que el país tiene voluntad política de volver por la fuerza a las islas. Capacidad militar, es público y notorio que la Argentina no tiene.
Tampoco están como en 1982 los militares que creyeron que Estados Unidos estaba dispuesto a traicionar a su aliado histórico en favor de la Argentina. No ocurrió ni parece posible que ocurra, ni siquiera con Trump en el poder.